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Qué es la corrección de pruebas y cómo se hace

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La corrección de pruebas es esa revisión que se realiza durante las etapas más avanzadas del proceso de publicación. Una vez que el libro ha sido leído, releído, editado, revisado y vuelto a revisar, se le entrega al equipo de producción gráfica que verterá el manuscrito en un documento de diseño, usualmente en una aplicación especializada, como Adobe InDesign o QuarkXPress.

En ese momento, el texto abandona las manos de su editor y de su autor y no puede trabajarse más con las funciones de corrección de los procesadores de texto.

Cada editorial establece cuántas correcciones de pruebas se realizan, pero el control de calidad exige de dos a tres, como cifras mínimas.

Esta corrección ya no se hace en pantalla, salvo que se haga en un archivo PDF, porque es esencial que la página formada permanezca tal y como se ve en el programa de diseño.

Además, no solo se revisa el texto, sino otros elementos, como los espacios, las cabeceras, los elementos no textuales (que estén donde corresponde o sean eliminados ahí en donde no deberían estar), la división de palabras, los ríos y calles (espacios entre palabras y los bloques de texto), los rosarios (secuencias de caracteres similares al inicio o final de los renglones), todo tipo de erratas y un largo etcétera. Los pormenores de la corrección de pruebas requieren de una serie de artículos, así que no los abordaré en esta breve entrada.

Cómo se realiza la corrección de pruebas

Puesto que la fidelidad de la página es crucial, todavía hasta la fecha, predomina el uso de la impresión de papel y las anotaciones a mano alzada para realizar la corrección.

En mi caso particular, utilizo lapicero rojo (ojalá de gel y con punta muy fina y precisa), lápiz, algún color adicional para otras anotaciones (verde o morado) y muchas notas adhesivas, para poner comentarios adicionales, hacer marcas generales, diferenciar capítulos…

Cuando se tiene la mala suerte de tener que añadir o corregir un párrafo íntegro —algo que solo debería suceder de manera ocasional, dado que ya para esta altura del proceso se superó la corrección de estilo—, a veces es útil digitar el párrafo en un procesador de texto, imprimirlo y pegarlo con cinta adhesiva.

Así de artesanal es el proceso.

Y esa impresión vale oro: porque vale muchas horas de trabajo y debe ir y venir de forma física entre la persona que hace la edición gráfica y la corrección de pruebas.

¿Se puede evitar la corrección de pruebas?

Hacer o no la corrección de pruebas es una de las grandes diferencias entre las buenas y las malas ediciones. Este es un control de calidad indispensable para frenar, antes del producto final, las pequeñas imperfecciones que se van quedando en el texto, a pesar de nuestros esfuerzos previos.

Además, no todo son erratas que provienen del texto previo. Otras erratas se forman el proceso: un dedazo, una persona que corrige por error (y a veces con buena fe, pero algo de ignorancia) algo que estaba bien, un error de montaje y no de texto (un elemento de página maestra que se va por error en una ventana de capítulo), una figura invertida por error, imágenes que quedaron en la página equivocada y otros muchas pequeñas imperfecciones en el proceso.

Son pequeñas cosas, pero hacen la diferencia en un libro hecho con cuidado y otro que nadie se tomó la molestia de revisar.

¿Se necesita entrenamiento para hacer corrección de pruebas?

Sin duda.

Se necesita la guía de alguien con más experiencia, leer un poco (las obras de José Martínez de Sousa traen apartados al respecto) y, sobre todo, entrenar la mente para que pueda ver lo que normalmente pasa por alto. La mente debe ver el error en lugar de leerlo como si fuera correcto. Y debe aprender a verlo todo: el inicio de la página, los márgenes, los vacíos, las figuras… ¡todo! También debe ser capaz de leer texto y reconstruir sentidos (funciones lógicas y semánticas), pero también debe ser capaz de ver la página como una figura (funciones espaciales y visuales). La letra es a veces dibujo y a veces palabra. Y la mente debe aprender a verla de esa forma.

También hay que aprender una serie de marcas para el señalamiento de los cambios. Cada editorial puede tener los suyos, aunque hay algunas casi universales.

El resto es práctica.

¿Se puede hacer corrección de estilo en la corrección de pruebas?

Jamás.

