Archivo mensual: agosto 2014

Técnicas para superar la procrastinación en la escritura

Abro la página en blanco. Me da sed. Pongo la primera página. Tocan a la puerta. Escribo una línea. Llega una notificación de Facebook. Media, una o hasta más horas después, he respondido a varias conversaciones, he leído y refeisbuqueado (¿cómo decirlo?) o retuiteado varios artículos, he respondido con “Me gusta” a diversos comentarios y publicaciones de mis amistades varias y, en fin, mientras mi vida social aparente crece, mi escritura sigue escuálida, desatendida, malhumorada con mi falta de compromiso.

Situación típica, dirán algunos. Inconfesable, dirán otras personas.

La procrastinación es uno de los males típicos de quienes nos dedicamos a escribir. Las redes sociales han incrementado las posibilidades para distraerse de forma rápida, durante horas, con actividades intrascendentes, pero no por ello es algo nuevo o reciente. La televisión, el crucigrama, las compras, limpiar o ensuciar la casa… todas eran —y siguen siendo— distracciones sintomáticas de algo más poderoso: el bloqueo.

Para superar la procrastinación, el primer paso es aceptar la situación y tomar la decisión honesta de modificar nuestros ya formados hábitos de distracción sistemática, evasión y eternas largas a nuestras actividades creativas. Desde ahí, comparto tres acciones que me han resultado de utilidad para transformar la procrastinación en productividad.

Trabajar por objetivos pequeños y realizables

La técnica Pomodoro (http://pomodorotechnique.com) consiste en dividir las tareas grandes en objetivos pequeños y puntuales (“pomodoros”) de unos 25 minutos u otro periodo a gusto y medida de la tarea, no menor de 5 minutos y no mayor de 60. Durante el “pomodoro”, nada debe realizarse salvo el objetivo fijado. Sin embargo, a veces uno se propone iniciar una tarea, se va a revisar una notificación en redes sociales y, sin darse cuenta, deja pasar 15, 20, 30 minutos.

En mi caso personal, utilizo el programa Vitamin-R para Mac y iPhone (http://www.publicspace.net/Vitamin-R/), una estupenda herramienta para trabajar por objetivos puntuales, llevar registro del estado de motivación y hasta levantar las estadísticas de productividad por día y por semana. Hay otros programas que funcionan con la técnica Pomodoro o variantes, ajustados a diversos gustos y presupuestos.

También se puede emplear un reloj de cocina común o cualquier cronómetro, lápiz y papel. No es necesario hacer grandes inversiones para emplear esta técnica.

Llevar un diario

Cuando los hábitos se han transformado en acciones automáticas realizadas “sin pensar”, es necesario sacarlas del umbral de inconsciencia y llamarlas de inmediato a nuestra atención despierta y plena. Una manera de hacerlo es crear un registro de la actividad evasora, como puede ser un diario (o cualquier otra técnica válida, según el gusto personal).

Así, cada vez que me veo haciendo una actividad distinta de aquella en la que debería sumirme, cuando logro darme cuenta de lo que estoy haciendo, detengo la procrastinación de manera inmediata y me voy a mi “Diario de procrastinación”. Ahí anoto la hora exacta, lo que estaba haciendo antes de distraerme, la distracción en sí, cuánto tiempo ha durado y cuáles son mis síntomas físicos, mis emociones y mis pensamientos en el momento.

Tras esas breves notas, es más probable que regrese a mi trabajo y abandone la distracción, por el solo hecho de “pillarme” en la acción evasora.

En retrospectiva, el diario también ayudará a medir el progreso y verificar el avance en el proceso de modificación de la conducta.

Indagar y resolver la causa de la procrastinación

La procrastinación no es un síntoma de vagancia ni es una acción voluntaria para evadir el trabajo. Por lo general, esconde una causa más profunda. Descubrirla y sacarla a la luz es el primer paso para darle solución.

Algunas causas típicas son el cansancio mental y neuronal, el desinterés por la tarea realizada, la apatía, la presión, el estrés y el autosabotaje.

El cansancio es una de las causas más fáciles de resolver. Cuando el agotamiento mental es muy fuerte, no hay manera de concentrarse. El sueño, el esparcimiento y la buena alimentación son algunas de las soluciones para regresar a una forma física adecuada para labores cognitivas complejas.

El desinterés, la apatía y el estrés son eventos emocionales relacionados con la naturaleza del texto que se escribe y sus circunstancias. Puede ocurrir que la temática sobre la que se escribe no sea tan afín a quien la está trabajando. Si, además, se siente como una obligación y una distracción de sus verdaderos intereses, la resistencia puede llegar a ser muy poderosa.

Conviene hablar sobre el tema, transformar el enfoque o el abordaje y buscar maneras de motivación eficaces para continuar con el proceso.

También puede revisarse si los contenidos en sí resultan aburridos por razones de fondo: problemas estructurales, temática irrelevante, problemas severos de comunicación y lenguaje… En tales casos, hacer un alto en el camino y replantear el texto se vuelve indispensable para avanzar.

El autosabotaje

El autosabotaje merece una mención aparte porque es una de las principales causas de la procrastinación. “Es terrible, hasta una mosca me distrae”, me decía una tesiaria en su etapa final de escritura. El acto de escribir un párrafo le parecía monumental, a pesar de todos sus esfuerzos, incluido escribir de madrugada, para huir de llamadas telefónicas, familiares y amigos.

Esto suele ocurrir cuando se le han dedicado muchos años y esfuerzos a un mismo proyecto. El inconsciente (o como se le quiera llamar) se acostumbra a ser el eterno “aspirante a escritor o escritora”, “tesiario”, “novelista en progreso”…

Finalizar la obra implica completar una transformación. Cambiar es equivalente a morir. Muchas excusas dejan de tener vigencia: “no puedo salir porque estoy haciendo la tesis”, “no puedo trabajar porque no he completado el grado”, “no puedo publicar, porque no he terminado la novela (en eterno proceso de escritura)”, “no puedo llamarme escritor porque no he publicado”, “no puedo ser feliz porque no puedo llamarme escritor”…

Esto es equivalente al proceso de transformación de la crisálida. Al gusano no le hace ninguna gracia dejar de ser gusano. Hasta tener sus alas, no comprende la pequeñez de su anterior vida rastrera.

La distracción a menudo es una de las muchas técnicas de autosabotaje de nuestro gusano interior para evitar llegar al estado de mariposa.

Darse cuenta de un posible autosabotaje contribuye de inmediato a detenerlo y a modificar las acciones, desde un nivel de conciencia más elevado, despierto.

En síntesis

Acabar con la procrastinación es pasar de la actitud de “dejarse llevar por la corriente” a “asumir el control y manejar el timón del barco”. Hay que tomar las riendas de la escritura (o la edición, o el trabajo) y llegar hasta la meta fijada. Aunque suene cliché, dejar de ser gusano sigue siendo, a pesar de todo, difícil.

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