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¿Es posible editar para todos los hispanohablantes?

Una de las ventajas de la lengua, en tanto código internacional de comunicación e intercambio, es su capacidad para darnos acceso a cualquier texto, publicado en cualquier país. No obstante, aun cuando quisiéramos una sola lengua universal, idéntica y comprensible por todos sus hablantes, los giros y particularidades de una región la pueden volver críptica para los hablantes de otra.

Tomemos, como ejemplo, el español. Nací en Costa Rica, un país al que llegan, de alguna manera, influencias de muy diversas procedencias. Así, he leído libros editados en casi cualquier país de habla hispana: México, El Salvador, Colombia, Argentina, España… nunca me he sentido incapaz de leerlos, aunque ciertamente me daba algo de risa encontrarme un «Oye, tío» en alguna traducción española de una obra de Isaac Asimov. Aclaro: en Costa Rica, tío es y siempre será el hermano de mi madre, nadie más; el otro sería «mae», pero no es nada elegante para incluirlo en una traducción literaria, mucho menos de Asimov.

Así, la edición que traspasa fronteras se ve obligada a hacerse preguntas y tomar decisiones. El editor de obras técnicas tiene la responsabilidad de procurar textos que cumplan con ciertos requisitos básicos: comunicabilidad, ¿se tiene éxito en la comunicación texto-lector?; lecturabilidad, ¿se puede leer fluidamente, sin tropiezos en el camino?; naturalidad, ¿se siente cómodo el lector con el texto?; claridad, ¿el texto se entiende tal cual, sin equívocos? Aclaro que estos son requisitos propios de la edición técnica porque ahí donde un manual de uso o un texto didáctico requieren de una comunicación eficaz, transparente, clara, sencilla, directa y unívoca, la comunicación literaria puede aspirar a producir ambigüedad, pluralidad, multidireccionalidad, deliberada oscuridad y, sobre todo, múltiples posibilidades interpretativas.

Así, en teoría, todo parece muy sencillo y abstracto. El problema es cuando un texto invadido por vocablos y giros de la vida cotidiana quiere traspasar las fronteras de una latitud a otra. Tomo, como ejemplo, una obra enfocada en la incorporación de recursos tecnológicos en los procesos de enseñanza-aprendizaje. ¿Qué clase de dificultades léxicas podríamos encontrar ahí?, se puede preguntar el editor. Estas son solo algunas: España, ordenador / América, computadora (no computador, como tienden a pensar algunos); España, pizarrón / América, pizarra; España, plumón / América, marcador (Costa Rica, pilot); España, ordenador de sobremesa / América, computadora de escritorio… (profundizo en eso… a mí me dicen «ordenador de sobremesa» y me imagino «¿una computadora para usarla después de tomar café, en la mesa…?»).

De repente, una obra perfectamente escrita en español, o eso creemos, se vuelve Babel… y eso sin mencionar términos no tecnológicos, como enojo/enfado, que son exactamente lo mismo salvo que en América preferimos enojo y en España, aunque se entiendan las dos y el DRAE recomiende la primera, los españoles hablan siempre, en su vida cotidiana, de enfado (aclaro que no sé si esa es una afirmación universal, para toda la Península o solo para algunas regiones); o las diferencias que tenemos en el uso de ser y estar.

Así, la revisión de una obra escrita en una latitud para ser publicada en otra puede incluir un trabajo complejo de adaptación/traducción. La decisión de cuánto elijamos traducir dependerá, ciertamente, de los editores y el grado de compromiso que tengan con sus lectores. Un vocablo perfectamente normal en una región puede producir extrañeza, rechazo o hasta risa cuando aparece en un texto pensado para ser leído en otro lugar. Se puede convertir en una piedra de tropiezo, un estorbo en la lectura, un factor distractor que desconcentra y desconcierta al lector. Es ese factor clave el que subyace en las decisiones del editor, y no una simple gana de adaptar por adaptar, o de corregir por corregir.