De vez en cuando se detectará una coma, una cacofonía, una reiteración. De vez en cuando habrá una frase sin sentido que necesitará del arreglo de un verbo o el cambio de una palabra. De vez en cuando habrá un párrafo macarrónico, extenso y perdido que todo el mundo pasó por alto. Pero solo de vez en cuando.

Las correcciones de estilo en una corrección de pruebas deben ser mínimas. La cantidad en sí dependerá de la extensión del texto, pero el porcentaje ha de ser bajo en proporción con la totalidad del texto.

La verdadera corrección de estilo debe hacerse antes, cuando el movimiento de párrafos, la inserción de títulos, la reescritura de textos o el recorte de palabrería no tengan un impacto en las páginas formadas del libro.

De lo contrario, habría un gran desperdicio de recursos y, en lugar de ganar tiempo, se perdería.

En síntesis

La corrección de pruebas es un paso indispensable para garantizar la calidad de la edición. Es distinta de la corrección de estilo, porque no se centra en la expresión verbal del texto sino en los errores y las imperfecciones, dentro del texto, que puedan haberse colado tras la corrección de estilo (y por la manipulación posterior) y más allá de esta, dentro de la página formada o diagramada. Requiere de un entrenamiento especial y diferente de otras formas de edición y corrección, pero se adquiere con guía, práctica y constancia.

Por sus características, se hace por lo general en papel y, hasta ahora, no había posibilidad de suplantarla con la tecnología digital, salvo en documentos de corta extensión. En otro artículo se revisará cómo el uso de tabletas y lápices inteligentes puede transformar este quehacer artesanal de la corrección de estilo.

(Fotografía: cortesía de Pixabay.com)

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Escritura profesional en el iPad

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Hace algunos años, emocionada con mi recién adquirido iPad 2, publiqué algunas entradas en este blog relacionadas con la mejor manera de convertir el iPad en una herramienta profesional para la escritura.
Mucho ha sucedido desde entonces. Algunas de las apps recomendadas no han superado el paso del tiempo. Por otro lado, grandes ausentes de aquel momento, han llegado a su versión iOS y han transformado para siempre la experiencia de escritura en los dispositivos móviles, tanto en el iPad como, para algunas personas, en el iPhone.
En este artículo no cubro herramientas para Android porque me apego a mis dispositivos Apple y, sobre todo, porque algunos solamente tienen versión iOS.
Por otro lado, en este artículo no interesa revisar procesadores de texto o aplicaciones para combinar texto e imágenes. Para ambos casos, lo ideal es emplear el Pages o el Microsoft Word, que ya tiene versión para todos los sistemas operativos móviles.
Aquí me interesa la experiencia de escritura, en sus huesos. Aquella que nos permite convertir el iPad o el iPhone en la herramienta más ligera para llevar en cualquier lugar y situación. Aquella para transformar una hora de café en un cuento; un rato de espera, en la escena de una novela o un descanso en la playa en una continuación de nuestro ensayo o escrito.
Así que reduzco las opciones a dos apps: Ulysses y Scrivener.

 

