Archivo mensual: junio 2010

Recomendaciones bibliográficas: Diccionario Panhispánico de Dudas

Con este artículo, formalmente inauguramos una nueva sección en este blog dedicada a hablar sobre libros indispensables en la biblioteca de un editor y de un escritor. Iniciamos con el Diccionario Panhispánico de Dudas por tratarse de uno de los mayores aciertos de la Real Academia en los últimos años, si bien todavía reconocemos la necesidad de mejorarla y llevarla más lejos de sus actuales alcances.

¿Qué es el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD)?

Este diccionario es una obra de referencia esencial en la biblioteca del editor. A diferencia de un diccionario exclusivamente léxico, como el Diccionario de la Real Academia (DRAE), el DPD atiende directamente las zonas de duda, tanto en el campo léxico, como en la sintaxis, la morfología, la ortografía y, tímidamente, en la ortotipografía.

Un precedente inmediato es la obra de Manuel Seco, quien también se dirigía específicamente a la atención de dudas de la lengua. Lo que hace valioso el DPD es la colaboración de las academias del continente americano y, desde luego, su oficialidad.

¿Qué contiene este diccionario?

Una de sus ventajas es que integra contenidos que antes solamente se encontraban en obras como la Ortografía o la Gramática, pero ordenados alfabéticamente bajo un lema descriptor.

Por ejemplo, en este diccionario podremos encontrar las reglas de uso de las mayúsculas en la entrada “mayúsculas”, los usos de la coma en la entrada “coma”, las reglas de acentuación (tilde) en la entrada “acento” y los múltiples usos sintácticos del pronombre relativo que en la entrada “que”, con remisiones a otras entradas también de interés como “queísmo” y “dequeísmo”.

Entre sus múltiples contenidos, podemos enumerar los siguientes:

  • Artículos temáticos: uso de signos ortográficos, sintaxis, abreviaturas, siglas y siglomas…
  • Palabras concretas que plantean dudas en aspectos morfológicos: plural, femenino
  • Neologismos, extranjerismos, topónimos y gentilicios, latinismos
  • Pronombres, adverbios, verbos, artículos, preposiciones…
  • Concordancia
  • Fenómenos lingüísticos particulares: queísmo, dequeísmo, voseo, leísmo/laoísmo/loísmo
  • Tipos de oración: oraciones impersonales y pasiva refleja
  • Numerosas construcciones y locuciones
  • Voces dudosas: voces similares que se confunden en el uso, voces usadas con sentido impropio, calcos semánticos
  • Reglas generales de conjugación verbal
  • Listas de abreviaturas, símbolos, nombres geográficos y gentilicios

¿Cómo se usa este diccionario?

A pesar de sus múltiples ventajas, el DPD tiende a intimidar a los usuarios novatos y al público general no especializado en el campo de la lengua que, de repente, quisiera resolver alguna duda. O como me lo dijo alguien una vez: “No uso este diccionario porque nunca logro llegar a lo que busco”.

Sin duda algunos conocimientos de lingüística son deseables para utilizar esta obra, puesto que facilitarán la búsqueda. Habrá más oportunidades de encontrar las recomendaciones para evitar el dequeísmo, si ya se tiene una noción previa de lo que este concepto significa.

Ahora bien, si uno es un principiante, el diccionario mismo le irá proporcionando los conceptos para su uso. Desde mi experiencia, puedo dar las siguientes recomendaciones:

