Archivo mensual: marzo 2010

Librerías en línea de libros en papel

Para continuar el tema abierto en el artículo anterior, reseño aquí, de manera breve, mi valoración de las cuatro tiendas en línea que utilizo usualmente para adquirir mis libros. La selección queda reducida a mi experiencia, filtro inevitable. Excluyo de aquí Barnes&Noble porque me rehúso a pagar el recargo por concepto de impuestos, pero puede ser que su sistema de cupones y club de membrecía sean atractivos para otras personas.

BetterWorldBooks: excelentes precios, envío barato, sentido social

Esta es la favorita de mis tiendas, aun cuando es la más pequeña. BetterWorldBooks, además de una librería, es también una fundación para la promoción de la lectura en diversos lugares del mundo. De esta manera, el dinero recaudado por las ventas tiene un fin social, desde mi punto de vista, muy loable.

Esta tienda tiene la oferta más reducida, es verdad, pero cuando un libro se encuentra en su catálogo, a un buen precio, es la más competitiva en todos los demás aspectos: los costos de envío a cualquier lugar del mundo son los más baratos ($3.99) y el servicio al cliente es extraordinario, puntual, muy amable y con mística (¿cuántas veces recibe uno un correo electrónico indicándole que el libro que ha comprado le envía una carta personal a uno, su nuevo dueño?).

Dispone de un marketplace, en donde, sin esperarlo, pueden aparecer excelentes ofertas. Aunque el costo del envío sea un poco mayor ($7.99), todavía es competitivo frente a las alternativas.

Debo admitir que a los libros les toma mucho tiempo en llegar, más del calculado por ellos, pero siempre llegan, sin falta. Y si desaparecieran en el camino, el dinero sería reintegrado o el ejemplar, repuesto. Por eso, ¿qué importa un poco de paciencia frente al ahorro sustancial y la certeza de que, de paso, se contribuye a una buena causa?

Amazon: la opción más segura y de oferta más amplia

Decir algo distinto de Amazon sería injusto. Su servicio al cliente es impecable y dispone de varias herramientas indispensables para el comprador en línea: descripciones detalladas de los editores, valoración y comentarios de otros lectores, recomendaciones automatizadas basadas en los gustos del comprador y en la selección de otros compradores, previsualización de la tabla de contenidos de muchos de sus libros, riguroso sistema de reclamos y devoluciones, embalaje de alta calidad. Es una tienda que, en general, se caracteriza por la calidad y por escuchar a su cliente.

Además de los libros nuevos que pueden adquirirse directamente a Amazon, como tal, disponen de un marketplace o mercado conformado por cientos de pequeños libreros alrededor de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. A través de esta red de ventas es posible encontrar ofertas increíbles para ejemplares de alto costo o fuera de circulación.

La calidad del marketplace está garantizada por un riguroso sistema de valoración de cada uno de sus miembros, de manera que el comprador tiene la oportunidad (yo diría: el deber) de expresar su experiencia y denunciar los malos tratos por parte de los vendedores, así como de premiar los envíos rápidos, de libros en condiciones tal y como se describieron y a buenos precios. El servicio al cliente también es riguroso en este sentido, y cuando el comprador así lo solicita, se tramitan devoluciones o reintegros por causas como extravío. Por la misma razón, los vendedores se esfuerzan por dar un excelente servicio, para no ser excluidos del sistema, y por eso suelen responder cualquier consulta en tiempos récord y hacer sus envíos tan pronto como les sea posible.

Todos los libros nuevos (directamente comprados a Amazon) pueden optar por envío internacional, pero a un costo de $5 adicionales por ejemplar. Si los libros son muy pequeños o livianos, es más barato traerlos por medio de un servicio de casillero postal en EUA. Las órdenes de más de $25 no pagan envío en territorio norteamericano y son ideales si se utiliza un servicio de courier intermediario, pero uno debe recordar sumarle al costo total de los libros el transporte que se hará desde el casillero postal hasta su país.

Los libros adquiridos en el marketplace serán remitidos desde la locación del vendedor, por lo tanto vendrán en paquetes separados, y pagarán un costo de $3.99 por concepto de transporte dentro de EUA, adicionales a los que se deban pagar para hacerlos llegar hasta el país del comprador. No todas las tiendas del marketplace tienen disponible la venta a otros países del mundo.

