Ya me corrigieron mi texto: ¿cómo interpreto los comentarios?

Por fin, ha llegado usted a la última palabra. La escribe con una sensación de triunfo. La adrenalina le recorre el cuerpo, mientras piensa que su texto es bueno, a pesar de todo. Siente orgullo, alegría, sensación de éxito. No puede esperar a enviárselo a quien se lo edita. ¿Qué dirá? Espera elogios, felicitaciones, palmadas en la espalda. “¡Muy bien!”, escucha en su mente una y otra vez. Muy bien… Y pulsa el botón de “Enviar”.

Y espera.
Y espera.
Y espera.

Mientras tanto, esa otra persona da por recibido el material y se toma su tiempo para leerlo. El tiempo le parece eterno. ¿Por qué no me lo envía ya? ¿Por qué no me dice algo ya? Yo cumplí con mi parte. Quiero que cumpla con la suya.

El manuscrito llega, días, semanas, meses después. Pero, ¡oh, sorpresa! En lugar de felicitaciones, elogios, expresiones de asombro y reconocimiento de visos de genialidad, encuentra usted un manuscrito manchado de cabo a rabo: “Falta número de página”, “lugar común”, “expresión vacía”, “confuso”, “ampliar”, “aclarar”, “contradicción”, “problemas epistemológico”, “revisar significado”…

Encuentra usted múltiples palabras eliminadas o tachadas, nuevas comas donde no las imaginaba, cientos de cambios de sintaxis, nuevos puntos y aparte, párrafos diseccionados, cambios de orden, anotaciones para incluir cosas que no había previsto, secciones nuevas o secciones íntegras eliminadas…

¿Qué pasó con su obra genial, su manuscrito perfecto, su puerta al Premio Nacional, al Pulitzer o al Nobel?

De aquella primera emoción se pasa a una sensación de tristeza que se convierte en paulatino enojo hasta alzarse en indignación. El problema se agrava si se va reconociendo verdad y tino en los comentarios. “¿En verdad soy tan ignorante?”, “¿cómo pude cometer tantos errores?”, “¿por qué esto no me lo dijeron antes?”, “¿por qué me hicieron pasar por esta vergüenza?”, “¿esto de verdad será así?”…

Cada comentario en la página se transforma en un calvario. Cada uno de ellos es el recordatorio de que uno ha fallado y el ego, el más lastimado en todo este proceso, se hunde en la tristeza y la depresión, con un vacío en el estómago y el deseo de jamás haber nacido o, para el caso, jamás haber escrito.

Para empeorar la situación, el manuscrito no puede quedarse ahí. Hay un contrato, un compromiso, una fecha de entrega. Y se espera que usted resuelva cada una de las dudas, apruebe o rechace cambios, amplíe conceptos y limpie el manuscrito para llevarlo a su segunda etapa.

El trabajo es tan arduo que va más allá de poner o quitar tres comas. Es reescritura.

Usted no entiende por qué sucede esto. ¿Acaso escribir no era fácil? Leer es muy fácil, uno se va de corrido en el texto. ¿Por qué escribir iba a ser distinto, sobre todo si usted habla un perfecto español nativo y no debería representar ninguna dificultad?

Mientras cientos de preguntas cruzan por su mente, entremezcladas por sentimientos nada bondadosos para quien hizo la revisión, el trabajo debe continuar y usted debe encontrar la manera de hacerlo. La desmotivación debe quedar atrás. ¿Cómo hacerlo?

La próxima vez que se encuentre en esta situación, póngase en los zapatos de quien edita y recuerde estas ideas.

