Archivo mensual: enero 2013

El verbo bastar: uso para una buena comunicación

El verbo intransitivo bastar en su presente indicativo basta, tiene diversos significados según la construcción utilizada y su contexto. Su comportamiento sintáctico es distinto de otros verbos españoles y eso le otorga gran versatilidad, pero también abre la posibilidad de usarlo de manera imprecisa según las intenciones de comunicación.

Algunas construcciones correctas del verbo bastar son:

Este trozo de cuerda basta para atar el paquete.

Nada basta a su ambición. (Moliner, 2007: 368).

En estos ejemplos, el significado de basta es ‘ser suficiente’: Este trozo de cuerda es suficiente para atar el paquete; Nada es suficiente para su ambición.

El uso de preposiciones también enriquece y diversifica sus usos y significados: basta con, basta de, bastar(se) para (Slager, 2007: 85-86). También tenemos las construcciones bastar y sobrar y hasta decir basta (Moliner, 2007: 369).

Por lo tanto, según la construcción gramatical en la que se utilice, este verbo necesitará de componentes sintácticos adicionales para leerse y comprenderse. Así, basta, sin acompañamientos es un imperativo útil para detener una situación o para cambiar de una situación a otra:

¡Basta!
¡Basta ya!

Pero, si incluimos en la oración el qué se quiere detener, es necesario incluir la preposición de para lograr la construcción basta de. La preposición introduce la situación que se desea detener, ya sea a la mayor brevedad, como una orden, o como antecedente de algo más:

¡Basta de majaderías!
Basta de teoría y pasemos a la práctica.

También se puede acudir al uso de adverbios, para especificar y aclarar el significado. Así, podemos decir:

No basta con hablar (es necesario pasar a la acción).

O bien, su opuesto:

Basta con hablar (cualquier acción es innecesaria).

En estos dos ejemplos, el uso del adverbio de negación hace la diferencia en el significado.

Un ejemplo de corrección

Para ver cómo el uso de la construcción sintáctica del verbo puede hacer una gran diferencia semántica, me robo el ejemplo de una oración que encontré en un afiche. Aquí, el verbo bastar está empleado de tal manera que entra en contradicción con el mensaje general del cartel.

Basta que nos saquen de la plaza sin darnos una solución. Queremos tener un espacio para practicar nuestro deporte ! [sic].

En este ejemplo, el basta, por ser empleado sin preposiciones o adverbios, sería equivalente a “es suficiente”. La oración, por lo tanto, se leería: Es suficiente que nos saquen de la plaza sin darnos una solución. Pero entonces se abren interrogantes: ¿es suficiente para qué? No hay información aquí para saberlo. Se puede deducir, de la oración, que algunas personas fueron expulsadas de una plaza sin recibir alternativas. Pero entonces, ¿a qué se refiere el “basta”?

De hecho, si no se tomara en cuenta la oración siguiente, casi se diría que esta es la expresión opuesta a aquello que se pretende comunicar. Puedo escuchar a un líder comunal diciendo: “basta sacarlos de la plaza [sin preocuparnos de darles una solución] para acabar el problema”. Pero no me puedo imaginar a una de las personas agraviadas diciendo “basta que me saquen de la plaza [sin darme una solución] para acabar el problema”. En otras palabras, ¿qué falta?

Dado que la oración no es clara o parece incompleta, obliga a realizar un ejercicio de especulación que, en el caso de un afiche, no debería producirse. Una de las reglas básicas del afiche es constituir un “golpe al ojo”, un instrumento de comunicación transparente, con un mensaje intenso, transmitido en un espacio y tiempo mínimos (un fragmento de pared física o virtual, unos cuantos segundos). El significado debería ser directo, claro, al grano y sin ambigüedades. Por lo tanto, al carecer de una explicación adicional o de un contexto adecuado, la oración parece perfectamente gramatical, pero no lo es. Lo que es peor: no comunica el mensaje deseado y se puede creer que transmite la idea opuesta.