Alibris: un conglomerado de compraventa

Alibris es una tienda especializada en libros usados, aunque aparecen libros nuevos y discos compactos entre su oferta. Tienen muy buenos precios y una oferta muy variada, y suelen premiar al comprador frecuente con cupones de descuento, casi simbólicos. Ni una sola vez me ha respondido un vendedor a través de la plataforma de servicio al cliente de Alibris, así que no puedo recomendar la tienda en ese sentido. A veces tienen algunas deficiencias debido a su plataforma informática; sin embargo, tengo más experiencias positivas que negativas con esta compañía y puedo recomendarla.

AbeBooks: librerías de todos los rincones del mundo

AbeBooks tiene la peor plataforma informática de todas y la más incierta (un libro que aparece en oferta puede no estar ya en los estantes del librero), pero es la única librería en línea de cobertura global. Aglutina vendedores de países tan distantes como Australia, Bélgica o Argentina. Libros que a menudo no aparecerían mediante otra vía pueden ser localizados aquí. Desde luego, los costos de envío son muy variados. Tienen un portal para libros en español, IberLibro, pero rara vez la utilizo porque todos los precios están en euros y, con la devaluación de la moneda de mi país, salgo perdiendo (intimidades de compradora).

Forma de pago

Tal vez sobre decirlo, pero todas estas son tiendas seguras y jamás he tenido problemas de estafas o cobros anómalos. Algunas de ellas aceptan pago a través de PayPal; las que no, al menos trabajan con las tarjetas de crédito internacional más reconocidas.

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Consejos para comprar libros de papel en internet

Solía quejarme, años ha, de lo difícil que era obtener una bibliografía actualizada, de punta y gran calidad académica en un país pequeño y con limitada oferta bibliográfica, como el mío. Acá algunos libros son tesoros que deben atraparse de inmediato, so pena de perderlos irremediablemente y hasta nuevo aviso.

Las librerías en línea cambiaron para siempre esta condición. Si uno tiene el dinero y un adecuado sistema de correos, todo es posible: el libro de nuestro antojo llegará desde cualquier lugar del mundo en donde se encuentre. Para quienes todavía están pensándolo mucho en atreverse, comparto estos sencillos consejos, resultado de mi experiencia personal.

Paso 1: elegir el libro

El mayor problema de un lector ávido o de un investigador obsesivo no es poder comprar el libro sino saber cuál es el libro ideal, el que andábamos buscando, el que nos ayudará a ir un paso más lejos. En lo personal, disfruto muchísimo las bibliografías de obras que ya estén en mis manos: son mis mejores listas de compras. El gusto de un investigador especializado es uno de los mejores instrumentos para tener acceso a una lista selecta, ya filtrada y, la mayoría de las veces, previamente consultada por alguien con más criterio que uno.

Las librerías en línea funcionan mejor cuando uno sabe de antemano cuál obra se anda buscando. Aún así, siempre es posible utilizar los buscadores de cada tienda. Entre todas, Amazon destaca por su sistema automatizado de recomendaciones, una de las mejores herramientas para ayudarle al lector compulsivo a encontrar obras similares o afines a la que acaba de localizar mediante una búsqueda tentativa.

Los comentarios de otros compradores son también una guía invaluable, especialmente cuando algunos de ellos se toman la molestia de recomendar otras obras de mejor calidad o similar talla. Cuando tengo dudas sobre los contenidos de un libro, usualmente son los anteriores compradores quienes me ayudan a despejarla.

Conviene también hacer uso de la herramienta look inside, de Amazon, que nos permite ver la tabla de contenidos de la obra y algunas páginas internas, así como Google Books, en donde, si tenemos suerte, hay una vista previa del libro, cuando andamos buscando una valoración más profunda.

Paso 2: localizar el mejor ejemplar al mejor precio

Una vez conocida nuestra futura adquisición, parte de la diversión es encontrar la mejor oferta. El mercado de libros usados se nos abre gracias a las librerías virtuales que aglutinan librerías más pequeñas a través de un mismo sitio web. En otro artículo detallaremos las ventajas de cada librería; en este, baste mencionar los cuatro sitios más importantes para la compra de libros usados: el marketplace de Amazon, Alibris, AbeBooks y, mi favorita, aunque su oferta sea menor, BetterWorldBooks.

