Archivo mensual: julio 2013

La palabra engendra palabra

Una de las fantasías más extendidas de quienes amamos la palabra como acto creativo es llegar a tener la autonomía y el tiempo para dedicárselo por entero a los placeres de leer y escribir. Nos imaginamos el día entero entre libros o creando las obras que nos llevarán hasta el codiciado estatus de escritor independiente que vive de las ventas de sus obras.

Desde luego, estas fantasías chocan con una realidad apabullante. Cuando logramos obtener un día de descanso, nos pueden asaltar el sueño, el cansancio, la necesidad de reposo y, sobre todo, las distracciones. Lo que tanto deseamos escribir se desvanece en la penumbra de clics azarosos y tareas insignificantes. No pasa de ser un bonito sueño, una agradable fantasía.

Pareciera como si al entrar en “modo de descanso”, también perdiéramos la conexión con esa capacidad interna de crear.

He tenido la experiencia personal de renunciar a todo para dedicarme a escribir y no poder hacerlo. Como también conozco lo que es escribir a diario, sin tregua, justo cuando mi vida laboral está más llena de obligaciones y plazos de entrega.

En mis épocas más activas, me he levantado de madrugada a escribir, he leído libros camino al trabajo, he editado y corregido durante mis labores remuneradas, he escrito versos y diálogos durante mi hora de almuerzo o en un café, mientras espero a que se disipe el más pesado tránsito en la ciudad y todavía he llegado por la noche a conversar con mi pareja sobre el acto creativo y teoría literaria. Durante la noche, sueño con las historias y me levanto al día siguiente a continuarlas.

En cambio, periodos de vacaciones y licencia por enfermedad a menudo se han convertido en silencios prolongados. Cuanto más se prolonga el silencio, más cuesta recuperar la rutina diaria de la palabra.

Escribir, de verdad escribir y no limitarse a soñar con hacerlo, es un acto de fuerza, valor, constancia y acumulación. No sirven las excusas, la autocompasión y las adversidades. No se vale decir “no tengo tiempo” o “lo haré más adelante”. Cuanto más se logra escribir, aunque el resultado parezca inútil, más se activan los sentidos de la creación enunciativa. Hay que escribir, escuchar, enunciar, conversar, corregir y volver a escribir. La palabra engendra palabra. Las excusas solo engendran silencio.

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