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Corrección de pruebas en PDF con una tableta y lápiz inteligente

La corrección en digital es muy versátil: favorece el teletrabajo sin añadir costos de traslado o mensajería, reduce los tiempos de entrega al eliminar la presencialidad como un factor y permite llevar un expediente detallado con todas las etapas de revisión del proceso, accesible simultáneamente a todos los miembros del equipo mediante carpetas compartidas. Esta transparencia y las nuevas posibilidades colaboración entre equipos son, en sí mismas, ventajas suficientes para intentar hacer el cambio.

¿Cómo hacer este salto de manera que la corrección de pruebas sea un proceso intuitivo, fácil de realizar, similar al que se hacía anteriormente, con el mismo nivel de eficacia o mayor, pero con todas las ventajas del formato digital?

Este artículo se basa en la experiencia de corrección de pruebas en un iPad Pro de 12,9 pulgadas, modelo 2017, con un Apple Pencil. No dudo de que se pueda obtener una experiencia similar con una Windows Surface o en un dispositivo Android, pero eso quedaría para que lo investiguen quienes tengan este tipo de dispositivos, si logran encontrar apps con un comportamiento similar a las que vamos a revisar aquí. Por eso, aquí no solo se recomendarán apps puntuales; también se dará una lista de criterios para que usted pueda encontrar su programa ideal y rediseñar su proceso de trabajo.

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IPad Pro, 12,9″, con Apple Pencil en estuche Style Folio (Speck).

 

¿Por qué corregir en el iPad en lugar de la computadora?

El iPad es una pantalla táctil. Se manipula con los dedos de manera natural, intuitiva. Según la app que se esté utilizando, puede reconocer la diferencia entre el Apple Pencil y el dedo y, por lo tanto, se logra eliminar el constante clic para seleccionar una y otra vez la herramienta de anotación. Al no existir un puntero o un ratón para controlarlo, la pantalla se transforma en una especie de papel digital, sobre el que se interactúa de una manera muy similar a como se hace con una hoja de papel normal.

La anotación de un PDF con esta tecnología es mucho más rápida, intuitiva, fácil y eficaz que en una computadora de escritorio e incluso que en el mismo papel, puesto que es posible rectificar anotaciones, cambiar criterios cuando sea necesario y, desde luego, compartir el documento en línea sin dificultades.

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Ejemplo de página corregida de forma digital en un iPad Pro con un Apple Pencil.

 

Otro factor es el de la salud. La corrección en papel obliga a una posición específica, porque exige de la presencia de una mesa, espacio suficiente para las páginas, los lapiceros, las notas adhesivas… La corrección en una tableta tiene todo ahí mismo, en la tableta, así que se puede hacer, por ejemplo, en una silla ergonómica con un atril. Esta posición no solo tiene carácter preventivo: una persona con una lesión lumbar o una mujer embarazada —con todas las molestias propias de esta condición— pueden hacer una corrección de pruebas con toda comodidad en un iPad, algo que quizás no podrían hacer en una mesa, simplemente porque su cuerpo no soportaría la presión.

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Silla ergonómica Ergohuman con atril para computadora o tableta.

 

¿Cuál tamaño de iPad es más adecuado?

Si se realiza la corrección de manera profesional, es mejor optar por el de 12,9 pulgadas, porque ahí se podrá observar la hoja de papel en un tamaño muy aproximado al real. Además, para quienes ya necesitamos cuidar de nuestra vista, se puede ampliar la imagen a una escala muy cómoda, más descansada y con la cual es más fácil detectar los errores. Los nuevos iPad, además, tienen una pantalla menos agresiva que los primeros modelos, así que se pueden usar durante más tiempo, con un adecuado control del brillo. Es mucho más cómodo ampliar la hoja con un gesto de los dedos que utilizar una lupa grande sobre una hoja de papel, tan solo para hacer la lectura más descansada.

 

¿Cómo es la corrección de pruebas en el iPad?

La forma más sencilla de hacerla es reproduciendo con exactitud lo que se haría en una hoja de papel. Con el Apple Pencil, que tiene una precisión perfecta para esta clase de tarea, es posible escribir con la misma naturalidad que con un lapicero. Si se opta por hacer todas las marcas y anotaciones con el lápiz, pues hay que tener siempre cuidado de usar marcas legibles, una letra bien dibujada y anotaciones claras.