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Ulysses
Reviso esta app de primera porque es un programa ideal para las fases iniciales de escritura de cualquier cosa, idea, proyecto o simple escritura al vuelo. En especial, aquellas que salen al calor del momento y no sabemos dónde situar, cómo clasificar o en qué se convertirán. Esos párrafos que pueden ser el inicio de un cuento, de una novela o un simple berreo para descartar después.
El Ulysses tiene una característica: a pesar de que tiene una organización bastante estructurada, separable por grupos, todo permanece en un solo lugar. Así que podemos crear varios cuadernos de “ideas”, por así decirlo, y luego decidir hacia dónde han de trasladarse los escritos.
Otra de sus ventajas es la estupenda sincronización vía iCloud. De los programas que he utilizado, ninguno se le compara. Sincroniza en tiempo real, en apenas segundos, sin que haya verdaderos conflictos. Puedo escribir en el iPad y, unos 15 a 30 segundos después, ver los cambios en mi computadora, a pesar de tener ambos dispositivos abiertos en la misma página.
En términos de respaldo y de no perder ni una palabra de escritura, este es un valor imprescindible.
Finalmente, la interfaz de Ulysses es perfecta para escribir. Tiene varios temas alternativos, ya sea diurno o nocturno. A mí, que me encanta escribir con letras claras sobre fondo negro, me resulta imprescindible tener esta opción. Se puede personalizar prácticamente todo: la tipografía, el espaciado, el ancho de la columna. De tal manera que, luego de jugar un poco con el programa, se puede transformar en la pantalla ideal, según el gusto de cada quien.
Entre las herramientas indispensables para escribir se encuentran, además, las estadísticas del texto, palabras claves, zonas para hacer anotaciones y herramientas de búsqueda.
El programa funciona con códigos multimark down, pero lo emplea de una manera sencilla, con una lista de comandos a mano y una previsualización del resultado. Sin embargo, si se utiliza un teclado externo, no es necesario aprender ningún comando o caracter especial: los atajos usuales para negrita y cursiva funcionan a la maravilla.
Confieso que me gusta más la versión de iPad que la de escritorio. Esta última la utilizo para acceder a los textos sincronizados y, desde ahí, trasladarlos a otras aplicaciones, según lo necesite.
El Ulysses, en mi opinión, no es un programa de salida, aun cuando tenga excelentes opciones de exportación, sino un programa de entrada. Es para olvidarse del entorno, alejar las distracciones y concentrarse en escribir. Es un programa para el primer borrador, para chorrear, para liberarse del silencio.
Para la siguiente etapa, está el Scrivener.

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Scrivener
Una vez que nuestra escritura tiene un rumbo definido, es momento de salir del Ulysses. Cuando en lugar de unas notas, tenemos un proyecto entre manos, el cuaderno, en su sentido más estricto, se vuelve inútil. Mis proyectos de escritura suelen ser estructurados y complejos. No me sirve nada más escribir sin ton ni son y ordenar los textos conforme van saliendo. Necesito una herramienta más poderosa.
El Scrivener, en su versión de escritorio, es uno de los programas mejor diseñados para satisfacer las necesidades de la edición y el manejo de proyectos extensos.
La versión iOS del Scrivener es mucho más limitada en sus herramientas, pero nos da acceso al proyecto, a su estructura, a sus partes, a nuestras notas e incluso a nuestro material de referencia (esa colección de archivos en PDF, HTML o de notas descartadas que se sitúan en las áreas fuera del manuscrito). El Scrivener de iOS no es para la escritura en completa libertad sino para el momento en que ha llegado la disciplina. Es para seguir lo que comenzamos en la computadora, donde quiera que estemos, y seguir escribiendo, sin parar. Incluso podemos reorganizar el texto, valorarlo en forma de fichas y, por supuesto, añadir documentos nuevos.
El Scrivener no funciona con toda la escritura dentro de un solo lugar, como el Ulysses, sino por proyectos. Se sincroniza vía Dropbox y, para mayor seguridad, la sincronización debe ser consciente y manual, no automática como la de Ulysses. Sin embargo, el programa resuelve bien los conflictos y es posible trabajar de manera segura.
En cuanto a su interfaz, el Scrivener conserva la esencia de su contraparte de escritorio, con limitaciones. Todavía carece de un modo de escritura nocturno, pero es posible escribir sin distracciones.
Otra diferencia con el Ulysses es que sí emplea formato de texto en RTF, por lo que se pueden utilizar sangrías, negritas, cursivas, subrayados, espaciado entre párrafos y, en general, el formato básico para ir mejorando el manuscrito.

En síntesis
Ambas herramientas son estupendas y me encanta utilizarlas de manera complementaria.
Uso Ulysses para las fases iniciales, para tener mis cuadernos de notas, para mi libertad y mi derroche de palabras sin dirección.
Uso el Scrivener para mis proyectos ya formados, que tienen un propósito y una dirección, que ya están avanzados y necesitan estructura. Y, más todavía, para los que ya están en proceso de edición.
Entre ambas aplicaciones, el iPad se transforma en un instrumento potente y deseable para cualquier persona dedicada a la escritura.
Una última ventaja que comparten ambas apps es la poca cantidad de recursos que consumen del sistema. Ambas corren sin problemas en mi viejo iPad 2, lo cual es mucho decir, tomando en cuenta que el Word es casi inutilizable en un aparato tan viejo como este.
Su tamaño, su peso, la duración de su batería, su discreción… En su factor forma, el iPad es ideal para escribir en cualquier momento y lugar, con el mínimo de carga y hasta con cierta discreción. Con las herramientas adecuadas, se convierte en la herramienta ideal para escribir donde uno prefiera.
Una nota final: el iPad, para ser una herramienta de escritura óptima, necesita el teclado perfecto. Cada quien deberá valorar sus necesidades en esta área, así como su entrenamiento particular. Para mí, luego de probar varias opciones, no hay mejor teclado que el teclado Apple estándar (el Magic Keyboard es el modelo vigente). Todos los demás son débiles, de teclas muy pequeñas o no lo suficientemente sensibles para mantenerse a mi ritmo de escritura. Pero hay muchas otras alternativas en el mercado, algunas más compactas, livianas y baratas. Basta que cada quien explore un poco y elija la que más se ajuste a su gusto, necesidades y presupuesto.

