Archivo mensual: mayo 2012

Leer antes de corregir: cuántas lecturas deben hacerse

En el artículo anterior, hablamos de la lectura diagnóstica como una etapa esencial del proceso de edición.

Sin embargo, sobre todo cuando uno está comenzando en el oficio o está publicando el primer libro, existe la tendencia a leer indefinidamente, a corregir una y otra vez, a sentir que el proceso no se termina nunca.

Surge, inevitable, la pregunta: ¿cuántas lecturas deben hacerse antes de corregir o reescribir? ¿Tres? ¿Cinco? ¿Cincuenta?

La respuesta no puede ser absoluta. Cada publicación es distinta y habrá quien tenga el tiempo y los recursos para leer indefinidamente. Pero si se tiene el interés de alcanzar un proceso fluido, metódico y con una secuencia de pasos que puedan ir garantizando una edición más eficiente, la lectura diagnóstica puede reducirse a tres etapas hasta alcanzar la primera corrección de estilo.

  1. Una lectura general, de familiarización con el texto. En esta los comentarios deben ser mínimos. Ninguna corrección debe señalarse. Se puede iniciar una lista desordenada de los aspectos por corregir, según se van identificando. Esta servirá de guía para la elaboración de la hoja de estilos y para orientar los comentarios de la segunda lectura.
  2. Una lectura de marcado y comentarios. No debe ser todavía una corrección fina, pero durante esta etapa se elabora la hoja de estilos del documento y la lista de decisiones editoriales: ¿qué se unificará y por qué?, ¿qué se modificará, corregirá y por qué?, ¿cuáles son los problemas o dudas en donde será necesario pedir aclaración o criterio de especialistas?, ¿dónde se le solicita al autor reescribir o aclarar? Las marcas deben reducirse a subrayados para resaltar en dónde hay algo por corregir o intervenir, no son todavía marcas de corrección. Se elabora una lista de acciones de corrección que luego se convertirá en lista de cotejo y guía de la lectura de marcado de corrección. En esta etapa, conviene enviar el documento de vuelta a su autor o autora con el fin de solicitar su intervención en algunas zonas del texto, advertirle sobre las correcciones por realizar y obtener su aprobación para las decisiones que puedan ser críticas o polémicas.
  3. El marcado de corrección propiamente dicho. Puede hacerse de dos maneras: a) quien corrige marca para que alguien más implemente los cambios; b) se corrige el documento directamente (preferiblemente con el uso de la herramienta de seguimiento de cambios o con el uso de un código de color para mostrar la intervención del documento). Esto depende del flujo editorial de cada empresa editora.

Estas tres lecturas sugeridas dan por un hecho que estamos ante un texto final; es decir, un libro al que no se le debe escribir ni reescribir nada. Si todavía no se ha alcanzado ese punto, las dos primeras lecturas servirán para determinar que no es recomendable iniciar la corrección de estilo todavía, ante el riesgo inevitable de que secciones enteras del manuscrito queden excluidas o requieran reescritura.

La tercera lectura ya no es diagnóstica en un sentido estricto: ya es labor directa de corrección. Sin embargo, se encuentra en el límite. Es la etapa final de diagnóstico y puede ser crítica incluso para rechazar un manuscrito que, por alguna razón, haya sobrevivido las dos etapas previas.

En tal caso, la tercera lectura no entrará en corrección de estilo, sino en sugerencias de orden estructural y de contenidos. El material debe regresar a su autor para que este implemente las sugerencias de edición. En este punto, el manuscrito podría ir y venir de vuelta indefinidamente. De ahí que los editores sean célebres en el mundo por rechazar manuscritos inacabados.

Luego de la primera corrección de estilo y corrección ortotipográfica —es decir, luego de la tercera lectura—, ya vendrán otras lecturas de cotejo (verificación de la implementación de los cambios) y expurgación de los errores rezagados. Para entonces ya no estaremos haciendo lecturas diagnósticas: estaremos de lleno en los procesos de corrección y más cerca del final de la publicación, hasta alcanzar la corrección de pruebas. Eso, por supuesto, sería tema de otro artículo.

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Leer antes de corregir: las ventajas de la lectura diagnóstica

Uno de mis errores de novata era mi incapacidad para leer sin contener el impulso de intervenir el texto. El resultado fue desastroso: cada lectura-corrección del documento tomaba horas incontables y, al llegar al final del material, quedaban a la luz mis malas decisiones en el camino. El proceso editorial se alargaba sin necesidad y el producto no siempre era el más deseable.

Ahora comprendo que leer varias veces antes de corregir no es una pérdida de tiempo. Por el contrario: se gana al final del proceso y se logran cumplir los plazos de entrega tan estrictos en la producción editorial.