Tengo la manía de preferir los libros en pasta dura, ojalá no pertenecientes a la colección de una biblioteca y en el mejor estado posible (¡vaya!, que si debo pagar tanto dinero en transporte, que al menos el libro esté en muy buenas condiciones). Según mi experiencia de compradora, la descripción de los vendedores es la guía fundamental con la que cuenta el comprador. Estos son los criterios que utilizo para elegir el ejemplar y la tienda de donde lo voy a adquirir:

  1. Seleccione el ejemplar con la categoría más alta. Las categorías new, like new y very good son casi siempre una apuesta segura (salvo las ocasiones en las que el vendedor se ha equivocado en su valoración, que suelen ser las menos dado el estricto sistema de penalización cuando el cliente no queda satisfecho). Muchos libros que aparecen descritos como very good (muy bueno) realmente parecen nuevos.
  2. Elija libros cuya condición haya sido descrita de manera detallada. Algunas librerías se rehúsan a dar detalles sobre el ejemplar que tienen a la venta, contentos solamente con anotar la categoría. Es preferible, en ese caso, adquirir el ejemplar de otro vendedor que sí se haya tomado la molestia de indicar cuáles son los daños que podemos esperar: el nombre del anterior dueño en la falsa portada, alguna mancha, arrugas en la cubierta, páginas subrayadas, roturas en la camisa… Así, cualquier daño que luego veamos en el libro ya lo habremos conocido de antemano. Cuanto más explícita sea la descripción, mejores los resultados de nuestra compra.
  3. Elija la mejor encuadernación, según sus gustos. Es muy necesario verificar en dónde ha sido clasificado el libro, si como paperback (pasta suave o rústica) o como hardcover o hardback (pasta dura). Algunas veces el vendedor escribe unknown binding. En efecto, en estos casos puede llegar a nuestras manos un libro en rústica ahí donde esperábamos uno en pasta dura.
  4. Prefiera un ejemplar con dustjacket (camisa o sobrecubierta). Si no aparece explícitamente en la descripción que el libro incluye la sobrecubierta o camisa, no podemos reclamar porque esta hacía falta.
  5. Evite las copias descartadas por bibliotecas (ex-library), pero con cuidado de no dejar pasar una buena oferta. No todas las bibliotecas son iguales y no todos los libros de una biblioteca terminan en estado deplorable. He adquirido ejemplares en un estado casi perfecto, con algún discreto sello de la biblioteca que alguna vez lo tuvo en su catálogo. Otros, sin embargo, sí muestran el paso de los lectores por sus páginas. Uno puede arriesgarse cuando la descripción del ejemplar (limpio, sin subrayados, con los sellos usuales) y su categoría (muy bueno, como nuevo) indican un trato amable y una copia en buenas condiciones.
  6. Evite las good reading copy (copia buena para leer). Cuando un vendedor incluye esta frase en la descripción del libro, usualmente nos encontramos en las categorías de good y acceptable. Esto nos indica un interior relativamente limpio (o con pocos subrayados), pero un lomo arrugado, una cubierta con roturas u otros daños mayores y, en algunas ocasiones, hasta manchas de agua o polvo. La única manera en que yo elegiría un ejemplar de estos es un precio imbatible o la falta de mejores opciones.
  7. Si tiene dudas, pregunte. Esto funciona mejor con los socios de Amazon que en las demás librerías, pero es la única manera de obtener información fidedigna y confiable sobre el ejemplar que uno busca. A veces se quiere una determinada edición, o tiene interés en saber cuán molesta es la mancha de agua declarada por el librero. Basta enviar un correo electrónico y, en la mayoría de los casos, recibiremos una respuesta en un lapso de 48 horas (a veces responden el mismo día). Desde luego, si usted siente que esta es una oferta que puede escapársele de las manos y la descripción es satisfactoria, ¡no lo piense más y compre ese libro cuanto antes!
  8. Compare. Busque el título en varias librerías, analice las descripciones, vea el nombre de las tiendas que lo venden, las tarifas de transporte y las ediciones. Con mucha frecuencia encontramos el mismo ejemplar a precios distintos (una vez me ahorré $50 así).
  9. Si no tiene prisa, espere. Si piensa que el precio es muy alto, el ejemplar a la venta está en muy malas condiciones o, de hecho, no hay ninguno disponible por ahora, añádalo a su lista de deseos (wishlist, casi todas las librerías virtuales permiten hacer una) y monitoréelo pacientemente, unas semanas o hasta unos meses, hasta que aparezca una copia del libro ajustada a sus requisitos. Así he pagado $11 dólares por libros cuyo precio de venta era de $60 y he podido adquirir enciclopedias de $300-$900 a precios de remate de $50.

