Archivo mensual: febrero 2012

Recomendaciones bibliográficas: José Martínez de Sousa

En este blog las obras de José Martínez de Sousa han sido continuamente citadas o referidas. Hoy hacemos un alto para comentarlas, debido a su valioso aporte y por tratarse de herramientas indispensables para el quehacer editorial.

La biografía y obras de este autodidacta incansable pueden consultarse en su página web: http://martinezdesousa.net/. Se describe a sí mismo según las profesiones de la palabra que ha ejercido: lexicógrafo, bibliólogo, ortógrafo, ortotipógrafo y técnico editorial. Pero le falta mencionar escritor, aunque ninguna de sus obras es de ficción. Algunos de sus libros, declara, surgieron para cubrir sus propias necesidades de conocimiento. Lejos de guardárselos para sí, los compartió con el mundo y hoy ninguna biblioteca de corrección está completa sin sus publicaciones.

La bibliografía de Sousa es extensa: en su página web, detalla veinticuatro libros publicados desde su primera versión del Diccionario de tipografía y el libro, en 1974. Pero muchas obras han ido experimentando reediciones, fusiones, reestructuraciones y renovaciones. Otras ya no se consiguen, excepto en el mercado de libros usados y hay que mandarlas a traer a recónditas librerías especializadas.

Los títulos más relevantes se distribuyen gracias a los esfuerzos de Ediciones Trea, una editorial comprometida con la publicación de obras fundamentales en el campo profesional de la edición y la corrección de textos. Dos de sus títulos también están vivos en el catálogo de Ediciones Pirámide.

Por lo tanto, si uno está apenas iniciando su biblioteca de corrección y edición, por razones prácticas, no podrá aspirar a comprar todas sus obras de una sola vez; una tarea no solo difícil por los problemas de distribución de obras españolas en América Latina, sino por el elevado costo de cada ejemplar. Habrá que elegir y priorizar. Para ayudar en esa tarea, a continuación detallo algunos de los libros que conozco y tengo acceso para que usted pueda organizar su presupuesto e iniciar la cacería. Los pongo en mi orden de preferencia. Mi criterio no es científico sino de uso: son los libros que día a día utilizo, como las herramientas básicas de mi oficio.

Manual de estilo de la lengua española (MELE)

Esta es quizás la obra esencial, la obra, si uno está directamente involucrado en el tema de la edición como tal. La tercera edición (2007) tiene 752 páginas, pero ya Trea tiene a la venta la cuarta edición (2012), con 775 páginas, revisada y aumentada. El MELE toca muchos temas que otros manuales evaden, siempre desde la perspectiva de Sousa, bien fundamentada en una visión crítica y una experiencia inigualable.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000052

Ortografía y ortotipografía del español actual

Aquí se profundiza en temas que el MELE no puede tocar o apenas roza. Es una herramienta vital de corrección, puesto que ingresa en los tortuosos caminos de la mayúscula, minúscula, ortografía técnica, ortografía bibliológica, puntuación, acentuación, onomástica… La lista es gigantesca y se extiende por 563 páginas. Con este título, Sousa nos enseña que la ortografía no se reduce a las reglas de la tilde y a la puntuación. La ortografía y la ortotipografía son especialidades tan complejas y meritorias como cualquier otra rama de la lingüística o la gramática.

Esta obra, ya en su segunda edición (2008), incorpora y actualiza íntegramente el Diccionario de ortografía técnica (1987), publicado en su momento por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000268

Diccionario de uso de las mayúsculas y las minúsculas

Esta obra lúcida, hija de la necesidad, es el sueño de cualquier profesional de la corrección. Sobre todo cuando se está comenzando, se pasan horas angustiosas ante la pregunta de si tal o cual palabra se escribe con mayúscula o no. Autores, escritores de todo tipo, estudiantes de tesis, periodistas… quizás no haya una sola persona que acuda a la mayúscula como un instrumento para destacar lo que le parece de mayor relevancia por alguna razón superflua y sin justificación lingüística, semántica o comunicativa. Para cada mayúscula, se pueden perder horas preciosas, mientras se consultan diccionarios normativos y de uso, reglas genéricas, ortografías de todas clases… Sousa ha dado el salto cualitativo y ha sistematizado en un diccionario, práctico por definición, las palabras de más frecuente duda en la mesa de corrección. ¿Cuánto tiempo ahorra este diccionario? ¿Cuántas horas laborales y recursos institucionales valiosos se recuperan gracias a herramientas como estas? Por lo tanto, este diccionario, ya en su segunda edición (2010) vale cada centavo y más.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000786

