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Historia de la palabra libro

[Tomado de Murillo Fernández, J. (2005). “Todos saben qué es un libro”, o… ¿No?”. Análisis arqueológico de los discursos del libro desde el (pre)texto de cinco informes finales de encuestas sobre “hábitos de lectura”, Costa Rica, 1979-2004. Tesis, San José: Universidad de Costa Rica].

No existe una raíz indoeuropea directa que signifique ‘libro’ o algo semejante porque los pueblos indoeuropeos expresamente prohibían el uso de la escritura para la transmisión del conocimiento histórico y acumulativo del grupo, por razones tanto religiosas como pragmáticas. Este conocimiento era de carácter iniciático y se conservaba de manera oral mediante estrictas tradiciones y complejos sistemas de enseñanza (Eliade, 1984: 91).

Por lo tanto, el análisis puede comenzar, por coherencia cronológica, en Mesopotamia. El acadio tuppu origina el latín tabula ‘tabla, tablón’, ‘tablón de anuncios’, ‘lista, registro’, ‘tableta para escribir’, que produce el castellano tabla. En sumerio se tiene dub ‘tabla’ y dubsar ‘escritor de tabletas’. El tuppu mesopotámico era generalmente una pequeña plancha de arcilla, plana o ligeramente abombada, secada al sol u horneada, usualmente en forma rectangular, aunque se han encontrado algunas redondas y oblongas; además se fabricaban figuras tridimensionales con forma de conos, cilindros y prismas huecos de entre seis y diez caras (cada cara equivaldría a una página) (Escolar, 1986: 49-50).

El griego βίβλος (originalmente escrito βύβλος) se utiliza para designar el papiro egipcio, específicamente la ‘corteza de papiro u hoja o tira de ella’. Βυβλιά o βυβλία significaban ‘plantación de papiro’. El derivado βυβλίον designa ‘banda de papiro’, pero más usualmente, ‘papel, libro, documento, parte de una obra, etc.’. Ya desde la época griega se utiliza en palabras compuestas como βιβλιογράφος, βιβλιογραφία, βιβλιοφόρος y βιβλιοφύλαξ ‘archivista’, que, por lo tanto, pertenecen al mismo campo semántico.

La etimología de βύβλος es oscura, por lo que la hipótesis generalmente aceptada es que es única y exclusivamente el nombre de la ciudad Byblos –considerada por los fenicios1 como su más antigua y sagrada ciudad (Frazer, 1890/1951: 381)–, de la que Grecia importaba el papiro. Se descarta un préstamo semítico porque, en estas lenguas, las palabras para papiro (fenicio Gbl, acadio Gublu, hebreo Gǝbāl) difieren fonéticamente.

El significado primitivo de la palabra latina liber, -bri es ‘parte interior de la corteza de las plantas’ o, de forma más precisa “la capa fibrosa situada debajo de la corteza de los árboles” (Escarpit, 1965: 16). De ahí deriva la forma libro que ingresa al castellano alrededor del año 1140.

En inglés, un vocablo para este concepto ya aparece antes de 1121, y con su ortografía moderna book comienza a utilizarse desde 1375, probablemente derivada de boken, bocken ‘registrar’, utilizados todavía hacia 1200. Anteriormente se encontraban las formas boke, bok, derivadas del inglés antiguo bōc ‘tableta para escribir’, ‘documento escrito’, cognado de bōk (frisio antiguo y sajón antiguo), buoh (alto alemán antiguo), buoch ‘trabajo escrito, libro’ (alemán medio alto), Buch (alemán moderno), bōc (antiguo islandés), bok (sueco) y bōca ‘letra del alfabeto’ (gótico) y su plural bōcōs ‘libros’. También se relaciona con *bōks (protogermánico) y con bōk, bēce ‘haya’, lo que sustenta la suposición de que las inscripciones tempranas pueden haber sido hechas en tabletas de madera de haya. Según refiere Escarpit, esta familia de palabras tiene la misma raíz indoeuropea que el francés bois ‘bosque, madera’.
El ruso kniga, afirma este mismo autor, procede del chino king (por vía del turco o el mongol) que originalmente significaba ‘trama de la seda’.

Incluso en la cultura mesoamericana, desarrollada de forma independiente de la europea occidental, la base etimológica de la palabra que designaba los libros tiene el mismo vínculo semántico. En náhuatl se utiliza el vocablo amoxtli, compuesto por ámatl ‘papel’ (hecho de la cutícula fibrosa extraída del árbol amate) y ox-tli ‘lo que está aderezado e emplastado’. En consecuencia, amoxtli significa algo semejante a ‘aderezo o conjunto de papeles de amate’ (León-Portilla, 2003: 21).