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Análisis de audiencia para el diseño de documentación técnica

Como ya hemos mencionado en otros artículos de este blog, la documentación técnica incluye todo tipo de producción editorial no literaria, como la escritura académica, entre muchas otras. Dentro de este mismo contexto, la palabra diseño incluye el proceso completo: la concepción, estructura, planeamiento, escritura y salida visual de la documentación; no solamente su diseño gráfico.

Establecidas estas premisas, podemos pasar a reseñar y comentar los tres métodos de medición de audiencias e integración en el proceso de diseño de documentación técnica que Karen A. Schriver describe en su obra Dynamics in document design.

Schriver los califica en tres tipos: clasificadores, intuitivos y quienes escuchan. Para explicarlos, propone un ejemplo práctico: tres equipos reciben la tarea de adaptar un artículo sobre el calentamiento global, tomado de la revista Scientific American y dirigido a estudiantes universitarios, para una audiencia de estudiantes de secundaria, especialmente entre el séptimo y el octavo grado.

Los clasificadores

El equipo de clasificadores se aproxima al problema mediante una lluvia de ideas para determinar cuáles son las características diferenciadoras entre los estudiantes de secundaria y los universitarios. Destinan la mayor parte de su tiempo a la catalogación de todos los datos que puedan considerarse relevantes sobre su audiencia meta: edad, diferencias por sexo, actitudes hacia la ciencia, pasatiempos vinculados a la ciencia, nivel promedio de vocabulario e interés en el medioambiente. Con esta información en mente, elaboran el esquema de adaptación del artículo original. El primer borrador es sometido a análisis lingüístico para adaptar el nivel a la edad de la audiencia y, aún así, se simplifica todavía más. Finalizada esta labor, el equipo da por terminado su trabajo.

Los intuitivos

Este equipo lee con cuidado el artículo original y toma nota de cuanto pueda interesar a su audiencia meta. Los miembros del equipo intercambian reflexiones sobre el calentamiento global y recuperan sus experiencias personales cuando tenían la edad de su audiencia. Elaboran varios borradores que discuten y corrigen, siempre tratando de imaginar cómo lo recibirían los estudiantes de secundaria; estos lectores imaginados se construyen a partir de pequeñas experiencias personales o ajenas, lo que han observado en parientes o amigos cercanos que coinciden con las características del público meta y toda suerte de especulaciones sobre sus comportamientos posibles. El borrador final se elabora tras la lluvia de ideas generada por la crítica constructiva de otros miembros del grupo, como primer «grupo de prueba» del producto final.

Los que escuchan

El tercer grupo comienza por localizar un grupo de estudiantes de secundaria que estén dispuestos a criticar sus borradores o versiones preliminares. Algunos miembros del equipo tratan de averiguar qué están entendiendo los jóvenes de secundaria sobre el tema de la ciencia. Tienen la preocupación de diseñar ayudas visuales que contribuyan por igual a la comprensión de la materia y a motivar a los estudiantes para seguir su aprendizaje. Su primer paso será, por lo tanto, recopilar ensayos sobre temas cercanos al suyo escritos para estudiantes de esta edad. También hablan con los docentes para averiguar cuáles estrategias han sido exitosas en la enseñanza de la ciencia. las entrevistas a estudiantes y profesores les dan muchas ideas para una nueva versión del artículo. Tras discutir diversas alternativas, toman la decisión de elaborar un material visual en lugar de un texto verbal. Someten la nueva versión a la opinión de los estudiantes y le prestan especial atención a la manera en que estos utilizan las ayudas visuales y exploran los conceptos. Toman nota de cuanto los estudiantes encontraron interesante y de aquellas cosas que produjeron duda o perplejidad. A partir de este proceso de seguimiento en tiempo real de las reacciones del lector, elaboran su versión final del documento.

Estos tres enfoques de creación de la audiencia modelo obligan a la reflexión. Dejaremos los comentarios para otra oportunidad. Aquí solo se abre la pregunta: si usted diseña documentación técnica y ha querido asumir el reto de diseñar para su audiencia, ¿cuál enfoque o combinación de enfoques ha empleado?

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