  1. Saber qué esperar del diccionario. Conviene familiarizarse con el tipo de lemas que incluye, las temáticas que toca y la manera de abordarlas. Bastaría con leer algunas páginas al azar y hacer un análisis de cada entrada. Por ejemplo, si se busca teoría amplia sobre la formación de palabras compuestas y de formación de palabras a partir de un prefijo, será más útil acudir a una obra de gramática (los capítulos de la Nueva gramática de la lengua española en este tema son particularmente profusos). Sin embargo, si específicamente se está buscando información sobre las palabras formadas con el prefijo “auto-”, se podrá consultar ese lema en el DPD.
  2. Ponerse en los pies del otro. Basta un poco de imaginación y preguntarse, desde la lógica de quienes organizaron el diccionario, ¿en dónde podrían haber situado lo que busco? Por ejemplo, si quiero saber cómo se escribe Navidad (con mayúscula o minúscula), no me aparecerá ninguna entrada “Navidad”, pero sí encontraré ese ejemplo en la entrada “mayúsculas”.
  3. Seguir las pistas. Una herramienta esencial en todo diccionario es la remisión. Se le llama así a esas líneas de cruce que todo diccionario debe tener, las pistas que le da al lector al indicarle en qué otras entradas del diccionario podría encontrar lo que busca. En el DPD, esto se expresa mediante una flecha (versión impresa) y un hipervínculo (versión en línea). Así, bajo la entrada “ligustre” veremos “⟶ ligustro”. Por lo tanto, la información se sitúa bajo la entrada “ligustro”, en donde también se explica “ligustre”. El diccionario puede remitir a artículos adyacentes, artículos completamente distintos o incluso a apartados dentro del mismo artículo.
  4. Leer periódicamente las entradas más extensas. Hay entradas que merecen ser leídas como un buen libro de texto. Las reglas de las preposiciones, los acentos, los fenómenos lingüísticos, el plural, las mayúsculas, la coma… Leerlas le ayudará al corrector a refrescar conocimientos, al editor a conocer reglas que no se imaginaba y al lector general a familiarizarse con los pormenores de la carpintería y mecánica de la lengua.
  5. Tomar notas. Me gusta llevar mi propia base de datos, organizada por mí, bajo las etiquetas en las que podré localizar luego la información, según mis propios recuerdos y experiencias. Así, cada usuario puede tener su mini DPD, a la medida de sus preguntas frecuentes y usos dudosos. Cada quien utilizará para esto las herramientas más a su gusto: cuaderno de notas, base de datos bibliográficas con apuntes de citas, extractos en documentos de texto o incluso la ayuda de programas para el manejo de bases de datos de investigación, como el DevonThink. El hecho de que el DPD se encuentre libre y gratuito para su consulta en línea facilita esta acción.

¿Por qué me conviene consultar el DPD?

Esta es una obra muy reciente (2005) en donde la Academia comienza a girar sus políticas. Más abierta y tolerante que los diccionarios de hace treinta años, el DPD considera los usos en otras zonas geográficas y tiende a cierta tolerancia. Esto a veces puede volver locos a quienes esperan una obra normativa absoluta, sin ambigüedades; pero nos facilita la vida a quienes creemos en el respeto por la expresión lingüística de cada pueblo.

El DPD da cuenta de criterios nuevos, algunos más tolerantes, en relación con el DRAE, registra algunos usos en el español de América, propone grafías para avanzar hacia la normalización y arbitra en diversos puntos sobre los que no había pronunciamiento previo.

¿Qué cuidados se debe tener en la consulta del DPD?

Cada año que pasa, la obra se desactualiza un poco y conviene, siempre, consultar las obras más recientes (en este momento, la Nueva gramática). Además, muchas de las normas del DPD son en realidad propuestas, no siempre las más felices, y, desde luego, no necesariamente las más aptas para nuestro público y entornos lingüísticos inmediatos. Siempre se necesita del criterio del lingüista y el editor para determinar si se acoge o no la recomendación, especialmente aquellas en donde se detectan contradicciones.

¿Dónde consigo el DPD?

En cada país hay librerías en donde se encuentra esta obra a un precio relativamente accesible para el tipo de obra que es. Pero aun cuando uno disponga de la versión impresa, la versión gratuita en línea (www.rae.es) es una herramienta indispensable, debido a la forma tan veloz en que se consulta y a la posibilidad de copiar y pegar, en nuestra base de datos personal, la información de interés.