  1. Se editó su texto, nadie le juzga a usted. Esto no es la escuela y usted no recibe una nota. A nadie le interesa calificarle a usted, lo que interesa es su texto y que este se defienda solo ante la comunidad lectora que lo recibirá.
  2. Los comentarios al grano no son muestra de grosería. Quien edita trata de ser amable, pero no puede hacer un discurso de cada comentario. Cuanto más al grano vaya el comentario, mejor. Esto no significa que la persona sea grosera, sino que ha optado por hacerle perder a usted el menor tiempo que sea posible, para hacer menos agobiante el proceso de revisión.
  3. Se distingue entre norma, mejora y sugerencia. Quien edita sabe que algunas de sus observaciones deben ser acatadas porque responden a una norma lingüística clara e inexpugnable. Otras observaciones, en cambio, entran el campo de la mejora (lo anterior era correcto, pero esto mejora, precisa o acota mejor el texto) o de la sugerencia (lo anterior era correcto, pero se beneficiaría de esto otro). Usted no siempre estará de acuerdo con todo, a veces incluso tendrá mejores soluciones. Sopese el comentario, analice si existe una solución mejor y negocie.
  4. No se debe caer en una lucha de poder. Quien edita no tiene el menor interés en convertirse en una figura dictatorial que debe ser obedecida sin reservas. Nos interesa ayudarle a usted a tener el mejor texto, ya sea con la solución sugerida o con otra alternativa que atienda la razón que dio origen al comentario.
  5. Quien edita es especialista, usted no. Tendemos a pensar que hablar español es una habilidad universal y, por sí sola, nos concede la autoridad para expresarnos con absoluta corrección. Esto es falso. Así como se estudia medicina, ingeniería o arquitectura y se reconocen estas especialidades por sus competencias y conocimientos particulares, de la misma manera se estudia la lengua, se aprende a usarla como un metal maleable, se utiliza para comunicar… Quien edita es una persona experta en su campo. Permítale aplicar su formación y su experiencia con libertad.

¿Qué puede hacer usted?

En lugar de echarse a morir de tristeza o de furia por los comentarios a su texto, procure establecer una distancia saludable entre sus sentimientos y la labor profesional que está realizando.

Lea cada comentario, analícelo y, si no lo entiende, concierte una cita y pida explicaciones. Sin duda, si quien está editando tiene la formación y la experiencia necesarias, podrá respaldar y hasta dictar cátedra de cada uno de los comentarios que ha escrito. Prepárese, si usted lo solicita, para escuchar explicaciones suficientes, argumentos sólidos, decisiones justificadas y apoyadas en fuentes.

Escuche, sopese, analice. No rechace de plano: proponga. El objetivo final es encontrar soluciones, no quedarse rodando en los problemas.

Al finalizar, es posible que usted cambie su manera de ver el mundo, suavice los impulsos de su ego y termine con un texto mucho más satisfactorio que aquella alguna vez emocionante primera versión.

14 comentarios

Archivado bajo Corrección, Corrección de estilo, Corrector, Edición, Editor, Labor editorial, Normas

14 Respuestas a “Ya me corrigieron mi texto: ¿cómo interpreto los comentarios?

  1. Manuela Mangas Enrique

    Excelente disertación sobre cómo interpretar las correcciones y comentarios de un texto. Con tu permiso, lo comparto con clientes y colegas de profesión.

    Saludos desde Valladolid (España),

  2. Me gustó la entrada. Es una pregunta que el escritor novel siempre se la hace. http://arroyodecenizas.blospot.com.ar

  3. Me ha parecido una entrada fantástica, muy útil para reflexionar, ¡enhorabuena!

  4. jacc1953

    Saludos y gracias Hada. Date: Sun, 14 Sep 2014 07:42:32 +0000 To: jacc1953@hotmail.com

  5. Anónimo

    ¿Me autorizás a copiar tu texto como introducción, junto a las observaciones generales a los autores?

    • Jacqueline Murillo

      Claro, con gusto; siempre y cuando lleve el crédito y se maneje en documentación privada, no en publicaciones.

  6. Para enviarlo junto al texto editado.

  7. William

    ¡Excelente entrada!

  8. Hola! Te nominé para un premio de bloggers. Felicitaciones! Me encanta tu blog.
    Acá te dejo el link para que veas los detalles: http://tainabt.wordpress.com/2014/09/21/premio-versatile/
    Te mando un beso grande!

  9. Enhurabuena por tu blog, siempre me ha encantado y hace tiempo que lo sigo, pero nunca te comento y merece una felicitación.

    Reseñé tu blog aquí: http://nataliaruizpovedavera.blogspot.fr/2014/09/cinco-buenos-blogs-para-escritores.html?showComment=1411377513449#c5483915026941058985

    abrazos

  10. Patricia Maldonado Rosales

    Gracias por ponernos en los zapatos de los autores y darnos algunas sugerencias de cómo hacerles más amable ese trance. ¡Felicidades por tu excelente blog!

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