Ahora bien, si se exploran otras construcciones gramaticales, la oración podría comenzar a tener sentido, incluso sin otros añadidos:

No basta con que nos saquen de la plaza sin darnos soluciones.

Basta de que nos saquen de la plaza sin darnos soluciones.

En el primer caso, se entendería con claridad de que prohibir el uso de la plaza es insuficiente: se necesita una solución. En el segundo caso, se solicita y se exhorta de manera directa a terminar con esta acción, claramente considerada una agresión. Así, con cualquiera de estas dos correcciones, la oración adquiere sentido y, de paso, recupera su estatus de oración completa, gramatical y, sobre todo, semánticamente correcta.

En síntesis

Algunas personas no especialistas en gramática y comunicación podrían argüir que no existe ambigüedad real en el mensaje, podrían decir que la información supuesta, inferida o hasta conocida detrás del afiche es suficiente para comprender. Podrían decir que, de alguna manera, “entienden”. Esta comprensión es ilusoria. Entienden lo que quieren leer, entienden lo que saben debería decir ahí; pero no han leído ahí el significado. Lo han puesto de su cosecha, al añadirle a la oración aquello que le falta. ¿Qué pasa con quienes desconocemos los antecedentes?

Al leer esta oración algo salta a la vista, algo “no suena” bien, algo “no se entiende bien”. Y aun cuando la incomodidad pueda parecer inocua, aun cuando sea muy difícil llegar a explicarla, el trabajo de quienes nos dedicamos a la corrección de textos siempre será señalarlo y ayudar a comprender, de manera racional y argumentada, esa incomodidad inconsciente, esa sensación intuitiva, ese “esto no está bien”. La responsabilidad es mayor cuando sabemos que el producto (un afiche) circulará entre un gran número de personas e incluso contribuirá al éxito o fracaso de una causa. Y dado que el producto es público, de paso, también se contribuye a distribuir una buena reputación para quien promueve la actividad.

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Afiche del cual se extrae el ejemplo del artículo. Se aclara que este artículo no pretende apoyar o combatir la actividad. En lo personal, debido a mi idealismo, me alegro de que un grupo de jóvenes tenga el impulso y el entusiasmo para organizarse y solicitar algo (lo que sea, mientras sea sano), en esta sociedad llena de indiferencia y pasividad. Pero no tengo vínculos con los grupos organizadores o sus actividades. De hecho, si intentara utilizar una patineta, sin duda experimentaría un grave accidente y debería ausentarme por un largo tiempo del blog.

Anecdotario: la historia de este artículo

Este artículo surgió de un comentario mío en el muro del Facebook en donde descubrí el afiche. Preocupada por la falta de sentido que encontraba en la oración aquí analizada, quise advertir a los organizadores sobre el que me parecía un grave problema de comunicación. Nótese que me abstuve de hablar de las tildes, la ortotipografía de los signos de admiración y hasta los problemas enunciativos del encabezado. Entrar en temas de diseño ya era también demasiado. Mi razonamiento inocente fue este: “si van a imprimir afiches, tal vez estén a tiempo de corregirlos”. Claro, a mis ojos, un error de comunicación en un afiche es algo grave y, de paso, los errores de ortografía solo sirven para transmitir una imagen de ignorancia y descuido. Este grupo de jóvenes se queja continuamente de su mala reputación ante la comunidad alajuelense. Como joven que fui alguna vez (y no he dejado de ser), me pareció digno ayudarles a mantener una buena imagen, al menos en ese pequeño detalle. Ni siquiera se me ocurrió pensar en “darles una clase de español”. Ya sabemos que lo mío son los libros, no las clases.

Así, con toda la brevedad que un comentario de Facebook debe tener, me restringí a indicar el error, una brevísima explicación de su causa y las soluciones posibles. Esta fue la respuesta que recibí:

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Moraleja: nunca corregir a quien no quiere recibir correcciones.