Para los comentarios más extensos, conviene usar cajas de texto o notas emergentes, con lo cual podremos dar mejores explicaciones, pero con legibilidad perfecta, sin que nadie deba adivinar nuestros garabatos y sin problemas de espacio en el margen. Es equivalente a usar una nota adhesiva, pero de forma más limpia y ordenada.

De tal manera, se obtiene lo mejor de la corrección en papel, combinado con las mejores herramientas de anotación en PDF.

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La corrección en tableta con un lápiz inteligente reproduce la experiencia en papel, con el beneficio de herramientas adicionales.

 

Qué características deben tener las apps de corrección de PDF

Cuán natural, intuitiva y sencilla esta interacción dependerá por entero de la app seleccionada. Muchas apps de iPad tienden a reproducir los errores de sus contrapartes de escritorio: no existe una verdadera adaptación al sistema táctil, sino más bien una reproducción de la interfaz anterior, en la que el dedo es un sustituto del mouse y listo. Otras, en cambio, han sido diseñadas para satisfacer una forma de uso que es muy distinta. Sus creadores han tenido la inteligencia suficiente para estudiar, comprender y respetar la forma en la que las personas usuarias, de manera natural y sin curvas de aprendizaje, desean interactuar con la app.

Los requisitos fundamentales de una app para la corrección son los siguientes:

  1. Fácil y cómoda selección de la herramienta, para que se elija una vez y no sea necesario estar haciendo cambios de herramienta para pasar del lapicero de anotaciones al puntero para mover la página.
  2. Reconocimiento de la palma de la mano (palm rejection) y evitar trazos no deseados.
  3. Reconocimiento del Apple Pencil y gestos diferenciados para el dedo, como mover la página, ampliar y pasar a la página siguiente.
  4. Desvinculación de los trazos entre sí, de manera que sean independientes entre ellos y no formen un solo gran grupo cuando se seleccionan. Esto es necesario porque muchas veces querremos hacer correcciones a las anotaciones realizadas y, si todos los trazos de la página forman un solo grupo, la edición se vuelve engorrosa y difícil —o hasta imposible—.
  5. Contraparte de escritorio o compatibilidad con algún programa profesional, para generar informes de páginas corregidas y compartir el archivo con otros colaboradores, así como reconocer las anotaciones realizadas por otras personas en cualquier otro programa de PDF.
  6. Sincronización automática vía nube (iCloud, Dropbox, Google Drive, etc.), para tener un acceso rápido y transparente a los documentos anotados, desde cualquier dispositivo.
  7. Navegabilidad: debe tener índice, marcadores (bookmarks) y vista de las páginas en miniatura (thumbnail) para una fácil navegación en archivos de gran tamaño.
  8. Organización de archivos sencilla, clara y fácil de personalizar.

 

¿Cuáles son las mejores apps para corregir?

Luego de probar muchas apps, he reducido mis favoritas a dos: GoodNotes y PDF Expert. Apps tan conocidas —y que uno esperaría tan profesionales— como Adobe Reader carecen del diseño de interfaz adecuado para la corrección de pruebas. El solo hecho de no reconocer el Apple Pencil es ya un inconveniente y tiene un efecto negativo en la experiencia de corrección.


GoodNotes 4

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Esta es un app minimalista que reduce las herramientas a la expresión más sencilla: lapicero, marcador, selección y cajas flotantes. Tiene una contraparte de escritorio, igual de sencilla en sus herramientas. Reconoce el Apple Pencil e incluso permite definir si se usará la mano izquierda o la derecha y hasta la inclinación típica en la que se harán las anotaciones. Tiene una excelente sincronización vía iCloud y acceso a los servicios de nube más utilizados, como Dropbox y Google Drive.

