Archivo diario: 07/03/2010

Citas de recortes: poner palabras en boca del autor citado

Conocidas las convenciones de omisión de texto en una cita, lectores como yo entendemos perfectamente el tipo de ausencia con solo interpretar la posición de los puntos suspensivos y, por lo tanto, confiamos plenamente en que tanto autor como editor han hecho su trabajo meticulosa y fielmente.

Sin embargo, como editora, he tenido la experiencia de encontrar citas engañosas y que llevan al equívoco. A primera vista, uno se topa con un párrafo compacto, lleno de puntos suspensivos que indican, como bien se sabe, omisión de alguna palabra o de alguna oración. La «liebre» solamente salta cuando se confronta la «cita» con el texto original y es en donde aparecen los horrores: el tal «párrafo» citado no existe, sino que ha sido creado artificialmente a partir de oraciones sueltas (o fragmentos de oraciones sueltas) tomados por aquí y por allá de una página.

En otras palabras, el autor ha tomado oraciones textuales y, con ellas, ha creado un párrafo o texto nuevo a su conveniencia, supuestamente con «las palabras» del autor citado pero, debido a los efectos de la nueva sintaxis y yuxtaposición, en realidad ha compuesto un texto nuevo.

Para quienes recordamos con cariño la película Amelie, hay una escena en donde esto se retrata perfectamente: es la carta del esposo muerto de la casera del edificio. Amelie roba la colección de cartas que la mujer atesora desde hace cuarenta años. Las lee todas, hace su selección y, con mucho cuidado, fotocopia las que necesita. Luego toma tijeras y goma y, a partir de un verdadero proceso de copiar y pegar crea una carta nueva con la letra manuscrita del fallecido y su estilo particular de redacción; una carta de frases hechas, de frases viejas y rotas, una carta que, en fin, parecieran (y son) sus propias palabras pero que jamás salió, tal cual, de su puño y letra.

Cuando eliminamos fragmentos del texto original podemos caer en el riesgo de hacer decir al autor algo distinto de lo que realmente dijo. Esto es engañoso y un editor jamás debería permitirlo; un autor jamás debería realizarlo y un lector, si se llega a enterar, no puede tolerarlo.

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Puntos suspensivos: omisión de texto al final de la cita

Los puntos suspensivos al final de una cita siempre indican que falta texto por mencionar. Al igual que los de inicio, al lector le puede quedar la interrogante: ¿estaban ahí, en el texto original, o fueron puestos ahí por quien ha decidido transcribir el texto? Martínez de Sousa e incluso Manuel Seco los ponen entre corchetes. La RAE los deja sin signos adicionales: ni espacio en blanco, ni corchetes, ni paréntesis. El manual de APA recomienda no utilizarlos jamás, de modo que se elimina el problema de cómo deberían escribirse. Esta última es, quizás, la recomendación más sensata y más sencilla para mantener limpieza y unidad editorial.

En caso de que sean obligatorios o la obra tenga un carácter erudito que obligue a la precisión, para ser consecuentes con la fidelidad de la transcripción, deberíamos acoger el criterio de Martínez de Sousa, quien aclara que cuando la cita no finaliza en signo de final de oración (punto, puntos suspensivos, admiración, interrogación), ese signo debería eliminarse (para que no quede suelto) y reemplazarse por un espacio seguido de puntos suspensivos entrecorchetados. Pero en este caso, para mantener la unidad de la edición, también debería optarse por encorchetar los puntos suspensivos que se pongan para indicar omisión al inicio de una cita. (Debe hacerse la advertencia: si la obra tiene muchas citas, se verá recargada, exagerada la cantidad de signos empleados para decir que la frase está inconclusa).

Con respecto a la inclusión de los signos de puntuación finales de la cita, hay divergencia de criterios. Martínez de Sousa indica que no deberían suprimirse, de modo que siempre sepamos si esa es la última palabra de la oración o quedó texto sin citar (2007: 75).