Lista de referencias
Moliner, María (2007). Diccionario de uso del español (3.
a ed., 2 vols.). Madrid: Gredos.
Slager, Emile (2007). Diccionario de uso de las preposiciones españolas. Madrid: Espasa.

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Nisaba: el artículo número 300

Tal vez debería escribir un artículo especial. Tal vez debería buscar un tema exótico, una pregunta esencial, una de esas claves de la existencia humana. Pero no. Tan solo escribo para compartir uno de esos momentos cruciales en la historia de un blog; más precioso aún por coincidir con el inicio del nuevo ciclo, con la llegada del 2013, con una lluvia de meteoritos… En este instante, con estas líneas, con esta entrada, el blog Nisaba alcanza los 300 artículos.

Ha sido un largo recorrido desde los inicios de este blog en el año 2009, cuando no me esperaba estar todavía escribiendo en los albores del año 2013. Pero aquí estamos, usted y yo, leyendo y escribiendo, soñando y enunciando, dialogando y perfeccionando.

Y si este blog ha llegado ya a 300 artículos, no es gracias a mi persistencia y constancia, puesto que he tenido altibajos y tiempos mejores. Ha sido porque hay quien lea, pregunte, comente y se acerque a estas líneas. Es porque nos impulsa un amor común por la palabra, la edición, los libros, las publicaciones, la comunicación escrita… Es porque nos unen intereses por encima de las distancias.

Según las estadísticas de WordPress, este blog ha recibido casi 150 000 visitas desde enero de 2011, cuando se mudó desde Blogger. Allá, en su otro hogar, a pesar de no tener mantenimiento ni entradas nuevas, se acumula otra cifra similar (poco más de 140 000 visitas), desde sus inicios en setiembre de 2009.

Para mí, tales cifras son alucinantes. Para este pequeño proyecto, a cargo de una sola persona, motivada por compartir esas pequeñas preguntas, para tanta gente irrelevantes, semejante cantidad de visitas supera cualquier expectativa o pronóstico que hubiese podido tener.

Por eso, este artículo 300 es para dar las gracias. Está dedicado a usted que lee en este instante, a nuestra pequeña comunidad formada alrededor de los temas aquí compartidos y, por supuesto, a la palabra, base de todo nuestro trabajo.

Ya llegamos a 300. ¿Cuántos artículos nos esperan? No lo sé, pero no quiero saberlo. Nada más prometo seguir, día a día, paso a paso, hasta donde me sostengan las fuerzas. Por haberme traído hasta aquí, ¡muchas gracias!

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Feliz Año Nuevo: historia y ortotipografía

Ha llegado otro año. A pesar de las predicciones mayas y de los pensamientos apocalípticos, el 2013 se inicia con nuevas oportunidades y buenos propósitos.

Durante estas últimas semanas, sin duda hemos escrito y deseado un buen y próspero 2012 decenas de veces, ya sea en los muros en Facebook, en mensajes en Twitter o en persona, con fuertes abrazos y besos.

Para iniciar este nuevo ciclo en Nisaba, en honor a los temas que nos apasionan, traemos algunas reflexiones sobre la historia y la ortotipografía de la palabra año.

Historia y etimología

La palabra año deriva del latín annus ‘año’, y, según Corominas (1980: t. 1, 289), ya aparece documentada hacia la segunda mitad del siglo X, en las Glosas de Silos. Esta palabra y esta idea de un ciclo solar de 365 días nos ha acompañado en nuestra lengua desde sus orígenes y a esta llegó desde tiempos y culturas distantes. Se reconoce una raíz indoeuropea at- que, combinada con el sufijo -no- daría origen a annus y, de aquí, a año. Esta raíz se define como ‘ir’, más específicamente, ‘periodo que se va, año’ (Roberts y Pastor: 1996, 14).