Paso 3: traer el libro a casa

Si se tiene el dinero, cualquier libro puede ser traído desde cualquier lugar del mundo, pero a un costo algunas veces injustificable. La situación geográfica del comprador es clave. En mi caso, estoy en Centroamérica y, por lo tanto, lo más rentable para mí es adquirir libros en Estados Unidos, si bien a través de AbeBooks he encontrado excelentes ofertas desde el Reino Unido, Francia y otros países europeos, digamos unos 7 euros, que son el paraíso si los comparo con los 25 a 50 euros que me puede costar traer un libro desde España o los 25 dólares, si tengo la intención de comprarlo en México.

Aunque suene irónico, para adquirir libros españoles y mexicanos sigo dependiendo de los distribuidores locales y de las raras ocasiones en que aparecen, a un precio decente, en las librerías usadas de Estados Unidos.

Una de las mejores tiendas, según sus tarifas de envío, es BetterWorldBooks: por $3.99 (US$) despachan el libro a cualquier lugar del mundo, sin importar su peso o volumen. Esta librería también tiene un marketplace; si adquirimos el ejemplar por esta vía, el transporte costará $7.99, una tarifa más económica que el envío internacional estándar y que el costo de cualquier servicio de courier. Es también la mejor alternativa para libros grandes y pesados.

En algunos países existen compañías que proveen el servicio de casillero postal en Miami (EUA). Esta es la solución para comprar de aquellas librerías sin servicio internacional o para los casos en que el transporte de este courier, considerando su peso y velocidad, sea más eficiente o más barato que la compra directa a la tienda. Algunas compañías tienen tarifas especiales para envíos muy pesados (más de 5 kg); esta opción debe valorarse cuando estamos comprando una enciclopedia completa u otros casos similares.

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Audiomol: crónica de una mala experiencia de compra

Lo que aquí voy a detallar es una experiencia de compra en Audiomol. Destaco una porque no todos los compradores tendrán necesariamente que pasar por los mismos dramas, según circunstancias particulares como sus equipos, su conexión a Internet, su locación geográfica o la simple suerte. Comparto mi experiencia para advertir a otros, por aquello de que se trate de algo recurrente.

Limitada oferta
La lista de libros de Audiomol, comparada con Audible, es casi risible. Sin embargo, Audiomol es una tienda que apenas está comenzando y, en general, la oferta de audiolibros en español es muy limitada comparada con el mercado anglosajón. Visto así, la oferta tan reducida es comprensible y hasta dispensable, aunque uno soñaría con poder adquirir cualquier obra en su formato de audiolibro, cuando menos las novelas de moda. Para este sueño solo queda el tiempo: a mayor demanda, mayor oferta; a mayor oferta, mayor demanda y así, en un proceso circular, algún día la Web dispondrá de una vasta colección de obras en español.

Precio en euros
Los precios en euros sin duda están a la altura de los compradores europeos, pero son muy elevados para quienes vivimos en otras latitudes. No estaría de más recordar que en internet se compite globalmente, no solo localmente, y que los hablantes de español poblamos un gran continente. Aún así, dada la falta de competencia, a uno solo le resta hacer la conversión y aceptar o no el precio; decisión del comprador.

La descarga del archivo: primera frustración
Como en cualquier sitio de esta clase, es necesario registrarse y crear una cuenta. Una vez adquirido el libro, el usuario se da cuenta de que solamente tiene derecho a 3 descargas. Puesto que los libros están en MP3, basta una, con que uno pueda realizarla.

¿Cuál fue mi experiencia? Pues tengo una conexión casera de “banda ancha” de país tercermundista; en otras palabras, mi conexión ya se queda corta para lo que el resto del mundo entiende por “banda ancha”. Así, me parece muy desconsiderado de parte de la tienda, comprimir los más de 80 archivos de MP3 en un único archivo comprimido RAR. Debí pasar cerca de 7 horas descargando casi 800 MB.