En la práctica, debido a la complejidad de las citas, a menudo combinadas con otros signos como las comillas, la estricta inclusión del punto del texto citado a veces recarga la transcripción, puesto que se yuxtapone visualmente al punto de cierre de oración que puede aparecer detrás de las comillas; además de que le da al lector una falsa sensación de cierre cuando la frase o párrafo dentro del que se coloca la cita todavía no ha terminado (únicamente han terminado las palabras transcritas, pero no necesariamente la idea que está exponiendo el autor).

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Puntos suspensivos: omisión de texto en medio de la cita

En la escritura académica, el caso más frecuente (y obligado de indicar) de omisión textual dentro de una cita es la ausencia de palabras, frases o hasta párrafos dentro de la cita.

La mayoría de los editores prefieren, para estos casos, encerrar los puntos suspensivos entre corchetes (paréntesis cuadrados) y jamás entre paréntesis. Defienden esta postura José Martínez de Sousa y Miguel Ángel Guzmán (citado por el manual del APA en español), y Roberto Zavala Ruiz (2008) comenta que los corchetes son los favoritos de las editoriales, un cuando a veces se reserven para obras académicas o eruditas. La RAE (a través del DPD) avala tanto el uso de puntos suspensivos dentro de paréntesis como de corchetes, si bien prefiere el uso de los corchetes.

Personalmente, me adhiero a la preferencia de los editores: los puntos suspensivos deben ir acompañados, para no generar ambigüedad y, de preferencia, que sea por corchetes, que indican una intromisión en el texto por la «mano criminal» de quien lo cita.

Omisión de una sola palabra o frase

Si el texto omitido es de una palabra o una frase solamente, procede simplemente reemplazar ese texto por el signo gráfico respectivo: «En efecto, estábamos bajando al refectorio cuando escuchamos unos gritos […]. Guillermo se apresuró a apagar la lámpara». Conviene respetar la puntuación original (en este caso, el punto después de los corchetes), de manera que el texto conserve su lecturabilidad.

Omisión de más de un párrafo

Si el texto omitido obliga a un salto de párrafo o se omite un párrafo completo o más, los puntos suspensivos encorchetados deberán «flotar» en la cita, para indicar la omisión de un fragmento de considerable tamaño.

Pegándonos a las paredes, llegamos hasta la puerta que daba a la cocina, y comprendimos que el ruido venía de afuera, pero que la puerta estaba abierta. Despés las voces y las luces se alejaron, y alguien cerró la puerta con violencia. Era un gran tumulto, preludio de algo desagradable. A toda prisa volvimos a atravesar el osario, llegamos de nuevo a la iglesia, que estaba desierta, salimos por la puerta meridional, y divisamos un ir y venir de antorchas en el claustro.
[…]
Se presentó el Abad, y Bernardo Gui, a quien el capitán de los arqueros informó brevemente de los hechos.


José Martínez de Sousa cita, en adición a la anterior, propone otra alternativa para indicar este tipo de omisión (2007: 74-75.

Si lo que se suprime es un párrafo entero o más de uno, se puede indicar de varias maneras: si la cita está entre comillas latinas, a continuación del último final de párrafo se coloca un igual entre espacios, después los puntos encorchetados, seguidos de otro igual entre espacios y el texto del párrafo siguiente:
        [cita] = […] = [cita];
se usa el mismo signo si se trata de un párrafo como si son dos o más los suprimidos; si la cita se dispone aparte y en cuerpo menor.

Cuando la cita creada a partir de textos tomados de varios párrafos es demasiado corta, Martínez de Sousa ofrece una alternativa elegante:

El texto citado se dispone tal como aparezca en el original, con sus mismos puntos y aparte. Sin embargo, si la cita es corta y la introducimos en nuestro párrafo entre comillas latinas, el punto y aparte no se indica haciendo un punto y aparte efectivo, que daría al escrito un aspecto bastante chocante, sino poniendo un signo igual (=) (o incluso una doble pleca: ||) en el lugar que debería ocupar el texto que omitimos; irá precedido de punto y espacio y le seguirá espacio antes de continuar con el texto de la cita:
        [cita]. = [cita].
Si el texto subsiguiente no es el comienzo del párrafo que sigue, es señal de que hemos omitido parte del comienzo de este párrafo porque tampoco nos interesa. En este caso, la parte omitida se sustituye por puntos encorchetados, y la grafía queda así:
        [cita]. = […] [cita].