De otra raíz de significado similar, ei- ‘ir’, provendrían las palabras latinas ianua ‘entrada’ y janus ‘arco’ o ‘puerta en forma de arco’ que, a su vez, nombra a la divinidad bifronte del mismo nombre, Jano (o Janus, en latín), quien preside el inicio del año solar (de Miguel, 1897/2000: 499; Chambers, 1988/2000: 550; Roberts y Pastor, 1996: 50). De ahí la palabra januarius, el mes latino que en nuestro calendario llamamos enero. El mes de enero es, por lo tanto, la puerta o el ingreso al nuevo periodo, al nuevo ciclo; una despedida al año que se va (la cabeza de Jano que mira hacia atrás), y el recibimiento del que viene (la cabeza de Jano que mira hacia el futuro).

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Jano bifronte (The Pepin Press, 2006: 082 A).

Otra raíz indoeuropea muy productiva fue *yero-/yoro- que dio origen a palabras como el avéstico yare ‘año’, el antiguo eslavo jaru ‘primavera’ y las palabras griegas horos ‘año’ y hora ‘estación’. A su vez, de la raíz indoeuropea proviene el protogermánico *jæran que da origen a una gran cantidad de palabras, como el gótico jer, el antiguo islandés ar, el alto alemán antiguo jar y el inglés antiguo gear, todas con el significado de ‘año’. Así se originan las palabras year y Jahr, en inglés y alemán modernos, respectivamente (Chambers, 1988/2000: 1252).

El protogermánico *jæran es también el nombre de una de las runas, los signos de escritura de los pueblos germánicos antiguos, cuyo significado simbólico es el de ‘cosecha abundante, año y ciclo’. Hace referencia directa a la cosecha, la época más vital y dinámica del año para las comunidades agrarias (Elliot, 1959: 51).

Ortotipografía

En español, tanto el año como los meses suelen escribirse con letra minúscula. Decimos “este año terminaré mis estudios” o “nos vemos en enero”.

No obstante, los nombres de las fiestas civiles, militares o religiosas se escriben con letra inicial mayúscula: Año Nuevo (DPD: “mayúsculas”, § 4.19; OLE: 502 y s., § 4.2.4.10.2). Desde luego, si invertimos el nombre de los elementos, dejamos de utilizar el nombre oficial y estandarizado de la fiesta y deberemos regresar a la letra minúscula. Ejemplos:

¿Me acompañarás a la fiesta de Año Nuevo?
Te deseo muchos éxitos en este nuevo año.

En síntesis

Cada vez que deseamos un feliz Año Nuevo, estamos continuando una tradición ya inmemorial, remontada a los orígenes de nuestra lengua y distribuida entre muchos pueblos diversos, todos atentos al ritmo de las estaciones según el movimiento del Sol. Cruzamos una antigua puerta, en términos romanos, o entramos al ciclo de la nueva cosecha, en términos germanos, pero siempre sentimos el peso del devenir: un final que se convierte en inicio; un inicio que emerge, como el fénix, de un final. Damos abrazos, enviamos y recibimos bendiciones, diseñamos propósitos nuevos y nos llenamos de esperanza.

Que este nuevo ciclo le traiga a usted, que hoy lee este blog, muchas palabras, versos, susurros y cantos llenos de sabiduría, bondad, luz, armonía, belleza y pureza a través de la magia de la enunciación. ¡Feliz Año Nuevo!

Lista de referencias

Barnhart, Robert K. (2000). Chambers dictionary of etymology [Barnhart Dictionary of Etymology] New York: Chambers. (Obra original publicada en 1988).
Corominas, Joan y Pascual, José A. (1980). Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (6 vols). Madrid: Gredos.
DPD: ver Real Academia Española (2005).
Elliott, R. W. V. (1959). Runes. Manchester: Manchester University Press.
Miguel, Raimundo de (2000). Nuevo diccionario latino-español etimológico. Madrid: Visor Libros. (Obra original publicada en 1897).
OLE: ver Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2010).
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.
Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Libros.
Pastor, Barbara, y Roberts, Edward (1996). Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española. Madrid: Alianza Editorial.
The Pepin Press (2006). Mythology pictures [Imágenes mitológicas]. Amsterdam: Autor.

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