Ventajas: es quizás la mejor app para anotar a mano alzada, con la menor curva de aprendizaje y con la mayor aproximación a la experiencia en papel. Su interfaz prácticamente desaparece, permitiendo que uno se concentre en la corrección y no en el uso del programa. Requiere muy pocos movimientos en la selección de herramientas, tan solo para cambiar de color, grosor o alternar el lapicero con el marcador. También tiene un motor de reconocimiento de letra manuscrita, por lo que es posible usar el buscador incluso en las anotaciones a mano. Es ideal para personas que no necesitan todas las herramientas profesionales y no desean una curva de aprendizaje compleja.

Inconvenientes: carencia de herramienta dedicada para comentarios como tales (no cajas) y que las capas de trazos solo puede reconocerlas el mismo programa. Los PDF exportados no son modificables. Tampoco reconoce anotaciones de otros programas de PDF, salvo que hayan pasado ya por el proceso de fijado (flatten).

Precio: $7,99, único pago, sin suscripciones ni compras dentro de la app.

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Ejemplo de página con texto falso corregida en GoodNotes. Se pueden apreciar las herramientas del programa, que son apenas las necesarias, en una posición accesible, sin interferir en la página. La app no tiene herramienta de comentarios, pero permite añadir cajas con texto y un fondo de color, que pueden resultar de hecho más útiles para dar indicaciones que las notas emergentes.

 

PDF Expert

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Esta es una app mucho más robusta y similar a los programas tradicionales de anotación de PDF. Tiene gran variedad de herramientas, como subrayado, marcado, comentarios emergentes, cajas, trazos y, desde luego, el lapicero. Aunque es un poco menos libre que el Good Reader, el comportamiento de las notas es bastante sensato y no las agrupa todas de oficio. Reconoce el Apple Pencil. Como beneficios adicionales, se puede programar cómo se desea que pase la página (de forma vertical u horizontal) y cuenta con visión nocturna, muy apta para la lectura de otros documentos.

Ventajas: Al ser un programa completo de anotación de PDF, tiene más herramientas y el formato es compatible con otras aplicaciones, como el Adobe Acrobat de escritorio. La contraparte de escritorio reconoce sin problemas los documentos, con lo que es posible generar informes de anotaciones. La sincronización vía iCloud es perfecta: se puede editar un documento en el iPad y, pocos segundos después, ya está actualizado en la computadora. Es ideal para quienes están más familiarizados con las aplicaciones profesionales de anotación de PDF y necesitan todas las funciones típicas de esos programas. También se vincula con servicios como Dropbox y GoogleDrive.

Desventajas: Al tener más herramientas, tiene una curva de aprendizaje un poco mayor; sin embargo, en poco tiempo, se puede utilizar de una forma bastante intuitiva.

Precio: La versión básica cuesta $9,99; por $9,99 adicionales, se añaden algunas funciones profesionales, como la edición directa de texto.

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Ejemplo de página con texto falso corregida en PDF Expert. Se puede apreciar una parte de sus variadas herramientas, en varios menús disponibles. La app tiene tanto comentarios como cajas de texto para añadir notas.

 

En síntesis

La combinación iPad + Apple Pencil + GoodNotes/PDF Expert tiene la capacidad de revolucionar por completo la manera en la que se hace la corrección de estilo y, por primera vez, desplazar el papel, sin importar la extensión del documento. Tan cómodo es revisar dos páginas como quinientas. De hecho, si se ha tomado la previsión de añadir marcadores al documento y un índice, incluso es más fácil que trabajar en papel.

Mucho más que la corrección en una computadora, el uso de una tableta aprovecha el saber-hacer previo de la persona correctora, pero con un soporte digital que adiciona sus ventajas y una gran cantidad de herramientas adicionales, sin perder el núcleo de la experiencia de corregir en papel.

El hecho de que la tableta pueda usarse en la misma posición que una hoja de papel, con un lápiz preciso y que da la sensación de estar empleando un lapicero de tinta, hace que la adaptación se pueda realizar de manera veloz, con una curva de aprendizaje mínima y con mucha comodidad.

Es una inversión y una experiencia que vale la pena probar.

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CILE VI: los problemas de organización

Soy una participante más del VI Congreso Internacional de la Lengua Española. Vengo desde Costa Rica —es decir, soy extranjera—, me inscribí como cualquier otro participante en línea, pagué mi cuota y me vine a la aventura, por mi cuenta (bueno, bien acompañada, en realidad, pero no como represenante de una organización), sin mayor guía que los consejos de Tripadvisor y Booking.com.