¿Y si hay demasiadas omisiones en una misma cita?

En lo personal, prefiero el empleo de los corchetes flotantes, aunque con una advertencia: si el texto está recargado y hay demasiadas omisiones, la publicación se afeará y el lector se sentirá perdido entre tantos fragmentos. En ese caso, es mejor recomendarle al autor que redacte de nuevo, utilice el método de la paráfrasis o que redacte su propio párrafo integrando, en donde corresponda, los fragmentos de mayor conveniencia.

Al final, por encima de la corrección ortotipográfica, nuestro verdadero fin es lograr un texto fluido, fácil de leer y amigable para el lector; y hay muchas maneras de lograrlo mientras se consigna la correcta autoría de las ideas, sin caer en la enfermedad de citar textualmente todo cuanto nos encontramos.

Referencias bibliográficas
American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la American Psychological Association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition] (2.a. ed.). México: Manual Moderno. (Original work published 2001).
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.
Zavala Ruiz, R. (2008). El libro y sus orillas (3.a ed.). México: Universidad Nacional Autónoma de México.

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Puntos suspensivos: omisión de texto al inicio de la cita

Quizás uno de los usos más frecuentes de los puntos suspensivos para indicar omisión de texto es, precisamente, al inicio de las citas. Los autores parecen encontrarlos elegantes y sutiles; les hace pensar que evocarán en el lector la sensación de pasado, de texto que ha comenzado en otro lugar, de ideas que no se iniciaron en esa palabra sino muy atrás.
Para estos casos, el Diccionario Panhispánico de Dudas indica una norma particularmente interesante: introducir un espacio en blanco entre los tres puntos suspensivos y la primera palabra de la cita, como un instrumento para indicarle al lector que estos puntos suspensivos corresponden a una omisión textual y no, como podría pensarse, a un signo colocado ahí por el autor original de la cita.
Como editora y como lectora, considero que esta es una norma sensata y me ayuda a identificar, sin ambigüedades, qué indica ese signo tipográfico.
Ahora bien, ya más como editora, creo que conviene siempre hacerse una pregunta necia: ¿realmente se necesitan esos puntos suspensivos? Si somos estrictos con el razonamiento, una cita, por su propia naturaleza, es siempre un texto inconcluso (a menos que sea un microcuento de un párrafo; pero esas serán las excepciones, no la norma). La cita siempre comienza en otro lugar, proviene de un pensamiento previo y concluirá muy lejos del fragmento que ha sido seleccionado. Esta pregunta es válida también para los puntos suspensivos finales. Entonces, el editor deberá mirar el texto con mucho cuidado e interrogar finamente al autor a través de sus signos (como lo hará cualquier lector en su casa): ¿realmente esos puntos suspensivos le agregan algo al texto, semióticamente hablando? ¿No son, acaso, un simple vicio de escritura copiado de textos que al autor le parecieron elegantes o chic? ¿En verdad es necesario introducir la ensoñación de los puntos suspensivos para que el lector se pierda en ellos y tome la cita como un fragmento que capta del aire, incompleto?
La respuesta a estas preguntas dependerá, forzosamente, de la percepción de quien las haga, del contexto de la cita dentro de la obra y, claro, de la naturaleza de la obra por publicar. Unas ideas personales al respecto: en obra literaria o filosófica es posible encontrar más excusas y «contextos adecuados» para esos puntos suspensivos iniciales. En obras académicas, científicas o didácticas, en cambio, sobran y se convierten en un peso innecesario; especialmente si hablamos de obras de más de 300 páginas plagadas de citas.
Por lo tanto, siempre que usted se encuentre (como autor, editor o corrector) unos puntos suspensivos al inicio de la cita, antes de simplemente añadir el espacio recomendado por el DPD, pregúntese primero: ¿realmente se necesitan? Y, sin misericordia, elimine todos los que sobren; de manera tal que solamente se conserven aquellos cuyo aporte semiótico sea lo suficientemente poderoso para hacer la diferencia en la lectura.

