Archivo mensual: noviembre 2011

La función del descanso en la jornada de escritura

El acto de escritura requiere de una mente despierta, capaz de crear relaciones nuevas y encontrar patrones, con la habilidad de tejer el conocimiento viejo con el nuevo, de armar nuevos mundos o entrar en sanas disquisiciones filosóficas. No importa si se escribe ficción o no ficción, si se elabora un ensayo científico o un manual, si se escribe la primera tesis académica o un trabajo para una asignatura, siempre se necesita de un estado cognitivo adecuado para sentarse frente a la página en blanco y transformarla en esa secuencia encadenada de palabras que otros llamarán texto.

Por eso, el descanso es una de las claves para aprovechar al máximo la jornada de escritura. Y cuando digo descanso, lo digo en todas sus formas: esparcimiento, ejercicio físico, cambio de actividad o de ambiente y, sobre todo, sueño. El sueño es uno de los principales instrumentos de quien decide dedicarse plenamente a la escritura.

Quienes tienen el privilegio de dedicar algún periodo de sus vidas enteramente a escribir (ya por vacaciones, licencias, becas, sabáticos, proyectos laborales o jubilación) son testigos de la gran cantidad de horas dedicadas a tareas no relacionadas con la escritura ni la investigación. El ideal sería tener esas jornadas de ocho horas reales de escritura. Si una sesión de dos horas puede dar a luz unas 1500 a 2000 palabras, ¿cuántos libros al año escribiría uno si escribiera ocho horas? En teoría, sí, claro, hasta 8000 palabras (o más, lo digo por experiencia). Pero en la práctica, esto no siempre se cumple.

El esfuerzo de escribir es lo suficientemente intenso como para producir un gran cansancio neurológico. La fatiga se observa en sueño, dolor de cabeza, vista cansada, apatía y desvitalización, entre otros síntomas físicos. Esos son los momentos en que una pausa controlada puede hacer milagros.

En lugar de aspirar a trabajar durante cuatro, seis u ocho horas continuas, es conveniente armar sesiones de 90 a 120 minutos y prever descansos intermedios. Siestas breves durante el día, a intervalos periódicos, pueden maximizar el tiempo productivo porque contribuye a alcanzar rápidamente un estado neurológico más saludable y apto para continuar escribiendo.

El movimiento físico también es esencial. Una buena rutina de escritura se complementa con actividades lejos de la silla y la computadora: salir a caminar, hacer yoga, estirar músculos y extremidades, descansar los ojos durante un rato… De lo contrario, el exceso de tiempo en la misma posición se traducirá en contracturas musculares, dolor en los hombros y cuello y hasta problemas en los ligamentos de los brazos y manos.

Al final del día, no importa cuántas horas continuas se trabajó, sino cuántas palabras fueron escritas, cuántos documentos leídos, cuántas notas tomadas, cuántos problemas narrativos resueltos. En mi experiencia personal, una hora de escritura tras un adecuado descanso rinde más frutos que cuatro horas combatiendo el agotamiento neurológico. La buena disciplina a veces incluye reconocer cuándo es necesario reposar.

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¿Procrastinación o síntoma de cansancio?

Cuando el cansancio acecha, la capacidad neurológica de rendimiento disminuye. No digo mental, porque no es necesariamente un asunto de lucidez o de capacidad de pensamiento: es simple agotamiento nervioso. Un cerebro cansado viene acompañado de ardor en los ojos, dolor de cabeza leve o fuerte, pesadez en el área de la frente, músculos doloridos o entumecidos…

En esos momentos, tal vez estamos despiertos, tal vez estamos en media jornada laboral o de escritura, tal vez creemos que la fuerza de voluntad es suficiente para obligarnos, a la fuerza, a realizar nuestras labores, a seguir escribiendo.

Craso error.

Cuando el esfuerzo mental y creativo de las horas precedentes le ha pasado la factura al cuerpo, nuestra capacidad de atención se ve cercenada y disminuida. Pero si insistimos en permanecer ahí, frente a la computadora o la página en blanco, sin importar las consecuencias, puede aparecer la muy temida procrastinación: esas horas de evasión de las tareas principales, sin que uno comprenda exactamente por qué aparecen.

El cansancio es una de las razones por las que la mente se vuelca sobre la procrastinación. Incapaz ya de realizar tareas cognitivas más complejas, como puede ser cualquier ejercicio de creatividad o filosofía, la mente no tiene más remedio que entretenerse en algo liviano, que requiera un esfuerzo menor.