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Evernote: notas gratis, multiplataforma y sincronizadas

Una de las actividades primarias de todo proceso de investigación, edición y escritura es la captura de notas para toda clase de propósitos. Ya se trate de guardar una página web, copiar un párrafo, anotar una idea para desarrollarla más tarde, llevar una bitácora o crear listas de cotejo y pendientes, siempre necesitamos de alguna herramienta para mantener la vida y la escritura organizadas.

Hay una gran variedad de programas para este fin. Le dedicamos el artículo del día de hoy al Evernote, debido a tres ventajas que lo hacen el favorito para compartirlo:

  1. Es gratuito.
  2. Existe en versiones para Mac, Windows y teléfonos móviles.
  3. Se sincroniza a través de la web, por lo cual es accesible desde cualquier computadora con un navegador; o bien, desde dos o más computadoras en donde la aplicación haya sido instalada para su respectiva sincronización.

¿Cómo se instala?

El Evernote tiene dos componentes: sitio web y aplicación. La aplicación se descarga de manera gratuita y se instala como cualquier otro programa. Para hacer uso de sus funciones de sincronización, es necesario crear una cuenta en el servidor de sus desarrolladores. Se otorga un espacio básico de 50 MB; si el usuario excede esta capacidad, puede optar por un plan de pago con mayor capacidad. Para una persona que está iniciando con el programa, y sobre todo si la mayoría de sus notas son de texto, la cuenta gratuita será más que suficiente para sus necesidades.

¿Cómo funciona?

El usuario crea “libretas” y “notas”, según sus necesidades y preferencias. Cada libreta puede tener una cantidad ilimitada de notas. Las notas pueden crearse de dos maneras: desde la propia aplicación (notas de texto y de video) o desde el navegador web. El programa convenientemente instala un botón de captura en los navegadores, como Firefox y Safari.

En las preferencias del programa se puede asignar una libreta principal, una libreta para captura de notas web y todo lo concerniente a la apariencia (tipo y tamaño de la letra). Las ventanas pueden organizarse de varias maneras (como lista, iconos, hacia la derecha o abajo); basta pulsar los botones de “vista” y elegir el más adecuado para uno.

El programa incluye un motor de búsqueda y admite la asignación de etiquetas a cada artículo para facilitar su localización.

¿Para qué puede emplearse?

Los usos del programa dependen de la creatividad y necesidades del usuario.

Para mí, una de las funciones favoritas es la creación de listas de pendientes y listas de cotejo. Utilizo, para esto, una combinación del formato de párrafo con viñetas (bullets) y le añado, a cada ítem, una casilla de control de tareas. El programa introduce una especie de botón cuadrado, ligeramente tridimensional, el cual automáticamente añade una marca o “palomita” (✓) si se pulsa sobre la casilla.

Otros usos para los que el programa puede servir:

  • Llevar registro de tareas realizadas, bitácoras, listas de eventos asociados a un proyecto.
  • Crear notas de pendientes.
  • Anotar datos de contacto de personas asociadas a proyectos específicos.
  • Guardar borradores de actas, síntesis de reuniones y otras actividades administrativas dentro de cada proyecto.
  • Guardar artículos, textos y fotografías para ser revisados posteriormente.
  • Tomar notas rápidas y guardar ideas de escritura para desarrollar después (cuentos, artículos, libros…).
  • Llevar un diario (si no se tiene otra aplicación más adecuada para este propósito).
  • Tener acceso a la información guardada en la aplicación desde varias computadoras (p. ej., casa y oficina).
  • Tener acceso a la información guardada en la aplicación desde el teléfono móvil o celular (iPhone y iPod Touch, Android, BlackBerry, Palm Pre, Sony Ericsson X, Windows Mobile).

Algunas personas incluso emplean la aplicación para guardar sus claves (o pistas de las claves), números de serie de programas adquiridos, inventarios y otra gran cantidad de notas que usualmente no caben en otra clase de aplicaciones.

El uso del programa dependerá, por lo tanto, de preguntas como “¿qué necesito tener accesible desde este programa?”, “¿qué utilidad puede tener para mí la sincronización?”, “¿qué clase de información podría colocar ahí?”, “¿tengo otras aplicaciones que cumplan las mismas funciones?”.

