Archivo mensual: septiembre 2011

Nisaba cumple dos años

Dos años han pasado ya desde el inicio de este blog. Bajo el patrocinio de la diosa sumeria Nisaba; en el signo astrológico de Libra; en el día de san Jerónimo, el traductor de la famosa vulgata, y santa Sofía, diosa gnóstica colada en el santoral, y en el mes que los bardos le dedicaban a la poesía.

Mejores santos patronos y auspicios no podía pedir un blog dedicado a la edición, la escritura, la palabra y los medios de su difusión.

El blog Nisaba se sitúa ya en una pequeña colina en la web –como esas colinas en donde se reunían los bardos–; y forma ya una pequeña comunidad.

A todas las personas que pasan diariamente por acá, reciben las notificaciones de Nisaba en su buzón de correo, dejan sus comentarios, preguntas y saludos, leen y comparten en este pequeño rincón… a ustedes, ¡muchas gracias! Nisaba les pertenece tanto como a mí y me motivan a seguir compartiendo esas pequeñas reflexiones, herramientas y hallazgos en este, nuestro mundo de palabras.

¡Feliz cumpleaños!

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Diez consejos para la escritura académica didáctica

Cuando uno se encuentra una joyita documental, no puede menos que compartirla. Por eso difundo el día de hoy un extracto del Instructivo para la elaboración de unidades didácticas, primer documento de la Universidad Estatal a Distancia (la de Costa Rica, no la de España) para sus noveles autores. El documento fue escrito por Alicia Gurdián y Ángela Tichler en 1977, pero sus lúcidas recomendaciones para la redacción de textos didácticos siguen vigentes.

  1. Piense que está hablando con un estudiante. Diríjase a él [o a ella].
  2. Considere su acción como una tutoría individual, no como una conferencia ante el público.
  3. Incluya diagramas, dibujos, modelos, ilustraciones, siempre que sea posible. Recuerde que una sola imagen puede comunicar mil palabras.
  4. Utilice un lenguaje conocido y accesible. Si es posible, agregue humor.
  5. Piense qué conocimientos son necesarios para dominar el o los temas de la unidad.
  6. ¿Cuáles de esos conocimientos son los más importantes?
  7. ¿Qué habilidades o destrezas son necesarias para lograr los objetivos?
  8. ¿Qué actitudes deben fomentarse?
  9. ¿Qué cambios de conducta pretendemos producir como resultado de la unidad?
  10. Elabore una lista detallada del material de apoyo que requiere su unidad, así como el propósito y la forma en que se va a utilizar (1977: 44).

Dos detalles de esta lista me encantan: el uso del humor y la promoción del cambio de actitudes.

El humor libera endorfinas, produce un estado de bienestar y disfrute. Lo que se goza cuando se lee se recuerda mejor, se comprende mejor, se procesa mejor, se aplica mejor.

El otro detalle es el trabajo con actitudes. La formación académica no puede circunscribirse a la transmisión de datos. Se forman ciudadanos y profesionales, personas útiles para su nación y su comunidad. No se fabrican tecnócratas o enciclopedias parlantes. Por eso, quienes se dedican a la educación –ya sea presencial o escrita, el medio es irrelevante– también están promoviendo cambios de actitud, para bien o para mal. Más vale vigilar que sean para bien según la sociedad que soñamos y necesitamos.

 

Aclaraciones terminológicas

Se denomina unidad didáctica a los libros empleados en una asignatura. Las tutorías son clases presenciales para aclarar dudas y conceptos; no son clases magistrales propiamente dichas.

Referencia bibliográfica

Gurdián, Alicia y Tichler, Ángela. (1977). Instructivo para la elaboración de unidades didácticas. Universidad Estatal a Distancia, San José.

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Semana de los libros prohibidos

Desde el 24 de setiembre hasta el 1 de octubre, se celebra la Semana de los Libros Prohibidos. Se recuerda así aquellas obras que por cualquier razón –política, ideológica, religiosa, racista o puritana– han sido censuradas.

La historia de la censura de libros se remonta más allá del siglo XX o la Edad Media. Hace más de dos mil años, según refiere Tácito, los romanos mandaron al fuego las obras de Cremuzio Cordo, un escritor que se atrevió a añorar en sus textos las costumbres del pasado y a criticar al emperador de turno, Tiberio (referido por Infelise, 1999/2004: 7).

El advenimiento de la imprenta fue visto con horror por una Iglesia acostumbrada a controlar el trasiego de la difusión de libros gracias a la industria del copiado, prácticamente un monopolio de los monasterios, y a perseguir cuanto libro atentase contra su hegemonía, como las primeras Biblias traducidas al occitano en territorio cátaro, trescientos años antes de la Reforma. Mientras que los cátaros fueron eventualmente erradicados, la Reforma triunfó gracias, en parte, a la imprenta.