1 Los fenicios también exportaron el alfabeto, tanto a los helenos, como a todos los grupos con que mantenían relaciones comerciales.

Lista de referencias y bibliografía consultada

Barnhart, R. K. (1999). Chambers Dictionary of Etymology. New York: Chambers.

Chantraine, P. (1990). Dictionaire étimologyque de la langue grecque. Histoire des mots (2 vols.). Paris: Éditions Klincksieck.

Corominas, J. (2005). Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (3.a ed.). Gredos.

Eliade, M. (1984). A History of Religious Ideas. Volume 2: From Gautama Buddha to the Triumph of Christianity [Histoire des croyances et des idées religieuses. Vol. 2: De Gautama Bouddha au triomphe du christianisme]. Chicago: Chicago University Press. (Obra original publicada en 1978).

Escolar Sobrino, H. (1986). Historia del libro. Madrid: Ediciones Pirámide y Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Frazer, J. G. (1951). La rama dorada [The Golden Bough] (2.a ed.). Trad. Elizabeth y Tadeo I. Campuzano. México: Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1890).

León-Portilla, M. (2003). Los antiguos libros del nuevo mundo. México: Aguilar.

Miguel, R. (2000). Nuevo diccionario latino-espanol etimológico. Madrid: Visor Libros. (Original work published 1897)

Pastor, B. y Roberts, E. (1996). Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española. Madrid: Alianza Editorial.

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Escritura rupestre: ¿sistema de signos de 30 000 años de antigüedad?

Son bien conocidas las obras del así llamado arte rupestre: pinturas de eventos, acaso cotidianos, que han permanecido por periodos de hasta 30 000 años en las profundidades de algunas cavernas, principalmente en Europa. El origen de estas pinturas y cómo se realizaron habita en el reino de la especulación: ¿acaso formaban parte de rituales mágicos o iniciáticos? ¿Tenían el propósito de representar la vida ya existente o de crearla a partir de su representación?

Perdidos en estas interrogantes y fascinados por las figuras de bisontes, caballos y cazadores, los arqueólogos habían obviado unos pequeños símbolos abstractos, sencillos en sus trazos, que se encontraban en lugares menos visibles de las cavernas. Durante muchos años estos signos pasaron inadvertidos, hasta que la estudiante Genevieve von Petzinger, de la Universidad de Victoria en la Columbia Británica (Canadá), descubre con asombro que nadie se había tomado la molestia de comparar los signos de cavernas distintas y de sus diferentes periodos de tiempo. Así decidió plantear como su proyecto de maestría (bajo la dirección de April Nowell) la compilación, clasificación y comparación de todos los signos registrados en las cavernas de 146 sitios en Francia, en un período que va desde los 35 000 años hasta hace 10 000 años (25 000 años, en total).

Su descubrimiento fue asombroso: 26 signos, todos dibujados con el mismo estilo, se repiten una y otra vez en numerosos sitios. Más sorprendente aún: algunos aparecen reiteradamente en pares no azarosos y se mantienen sin variaciones durante miles de años.

La constante de estos trazos, los agrupamientos que se repiten en cavernas diferentes y su extraordinaria sencillez son evidencia (quizás la más antigua que tenemos hasta ahora) del desarrollo de signos abstractos que podrían utilizarse para la comunicación escrita, y del pensamiento simbólico que estaría detrás. Si bien estos signos no son figurativos en sí mismos, sí se ve un uso vinculado a las pinturas que sugeriría una escritura pictográfica a la cual era necesario añadirle conceptos abstractos.

Este descubrimiento se une a otros recientes hallazgos que indican la posible existencia de empleo de símbolos abstractos en épocas tan remotas como 75 000 y 100 000 años atrás.

¿Cuán antigua es la escritura? ¿Cuán temprano, en la historia humana, se desarrolló el pensamiento simbólico? ¿Acaso la escritura rupestre solamente se enseñaba, de discípulo a maestro, como parte de un bagaje de conocimiento iniciático y especializado? ¿Era su uso sagrado o profano?

Los hallazgos de esta investigación apenas están en proceso de publicación y, desde luego, sus alcances acaso se vislumbran. Mientras están listos los artículos (y, esperamos, libros) en que podrá leerse el informe pormenorizado, se puede consultar en inglés la noticia publicada por la revista New Scientist. De ahí hemos tomado la mayoría de los datos de este artículo.

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