Claro, esas 7 horas fueron después de haber pasado 3 horas en el primer intento y de haber perdido la conexión a medio camino. Cuando regresé a mi cuenta para iniciar nuevamente la descarga, me encuentro con que la plataforma (¡tan inteligente!) ya ha decidido que yo tengo derecho a 0 descargas.

¡Horror! Contacto de inmediato al servicio al cliente y unas dos horas después obtengo respuesta. He de ser yo el problema, nadie ha accedido a mi cuenta, y me hacen el “favor” de activarme 3 nuevas descargas. Ingreso de nuevo a mi cuenta y veo, en mi biblioteca personal, dos ítemes: el primero, con 0 descargas; el segundo, con 2 descargas (no las 3 prometidas). En otras palabras, de alguna manera, el sistema recuerda que yo ya hice un intento, pero solo cuando es “reactivado” manualmente por la empresa.

No sé a los expertos, pero a mí esto me parece un sistema defectuoso.

Encontrar el archivo en el reproductor: segunda frustración

Así, tras largas horas de espera, finalmente pude descomprimir el archivo .rar, ver los MP3 en mi disco duro y sincronizarlos con mi reproductor MP3. Extática y feliz, enciendo el aparatejo de inmediato y comienzo a buscar la nueva novela.

No aparece.

Miro de nuevo mi disco duro: ahí está, cada segmento nombrado y numerado. Lo abro con el iTunes, y sí, puedo ver el nombre del archivo en la casilla “nombre”, pero noto algunas deficiencias: no hay metadatos para las casillas de “álbum”, “artista” y ni siquiera de “género”. Bueno, esta última afirmación es un poco engañosa: en realidad sí había género, solamente que decía algo así como “Otros”: increíblemente descriptivo y preciso, justo lo que necesito para encontrarlo en el dispositivo de lectura de MP3, ¿cierto?

Regreso a mi reproductor y comienzo a buscar desesperadamente. Ha de ser mi computadora. Nadie me tiene teniendo una Mac y empleando un Zen como lector de MP3, que solamente puedo sincronizar a través de un software libre, dada la carencia de soporte de Mac en mi modelo particular. Aunque el programa sincronizador sabía que había copiado los archivos, no podía ver de ellos ninguna información: nombre, autor o número de track. Vaya, problema del software, ¿cierto?

Así, espero pacientemente a tener acceso a una computadora PC y abro el dispositivo mediante el navegador de Windows. Ahí están todos los archivos.

Trato de localizar, dentro del reproductor, los archivos mediante los dos software de sincronización de la PC, tanto el original del aparato (Creative Centrale) como el Windows Media Player.

Nada.

Es como si se hubieran desvanecido, como si no existieran; pero están ahí, los puedo ver a través de la navegación en carpetas.

Regreso al aparato y busco, y busco, y sigo buscando… Y al final, encuentro. Bajo la denominación “desconocido”, aparecen aproximadamente 80 tracks de nombre “desconocido”, de autor “desconocido”, de álbum “desconocido”.

Pues bien, me digo, ¡qué importa, mientras estén en orden! Escucho el primero y… ¿es acaso una sorpresa que estén en pleno desorden? Sorpresa, no es, claro, pero sí que vuelve a frustrar.

No tengo más remedio que hacer esto de la vía difícil. Me devuelvo a la PC. Elimino del reproductor los archivos copiados previamente. Los copio dentro del disco duro de la PC. Abro el programa sincronizador. Añado los archivos manualmente al programa sincronizador. Ahí, antes de copiarlos al reproductor, modifico sus metadatos: de manera manual ingreso, en las categorías respectivas, los nombres que sé, de antemano, me servirán para localizarlos dentro de mi aparatito cuando esté en el autobús o en la calle escuchando. Añado la información de “artista”, “álbum”, “género” (audiolibro, no otro) y, por capricho, incluso le incluyo la cubierta del libro. Ahora sí, solo después de hacer todo esto, copio nuevamente los archivos a mi aparato.

¿Es acaso una sorpresa que ahora sí pueda encontrarlos de cualquier manera que los busque? ¡Por supuesto que no! Todo ha sido resuelto como debía ser desde un inicio: con los metadatos correctos.