El Evernote es una ayuda para la vida diaria, pero requiere de una mente organizada detrás. Reflejará únicamente lo que su usuario decida. Conózcalo, instálelo, pruébelo y, si llena alguna necesidad en su vida, úselo. Herramientas como esta contribuyen a aumentar la productividad y mantener la motivación gracias a la sensación de logro que nos da ver, en retrospectiva, nuestros éxitos y labores cumplidas.

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El libro de texto del futuro

En enero del 2010, todavía no se veía con claridad cuándo se iba a realizar un cambio masivo de las tecnologías del libro impreso al libro digital. En ese momento los e-readers dominantes del mercado eran gadgets monofuncionales, casi todos en blanco y negro, con tinta electrónica y en una babel de formatos. Samir Katar, en su artículo “iPad Revisited: 5 Topics for Publishers to Consider”, llama la atención sobre el hecho notable de que dos meses tras el anuncio al mundo del iPad, y dos millones de unidades vendidas después, ningún editor puede pasar por alto los cambios que se avecinan en la edición digital.

Katar indica que ya algunos analistas han comenzado a ver en el iPad el libro de texto del futuro. ¿Y por qué no? Más cómodo y práctico de tener dentro del aula que incluso una computadora de 8 pulgadas, con pantalla a todo color, muy pronto con multitasking, con visor para todo tipo de recursos audiovisuales y textuales (el maestro puede tener un repositorio en “la nube” con presentaciones de diapositivas, fotografías, videos… ¡lo que quiera!, todo accesible desde los iPad con su conexión inalámbrica), con posibilidades para escribir a mano (con un sencillo lápiz adicional que se adquiere por $15) y hacer dibujos y con un teclado táctil para la toma de notas más complejas y hasta para hacer trabajos en clase que se enviarían directamente al correo del docente, antes de que suene el timbre. Algunos usuarios del iPad han reportado que luego del shock inicial del teclado táctil, de hecho les gusta más que los teclados físicos tradicionales (escriben más rápido, según dicen).

Muchas instituciones, dice Katar, como el Instituto de Tecnología de Illinois, la Universidad Seton Hall, la Universidad George Fox y la Universidad Cristiana Abilene, ya han comprado iPads para miembros de su equipo docente y sus estudiantes. Estas instituciones se destacan por haber hecho experimentos con la integración de iPhone y iPod Touch en sus clases.

Cita Katar un estudio realizado en Princeton, en el cual se valoraba el uso del Kindle DX. El resultado resaltaba algo que el sentido común también nos dice: el subrayado, las anotaciones, los post-it y hasta doblar las páginas forman parte de la apropiación cognitiva que el estudiante realiza del texto. Ninguna “nueva tecnología” tendrá éxito hasta que sea capaz de reproducir esta experiencia básica y consubstancial a la lectura en papel.

Desde luego, el iPad tiene potencial y todavía no ha alcanzado su máximo desarrollo, ni es capaz de reproducir esas sencillas experiencias que acompañan la lectura del estudiante. Afortunadamente, con dos millones de usuarios activos y aumentando, también hay una gran presión para mejorarlo y rápidamente, por la vía de actualización y diseño del software, de manera que aun cuando el iPad está apenas en su primera generación, dentro de unos meses los usuarios tendrán muchas más alternativas sin necesidad de cambiar su hardware.

¿Es acaso el iPad el prototipo del libro de texto del futuro? Habrá que esperar, pero ciertamente, es quizás el primer aparato con las características mínimas para avanzar en esa dirección.

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Navegador al servicio de la investigación y la escritura

Sin duda investigadores más experimentados habrán encontrado otras maneras de personalizar su navegador. En este artículo compartiré las funciones básicas que encuentro imprescindibles en un navegador web para acompañar mis labores diarias de investigación y escritura.

¿Cuál navegador elegir?