Diccionario de bibliología y ciencias afines

La tercera edición de este diccionario (2004) es una joya en la que su autor además aprovechó para incorporar otras publicaciones previas y afines entre sí, como el Diccionario de tipografía y artes gráficas, a su vez heredero del Diccionario de tipografía y del libro (1974). También incluye gran cantidad de terminología lexicográfica tomada del Diccionario de lexicografía práctica (1995) y terminología periodística tomada del Diccionario de información, comunicación y periodismo.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000317

Diccionario de dudas y usos del español actual (DUDEA)

Con su capacidad crítica de siempre, Sousa toma en cuenta otras obras, incluido el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), y aporta su criterio sobre un significativo corpus de palabras dudosas. A menudo, un vocablo muy técnico o especializado (con ese tipo de interrogantes bizarras, exclusivas del mundo editorial) puede eludir grandes y respetables diccionarios y, sin embargo, encontrar un lugar en esta obra singular.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000268

Manual básico de lexicografía

Este manual no solo es útil para académicos del campo de la lexicografía. Es una guía actualizada y atinada en el complejo reto de diseñar la ortotipografía, estructura y formato de un lexicón, diccionario o glosario. Comprende la temática inicialmente desarrollada en el Diccionario de lexicografía práctica (Barcelona: Bibliograf, 1995).

Diccionario de redacción y estilo

Esta útil herramienta ayuda a despejar diversas dudas sobre terminología de la redacción y corrección. Se consigue en su tercera edición (2003) en Ediciones Pirámide.

Manual de edición y autoedición

En este libro se abandonan las fronteras del texto y se ingresa en la página, como un espacio vivo, dinámico, móvil, en donde el texto se convierte en bloque, columna, título, encabezado, pie, figura, tipografía… Una introducción muy completa para quien desee ingresar en el campo de la creación y producción de libros; y una obra de consulta cuando se finaliza el texto y se inicia la edición gráfica. La segunda edición (2005) está disponible en Edificiones Pirámide.

En síntesis
La bibliografía de Sousa no se acaba en las ocho obras aquí reseñadas, pero analizarlas todas es tarea de otro libro, no de un artículo de blog. Búsquelas, adquiéralas, revíselas, absórbalas, critíquelas y, desde el camino adelantado por este maestro de las artes del libro, fórmese su propio criterio. Sin duda, su labor editorial será más rica y profesional si dispone de esta biblioteca.

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Humor: qué difícil es hablar el español

Esta canción, escrita y cantada por los hermanos Juan Andrés y Nicolás Ospina, es un auténtico ejercicio multicultural. Hermosa lengua la nuestra, que se teje en la cotidianidad y muta según la región, el clima, la historia y la vida.

La letra se puede descargar aquí: http://intentalocarito.wordpress.com/

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Concentración y escritura

La concentración implica enfocar todos los esfuerzos en pocos proyectos; cuantos menos, mejor. De ser posible, en un solo proyecto de escritura a la vez. Desde el punto de vista cognitivo, retomar cada día el hilo de lo escrito el día anterior es mucho más fácil si se trata del mismo tema, el mismo proyecto, el mismo producto. En cambio, si tenemos tres o cuatro cosas, ¿cuánto tiempo real podemos dedicarle a cada una? ¿Cuánto tiempo se desperdicia solamente recordando dónde habíamos quedado la última vez?

Idealmente, la escritura debería ser una labor profesional, de al menos cinco días a la semana, ocho horas diarias. Pero admitámoslo: ¿cuántas personas tienen ese privilegio? Más aún, ¿cuántas pueden sostener las labores intelectuales necesarias para la creación literaria durante tantas horas seguidas, por periodos prolongados (superiores a uno o dos meses)? Lo usual es tener una ocupación diurna y dedicar unas pocas horas al día a escribir. Y cuando digo “horas” ya me refiero a quienes han logrado una rutina bien acomodada en su vida cotidiana, de al menos dos horas diarias; tres o cuatro, cuando hay muy voluntad, salud y circunstancias favorables. Esta deseable rutina, con mucha frecuencia, solo puede sostenerse de lunes a viernes, puesto que los fines de semana están llenos de imprevistos y una nutrida vida social o familiar.