En la actualidad, ya la circulación de libros no se mide en cantidad de ejemplares. ¿Cómo hacerlo?, si internet faculta toda clase de intercambios, legales o no, a pesar de las editoriales, los gobiernos y las iglesias fundamentalistas.

Al llegar al punto en que me uno a la libertad de leer, de repente recuerdo unos cuantos libros que he descartado por execrables, textos de valor cuestionable que habría preferido no haber leído jamás; el tipo de textos por los nada más se puede decir: “murió en vano el pobre árbol del que se fabricó su papel…”.

Estrictamente hablando, la edición tiene mucho de censura. Quien elige también descarta. Quien corrige tacha, rectifica, lee desde su propia visión y preferencias. Y después de todo, ese censor calificado y de gusto refinado también libera a la comunidad lectora de mucha basura.

Así, debatida entre la libertad de leer y mi censora interna (oscuro y espeluznante descubrimiento), le invito a celebrar la Semana de los Libros Prohibidos como mejor le plazca, mejor aún si es con un buen libro cuyas páginas algún gracioso se ha atrevido a mandar al fuego.

Referencia bibliográfica

Infelise, Mario (2004). Libros prohibidos: una historia de la censura (trad. Heber Cardoso). Buenos Aires: Nueva Visión. (Obra original publicada en 1999).

Sobre la Semana de los Libros Prohibidos

El evento es promovido por diversas asociaciones norteamericanas de libreros, bibliotecarios, escritores, editores y universidades. Se puede encontrar más información (en inglés) en el sitio de la Asociación Norteamericana de Bibliotecas (American Library Association, ALA). Esta organización dispone de una Oficina para la Libertad Intelectual (Office for Intellectual Freedom) que recopila listas de libros censurados con el fin de advertir sobre las acciones que atentan contra la libertad de expresión. Una lectura muy entretenida es la lista de 100 novelas clásicas del siglo XX que han sido censuradas alguna vez (en inglés, centrada en literatura norteamericana e inglesa).

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Ya se acerca NaNoWriMo

Pasado el equinoccio de otoño, el año declinará rápidamente hasta llegar al mes de noviembre, el Mes Nacional de Escritura de Novela o NaNoWriMo, por su nombre en inglés (National Novel Writing Month).

NaNoWriMo es una maratón de escritura de novela en la que personas de todo el mundo sincronizan sus relojes para ver quiénes son capaces de alcanzar la meta: una novela de 50 000 palabras en 30 días.

Este año se espera que unos 250 000 participantes se unan a la decimotercera edición de esta singular competencia, en la que no es necesario llegar primero, ni siquiera llegar con una obra de arte: el único logro es saber llegar.

Las reglas son sencillas: se pueden tener esquemas, perfiles de personajes, investigación, documentación. Se prohíbe tener material escrito previamente. El proyecto debe arrancar en cero el primer día. La novela resultante será necesariamente mala; es más, una porquería. ¿A quién le importa? El verdadero resultado no es el producto sino el proceso: desarrollar la capacidad para escribir casi 2000 palabras diarias, a pesar de todo (amigos, familia, trabajo, excusas, procrastinación) y hacerlo con un único objetivo ficcional en mente.

La meta se alcanzará si se escriben 1667 palabras al día. Conforme comiencen los retrasos, los bloqueos, el dejar para mañana las palabras de hoy, el “hoy no quiero”, el esfuerzo se hará cada vez más difícil. En lugar de 1667, serán 2000, 2500, 3000…

El ejercicio de escritura que supone desconectar todos los filtros de autocensura, las excusas, las inseguridades propias para escribir frenéticamente, y nada más escribir, es un excelente método crear músculo y disciplina, esa necesaria transición de escribir por “pasatiempo” a hacerlo profesionalmente.

En este momento, faltan 37 días para iniciar la maratón. El equipo de NaNoWriMo ya se prepara con un nuevo sitio web que se estrenará el 10 de octubre y nueva mercadería (tazas, camisetas, bolsos, diarios) a partir del 1 de octubre. El sitio web estará rebosante de foros, herramientas para registrar el progreso y comunidades regionales de nanoescritores. La mercadería será una manera para donar dinero al proyecto y obtener, de paso, algún objeto que nos identifique como escritores compulsivos y nos haga sentir parte de esta gran comunidad internacional.

Si usted desea formar parte de la maratón de este año, vaya preparando su arsenal: trama, personajes, locaciones, historia, software… Queda solo un mes de tiempo y la carrera está por comenzar.

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Septiembre: mes celta de la poesía

El Libro de Ballymote (Leabhar Baile an Mhota), escrito hacia el año 1390, es una de las fuentes irlandesas medievales para estudiar el ogham, el sistema de escritura de los árboles inspirado por Ogma, el dios de la elocuencia.