La respuesta depende de varios factores. En primer lugar, la plataforma utilizada. Si se usa Mac, el Safari es el programa más rápido, elegante y estable en su relación con otros programas; pero Firefox funciona bien, aunque mucho más lento y tiende a utilizar demasiados recursos del sistema. En Windows, la mejor opción es Firefox: rápido, completo y con muchos complementos necesarios.

Barra de favoritos

Conviene activar la barra de favoritos, para situar ahí los sitios web que más visitamos. Si bien en los favoritos en general podemos tener cuantas direcciones web queramos, siempre hay un conjunto básico de sitios indispensables a los que necesitamos regresar diariamente. Estos son los que deben ir en la barra. Es conveniente editarles el nombre y dejarlo en la menor cantidad de caracteres posible (entre 3 y 5) para tener más botones en el mismo espacio.

Los motores de búsqueda

Una función esencial para la investigación, la edición y la corrección son los motores de búsqueda, usualmente situados en la esquina superior izquierda, en la barra de herramientas. Tenerlos ahí, para su acceso rápido (sin necesidad de abrir una página web para emplearlos), ahorra tiempo; por lo cual es esencial tener los buscadores que más utilizamos en nuestro diario investigar y corregir.

El Firefox trae algunos buscadores predeterminados, como Google o Wikipedia. Ahí se puede desplegar el menú de todos los buscadores (pulsando el pequeño triángulo negro); al final del menú aparece la opción Administrar motores de búsqueda. Desde ahí se obtienen buscadores adicionales, a través de la página de complementos para Firefox. Recomiendo los siguientes: diccionarios diversos al gusto (Real Academia Española [DRAE], Webster’s, Longman), Enciclopedias (Wikipedia en inglés y español, Reference), Google imágenes, Google Libros y otras bases de datos que puedan ser de utilidad (Amazon, IMDB, eBay).

La limitación de los buscadores de Firefox es que dependen de los complementos que los usuarios hayan subido al sitio. Algunos de estos complementos se desactualizan con el tiempo y dejan de funcionar, como le ocurrió al buscador del Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), unos años atrás.

El Safari 5 incluye tres motores de búsqueda predeterminados, pero la solución perfecta es un complemento gratuito llamado Glims. Entre sus muchas funciones de utilidad, una de las que más destaca para el investigador empedernido es la capacidad de añadir cualquier motor de búsqueda, sin necesidad de acudir a un complemento específico. Basta seguir las instrucciones en su sitio web y, al instante, casi cualquier diccionario o base de datos estará disponible a nuestro alcance. De esta manera, se puede añadir una variedad de diccionarios mucho más amplia que en Firefox, por mencionar algunos: DRAE, DPD, WordReference, Merriam Webster, Collins, Online Etimology, Etimo… Con el Glims, prácticamente cualquier sitio web o motor de búsqueda favorito queda al alcance de nuestros dedos.

La única limitación del Glims es que solamente funciona en Mac. Los usuarios de Windows no podrán emplear este complemento y seguramente deberán contentarse con el Firefox.

Gestor bibliográfico

Ya hemos hablado en otro artículo de Zotero, un gestor bibliográfico que funciona como una extensión gratuita del Firefox. No hay –y no habrá, según dicen sus desarrolladores– versión para Safari; pero la extensión corre en Mac y Windows. Si este ha sido el gestor bibliográfico elegido por usted para administrar sus fichas, sin duda querrá instalarla en Firefox y utilizar este programa para navegar. Si ha elegido otros programas, como Sente o Bookends, podrá prescindir de esta función y mantenerse en Safari.

Envío de párrafos o páginas a programas gestores de información

Programas para la gestión, almacenamiento y organización de fragmentos de información, como DevonThink, Evernote y ShoveBox, incluyen algún complemento para el navegador, tanto para Firefox como para Safari. Conviene asegurarse de tenerlos instalados para enviar la información rápidamente. Los usuarios de Mac también pueden hacerlo a través de los servicios, aunque en mi experiencia personal, los botones son la manera más rápida de capturar la información de páginas web.