Eso ya, en sí mismo, es triste, y no es el resultado de mi negligencia, sino de una organización deficiente con visos de indiferencia.

Durante meses, como muchas otras personas, busqué información sobre inscripción, paquetes, tarifas, convenios… cualquier detalle que pudiera facilitar mi viaje y mi participación en el congreso. El Instituto Cervantes respondía que la información no estaba lista, que no era su responsabilidad, que el problema estaba en Panamá y, por ello, pedían disculpas. Fue de forma bastante tardía, allá por el mes de agosto, a menos de dos meses del evento, que el sitio web http://www.cile.org.pa estuvo listo, en línea, con la programación y el detalle de las ponencias y conferencias.

La página web es escueta en sus datos de inscripción. Se indicaba la nacionalidad, se seleccionaban los paneles y se pagaba. El sistema devolvía un número de inscripción y un correo de confirmación. No había instrucciones, como la hora o el día a partir para hacer el registro en el congreso, los requisitos (si era o no necesario imprimir la página de inscripción) o, incluso, qué incluía el costo de $50 dólares.

Quise indagar si, aparte de ese precio, existían convenios con hoteles, descuentos en líneas aéreas, información de restaurantes y hasta paquetes turísticos. En una actividad como esta, con varios cientos de participantes (mi número de inscripción ya iba por el seiscientos y tanto), uno habría esperado excelentes ofertas al negociar por volumen. También habrían sido oportunidades para socializar con otras personas del mundo hispanohablante, colegas con el mismo interés en la lengua. No. Lo único que se me dio fue el contacto de la agencia de viajes El Corte Inglés de Panamá la que, dicho sea de paso, nunca me envió una cotización formal, a pesar de haberla solicitado.

Así, con la inscripción en la mano, solo se veía un camino: reservar en un hotel elegido por mi cuenta, para llegar al centro de convenciones Atlapa antes de las 11:00 a.m. del primer día de congreso, según indicaba el cronograma del sitio web. Si hubo o no alguna actividad el día antes, no me enteré ni recibí invitación. Tampoco recibí información sobre si habría almuerzo incluido o que se pudiera adquirir por mi cuenta, área de comidas, restaurantes cercanos…

La víspera hacía su anuncio sin equívocos y, en efecto, el primer día del congreso fue un desastre. Este desastre lo vivimos las personas comunes, como yo, extranjeras, solitarias, simples mortales con interés e ilusión de participar en el congreso. Estoy segura de que los ponentes, con todos los gastos pagos y hospedados en lujosos hoteles, que almorzaron el primer día en el hotel Sheraton, no experimentaron esta misma zozobra y quizás tengan solo palabras de agradecimiento para los organizadores del congreso.

Pero yo, que perdí más de una hora tan solo tratando de averiguar dónde podía almorzar el primer día, bajo el ardiente sol panameño, yendo de una persona a la otra sin que nadie pudiera darme información fidedigna… yo puedo decir que experimenté los problemas de la desorganización. Alguien me enviaba de aquí para allá, y averigüe al otro lado, y mire que tal vez aquel sepa, que este no es mi departamento… Nada. Nadie sabía nada. Ni dónde se almorzaba, ni la clave para acceder internet, ni siquiera por qué no me habían dado mi carpeta con el logo del congreso, papel y demás implementos mínimos.

No todo fue desastroso: hubo personas en el camino que hicieron todo a su alcance. Su trato humano, su deseo de ayudar, su congoja ante los problemas generales lograron compensar en algo y dejar el tema atrás. Pero queda ese recuerdo de la incertidumbre agravada por la falta de información, por la carencia de interés y por la ausencia de nociones básicas de servicio al cliente.

¿Conclusiones? Quizás a las academias les interesan muy poco las personas que asisten al congreso. Quizás su prioridad son sus invitados, sus cocteles, sus egos, su espectáculo. Quizás todo esto no sea más que un escenario de apariencias e ilusionismos.