De este manuscrito, Robert Graves cita un calendario asociado al Ogham de las Aves y al Ogham de los Colores. A cada mes se le asigna una letra, un ave y un color. Para el mes de septiembre, transcribe la siguiente glosa:

Sept. 2-sept. 30 – M – mintan, paro; mbracht, abigarrado.

¿Por qué está el Paro a continuación? No es difícil al respuesta. Amergin cantó de este mes: ‘Yo soy una Colina de la Poesía’; y este es el mes del poeta, que es el hombre que menos fácilmente se consterna, lo mismo que le ocurre al Paro. Ambos se asocian en este mes y van describiendo circuitos en busca de una mano liberal; y así como el Paro asciende en espiral por un árbol, así también el Poeta asciende en espiral a la inmortalidad. Y Abigarrado es el color del Paro como la vestimenta del maestro en poesía. (Graves 1948/1983: 397).

Fue la bibliomancia (o la divina causalidad/casualidad) la que me llevó hasta esta página del voluminoso libro de Graves en un solo movimiento de paso de páginas (una experiencia imposible en el libro digital), pero no pude menos que experimentar esa sensación que Jung llamaba sincronicidad: septiembre, mes celta de la poesía, mes de aniversario del blog Nisaba, mes durante el cual las fuerzas de la naturaleza ya se preparan para llegar al equinoccio de otoño, mes para darle rienda suelta a los versos y abandonarse al arrebato de la inspiración.

La cita está llena de símbolos, pero eso los dejaré para que cada quien los medite según su propia experiencia poética.

Apostilla

Ballymote es un pueblo irlandés cuyo nombre se puede traducir como “pueblo del foso”. El manuscrito pertenece a la colección de la Academia Real Irlandesa (Royal Irish Academy) y su reproducción facsimilar puede verse aquí: http://www.isos.dias.ie/english/index.html.

Referencia

Graves, Robert (1983). La diosa blanca (Luis Echávarri, trad.). Madrid: Alianza. (Obra original publicada en 1948).

 

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Consejos prácticos para identificar buenos libros

Encontrar los libros más adecuados para alimentar una tesis, obra, novela o proyecto de escritura de cualquier índole es uno de los desafíos más frecuentes de quienes se inician en las artes místicas de la investigación y todavía no alcanzan, por mucho, el grado de especialistas. Se confía demasiado en las recomendaciones personales o se limita la búsqueda a las desactualizadas y saqueadas bibliotecas universitarias y las escuetas librerías locales. ¿Cómo se sabe cuáles son los mejores libros? ¿Cómo distribuyo mis pocos recursos disponibles? ¿Dónde los encuentro? ¿Cómo los atraigo hasta mi biblioteca?

El olfato para la compra de libros se entrena y desarrolla, similar al paladar de un buen catador: con una muestra, ya se sabe si vale la pena o no, si será la obra clave de la investigación o un desperdicio de dinero.

Estas son algunas recomendaciones surgidas de mi experiencia personal para adquirir libros, ya por la vía del préstamo bibliotecario o la compra en librerías físicas o en línea.

El título
Sin duda el punto de acceso es el título, muy a menudo antes del autor. ¿Por qué? Se tiene un tema en la cabeza, pero no se conoce a “las vacas sagradas” del área elegida. Muchos títulos especializados contienen palabras vinculadas con el tema de estudio. Los catálogos de bibliotecas (ahora casi todos en línea) y de librerías virtuales –así como las redes sociales de libros, recomendaciones y marcadores– son excelentes puntos de partida para localizar los futuros libros de nuestra biblioteca.

No importa si se está en Costa Rica y se consulta una base de datos española. Si el libro existe, el primer paso es averiguar que existe. Localizarlo, comprarlo y traerlo ya es mucho más fácil cuando se tienen los datos básicos de título, autor, edición y editorial; una ficha bibliográfica proporciona esa información.

El autor
Desde luego, este punto y el anterior son intercambiables y hasta indisociables. Si ya se le conoce a un autor un buen libro sobre el tema, quizás tenga otros.

Vale la pena leerse las fichas biográficas: a veces mencionan universidades, círculos de pensamiento, escuelas, obras relacionadas, nombres de colaboradores y detractores, afiliación política y otros datos de interés, ya sea para usar sus obras o descartarlas sin mayor desperdicio de recursos.

Lista de contenidos

La lista de contenidos, de un vistazo, proporciona una idea bastante amplia de los temas tratados en la obra. Entre otros aspectos, se puede valorar la terminología usada (ya se ve clara en la forma de nombrar los apartados), la estructura del tema, la profundidad en su desarrollo, hacia dónde se orienta ese título que parecía tan sugerente. Puede saberse si se trata de una obra especializada o de divulgación, una visión panorámica e introductoria, una investigación puntual y profunda, una recopilación de artículos, el resultado de años de trabajo o una ocurrencia…

Muchos libros en Amazon incluyen la lista de contenidos (mediante la herramienta “Look Inside”) o pueden consultarse parcialmente en Google Libros.