Diez horas semanales, dedicadas a la misma novela, podrían lograr un borrador completo en tres meses (un borrador duro, sin corrección). Pero si de las diez horas solo se dedican dos a esa novela, otras dos a un cuentario, otras dos a un poemario y, finalmente, dos más a ideas sueltas… ¿cuánto tiempo tomará alcanzar el borrador de la ansiada novela (o del cuentario, o del poemario)? En lugar de doce semanas, el proceso se alargará un mínimo de sesenta semanas para cada texto, es decir, más de un año completo para la novela; cinco años para el resto.

En cambio, cuando le permitimos a alguno de nuestros textos tener primacía sobre los demás, al menos durante el 80 % del tiempo real de escritura, este paulatinamente se va volviendo más fuerte y se nos va metiendo por todas partes. Se cuela en nuestros pensamientos cotidianos, se nos aparece en sueños, se transforma en visiones en plena vigilia, se comienza a escuchar en los susurros del viento… Cuanto más se sostenga el esfuerzo de concentración, más posibilidades tenemos de cruzar un punto de no retorno a partir del cual la escritura ya es inevitable. Se transforma en una compulsión que obliga a seguir y seguir, a descargarlo todo sobre la página en blanco, a no soltar ni por un momento el hilo de la historia, ensayo, cuento, tesis… No importa el producto: el proceso creativo es similar y los beneficios de la concentración son válidos casi para toda forma de escritura.

Esta recomendación no es una fórmula ni una obligación. No faltará quien tenga éxito en manejar varios proyectos simultáneamente, al menos durante ciertas etapas iniciales. Pero hay quienes hemos visto los resultados de abandonarlo todo y dedicarnos por entero a un único texto, sobre todo cuando se alcanza la fase final de escritura del borrador definitivo. Ya vendrán las revisiones, las evaluaciones, la edición, la publicación, la reedición… Pero la magia de pensar en una sola historia, idea, hilo rinde frutos visibles y tangibles en la forma de manuscritos terminados y listos para comenzar su camino hacia el público.

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Escritor es…

“Yo de cómo escribir, de los trucos y los equívocos, no sé hablar bien. Lo único que sé con la claridad del agua, es que escritor es quien escribe todos los días, todos los ratos libres y siempre que algo mira, aunque no tenga lápiz, ni teclas con las que dejar constancia de sus palabras”. Ángeles Mastretta, “La derrota de la página en blanco”, El País, 17 de abril de 2010. Recuperado de http://elpais.com/diario/2010/04/17/babelia/1271463135_850215.html

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¿Imperio Romano o Imperio romano?

La Real Academia Española (RAE) es clara en su dictamen: se escribe Imperio romano (2010: cap. IV, § 4.2.4.10.4); sin embargo, esta grafía, en donde una palabra aparece con letra mayúscula y la otra con letra minúscula, provoca incertidumbre. Muchas personas “sienten” la necesidad de imponerle la mayúscula también al adjetivo romano, bajo el argumento o la sensación de que están describiendo a una unidad geopolítica bien definida. Después de todo, ¿quién no conoce el “Imperio Romano”, con sus mayúsculas? Lo hemos visto así escrito alguna vez. ¿Por qué no sería correcto?

Periodo histórico, no denominación oficial

El primer problema de fondo es de precisión histórica y de nomenclatura. El pueblo romano tuvo tres periodos histórico-políticos bien definidos: la Monarquía (desde la fundación de la ciudad, en 753 a. e. c.), la República (instaurada en 509 a. e. c.) y el Imperio (establecido en el 27 e. c.).

Estrictamente hablando, la expresión Imperio romano designa el último periodo de la historia del pueblo romano, el periodo comprendido desde el año 27 e. c. hasta su caída; así como los límites territoriales alcanzados durante esa época. ¿Qué ocurre con los periodos anteriores? No quedan cubiertos por esta expresión. Pero los hablantes, con mucha frecuencia, sienten que sí. Y ahí es donde está el meollo del asunto.

Como agravante está el hecho de que sí existió una denominación romana oficial. Aparece en sus escudos y todavía hoy se encuentra dispersa por la ciudad de Roma: Senatus Populusque Romanus (el Senado y el Pueblo de Roma), cuya sigla era SPQR. No obstante, como apunta Manuel Seco, nadie diría “el S.P.Q.R. venció a Cartago” (citado por Sousa, 2008: 209).