Lo cierto es que, desde la inscripción hasta la clausura —todavía queda la incertidumbre de si al menos habrá un certificado de participación—, me he sentido pequeña, no como quien “se codea con los grandes” sino como quien sobra en la mesa.

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La corrección también forma parte del mundo del libro

La corrección de textos, en todas sus variantes (contenidos, estilo, pruebas…), es un paso esencial en toda publicación de obras, sin importar su género literario, color político o formato de salida. Cuando el presupuesto elimina la corrección de los pasos de publicación, los resultados son nefastos. No ha existido época exenta del proceso de la corrección. Se hacía en tablillas de arcilla, en papiros, en códices, en vitela, en los grandes volúmenes copiados en los monasterios… Una de las primeras preocupaciones con el advenimiento de la imprenta era cómo se iba a realizar la corrección en lo sucesivo. Un corrector, se decía, podía comparar varios manuscritos del mismo texto para identificar dónde y cuándo se generó la errata; pero con la imprenta, un error se difundía no menos de cien veces (en esos primeros tirajes), sin posibilidades de comparar un manuscrito con otro. Incluso hoy, ante el panorama de la edición digital, se puede eliminar hasta el diseño gráfico de la publicación pero jamás se puede prescindir de la corrección de textos.

Por esas razones, parece inverosímil que las academias de la lengua reúnan a intelectuales de todo el mundo en un congreso sobre el libro y omitan la corrección como uno de sus temas medulares.

Tal invisibilización no pasa inadvertida. Las asociaciones de correctores de Perú, Ecuador, Uruguay y España se han unido para hacer un comunicado oficial a los organizadores del congreso en el cual expresan su descontento.

La RAE y las academias de la lengua no se dan todavía por enteradas y no han querido dar por recibido el material. El blog Nisaba, por su parte, apoya esta iniciativa. Por lo tanto, y para contribuir con su difusión, copiamos aquí el texto íntegro.


Los correctores de textos de América Latina y España ante el VI Congreso Internacional de la Lengua Española

En una entrevista publicada en el sitio web del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, el director del Instituto Cervantes declara que los congresos internacionales de la lengua convocan a personas «de distintas profesiones, del mundo de la ciencia, del mundo de los estudiosos de la historia, del mundo del periodismo, de la comunicación en general…». Tenemos la impresión, sin embargo, de que los correctores de textos, profesionales cuyo trabajo se halla estrechamente vinculado con la labor y la misión de las academias de la lengua, no forman parte de esa amplia convocatoria.

Dos cartas enviadas por nosotros a los organizadores del VI Congreso Internacional de la Lengua Española no han merecido siquiera el acuse de recibo. El silencio —cómplice de la indiferencia— ha sido la única respuesta. Y para colocarle la cereza a tan amargo pastel, en el formulario de inscripción virtual que aparece en el sitio web del congreso, en el menú para registrar profesión u ocupación, no figura la de corrector.

Se supone que las ocupaciones escogidas son aquellas relacionadas de manera particular con la lengua española como objeto de trabajo. Así, pues, se ha consignado estudiante,maestro de primaria, profesor de secundaria, profesor de universidad, traductor, editor,bibliotecario, pero no aparece corrector. ¿Cuál fue el criterio de selección? Los correctores de textos que deseaban participar tuvieron que acomodarse en ese cajón de sastre que es la categoría otros, donde se amontonarán todas aquellas profesiones que forman parte de la «amplia convocatoria» mencionada.

Tremendo error de los organizadores. El libro, que tanto les preocupa, no puede ser lo que es sin los correctores de textos; sin aquellos profesionales que se encargan del control de calidad en materia lingüística, un libro —y cualquier otra publicación—, por más elevado, erudito y esforzado que pueda ser su contenido, deviene en un proyecto fallido si su voz impresa termina inevitablemente asfixiada por un texto cargado de errores que ahoga cualquier posibilidad de comunicación.

