Archivo mensual: octubre 2011

Scrivener para Windows: en fase de pedido anticipado

El día de hoy el equipo de Literature & Latte ha anunciado el lanzamiento oficial de la versión comercial de Scrivener para Windows: se comenzará a vender el próximo 7 de noviembre. Desde hoy y hasta esa fecha, se concederá un descuento especial de 10% para quienes hagan su pedido anticipado. El descuento aplica tanto en la tarifa regular, como en la tarifa especial para educadores y estudiantes. Esta es una forma de agradecimiento para quienes han usado el programa durante este periodo de prueba en su beta público.

Esta noticia no podía faltar en Nisaba, dado que le hemos dado seguimiento al desarrollo de este programa, en atención a los lectores de este blog, usuarios de Windows, que ya han comenzado a utilizarlo.

Quienes deseen aprovechar esta oferta, podrán hacer su pedido en la página oficial de Scrivener para Windows: http://www.literatureandlatte.com/scrivener.php?platform=win

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Día de la Corrección

Hoy se celebra el Día de la Corrección, en honor al natalicio de Erasmo de Rotterdam, ese escritor y filósofo cuyo pan diario lo pagaban largas horas de corrección de pruebas en aquel primer siglo de imprenta.

Esta es celebración fue instituida por la Fundación Litterae, de Argentina. También la celebra la Unión de Correctores españoles, y bien nos la podemos apropiar quienes dedicamos parte de nuestras horas a la profesión, en cualquier latitud del continente.

La corrección es la tarea de identificar los errores con el único propósito de eliminarlos. Es un acto de crítica y de inmediata rectificación con miras a entregar el mejor texto que seamos capaces de dar. Por eso siempre es una crítica amorosa: su último fin es la perfección, ese ideal inalcanzable que define nuestra labor diaria.

Quizás por eso, quienes hemos dedicado algunos años a la tarea de corregir desarrollamos un ojo crítico indomable, pero siempre con esa necesidad de identificar alguna solución y plasmarla, con tinta roja, en cualquier situación de la vida.

Para quienes dedican sus horas laborales a perseguir geniecillos entre líneas, atrapar gazapos y desterrar errores de los textos, muchas felicidades en su día y muchas gracias por su esmerada labor.

Nota: esta entrada fue actualizada el 29 de octubre de 2011 para rectificar el dato sobre la institución del Día de la Corrección.

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El poder del planeamiento

La escritura sin plazos, sujeta al susurro de las musas, dependiente del estado de ánimo y del talento crudo solamente existe en las obras inacabadas de los escritores novatos y en los románticos estereotipos sobre la poesía. Quienes ejercen la escritura como una labor remunerada tienen una fecha de entrega y no pueden desperdiciar sus recursos en una inspiración a la deriva que cambie con el viento. Tampoco sus editores. Se necesita un plan. Un plan que no solo incluya los contenidos del texto, sino que sirva como guía durante el proceso de redacción, revisión, seguimiento, aprobación y publicación.

El plan de la obra, ya sea para una novela, una obra de divulgación científica o una tesis, es muy similar a jugar con un lego antes de poner los cimientos de una construcción: da la oportunidad de imaginar con lujo de detalles cómo será el resultado final, aun cuando en el camino se hagan modificaciones y surjan nuevas e irresistibles ideas.

El planeamiento es un tiempo de mariposeo, búsqueda, acumulación. Se juega con las posibilidades porque todavía no se han tomado las decisiones. Los personajes son libres de hacer casi cualquier cosa; no tienen carácter, historia personal, penurias, retos ni metas. Los mundos apenas están tomando forma. No hay mapas, no hay obligaciones, no hay reglas… Se están creando las reglas. Son las aguas del Génesis: el huevo cósmico apenas comienza a dividirse y el Verbo divino susurra los primeros sonidos de su palabra creadora.

Diseñar un plan de obra no es una tarea fácil. Requiere capacidad de proyección, práctica y dominio del oficio. Cuanto más tangible y detallado sea el plan, más se facilitará el proceso siguiente. Esas propuestas de obra de media página, con escuetos títulos sin descripción alguna, distan mucho de ser un verdadero plan de trabajo. Siguen siendo una idea abierta, tentativa, informe que puede tomar cualquier dirección durante su realización.