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La escritura por objetivos: palabras, páginas, plazos

La escritura como actividad profesional trasciende las costumbres y actos del mero pasatiempo. Un pasatiempo se realiza cuando la inspiración llame, en el tiempo libre, sin objetivos ni plazos. La escritura profesional o, cuando menos, comprometida, tiene otros requisitos: se realiza todos los días, en un horario establecido y ha de cumplir metas concretas.

Desde luego, las metas más relevantes son las de contenidos: escribir un capítulo, un apartado, un fragmento, un cuento, una escena…

Pero también existen las metas más puntuales y muy tangibles, por palabras o páginas y por plazos, ya sea para un proyecto completo o para cada fragmento, sección o apartado.

En este blog siempre hemos promovido el uso de herramientas profesionales para la escritura. Mientras que la única estadística que Word proporciona es el conteo de palabras y páginas, Scrivener (http://www.literatureandlatte.com) ofrece una auténtica herramienta para seguimiento de objetivos, en parte diseñada para apoyar a quienes participan en NaNoWriMo (el mes nacional de escritura de novelas, http://nanowrimo.org/) y, en general, para cualquier persona que se proponga establecer hábitos profesionales de escritura de textos.

Objetivos de escritura

Scrivener tiene una herramienta denominada Objetivos del proyecto. Se sitúa en el menú Proyecto.

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Una vez activada, despliega una ventana de diálogo en la que se puede especificar una meta global para el manuscrito. Si, además, se configura una fecha de finalización, el programa ayudará a calcular la meta diaria de palabras que se requiere para completar el proyecto. Para cambiar la meta global, basta poner el cursor encima de la cifra que se desea alcanzar. En el siguiente ejemplo, se pone el cursor en donde dice “50.000” y se cambia por cualquier cifra que uno desee. En donde dice “palab…” hay unas flechas con las que se puede cambiar la medida de “palabras” a “páginas”, según se necesite.

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Para configurar la fecha, es necesario accionar el botón Opciones en esa ventana de diálogo. Aparecerá otra ventana nueva en donde se podrá especificar otros detalles, como la fecha de finalización, si se desea reiniciar la sesión a la medianoche e incluso si se permitirá escribir el día de finalización del plazo.

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De esta manera quedan configurados los objetivos del proyecto. Si se activan las notificaciones, el programa emitirá un aviso cuando se alcance la meta del día; una excelente manera de mantenerse alerta y a la espera del esperado aviso de éxito.

Además de establecer metas para el proyecto, también puede ser útil definir objetivos por documento. En tal caso, se crea un documento nuevo en el manuscrito y se busca un pequeño símbolo, similar a una espiral, situado en la esquina inferior derecha de la barra inferior del documento. Se pulsa sobre el símbolo y se despliega una ventana de diálogo en donde se puede establecer una meta para ese documento.

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La ventaja de este método es que el programa mostrará una barra de avance del manuscrito que irá pasando del color rojo al amarillo, hasta llegar al verde, cuando se haya alcanzado la meta de escritura. Este método contribuye a mantener una elevada motivación y sirve para ayudarse en momentos en que la única consigna es seguir escribiendo, o cuando se tiene un proyecto muy estructurado, con partes que han de tener una extensión similar.