Servicio al cliente: tercera frustración (¿tercera? Si ya perdí la cuenta…)

No me puedo quejar del hecho de que hubo respuesta por parte de servicio al cliente. Era domingo, pasaron tan solo unas horas entre una respuesta y la otra… por lo menos me contactaron, eso ya es algo.

No obstante, he de decir que la respuesta fue especialmente folclórica (para reírme de ella en lugar de indignarme). Cuando me comuniqué indicando que los archivos no aparecían en mi reproductor, me respondieron, y copio textualmente: «nuestros audiolibros están preparados para poder reproducirlos en cualquier reproductor Mp3. Por lo que me dices, quizás el problema sea que no lo has descomprimdo. Los archivos están comprimidos, por lo que antes de reproducirlos debes descomprimirlos».

Sobra decir que mi respuesta iba llena de indignación: “que me traten con respeto”, decía, “que no me consideren una iletrada tecnológica” y afirmaciones por el estilo. No supe más de servicio al cliente (imagino que tienen la política de guardar silencio cuando el cliente se queja).

Final de la historia
Afortunadamente, esta iletrada tecnológica que, según ellos, no sabía la diferencia entre un archivo descomprimido y uno comprimido, pudo resolver el problema por sí misma, sin necesidad de acudir más al servicio al cliente de Audiomol.

Lo siento por ellos, pero el resultado de esta experiencia de compra fue frustración, una mala opinión de la tienda y, desde luego, la advertencia inmediata a todos mis amigos de que no se acerquen a los predios de esta zona de compra (la famosa publicidad «de boca en boca» que, cuando es negativa, también es devastadora).

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Librerías en línea de audiolibros

La única solución lícita para obtener audiolibros de obras contemporáneas es comprarlas, ya sea en formatos tradicionales, como CD o DVD (ya casi no se consiguen en casete), o bien en librerías en línea especializadas en el tema.

Audible
La librería más grande es Audible, en años recientes adquirida por el gigante Amazon. Audible se especializa en obras en inglés, aunque dispone de una pequeña cantidad de obras en otras lenguas, incluido el español.

Las restricciones territoriales de los derechos de autor hacen que no todas las obras estén universalmente disponibles. Así, si la tienda detecta que el usuario habita en una zona geográfica en donde no se dispone de derechos de distribución, desactivará la opción de compra para ese usuario. Esto puede ser bastante molesto, pero ya es una realidad inevitable.

Los libros de Audible se distribuyen en una variedad de formatos para distintos reproductores, pero no incluyen archivos MP3; esto hace que sea más difícil, si no imposible, compartirlos. En otras palabras, son archivos protegidos para ser empleados por un único usuario.

Dicho esto, en todo lo demás es una tienda muy fácil de utilizar, tiene planes para usuarios frecuentes y cada comprador tiene acceso ilimitado a los archivos que ha adquirido. Puede descargarlos cuantas veces lo desee, incluso años después de la compra, y vincular su tienda a un nuevo reproductor si lo llega a cambiar.

Los precios de los audiolibros son un poco elevados, por razones que esta usuaria desconoce. ¿Acaso piensan que no podrán igualar las ventas de obras impresas? ¿Acaso realmente debe pagar el usuario hasta $40 por una grabación? Con precios así, los planes de $7.99 por libro para los primeros tres meses y $14.99 para los demás parecen paradisiacos, pero todavía costosos, si consideramos que en algunos casos ese costo supera el del libro en papel.

Emusic
Una alternativa para Audible, aunque con una oferta menos amplia, es Emusic, una tienda de música que tiene una sección de audiolibros. La ventaja de esta tienda es que sus archivos están comprimidos en formato MP3, lo cual algunos usuarios prefieren por distintas razones.

AudiolibrosEnEspañol y Audiomol
Como ya señaló un lector de este blog, existe una tienda de audiolibros en español, Audiomol. Recientemente tuve la experiencia de adquirir un audiolibro en esta librería, pero fue tan frustrante que se merece un artículo aparte. Sobra decir que no la recomiendo, pero al ser la única que conozco en nuestra lengua, deberá permanecer como una alternativa, al menos hasta que mejoren su sistema de ventas y su servicio al cliente.

Surfeando en la Web también me encuentro con AudilibrosEnEspañol, una alternativa que sin duda habrá que probar, dada mi experiencia de compradora con Audiomol.