Lectura en pantalla completa

Esta función la incluye la nueva versión de Safari 5 (apenas anunciada al mundo esta misma semana) y, con esto, se sitúa a la vanguardia de los navegadores para quienes debemos leer artículos académicos de cierta extensión. El programa automáticamente identifica si se encuentra ante un “artículo” y activa el botón lector a la derecha del campo de la dirección URL, en la parte superior del navegador. Cuando se pulsa este botón, el artículo pasa a primer plano, con un tipo de letra muy refrescante, sobre un fondo blanco (independientemente del color original de la página) y aislado del resto de la página por dos bandas grises translúcidas a los lados que, de paso, esconden todo lo que pueda estar en la pantalla. Esta manera de leer es sin duda más agradable y descansada para la vista; sin mencionar que contribuye a mejorar la concentración.

Sincronización con otros equipos

Un complemento indispensable es XMarks, disponible para Firefox y Safari, para Mac, Windows y Linux. Esta aplicación gratuita sincroniza todos los navegadores de un mismo equipo (el Safari con el Firefox) y todos los navegadores del mismo usuario en diferentes computadoras (la computadora de la casa y la del trabajo, por ejemplo), gracias a un servicio web en donde se almacenan los favoritos (bookmarks).

Otra de las ventajas del XMarks es que se mantiene como un respaldo permanente y actualizado de nuestra actividad con el navegador. Con esta aplicación, siempre será posible recuperar las direcciones guardadas, en caso de pérdida o de traspaso a una computadora nueva. Los favoritos también se pueden ver desde una página web, en caso de querer accederlos desde una computadora ajena.

Guardado de la sesión anterior

Una función muy útil para investigar es guardar los tabs o pestañas vistas la última vez que el navegador estuvo abierto. De esta manera, se puede continuar una búsqueda al día siguiente, exactamente en donde la dejamos, sin perder tiempo recuperando páginas o incluso tratando de recordar cuáles fueron las páginas visitadas. El Firefox es el más eficiente en esta función, aunque el Glims se la añade también al Safari.

En síntesis

El navegador web del investigador debe tener a la mano todo lo que este necesite: páginas web de acceso frecuente, diccionarios, bases de datos, captura de información, gestor bibliográfico (si se ha elegido esta opción), lectura cómoda, facilidad para recuperar la búsqueda del día anterior y sincronización. Con estas recomendaciones, personalizadas al gusto, el navegador se convierte en una herramienta cómoda y poderosa que vale la pena utilizar.

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Computadora o computador

En el artículo anterior transcribimos un chiste suscitado ante la pregunta, casi inocente, de qué es lo correcto: decir computadora o computador.
Esta es una pregunta no poco frecuente y su respuesta depende, a su vez, de otra pregunta: ¿para qué zona geográfica se escribe, publica o habla?
En el campo de la lengua no existen zonas seguras de normativa unívoca e imperturbable. En su lugar, hay muchas zonas de influencia, algunas de confluencia y, la mayoría, de incertidumbre.
El caso de computador y computadora responde a una realidad cultural, un imaginario que no puede normarse desde una silla peninsular (me disculpan los sabios académicos) sin tomar en cuenta a sus pares de otras latitudes hispanoparlantes.
La historia del desarrollo de ambos vocablos está documentada y no voy a reiterarla aquí. Recomiendo, en cambio, la lectura del artículo de Joaquín Segura, en la Página del Castellano, “Reflexiones en torno a los vocablos computador y ordenador.
En síntesis, en España triunfó el nombre ordenador, “aparato que ordena la información” mientras que en América predominó el concepto de “aparato que computa o hace cómputos”.
Tal vez por la influencia de ordenador, la competencia en España se dio entre dos vocablos masculinos: ordenador y computador, como advierte Segura en el artículo referido.
No obstante, en América la historia ha debido ser distinta, porque una búsqueda en el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) de la Real Academia, una base de datos para analizar estadísticamente ejemplos de uso, vemos que computadora está muy extendido en buena parte del continente americano, incluso en países prominentes por su industria editorial, como México y Argentina.
El uso del vocablo computador, por su parte, es mínimo en América y además parece ir en descenso. En cuanto a ordenador, su uso está localizado en el español peninsular, con porcentajes de aparición inferiores al 1% en cualquiera de los demás países.
Al respecto, aclara el DPD:

computador -ra. ‘Máquina electrónica capaz de realizar un tratamiento automático de la información y de resolver con gran rapidez problemas matemáticos y lógicos mediante programas informáticos’. Estas formas son las usadas mayoritariamente en el español de América, por influjo del inglés computer. Según las zonas, existen distintas preferencias: en la mayoría de los países de América se prefiere el femenino computadora, mientras que el masculino computador es de uso mayoritario en Chile y Colombia. En España se usa preferentemente el término ordenador, tomado del francés ordinateur.

Otros detalles que podemos tomar en cuenta para tratar de comprender el imaginario detrás de la elección del masculino o del femenino es a qué remite cada uno: computador es un sistema; computadora es una máquina.
Así, la respuesta a una pregunta tan unívoca y segura como “¿cuál es la forma correcta?” no tiene una sola respuesta. En España, Chile y Colombia, seguramente sea más comprensible y natural decir “el computador” (y en España, se preferirá siempre el ordenador). Pero en los demás países de América, cada pueblo dirá lo suyo. En el mío (Tiquicia de mis amores), decimos, escribimos y sentimos computadora. Así sabemos cuándo se pone caprichosa y cuándo está de buenas.
¿Para quién habla, escribe y publica usted? ¿Habita un universo imaginario de computadoras o de computadores? El público y su universo mandan.

Referencias bibliográficas
Real Academia Española. Banco de datos (CREA) [en línea]. Corpus de referencia del español actual. <http://www.rae.es>.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.
Segura, J. (n.d.). Reflexiones en torno a los vocablos “computador” y “ordenador”. El castellano.org. La página del idioma español [Página web]. Recuperado el 15 de mayo de 2010, from <http://www.elcastellano.org/ordenado.htm>.
                

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Humor: ¿computadora o computador?

A mi buzón de correo electrónico llegó, con una risotada de la cálida mañana, este chiste “gramatical”, una prueba de los muchos problemas lingüísticos de consecuencias culturales (y hasta psicológicas). No puedo menos que compartirlo, anónimo como llegó, y con solo una leve corrección ortotipográfica de mi parte.

DUDA GRAMATICAL

Un maestro explicaba que los sustantivos tienen género y se designan como masculino o femenino: La casa es femenino. El lápiz es masculino.

Un estudiante preguntó: “Cómo se debe decir: computadora o computador?”.

En lugar de dar una respuesta, el maestro dividió la clase en dos grupos –varones por un lado y mujeres por el otro– y les pidió que decidieran si la computadora o el computador debe ser masculino o un nombre femenino. Le pidió a cada grupo que fundamentara su decisión en al menos cuatro argumentos.

El grupo de los hombres decidió que la computadora debe ser definitivamente del género femenino (la computadora) porque:

  1. Casi nadie entiende su lógica interna.
  2. El idioma nativo en que ellas se comunican entre sí es incomprensible para todos los demás.
  3. Incluso los errores más pequeños se guardan en memoria de largo plazo para su posible revisión mucho tiempo después.
  4. En cuanto usted tenga una, se encontrará gastando al menos la mitad de su sueldo en accesorios para ella.

El grupo de las mujeres, sin embargo, concluyó que los computadores deben ser masculinos (el computador) porque:

  1. Para hacer algo con ellos, usted tiene que encenderlos.
  2. Ellos almacenan muchos datos pero todavía no pueden pensar por sí mismos.
  3. Se supone que ayudan a resolver los problemas, pero la mayor parte del tiempo, ellos son el problema.
  4. Apenas usted tenga uno, comprenderá enseguida que, si hubiera esperado un poco más, podría haber conseguido otro mejor.

P.d.: gracias a mi querida amiga Lis por esta joyita.

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