El verdadero plan de obra es una preescritura esquemática. Hay que proyectar la obra completa. Si es narrativa ficcional, se imaginan con lujo de detalle todos los acontecimientos, los personajes, quién hace qué y cuándo, dónde están los puntos de giro, cuáles serán las decisiones trascendentales, el momento del clímax… Si en el capítulo 15 del plan tuvo una mejor idea que obliga a cambiar todo desde el capítulo 1, nada pasa: devuélvase, modifíquela y siga adelante. ¿Se imagina hacer eso cuando ya lleva 40 000 palabras escritas de la obra, casi llegando al final?

Si se trata de una obra académica, el plan puede ser todavía más detallado: apartados, subapartados, ejemplos, citas de autoridades, exposición de las pruebas, plan para la recolección de datos y su exposición, recursos adicionales, fotografías o esquemas por dibujar, las micropartes del texto… En la obra académica intervienen muchos lectores: directores de tesis, especialistas de contenido, evaluadores, coautores, colaboradores; todos deben poderse imaginar la obra desde el esqueleto para hacer recomendaciones útiles.

La extensión del plan varía, pero puede llegar a tener una extensión de unas diez mil palabras (25 a 30 páginas). Eso dependerá de usted, su capacidad de previsión, cuán madura tenga la idea y, desde luego, el tamaño de obra que proyecta escribir. El plan de un ensayo de 15 páginas es distinto al de una novela que deba tener unas 50 000 palabras o una tesis que, según el grado, varía entre las 150 y las 250 páginas (si es de 500, ya es una tesis doctoral). Y no se engañe: el plan no le va a tomar una tarde. Los estudiantes de tesis que siguen dando tumbos, sin definir su idea difusa de proyecto, a veces no tienen idea de que están todavía en esa fase de planeamiento… aunque hayan pasado años. Y escribir una novela, si se hace bien, puede requerir tanta o más investigación que una tesis.

Cuando el acto de escritura propiamente dicho ha comenzado, no hay más tiempo para perderlo en Google, viajes o bibliotecas. La escritura debe ocurrir sin dilaciones: se acabó el tiempo de soñar. Todo lo que necesite para escribir deberá estar a mano en su mesa de trabajo para ese momento glorioso en que la obra deja de ser idea y se convierte en frenesí de palabras que brotan sin cesar.¿Que hoy no sabe sobre qué escribir? Lea su plan, elija el tema con el que mejor vibre hoy, revise sus notas, relea sus archivos y ¡mándese! ¡Escriba! Malas o buenas, es mejor apegarse a las decisiones previas. Ya vendrá después la reescritura. Para reescribir primero hay que escribir.

Si usted quiere abandonarse a la deriva de la inspiración del momento, por mera satisfacción, sin ansias de publicar, sin una fecha de entrega, sin un producto en la mira… quizás planificar no sea para usted o para esa obra en particular. En cambio, si tiene un proyecto tangible, y quiere –o debe– terminarlo en un plazo definido, no hay excusas para saltarse este paso. Pero no me crea a mí: experiméntelo. Hágalo cuando menos como ejercicio para refinar el oficio y luego cuéntenos sus resultados.

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Scrivener para Windows: beta público 046

El día de hoy se publicó un nuevo beta de Scrivener para Windows. Este se anuncia como un prelanzamiento de la versión final. Expira el 7 de noviembre. Como siempre, está disponible para su descarga en la página de Scrivener para Windows: http://www.literatureandlatte.com/scrivenerforwindows/

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Noviembre: maratón de escritura de obras no ficcionales

Ya hemos anunciado en este blog la competencia anual de NaNoWriMo: el mes nacional de escritura de novela. Pero aquí hay una alternativa para quienes no escriben narrativa: escritura de obras de no ficción durante el mes de noviembre.

Hay una comunidad de escritores que asume el desafío de escribir una obra completa de no ficción en treinta días. Los participantes pueden encontrarse en redes sociales como Facebook.