Las lecturas diagnósticas tienen muchas ventajas:

  1. Se forma una visión panorámica del texto.
  2. Se identifican los problemas estructurales potenciales.
  3. Quien edita monitorea sus reacciones iniciales, las más genuinas, hacia la propuesta textual (ya sea ficcional o no) y las puede utilizar en las etapas posteriores.
  4. Se valora la propuesta textual tal y como está (ya sea que funcione o no).
  5. Para obras de ficción, se estudian la historia y las relaciones entre sus componentes (trama, personajes, locaciones, desarrollo de los eventos, crisis y soluciones…) antes de entrar al ajuste de cada una.
  6. Para las obras sujetas a un plan de producción o un diseño curricular, se verifica la pertinencia de todos los temas, el apego a los requisitos de contenido y metodología, los vacíos posibles o áreas con necesidad de reforzamiento.
  7. Se identifican las necesidades estilísticas principales: redacción, estilo, errores frecuentes, necesidades normativas ortotipográficas (mayúsculas, siglas, cursivas, comillas, decisiones léxicas).
  8. Se valida el diagnóstico con todas las personas involucradas en la realización del material y se refinan los criterios para las decisiones de corrección antes de señalarlas e implementarlas. Esto evita disgustos innecesarios y reparte la responsabilidad de las decisiones entre todos los miembros del equipo de edición.

La lectura diagnóstica, en sus diversas etapas, es una herramienta esencial para garantizar la mejor toma de decisiones, según nuestra visión y experiencia. Cuando renunciamos a diagnosticar, bajo la excusa de la prisa y la urgencia, corremos el riesgo de no ver el bosque por estar perdidos entre los árboles y, sobre todo, nos retrasamos en elegir el camino más directo hasta nuestro destino.

Si usted todavía no lo ha hecho, ya sea que se enfrente a su propia obra en un proceso de reescritura o a la de alguien más, la próxima vez que revise, edite o reescriba un texto refrene sus impulsos: no corrija, lea. Y solo después de mucho leer, cuando ya sienta despejadas todas sus dudas, tome de nuevo el lapicero rojo y corrija. Luego de pasar por la experiencia, cuéntenos cómo le fue y si esto le ayudó a llegar más pronto a su meta.

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Dejarse editar

Desde el punto de vista de quien escribe, dejarse editar es quedar al descubierto. Cuando se le confía su manuscrito a alguien para su lectura, se esperan de vuelta elogios, felicitaciones, lágrimas de conmoción… Pero cuando se entrega para su edición, lo que regresa es un manuscrito lleno de tachaduras, marcas en rojo, anotaciones al margen, sugerencias de reestructuración…

La reacción del ego es inevitable: se siente herido en su intimidad. Su hijo, su bebé, el producto de su intelecto, lo que tan perfecto parecía antes de enviarlo le es devuelto así: mutilado, mancillado, machacado… Es una experiencia devastadora y hasta humillante. Las reacciones son múltiples, desde la autoflagelación (“no sabía que yo cometía tantos errores”) hasta el instinto de autopreservación y defensa que reacciona en la forma de ataque (“¿quién se cree usted para decirme a mí esto?”).

He aquí la diferencia entre un editor y cualquier otro lector: quien edita lee para encontrar los errores, no por accidente, sino con toda alevosía y criminalidad; para que todo quede ahí, en la mesa de edición, y no en la obra publicada. Ese es su oficio y para eso se le paga.

¿Por qué se necesita la confianza? Porque la edición no es una ciencia exacta y, en ella, subyacen también la arbitrariedad de la norma editorial y la parcialidad el olfato. Si uno no confía en su editor, cada una de sus observaciones será una batalla campal entre dos egos. En cambio, cuando se conoce al editor y se confía en su criterio, el proceso de carpintería y perfeccionamiento se vuelve más sencillo; se transforma en un acto de camaradería, de ayuda mutua y colaboración.

¿Con esto digo que uno debe tener una confianza ciega y aplicar todas las correcciones sin chistar? No. Todas las personas se equivocan y uno tiene derecho a saber por qué esto o aquello debe corregirse. Pero si quien edita conoce su oficio, la mayor parte de sus observaciones se justificará y, una vez comprendidas, ya el autor no podrá ver su manuscrito original con los mismos ojos: reconocerá sus problemas, comprenderá sus imperfecciones, sentirá la necesidad de transformarlo.

Por eso, para dejarse editar, conviene encontrar a esa persona en quien confiaremos lo suficiente para permitirle intervenir nuestro texto. Esa persona que sabemos, sin la menor duda, está haciendo su mejor esfuerzo para mejorar nuestro manuscrito, no para herir nuestro ego.

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Nuevo blog: Ansuz

Durante las semanas de ausencia de Nisaba, he estado preparando un nuevo blog: Ansuz (http://ansuzblog.wordpress.com/).

Este nuevo blog dará cabida a mi obra literaria: ensayos, artículos, poesía, cuento, fragmentos dispersos, reflexiones diversas… La expresión literaria es, en primer lugar, la razón que me ha impulsado a adquirir las herramientas de la palabra, edición y creación de libros. Sin esa aspiración, Nisaba no existiría del todo.

Le invito a visitar este nuevo espacio, más personal, más íntimo, más vital, en donde ya no se hablará de normativa y “deber ser” de la escritura, sino que se experimentará y ensayará con la aspiración de llevar la lengua hasta sus límites.

Quizás al principio haya poco material para explorar, pero irá creciendo con el tiempo.

¡Muchas gracias por seguir aquí, por leer Nisaba, por sus preguntas y comentarios! Sus observaciones también serán muy bien recibidas en Ansuz, porque la palabra, cuando se comparte, crece y se multiplica.

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