Archivo mensual: septiembre 2012

Leer de un tirón

Un caro recuerdo de mi infancia era la lectura compulsiva, imposible de combatir con la razón, el sentido del deber o incluso la obligación impuesta. No importaba nada excepto seguir leyendo, avanzar en la historia, llegar hasta la última página. Todo lo demás pasaba a segundo plano: las clases aburridas; los cuestionarios inútiles; los recreos de juegos sin aventura, idilios ni paisajes exóticos. Las conversaciones vacías parecían una mísera pérdida de tiempo, cuando había un grupo de personajes esperándome para seguirme contando sus historias.

La vida me parecía entonces muy corta para desperdiciarla en actividades repetitivas, efímeras y, a todas luces, inútiles, como maquillarse, hacerse las uñas o leer el periódico. Estaba segura entonces, como lo estoy ahora, de que sin duda moriría sin tener tiempo suficiente de cubrir siquiera el canon básico de grandes obras de la humanidad. Con una vida tan breve y tanto por leer, ¿no era lógico huir de las actividades vanas y miserables para dedicar mis horas tan preciadas a devorar cuanto pudiera?

Así pensaba a los nueve, a los doce, a los veinte años. Así pienso aún ahora. Tal vez por esa razón, a veces la vida laboral se vuelve a veces dolorosa. Para una lectora compulsiva como yo, editar como medio de vida es un sueño hecho realidad: literalmente, me pagan por leer. Lo lamentable es cuando el texto carece de esa capacidad para atrapar desde la primera página, de sostener la atención más de veinte minutos, de arrastrarme a seguir leyendo.

Solía pensar que este era un atributo exclusivo de la ficción, pero grandes libros no ficcionales han llegado a mis manos para quererse quedar ahí hasta acabarlos. Así que no hay excusa: todo texto puede tener la capacidad para atrapar o rechazar, para dejarse leer o provocar el cierre de sus páginas sin tregua.

Como lectora, me abandono sin reservas a los libros que me interpelan y perturban desde la primera página. Los demás, aunque pertenezcan al canon de la gran literatura o de las listas de los más vendidos, aunque críticos más informados que yo los pongan a la cabeza de las listas de mejores obras, si no vibran desde el primer renglón, el primer párrafo y la primera página, quedan condenados al olvido, a la inevitable condición de jamás llegar hasta el final. Los dejo ahí, donde el tedio pueda más que mi fuerza de voluntad. Y mi fuerza de voluntad ha ido disminuyendo con los años. Me hago más vieja y, con ello, menos tolerante a la mala escritura.

Como editora, no tengo ese privilegio. A veces el texto no me compele, no me permite leerlo, me produce reacciones emocionales adversas y me sorprendo a mí misma queriendo hacer cualquier cosa menos seguirlo leyendo. En esos casos, no puedo abandonarlo y cerrarlo, como haría con cualquier obra ajena. Mi deber es claro: debo seguir batallando con la abulia hasta encontrar dónde está el fallo, en qué punto se quiebra la atención y cómo puedo remediarla. Como editora, no puedo conformarme jamás. Estoy obligada a rectificar, corregir, reelaborar, reconstruir hasta alcanzar algún grado de lecturabilidad. Hasta hacer menos pesada la experiencia para quienes, como yo, correrán el riesgo de vivir los mismos síntomas de aburrimiento sin cura.

Por eso, cuando uno pasa muchas horas de su vida leyendo textos apenas en proceso —a veces diamantes en bruto, a veces brutalidades sin remedio—, siempre conviene hacer un alto en el camino y encontrar alguna de esas obras mágicas, apabullantes, estremecedoras. Nada más sanador que perderse en una de esas lecturas que nos hicieron enamorarnos de los libros en primer lugar y recobrar, al menos durante un rato, la fe en la buena escritura. Sí, todavía existe y está ahí afuera, esperándonos.

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Segundo Congreso de Internacional de Correctores de Textos en Español

Este año se llevará a cabo el Segundo Congreso de Internacional de Correctores de Textos en Español, durante la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara. Esta actividad se realizó por primera vez en año 2011, en la ciudad de Buenos Aires, con la participación de más de 400 asistentes de 11 países, 31 ponentes y 11 oradores destacados.

Para noviembre del 2012, se espera también una participación de más de 300 personas, con el atractivo adicional de participar de la FIL, quizás la mayor feria del libro del mundo de la edición en español.

Esta actividad es un paso adelante en el intento por dar reconocimiento y cuerpo institucional a la corrección como una profesión y una especialidad de la lengua. La corrección, que a tantos graduados de carreras de Letras y Humanidades alimenta, ha entrado muy despacio en las puertas de las academias, en donde es considerada poco más que un oficio de segunda categoría para el cual no es necesaria ninguna formación adicional (o cuando menos, esa es la apreciación que me dejaron mis años de formación en filología y lingüística, dentro de una academia).

Quienes hemos metido nuestras manos en el quehacer de la corrección conocemos la realidad: tan necesario es sistematizar el cuerpo teórico de la corrección y darle un nivel académico, como lo es cualquier rama de la lingüística. A corregir se aprende corrigiendo, sí; y leyendo, investigando, tomando decisiones, formulando criterios y estableciendo parámetros de aplicación sistemática y coherente a partir de una reflexión crítica, sustentada, consensuada y basada en las necesidades de comunicación para la región en donde se edita.

La corrección es también uno de los principales instrumentos de control de calidad de toda forma de edición; puesto que para quienes trabajamos en el mundo del libro, la lengua sigue siendo la materia prima esencial.

El congreso se llevará a cabo del 24 al 27 de noviembre, en Guadalajara, México. Habrá tres tentadores talleres previos al evento, el día viernes 23 de noviembre, a cargo de Roberto Zavala Ruiz, autor del indispensable manual de edición El libro y sus orillas; Antonio Martín, miembro de la Unión de Correctores de España, y Jorge de Buen, cuyo Manual de diseño editorial es otra joya de la biblioteca básica de corrección.

Si usted quiere participar, todavía está a tiempo para hacer sus maletas y reservar su espacio. Esta será una buena oportunidad para salir del anonimato y la distancia, para profesionalizarse un poco más cada día y conocer la labor de colegas en todo el continente y España.

Si desea obtener la información completa sobre tarifas, inscripción y actividades, visite la página oficial del congreso: http://www.congresocorrectores.com.mx

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