No hemos pretendido mediante nuestro reclamo que se nos invite con todos los gastos pagados. Tan solo planteábamos que el tema de la corrección de textos ocupe un lugar importante y destacado en el programa académico del congreso; que no quede relegado como una etapa más dentro de la cadena del libro. Este congreso era una invalorable oportunidad para que las academias de la lengua le mostraran al mundo que ellas desempeñan un papel central en la producción de libros, pues es precisamente en la corrección de los textos cuando el trabajo de las academias —más que centenario en varios casos, y ya tricentenario en el caso de la Real Academia Española— se hace presente con fuerza, y de manera decisiva, incluso. Ello porque somos los correctores de textos quienes consultamos a diario las obras académicas: la Ortografía de la lengua española, la Nueva gramática de la Lengua Española, el Diccionario de la lengua española o el Diccionario panhispánico de dudas.

Los correctores de textos de América Latina y España hemos realizado ya dos congresos internacionales —en Buenos Aires (2011) y Guadalajara (2012)—, y se prepara el tercero en Madrid para octubre del próximo año; tenemos asociaciones legalmente constituidas en cinco países, y otros más se sumarán pronto. Además, con la finalidad de garantizar una calidad cada vez mejor de nuestro trabajo, continuamente organizamos y realizamos cursos, talleres, conversatorios y otras actividades de carácter docente y académico, orientados a actualizar los conocimientos y la técnica de los correctores en ejercicio. Nuestro trabajo ha sido siempre silencioso y hasta calificado de invisible: trabajamos de tal forma que nuestra mejor huella es, finalmente, no dejar ninguna. Lamentablemente, en el aspecto laboral, se han terminado confundiendo los planos, y de la labor invisible, se pasa a la persona invisible. Y de la invisibilidad de la persona se pasa, a su vez, a la negación de esta y de sus derechos.

En este documento, dejamos constancia, sin embargo, de que en algunos países sí hemos recibido el apoyo entusiasta y el reconocimiento de la respectiva academia de la lengua local o bien de algunos de los renombrados académicos que integran su directiva, quienes, además, han estado presentes en eventos nuestros, en los que hicieron un invalorable aporte intelectual, e incluso han desempeñado un papel decisivo en la organización de algunos de ellos. A estas personas expresamos nuevamente nuestro agradecimiento, y esperamos que su ejemplo sea seguido, en conjunto, por la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Queremos que el mundo hispanohablante sepa que los profesionales de la corrección de textos y el asesoramiento lingüístico existen, y que siguen trabajando para que los lectores reciban mensajes claros y bien escritos. A pesar del olvido, aparente, de las instituciones que velan por las obras escritas, por la lengua y por los lectores.

Suscriben este comunicado:
▪        Asociación de Correctores de Textos del Perú
▪        Asociación de Correctores de Textos del Ecuador
▪        Asociación Uruguaya de Correctores de Estilo
▪        Unión de Correctores

17 de octubre de 2013

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VI Congreso Internacional de la Lengua Española

El silencio de este blog se acaba el día de hoy. Estoy ya instalada en mi habitación de hotel en Panamá, con la ilusión y la alegría de participar, desde el día de mañana, en el VI Congreso Internacional de la Lengua Española (http://www.cile.org.pa).

Esta actividad se celebra cada tres años y reúne a figuras destacadas del ámbito de la lengua y las letras hispanoamericanas. El tema de este año es: “El español en el libro: del Atlántico al Mar del Sur”.

Estos congresos son organizados por las academias de la lengua y los ponentes son convocados por estricta invitación. Tal vez algún día, esta servidora tenga el nombre y el peso para una invitación así, pero este año no; ya bastante privilegio me resulta la oportunidad de estar ahí, entre quienes asisten a llenarse de la erudición ajena.

En las ponencias generales y mesas de discusión se hablará sobre temas como el mercado de los libros, la edición digital, la distribución de las obras, la apertura a nuevos mercados y lectores, las bibliotecas, la educación, el diseño, la traducción…

El gran ausente es el tema de la corrección. Una muestra más de la invisibilidad de esta profesión, a pesar de ser esencial en la cadena de control de calidad de la publicación de libros.

A partir de mañana, 19 de octubre y hasta el miércoles 23 de octubre, Nisaba formará parte de cientos de profesionales cuyas mentes se concentrarán en el tema del libro, la difusión de la lengua española y, en general, este apasionante mundo de la palabra.