Estadísticas del proyecto

Scrivener se toma muy en serio la información estadística. Por esa razón, todos los documentos muestran, en la barra inferior, la cantidad de palabras y caracteres escritos. Estos datos están siempre a la vista y no hace falta buscarlos en un recóndito menú y perder tiempo de escritura en ello. Ahora bien, para revisar las estadísticas globales del documento y el estado de avance, se consulta la herramienta Estadísticas del proyecto, en el menú Proyecto. Ahí no solo puede verse la información con distintas medidas, como caracteres, palabras y páginas, sino que es posible definir hasta la cantidad de caracteres o palabras que tiene cada página, según el conteo que se realiza y decidir cuáles documentos del proyecto se toman en cuenta para la estadística.

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Estadísticas del texto

Otra herramienta para las estadísticas es la denominada Estadísticas del texto. Aquí se despliegan las estadísticas para el texto seleccionado, ya sea un solo documento o el manuscrito íntegro. Aquí, más que la cantidad de palabras, interesa la cantidad de repeticiones por palabra. Es una excelente manera de tomar conciencia de nuestros lugares comunes y latiguillos; es una ayuda esencial durante el proceso de reescritura y corrección.

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En síntesis

El uso de estadísticas solo tiene sentido cuando se saben interpretar para aplicarlas a un propósito claro. Estas herramientas informáticas son inútiles si no van aparejadas a retos puntuales, objetivos específicos, metas concretas y a una escritura constante, de ser posible diaria y sistemática. Las aplicaciones de esta manera de concebir el acto creativo son tantas como lo quiera usted. Por ejemplo, si está escribiendo un proyecto en donde conviene tener una extensión similar en todas las secciones o apartados, el establecimiento de metas por documento será un instrumento esencial para llevar un control preciso de escritura en cada momento. Por otro lado, si se participa en un reto como NaNoWriMo, se favorecerá la herramienta global y el cálculo automático de metas por sesión diaria.

En cualquier caso, el resultado siempre será el mismo: estas son tan solo herramientas y el verdadero trabajo de escritura lo realizará usted. ¡Ánimos y a aprovechar esas cifras!

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Herramientas útiles para escribir novela

Hoy es el segundo día de NaNoWriMo (http://nanowrimo.org), el mes nacional de escritura de novelas, y vale la pena hacer un repaso de algunas herramientas útiles para la escritura profesional.

Desde luego, para poner palabras por escrito, la base será siempre la misma: bastará papel y lápiz, y si solo eso se tiene, está bien. No falta más.

Pero si ya entramos a un mundo electrónico, se dispone de muchas más herramientas para poner el pensamiento por escrito, organizar las ideas, hacer un seguimiento del progreso y hasta bloquear las distracciones. Vale la pena conocer cuáles pueden ser las más útiles para hacer el salto del garabateo en papel a verdaderos instrumentos para sostener una alta y eficiente productividad.

Este artículo reúne mis herramientas favoritas.

Programa de escritura

El primer paso es elegir un adecuado programa o plataforma de escritura que sea ágil y óptimo para la creación de proyectos largos, como una novela. Olvidémonos aquí de los procesadores de texto tradicionales.

Tras mucho probar, mi programa favorito es Scrivener (http://www.literatureandlatte.com). Corre en Macintosh, Windows y Linux (más o menos); y la versión de Mac ya está disponible en español. Es un programa de pago pero con un precio muy accesible. Hay un 20 % de descuento para los participantes de NaNoWriMo y un 50 % para los ganadores. Este es el mes ideal para poner el programa a prueba, porque se libera una versión de evaluación que caducará a mediados de diciembre en lugar de los 30 días usuales.

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Otros programas de Mac especializados en la escritura creativa son Ulysses (http://www.ulyssesapp.com), que sincroniza con Daedalus, una estupenda app para iPad y iPhone; y Storyist (http://www.storyist.com), con una excelente contraparte para iPad y iPhone.

En Windows, uno de los programas de pago favoritos es Liquid Story Binder (http://www.blackobelisksoftware.com), en este momento con 50 % de descuento con ocasión del NaNoWriMo.

Otras opciones gratuitas son yWriter (http://www.spacejock.com/yWriter5.html), para Windows, y Lit Lift (http://www.litlift.com), una aplicación web para la escritura creativa.