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Nombres propios versus adjetivos

El segundo problema es ortotipográfico y tiene que ver con el juego de mayúsculas producido entre el criterio de nombre propio y adjetivo derivado de un nombre propio.

La palabra Imperio, nos dice la Academia, es equivalente a Estado, República y Monarquía. Lleva mayúscula porque representa un aparato de gobierno, una institución pública, una figura política definida y, como tal recibe tratamiento de nombre propio. No es el nombre de un país u entidad geopolítica: es el nombre de la institución que gobierna ese país. No se aplica la mayúscula al adjetivo que lo acompañe, por ejemplo, Estado costarricense. Es el mismo caso de República. Decimos la República de Costa Rica, en donde Costa Rica es un nombre propio y se escribe siempre con mayúscula. Mientras que la República costarricense es una expresión formada por un nombre propio (República) y un adjetivo derivado de un nombre propio (costarricense, derivado de Costa Rica).

De la misma manera, podríamos hablar de la República de Roma o de la República romana. De hecho, durante el periodo imperial, Roma pasó su denominación oficial a Imperium Romanum cuya traducción más aproximada a nuestro concepto actual podría ser Imperio de Roma (nombre propio + nombre propio); por lo tanto, bajo este mismo criterio, cuando se usa la denominación adjetiva se debería escribir Imperio romano (nombre propio + adjetivo).

Imperios de Oriente y Occidente

Un problema adicional lo introduce la división del Imperio de Roma en dos grandes jurisdicciones independientes: la de Oriente y la de Occidente. En tales casos, el problema del adjetivo en minúscula permanece, pero produce una expresión que sube y baja como una montaña rusa: Imperio romano de Occidente, Imperio romano de Oriente. También son válidas las expresiones Imperio de Oriente e Imperio de Occidente.

En tal caso, para impedir estas expresiones con mayúsculas tan caprichosas, se pueden emplear las expresiones Imperio de Bizancio o Imperio bizantino, con las mismas consideraciones ya hechas con respecto a los adjetivos en minúscula.

Esta regla ortotipográfica se aplica también a otros imperios, como el Imperio astrohúngaro y el Imperio maya.

Otras expresiones imperiales con mayúscula

La nueva ortografía advierte que las siguientes expresiones se escriben todas con mayúscula:

Sacro Imperio Romano Germánico (nombre propio de la entidad política formada por diversos Estados de Europa central)
Bajo Imperio (subdivisión del periodo imperial romano)
el Celeste Imperio (denominación de la China imperial)

En la mesa de corrección

La próxima vez que se encuentre un Imperio en un texto bajo su cuidado, recuerde verificar los siguientes puntos:

  1. ¿Se refiere en efecto a un periodo imperial propiamente dicho o se está empleando, como eufemismo, para designar a la entidad geopolítica, con toda la historia o expansión territorial de un pueblo, desde su fundación hasta su caída? En el segundo caso, puede emplear expresiones más generales; por ejemplo, Roma o en Roma, sin especificación de la figura política, durante la época romana, civilización romana.
  2. ¿Es una denominación oficial —y generalmente aceptada como tal— o es una pequeña variante del nombre?
  3. ¿Es un grupo nominal formado por dos nombres propios o por un nombre propio y un adjetivo? O dicho en cristiano: ¿dice Imperio de Roma o Imperio romano? En el segundo caso, siempre se aplicará la minúscula. También se pueden emplear expresiones más precisas, como durante la época imperial; durante los gobiernos de Calígula, Vespasiano y Adriano; durante la época de los emperadores. En un texto escrito, la precisión contribuye a elevar la calidad.

En síntesis

La corrección no siempre es un problema de aplicar reglas en apariencia rígidas. La ortografía también se arraiga en la historia, la cultura, la política… Al final, en la mesa de corrección, será necesario tener a profesionales en múltiples especialidades: lengua e historia (o economía, o medicina, o leyes, según el texto que se esté revisando), cada quien desde su óptica en un diálogo razonado, para encontrar la respuesta final a una pregunta tan sencilla como si tal o cual cosa se escribe con mayúscula o con minúscula.

Lista de referencias
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa.

        

Agradecimiento
Se agradece la colaboración del historiador Gustavo Naranjo, cuya férrea convicción de que se debe escribir Imperio Romano y sus numerosas aclaraciones históricas sobre la historia de Roma fueron cruciales para la investigación detrás de este artículo (y para mi propia convicción de que se escribe Imperio romano; hasta nuevo aviso).

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