Por aquí publicaremos, siempre que el cansancio y el tiempo lo permitan, las ideas más interesantes que escuchemos. También mantendremos actualizada la cuenta de Twitter, @CorStellae.

Y ahora, ¡a descansar!

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Día Mundial de la Poesía

Versos sacuden el aire. Se arremolinan en el horizonte con amenaza de lluvia. Se cuelan por las nubes con rayos luminosos sobre los distraídos transeúntes. Versos invisibles en los labios de las gentes. Versos soberbios escondidos en libros empolvados. Versos antiguos de sabios largo tiempo olvidados.

El día de hoy se celebra el Día Mundial de la Poesía, según dictaminó la Unesco en su trigésima reunión en París, en 1999. Hoy es día de atrapar versos y liberarse de las corrientes palabras cotidianas. Hoy es día de entretejer sueños y erigir un mundo ideal con palabras.

Para ti, que lees Nisaba, si te dedicas a la poesía o la lees o la declamas, ¡muy feliz día!

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¿Imperio Romano o Imperio romano?

La Real Academia Española (RAE) es clara en su dictamen: se escribe Imperio romano (2010: cap. IV, § 4.2.4.10.4); sin embargo, esta grafía, en donde una palabra aparece con letra mayúscula y la otra con letra minúscula, provoca incertidumbre. Muchas personas “sienten” la necesidad de imponerle la mayúscula también al adjetivo romano, bajo el argumento o la sensación de que están describiendo a una unidad geopolítica bien definida. Después de todo, ¿quién no conoce el “Imperio Romano”, con sus mayúsculas? Lo hemos visto así escrito alguna vez. ¿Por qué no sería correcto?

Periodo histórico, no denominación oficial

El primer problema de fondo es de precisión histórica y de nomenclatura. El pueblo romano tuvo tres periodos histórico-políticos bien definidos: la Monarquía (desde la fundación de la ciudad, en 753 a. e. c.), la República (instaurada en 509 a. e. c.) y el Imperio (establecido en el 27 e. c.).

Estrictamente hablando, la expresión Imperio romano designa el último periodo de la historia del pueblo romano, el periodo comprendido desde el año 27 e. c. hasta su caída; así como los límites territoriales alcanzados durante esa época. ¿Qué ocurre con los periodos anteriores? No quedan cubiertos por esta expresión. Pero los hablantes, con mucha frecuencia, sienten que sí. Y ahí es donde está el meollo del asunto.

Como agravante está el hecho de que sí existió una denominación romana oficial. Aparece en sus escudos y todavía hoy se encuentra dispersa por la ciudad de Roma: Senatus Populusque Romanus (el Senado y el Pueblo de Roma), cuya sigla era SPQR. No obstante, como apunta Manuel Seco, nadie diría “el S.P.Q.R. venció a Cartago” (citado por Sousa, 2008: 209).

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Nombres propios versus adjetivos

El segundo problema es ortotipográfico y tiene que ver con el juego de mayúsculas producido entre el criterio de nombre propio y adjetivo derivado de un nombre propio.

La palabra Imperio, nos dice la Academia, es equivalente a Estado, República y Monarquía. Lleva mayúscula porque representa un aparato de gobierno, una institución pública, una figura política definida y, como tal recibe tratamiento de nombre propio. No es el nombre de un país u entidad geopolítica: es el nombre de la institución que gobierna ese país. No se aplica la mayúscula al adjetivo que lo acompañe, por ejemplo, Estado costarricense. Es el mismo caso de República. Decimos la República de Costa Rica, en donde Costa Rica es un nombre propio y se escribe siempre con mayúscula. Mientras que la República costarricense es una expresión formada por un nombre propio (República) y un adjetivo derivado de un nombre propio (costarricense, derivado de Costa Rica).

De la misma manera, podríamos hablar de la República de Roma o de la República romana. De hecho, durante el periodo imperial, Roma pasó su denominación oficial a Imperium Romanum cuya traducción más aproximada a nuestro concepto actual podría ser Imperio de Roma (nombre propio + nombre propio); por lo tanto, bajo este mismo criterio, cuando se usa la denominación adjetiva se debería escribir Imperio romano (nombre propio + adjetivo).