Para combatir el bloqueo de escritura (y participar en las guerras de palabras), el mejor instrumento es Write or Die (http://writeordie.com), en cualquiera de sus versiones: aplicación web gratuita, aplicación para Mac, Windows o Linux y app para iOS. Este programa obliga a escribir contrarreloj, con la amenaza de aplicar algún castigo si se detiene el flujo de palabras, como alertas o el más drástico borrado en reversa.

Lluvia de ideas

Los procesos creativos de cada persona son distintos, pero a menudo surgen ideas por aquí y por allá que urge recopilar de alguna manera: fichas, anotaciones, esquemas a mano alzada… Desde luego, nada impide hacerlo en papel y tener un cuaderno de notas siempre listo para recopilar esas ideas fugaces que se aparecen en el momento menos esperado.

Ahora bien, si se quieren herramientas digitales para hacerlo, lo mejor es acudir a los programas para elaboración de mapas mentales. Cuán estructurados o libres sean dependerá del tipo de proceso creativo que realiza cada persona.

Los creadores de Scrivener han diseñado un programa para este proceso, Scapple (http://www.literatureandlatte.com/scapple.php), muy libre y poco estructurado que permite reproducir la experiencia de poner texto por aquí y por allá en una hoja de papel. Se plantea como un programa específico para la escritura creativa y a un precio razonable ($15), con 20 % para participantes de NaNoWriMo. El programa corre en Mac y Windows.

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Hay gran cantidad de programas genéricos para hacer mapas mentales, desde los gratuitos, como el FreeMind (http://freemind.sourceforge.net/wiki/index.php/Main_Page), hasta algunos programas que sobrepasan los $150. No recomendaré ninguno en particular, porque aquí la selección dependerá por entero de cómo trabaje la mente de cada quien.

Planeamiento de obra

Una obra puede adquirir forma mucho antes de iniciarse la escritura. Para quienes tienen la capacidad y la necesidad de planificar, elaborar una lista con viñetas no es suficiente. Se necesita una herramienta que permita ciertas cosas, como establecer jerarquías, elaborar una descripción para cada ítem y, si se puede, hacer un seguimiento de tareas. Scrivener tiene la modalidad de outline o bosquejo, pero solamente se pueden ver los documentos ya creados; no es tan funcional para planificar con antelación.

Tras muchas pruebas, mi programa favorito no es el más barato y solo corre en Mac y el iOS (por eso, me disculpo): OmniOutliner (http://www.omnigroup.com/omnioutliner/). La app de iOS, si se quiere, es hasta más atractiva que la de Mac.

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Otros programas que pueden utilizarse para elaborar esquemas y planificar obras (aunque no son tan especializados y tienen también otros usos) son el Circus Ponies Notebook (http://www.circusponies.com), para Mac y iOS; el OneNote (http://office.microsoft.com/es-hn/onenote-help/novedades-de-microsoft-onenote-2013-HA102749260.aspx), que forma parte del paquete de Microsoft Office, y el Evernote (http://evernote.com/), que es gratuito y puede utilizarse desde su aplicación web, sus versiones de Mac y Windows y sus apps para dispositivos móviles. Estos tres programas se parecen mucho en sus funciones —aunque difieren en sus interfaces y particularidades—. También tienen otra gran cantidad de funciones compatibles con la escritura creativa, el planeamiento y el seguimiento: llevar diarios, registrar el progreso, elaborar listas de pendientes, recopilar cierta información relevante y tomar notas generales. Muy recomendados los tres.

Líneas de tiempo

En una obra ficcional compleja, en donde existe una clara sucesión de eventos, con uno o varios arcos de historia y múltiples personajes, la línea de tiempo es una herramienta de gran utilidad. Aquí, el único programa que vale la pena mencionar es Aeon Timeline (http://www.scribblecode.com), diseñado para cumplir las necesidades creativas de una novela. Contempla el seguimiento de arcos de historia, líneas específicas por personaje y hasta calendarios personalizados. Los datos pueden sincronizarse con Scrivener para una experiencia más completa de ambos programas. Corre en Mac y Windows. Se puede adquirir en este momento con un 20 % de descuento, desde un vínculo en los foros de NaNoWriMo y los ganadores tendrán un 40 % de descuento.