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Audiolibros gratuitos en la Web

Hace algunos días publicamos varios artículos sobre los audiolibros, pero no hablamos de cómo obtenerlos. Este artículo estará dedicado a los sitios gratuitos. El siguiente cubrirá las opciones de pago.

Debemos recordar que, al igual que los libros electrónicos, rigen las leyes de derechos de autor para los contenidos de los audiolibros, tanto para los textos como para las grabaciones realizadas.

LibriVox
Mi proyecto favorito de audiolibros gratuitos es Librivox, aunque aquí predominan las obras en inglés. Este es un proyecto similar al Gutenberg, en el sentido en que su principal propósito es poner a disposición del público audiolibros gratuitos de obras del dominio público. Todas las grabaciones son realizadas por voluntarios que donan su trabajo de lectura; todos los textos leídos están ya en dominio público, por lo cual no encontraremos ahí libros contemporáneos posteriores a 1923. Todos los audiolibros están disponibles en archivos .mp3 y .ogg, en varias calidades para elegir, y algunos de ellos incluso tienen varias versiones, realizadas por lectores distintos. Destaca en especial la limpieza de las grabaciones y el cuidado que ponen sus lectores para lograr productos limpios y amenos. Para quienes están aprendiendo inglés, este es un sitio fabuloso para familiarizarse con distintos acentos y formas de lectura.

Instituto Cervantes
En español, el Instituto Cervantes es uno de los más importantes. La versión gratuita que se consigue aquí del Quijote merece mención especial.

Otros sitios
También hay otros sitios web, llenos de grabaciones donadas por voluntarios, pero sin estándares de calidad que garanticen siempre un buen producto: es cuestión de suerte. Podemos citar LeerEscuchando, QueDeLibros.com y la colección de audiolibros del sitio AbaLearning, con unas 600 obras disponibles para estricto uso personal.

He encontrado también grandes colecciones de audiolibros en francés y en otras lenguas. Para esto basta utilizar el buscador con algo de creatividad, según las necesidades y gusto del usuario.

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Los beneficios de escribir todos los días

A través del blog de la escritora Kate Monahan, en la comunidad de blogs de Writer’s Digest, nos llega noticia de los efectos de la escritura diaria según los cita Judy Reeves, en su obra A Writer’s Book of Days.

Quizás valga la aclaración de que no conozco el trabajo literario de ninguna de las dos, pero estoy plenamente de acuerdo con sus observaciones respecto a los efectos del ejercicio diario como un instrumento para entrenar el músculo del escritor:

  • Mejora la escritura
  • Escribir se hace más fácil y requiere de un esfuerzo menor
  • Se toman cada vez más riesgos
  • La escritura se hace más suelta, más libre
  • Se descubren los propios ritmos creativos
  • Aparecen los temas sobre los que uno quiere escribir
  • Emergen secretos ocultos en uno mismo y sus sombras
  • Es posible completar los duelos pendientes y comenzar procesos de sanación interior
  • Se experimenta una sensación de bienestar con uno mismo como escritor y se incrementa la autoestima
  • Se comienzan a llenar cuadernos y cuadernos de notas con inicios, medios y finales de proyectos que uno ni siquiera sabía que quería escribir

Darle rienda suelta a la compulsión de escribir, de manera diaria, aun cuando no estemos seguros de hacia dónde vamos es, para mí, una de las pocas maneras de evitar el bloqueo del escritor y los años perdidos en proyectos sin avance. Hay mucho trabajo pasivo al escribir, es verdad, trabajo invisible, intangible, sin materialidad a través del signo de la escritura. Trabajo, no obstante, necesario y valioso. Sin embargo, cuando finalmente logramos pasar a la etapa de objetivar ese jugueteo con las ideas, algo más ocurre: lo que se inició como una escritura sin rumbo se nos va revelando conforme se vierte sobre el papel (o la pantalla), y vemos claramente su dirección. De repente, en medio del caos, de las notas dispersas, de los personajes inconexos, de los fragmentos sueltos de una narración incompleta, se dibuja el plano coherente de una obra más grande; es en ese punto en donde comenzamos a llenar activamente los vacíos, en donde finalmente podemos sentir que estamos escribiendo.