Algunas normas
Para efectos prácticos, conviene siempre estar al tanto de las normas al respecto, según diferentes criterios:

  1. Real Academia Española: avala el uso para los casos en que se quiere dejar muy en claro que la reproducción de la cita no se hace desde el inicio del enunciado (DPD, «puntos suspensivos», 2.h).
  2. Normativa bibliográfica del APA: indica que no deben utilizarse nunca, excepto en el caso específico en que su uso prevenga una interpretación errónea del texto (2001: 135).
  3. José Martínez de Sousa: comenta que puede eliminarse sin consecuencias, puesto que el iniciar la cita con una letra minúscula es indicador suficiente para saber que esa no es la primera palabra del párrafo u oración (MELE 3: 75).

Referencias bibliográficas
American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la American Psychological Association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition] (2.a. ed.). México: Manual Moderno. (Original work published 2001).
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.

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Puntos suspensivos: omisión de texto en citas

Con mucha frecuencia encuentro, durante mis correcciones, un mal empleo de las convenciones para expresar la ausencia de fragmentos dentro de una cita textual. Este es uno de los aspectos que cada casa editorial debe normar específicamente, puesto que existen varias alternativas posibles, todas correctas. Quienes escriben desde el mundo académico, también deben considerar las normas de manuales de estilo bibliográficos que estén empleando, que también se pronuncian al respecto de estos detalles.
¿Por qué es necesario indicar la ausencia de palabras, frases o párrafos en una cita textual? La respuesta es sencilla: honestidad. El lector tiene derecho a conocer, exactamente y sin la menor duda, las palabras exactas que están siendo tomadas de otro autor. De igual manera, para no lesionar los derechos de propiedad intelectual, es derecho de cualquier autor del mundo ser citado de manera precisa, según sus propias palabras y no una adaptación realizada a conveniencia de alguien más.
Para el lector acucioso, conocedor de las convenciones de lectura, los signos que le indican la omisión de texto pueden ser de gran utilidad. ¿Qué tal si aquella cita textual le resulta de interés? ¿Qué tal si adivina algo más, algo que necesita para su propia investigación, detrás de aquella omisión? ¿Qué tal si quiere citar, a su vez, el mismo texto? La mayoría de los investigadores ni siquiera se preguntan si la cita original está mal, simplemente la toman porque confían en su editor y en el autor del texto en donde aparece. De ahí que la responsabilidad de garantizar la precisión ortotipográfica sea todavía mayor.

¿Cómo se indica la omisión de un texto?
Para indicar la ausencia de algún fragmento dentro de una cita se emplean los puntos suspensivos; pero, ¡cuidado!, no basta con poner puntos suspensivos y desentenderse del asunto.
Uno de los argumentos básicos para evitar el uso de los puntos suspensivos a secas es que, si somos lectores cuidadosos, será pertinente hacernos una pregunta sencilla, pero de grandes consecuencias: ¿cuáles de estos puntos suspensivos los puso quien transcribió la cita y cuáles estaban en la obra original? Para evitar esta ambigüedad, existen alternativas sígnicas.
Sin embargo aquí procede hacer otra advertencia: no es lo mismo indicar omisión de texto al inicio, en medio o al final del texto citado. También es necesario indicar si el texto omitido consiste en unas pocas palabras dentro del mismo párrafo o si se está construyendo una cita nueva con fragmentos de párrafos diferentes.
Cada uno de estos casos los estudiaremos en artículos independientes del blog, para facilitar su consulta y analizarlos en su caso particular.

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