No hay un límite de palabras ni un juego de reglas. El único requisito es tener un proyecto de no ficción, en cualquier género, reportar su inicio y, si quien participa lo desea, dar cuenta de su progreso. Al final del mes de noviembre, puede anunciar si logró cumplir su meta o no.

Quienes decidan sumarse a la oleada de escritura del mes de noviembre con una obra no ficcional, pueden visitar el sitio de Escriba No Ficción en Noviembre (Write Non Fiction in November): http://writenonfictioninnovember.com/.

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Semana de la Diversidad Lingüística

La próxima semana, del día 24 al 28 de octubre, se celebrará la primera Semana de la Diversidad Lingüística en Costa Rica, en la Facultad de Letras de la Universidad de Costa Rica.

Esta actividad servirá para difundir investigaciones sobre temas como la lengua y la identidad, la diferencia de habla entre hombres y mujeres y el “mae” como uno de los elementos característicos del habla costarricense.

Pero la diversidad no se queda ahí. A veces se olvida que Costa Rica tiene un patrimonio lingüístico amplio: en Limón se habla un inglés propio; en las zonas en donde todavía hay descendientes de los pueblos originarios se hablan lenguas como cabécar, boruca, térraba, malecu y bribri.

Habrá conferencias sobre el inglés de Limón, el español de Costa Rica, las lenguas originarias habladas en territorio costarricense y hasta el lenguaje de señas costarricense (Lesco).

Además de las conferencias, se ofrecen diversas actividades culturales como videoproyecciones, cantos y danzas.

El programa completo puede encontrarse en el sitio de Facebook de la actividad: facebook.com/diversidadlinguisticacr.

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El gozo de (re)escribir

Solía considerar el acto de escritura como un momento único en el tiempo: se abre la página en blanco, se vierten las palabras, se cierra el manuscrito, finaliza la escritura. Era un solo movimiento adrenalínico del cual terminaba exhausta.

Han pasado muchos años desde entonces, muchos borradores malos, muchas páginas llenas de gazapos e incoherencias. Muchos pecados… Solo ahora, conforme algún indicio de madurez promete asomarse con los inevitables años, me abandono al gozo de la reescritura.

En el instante en que algo se escribe, uno lo escupe todo en la página, o eso cree, hasta llegar al punto de sentirse incapaz de añadir o cortar. Pero cuando se retoma un día después, dos, tres… se reconocen los propios errores; las ideas difusas; las afirmaciones que ya no se sostienen (o nunca lo hicieron); los puntos de vista faltantes; las palabras de sobra. La revisión da la oportunidad de cortar, borrar, mover, sintetizar, rectificar, reformular…

Con la segunda escritura, libre ya de obtener ideas para comunicar, se puede diseñar una estrategia para irlas entregando de modo que cumplan el propósito del texto.

Así, mientras uno divaga, escribe por aquí y por allá, trata de convertir en palabras esa intuición que origina el texto… de repente aparece esa frase lapidaria capaz de levantar una reacción durante la lectura. Puede aparecer en cualquier lugar, horas o días después del primer borrador. También puede lanzar un destello en el cuarto, quinto, sexto párrafo (o página, o capítulo) y hasta en la segunda escritura, en el segundo intento. Desde luego, esa idea sintética, una vez descubierta, pronto se convierte en eje de argumentación y se mueve de lugar: pasa al primer párrafo, se traslada al título, se sitúa como última frase…

Esas son las decisiones de forma que se pueden tomar con la frialdad de la reescritura. La primera versión se vuelve irreconocible y, sin embargo, está ahí, refinada y pulida, con un brillo propio. Ese es el momento del gozo: la piedra translúcida pero todavía deforme se ha convertido en joya preciosa, pulida, brillante y ya uno no se atreve a cortarla más.

Inténtelo tan siquiera como ejercicio. Escriba algo hoy, déjelo reposar y reescríbalo luego. Comience ajustando una palabra por aquí, otra por allá… El resto vendrá de forma natural. Cuéntenos cómo le va. ¿Le parece también una experiencia de gozo?

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