Sí, escribir diariamente, aun cuando lo hagamos en intransitivo –como decía Barthes– y estemos convencidos de estar escribiendo sobre algo más (notas en nuestro diario, artículos para un blog, impresiones vagas de un momento del día), es un instrumento para atraer hacia nosotros algo más grande, la obra ya entramada y urdida, la que necesita de un escriba que tome dictado para hacerla, literalmente, visible y tangible a través de los signos de la escritura de modo que pueda circular en el reino de los humanos.

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Ética de la escritura: ¿por qué corregir?

Una de las ventajas de la escritura es su capacidad para llegar a muchas personas separadas por la distancia o incluso alejadas en el tiempo. Sí que es maravillosa la escritura, ¿no es verdad? Un agente de cambio en el mundo, un instrumento para la evolución colectiva, un mecanismo para la educación mundial, una frase de sabiduría multiplicada por mil, diez mil, trescientos mil ejemplares vendidos y lectores incontables por ejemplar. ¡Ah! Romanticismos…

La realidad nos abofetea a la cara cuando, mientras estamos todavía embelesados en nuestra nube color de rosa, nos damos cuenta de que la difusión, esa gran ventaja de la escritura, es también su gran maldición: los errores de una publicación no se esconden ni desaparecen; se multiplican tantas veces como haya sido impreso, leído, prestado, copiado el libro.

De ahí que los editores más quisquillosos y los autores más cautelosos tomen cualquier oportunidad que tienen en sus manos para corregir hasta los más pequeños detalles. Mientras la obra no esté todavía impresa, hay salvación. ¿Por qué dejar pasar un error cuando aún se dispone de la oportunidad de enmendarlo?

Antes de llegar a la filmadora (o a la reproductora digital, o a la Web), todo libro, en nuestros tiempos de siglo XXI, es un conglomerado de electrones. No está escrito en piedra. ¿Por qué rehusarnos a aprovechar cada oportunidad para mejorarlo?

Sí, la revisión debe tener un límite; sí, hay plazos de entrega; sí, hay procesos de edición tan largos que llegan a cansar a todos los involucrados; sí, somos humanos e incapaces de verlo todo; sí, sí, sí… Hay miles de atenuantes por los cuales siempre vamos a tener una excusa para no querer corregir, incluyendo uno medular: el factor emocional. ¿Qué ocurre cuando ya el libro se nos ha vuelto pesado, cuando necesitamos desprendernos de él a toda costa, cuando ni podemos verlo sin experimentar síntomas físicos de malestar?

Sí, todo eso es verdad. Pero lo que algunos escritores no conocen es la otra sensación: ver el libro publicado, con sus cubiertas nuevas y brillantes, en las manos de sus primeros lectores que lo abren y ven, y, en lugar de expresar en sus rostros nuestra romántica visión del lector agradecido por nuestra maravillosa contribución a la humanidad, lo vemos volverse hacia nosotros, colocar el dedo índice en el primer párrafo que abrió del libro y… ¡horror! ¡La errata, el error, el bodrio conceptual que se filtró en un párrafo! [Peor aún: quienes nos acusan de retrasar los procesos de edición serán los mismos que luego, radiantes, nos lancen el error a la cara].

¿Y si este lector es además un estudiante, alguien que depende de la obra para aprobar una asignatura, obtener una profesión o, simplemente, aprender? ¿Y le damos una obra llena de errores? ¿Qué aprenderá?

Sí. Los errores. Y los dará por buenos porque están publicados, y nuestra cultura occidental está educada para creer que la palabra impresa es fija, inmóvil y verdadera, es una expresión de la divinidad en la tierra; porque nuestro arquetipo de libro por excelencia es la Biblia y, con ella, todo lo que viene detrás. Son pocas las personas que dudan de lo que leen; así como, en la cultura de masas, tampoco son muchos, porcentualmente hablando, quienes cuestionan cuanto se dice en televisión, bajo el argumento de «está en televisión».

Por eso, so pena de ser acusados de perfeccionistas, si está en nuestras manos enmendar algo antes de publicar, ¡hagámoslo! La responsabilidad que tenemos por el simple privilegio de poder hacerlo trasciende nuestras necesidades personales y egoístas. Nos jugamos algo más que nuestro orgullo o la autoestima en el proceso de revisión: nos jugamos la vida del lector y ese merece nuestro máximo respeto y todo el esfuerzo del que, genuina y sinceramente, seamos capaces de dar.

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