Lectura de un capítulo y páginas internas al azar

El primer capítulo es la entrada de la obra y dice mucho más que las introducciones: da pistas de cómo se abordarán los temas y de cuánto tiempo pierde el texto en nimiedades o si va directo al grano.

Para el resto de la obra, lo mejor es practicar la bibliomancia: se abre en cualquier parte y se comienza a leer ahí, sin previo aviso. Se puede ver cómo escribe el autor, cuán elaborado es su texto, cuán acertadas o descabelladas son sus afirmaciones, hasta dónde llega con cada apartado.

También vale la pena revisar cómo maneja las fuentes y referencias dentro del texto: ¿proporciona información completa o no usa citas del todo?, ¿indica en qué se fundamentan sus afirmaciones o está plagado de generalizaciones y juicios de valor?, ¿menciona pocos autores o se ve dominio de la producción científica en su campo?

Desde luego, se vale irse de cabeza a un apartado sugerente de la lista de contenidos. Así, desde antes de comprar el libro, uno sabe si llenará o no las expectativas ya generadas.

Además del ya citado Google Libros, que proporciona páginas al azar de las obras, si el libro tiene versión digital para Kindle (Amazon) se puede acceder al capítulo 1 de manera gratuita.

Las bibliografías como lista de compras

Uno de mis trucos favoritos para elegir libros son las recomendaciones de los propios libros. Un especialista cuya obra es el resultado de treinta años de investigación está muy bien informado, tanto de los precursores y autoridades de su área como de los más recientes avances. Sus bibliografías nos mostrarán una comunidad científica llena de mentes que han pasado años reflexionando sobre preguntas que nos hacemos por primera vez.

Si además comenzamos a encontrar autores repetidos en las bibliografías de varias obras, casi de seguro estaremos ante un texto indispensable (o ante una comunidad científica endogámica; también hay que tener cuidado). Las bibliografías son indicadores de las tendencias epistemológicas, del uso de fuentes primarias o secundarias y, en general, de la seriedad de la investigación.

Por lo tanto, cuando tenemos la suerte de que una obra atinada caiga en nuestras manos, uno de esos libros que leemos con entusiasmo, en ese momento debemos caer directo sobre la lista de referencias y explorarla sin remordimientos. Al final de la jornada tendremos una buena lista de obras por valorar o incluso comprar.

Los comentarios de otros lectores

Las reseñas y comentarios son información de primera mano. Ahí se encuentran recomendaciones de otros libros, advertencias, explicaciones, impresiones, juicios de valor a veces devastadores y hasta ignorancias indecibles. Muchos ahorran dinero, otros instan a gastarlo. En todos los casos, siempre es una ganancia leer las experiencias previas de personas en países distantes, incluso si uno desea buscar la obra en una librería local.

El papel de la intuición

Finalmente, en la compra de libros tiene un papel la intuición. A veces se experimenta un “no sé qué” del libro, algo en su cubierta, en lo no dicho por los comentarios, en el resumen de la contracubierta, en la foto de su responsable… Algo que hace la diferencia entre comprar o no comprar, leer y no leer…

En síntesis

Estos consejos también son válidos para artículos de revistas y tesis en formato electrónico, cada vez más fáciles de localizar gracias a las bases de datos como JSTOR y EBSCO.

Hay muchas maneras de irse armando de una biblioteca especializada, filtrada, de buena calidad, actualizada, completa y de utilidad para una investigación o proyecto. Tómese su tiempo, valore los libros con todas las herramientas posibles y no se limite: usted puede acceder a la mejor información en cualquier campo, solo tiene que encontrarla.

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DevonThink Pro en oferta

En los países del norte estamos ya en otoño, época para ofertas de paquetes de software.

Esta vez es el turno de MacLegion, con un paquete que no estaría en Nisaba si no fuera porque incluye el DevonThink Pro. El paquete, con diez aplicaciones, cuesta $49; mientras que el DevonThink Pro cuesta, normalmente, $79.95, y unos $60 con descuento educativo. En otras palabras, ya solo por esta aplicación, vale la pena el paquete. Lo demás es ganancia.

DevonThink Pro es un poderoso instrumento para organizar la información variopinta recolectada durante los procesos de investigación detrás de cualquier texto, ya sea académico o creativo. Lo considero una herramienta indispensable en mi flujo de trabajo y lo recomiendo sin vacilaciones.

Si usted no lo tiene ya, quizás esta sea una excelente oportunidad. ¡Provecho!

Nota: mientras preparaba esta nota, el vínculo de MacLegion parecía estar caído. Estuvo activo durante el resto del día, así que quizás pronto regrese a la normalidad.

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