Imperios de Oriente y Occidente

Un problema adicional lo introduce la división del Imperio de Roma en dos grandes jurisdicciones independientes: la de Oriente y la de Occidente. En tales casos, el problema del adjetivo en minúscula permanece, pero produce una expresión que sube y baja como una montaña rusa: Imperio romano de Occidente, Imperio romano de Oriente. También son válidas las expresiones Imperio de Oriente e Imperio de Occidente.

En tal caso, para impedir estas expresiones con mayúsculas tan caprichosas, se pueden emplear las expresiones Imperio de Bizancio o Imperio bizantino, con las mismas consideraciones ya hechas con respecto a los adjetivos en minúscula.

Esta regla ortotipográfica se aplica también a otros imperios, como el Imperio astrohúngaro y el Imperio maya.

Otras expresiones imperiales con mayúscula

La nueva ortografía advierte que las siguientes expresiones se escriben todas con mayúscula:

Sacro Imperio Romano Germánico (nombre propio de la entidad política formada por diversos Estados de Europa central)
Bajo Imperio (subdivisión del periodo imperial romano)
el Celeste Imperio (denominación de la China imperial)

En la mesa de corrección

La próxima vez que se encuentre un Imperio en un texto bajo su cuidado, recuerde verificar los siguientes puntos:

  1. ¿Se refiere en efecto a un periodo imperial propiamente dicho o se está empleando, como eufemismo, para designar a la entidad geopolítica, con toda la historia o expansión territorial de un pueblo, desde su fundación hasta su caída? En el segundo caso, puede emplear expresiones más generales; por ejemplo, Roma o en Roma, sin especificación de la figura política, durante la época romana, civilización romana.
  2. ¿Es una denominación oficial —y generalmente aceptada como tal— o es una pequeña variante del nombre?
  3. ¿Es un grupo nominal formado por dos nombres propios o por un nombre propio y un adjetivo? O dicho en cristiano: ¿dice Imperio de Roma o Imperio romano? En el segundo caso, siempre se aplicará la minúscula. También se pueden emplear expresiones más precisas, como durante la época imperial; durante los gobiernos de Calígula, Vespasiano y Adriano; durante la época de los emperadores. En un texto escrito, la precisión contribuye a elevar la calidad.

En síntesis

La corrección no siempre es un problema de aplicar reglas en apariencia rígidas. La ortografía también se arraiga en la historia, la cultura, la política… Al final, en la mesa de corrección, será necesario tener a profesionales en múltiples especialidades: lengua e historia (o economía, o medicina, o leyes, según el texto que se esté revisando), cada quien desde su óptica en un diálogo razonado, para encontrar la respuesta final a una pregunta tan sencilla como si tal o cual cosa se escribe con mayúscula o con minúscula.

Lista de referencias
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa.

        

Agradecimiento
Se agradece la colaboración del historiador Gustavo Naranjo, cuya férrea convicción de que se debe escribir Imperio Romano y sus numerosas aclaraciones históricas sobre la historia de Roma fueron cruciales para la investigación detrás de este artículo (y para mi propia convicción de que se escribe Imperio romano; hasta nuevo aviso).

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Noviembre: maratón de escritura de obras no ficcionales

Ya hemos anunciado en este blog la competencia anual de NaNoWriMo: el mes nacional de escritura de novela. Pero aquí hay una alternativa para quienes no escriben narrativa: escritura de obras de no ficción durante el mes de noviembre.

Hay una comunidad de escritores que asume el desafío de escribir una obra completa de no ficción en treinta días. Los participantes pueden encontrarse en redes sociales como Facebook.

No hay un límite de palabras ni un juego de reglas. El único requisito es tener un proyecto de no ficción, en cualquier género, reportar su inicio y, si quien participa lo desea, dar cuenta de su progreso. Al final del mes de noviembre, puede anunciar si logró cumplir su meta o no.

Quienes decidan sumarse a la oleada de escritura del mes de noviembre con una obra no ficcional, pueden visitar el sitio de Escriba No Ficción en Noviembre (Write Non Fiction in November): http://writenonfictioninnovember.com/.

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