Y en ese instante, sin darnos cuenta, nos metemos de lleno en las redes sociales, viendo páginas a diestra y siniestra, tuiteando y retuiteando… O dicho de otra forma: perdiendo el tiempo (entendida esta pérdida como hacer cualquier tarea menos nuestro deber).

Para esto hay una solución sencilla, barata y fácil de aplicar: el descanso. Una pequeña siesta, no inferior a diez minutos y, preferiblemente, no superior a una hora, cumplirá el cometido. El cuerpo y el aparato mental entrarán en reposo durante un rato. Si uno está escribiendo, puede, durante los primeros minutos del descanso, entrar en un duermevela creativo dedicado a su próxima página, apartado o capítulo.

Si se tiene la dicha de caer en sueño profundo, el descanso será todavía mayor. Se dice que hay verdadero descanso cuando hay sueño; es decir, cuando se entra en fase REM. Al despertar, los niveles de lucidez serán muy altos, apenas los necesarios para retomar la tarea anterior y tener, cuando menos, otras dos horas de alto rendimiento en labores creativas.

La próxima vez que se sienta como si estuviera “perdiendo el tiempo”, no se juzgue ni se sienta culpable. Pregúntese si este es el síntoma de algo más. Habrá que buscar su fuente. Si es el cansancio, el remedio es el sueño. Si tiene otro origen, como puede ser la ausencia de motivación, dormir no será suficiente. Pero eso sería tema de otro artículo.

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Llegó noviembre y ya comenzó la maratón de novela

A cinco días del mes de noviembre, ya miles de escritores de todo el mundo se han metido de lleno en la maratón de escritura de novelas, NaNoWriMo. Cada quien emplea el idioma de su predilección y se reúne en los foros regionales para encontrar otros compatriotas embarcados en la misma faena.

También hay quienes se rebelan y dejan de lado alguna regla: deciden escribir no ficción, retoman la novela inconclusa del año anterior o escriben una secuela.

En cualquier caso, todos se sintonizan con el mismo propósito: dejar a un lado sus prejuicios, romper sus limitaciones, abandonarse a la escritura por la escritura misma y darse permiso de errar renglón a renglón, con tal de lograr la meta: cincuenta mil palabras en treinta días.

Si este mes Nisaba tiene menos actividad que de costumbre, ya saben lo que está sucediendo. Tras bambalinas, dos proyectos discurren, uno de ficción y uno de no ficción, ambos ocupando todas mis horas de escritura (las diurnas y las nocturnas); ambos con la misma fecha límite: 30 de noviembre.

Y para quienes estén en esta maratón, ¡ánimos! Estamos comenzando y todavía queda tiempo para ponerse al día. La clave es no desfallecer y adelantar cuando el tiempo y la inventiva lo permitan. Les invito a pasar por aquí, compartir sus avances y darnos ánimos durante las próximas tres semanas.

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Fiesta Internacional de Cuenteros Alajuela Ciudad Palabra

Desde el año 2005, se celebra en la ciudad de Alajuela (Costa Rica) un festival internacional que reúne cuenteros de diversas procedencias. Hasta ahora, más de 30 cuentacuentos extranjeros y cientos de cuenteros nacionales han entregado la magia de sus palabras a más de diez mil personas.

Estos cuenteros modernos recuperan para nosotros el antiguo oficio del bardo, del juglar, de quien con sus palabras y unos pocos objetos es capaz de despertar la imaginación, la risa y la reflexión de un modo único y sabroso, en donde el mayor arte reside en la palabra misma (en su enunciación, en la voz, en la entonación, en la pausa, en el ritmo, en la sonrisa…).

Es un festival obligatorio para quienes se encuentren en Costa Rica desde el próximo 11 de noviembre y durante una semana. Alajuela se transforma en una ciudad en donde la palabra sale de todas partes: de los balcones, de las calles, en los teatros… La ciudad se congrega para no dejar pasar esta oportunidad. Largas son las filas y hasta algunas las horas de espera para hacerse de un buen asiento.

En el sitio web oficial (http://alajuelaciudadpalabra.com/) se puede conocer más sobre la historia, los cuenteros, los amigos y el programa de actividades de este evento que ya va por su sétimo año.

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