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Concentración y productividad

Por último, para quienes sean amigos del uso de herramientas de autorregulación, puede ser útil tener a mano algún programa para obligarse a trabajar y bloquear cualquier otra distracción. En este sentido, nada le gana a Vitamin-R (http://www.publicspace.net/Vitamin-R/), que se puede combinar con Concentrate (http://www.getconcentrating.com), para bloquear, por ejemplo, Facebook y Twitter. Ambos son programas de pago y exclusivos de Mac.

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Una alternativa gratuita es emplear la técnica Pomodoro (http://pomodorotechnique.com) con un reloj de cocina o hasta un cronómetro de mano. Basta fijar sesiones de escritura de 30 minutos y sentarse a cumplirlas, sin atender ninguna otra tarea o distracción. Si alguien llama a la puerta, se le pide que vuelva al terminar el “pomodoro”. Se toman descansos de cinco minutos y se va al siguiente “pomodoro” o segmento temporal. Es muy útil para aprovechar el tiempo en estas épocas de distracciones.

Estos programas se pueden complementar con apps de ruido blanco (incluido en Vitamin-R) y de frecuencias binaurales para estimular la corteza cerebral y los procesos mentales. Hay algunas apps muy buenas para iOS que cumplen esta función. Las secuencias están diseñadas para estimular el pensamiento creativo, la concentración, la solución de problemas, la inspiración y, en general, procesos mentales de todo tipo, según el interés del usuario. Mis favoritas son las de Banzai Labs (http://www.banzailabs.com/brainwaveapps.html).

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En síntesis

Ninguna de estas aplicaciones es indispensable para escribir, no realmente. Para escribir solo hace falta… ¡escribir! Pero una vez que uno se familiariza con ellas y las incorpora en su flujo de trabajo, estas herramientas facilitan la vida y proporcionan un excelente marco para una experiencia creativa más profesional y completa. Se convierten en pequeñas claves del éxito y trucos que vale la pena compartir.

Y ahora, no más procrastinación. ¡A escribir!

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Apple y los libros de texto

Las noticias de instituciones educativas utilizando iPads comenzaron a proliferar desde sus primeros meses en el mercado. Al principio eran solamente grupos de estudiantes o “clases”. A estos grupos piloto les siguieron instituciones educativas que optaron por entregar iPads a todos sus estudiantes. Hoy Apple anuncia más de un millón y medio de usuarios de instituciones educativas. Esta cifra es sorprendente y da cuentas de un mercado ya no tan incipiente como un año atrás. Si este mercado había logrado crecer por sí mismo, el empujón que ha recibido el día de hoy podría catapultarlo de manera definitiva. Todo esto dentro de Estados Unidos, por supuesto.

En nuestro mercado de lengua española, el panorama es menos alentador. La industria editorial hispanoamericana ha hecho todo lo posible por no incursionar en la edición digital y es con mucha reserva que las grandes editoriales van creando sus departamentos de libros electrónicos. Y si bien el iPad se ha convertido cada vez en un objeto más común, todavía tiene un precio alto para muchas personas, según nuestro medio y el ingreso per cápita de nuestros países.

Apple con su más reciente anuncio ha dado un paso más allá: ha rediseñado la applicación de iPad iBooks para un tipo de libro distinto del que es posible con el formato .epub. La única plataforma similar, hasta el momento, era Inkling, ya con un gran avance en este campo.

Pero lo que realmente me ha quitado el aliento del anuncio de Apple es el nuevo programa para Mac iBook Author (Autor de iBook). Con esta aplicación alevosamente gratuita, Apple quiere poner la autoedición en las manos de los usuarios. “Queremos poner los libros de texto en las manos de los estudiantes y de los docentes”, declaran. Pero hay quienes ya estamos haciendo otros planes.

El diseño de libros digitales, el verdadero diseño de libros digitales, todavía es algo distante del usuario común. Ciertamente es posible pasar cualquier documento en formato texto a .epub gracias a programas gratuitos y de código abierto como Calibre. Pero si se quiere incursionar en algo más profesional, hay que acudir a otras soluciones costosas y prohibitivas, como el Adobe InDesign 5.5. Con este nuevo impulso proporcionado por Apple, llega la autopublicación de otro tipo de libro: el libro interactivo, ilustrado, bello. El nuevo libro de la era digital.

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El valor de la originalidad en la era de internet

La información prolifera hoy como nunca antes. En mis tiempos de estudiante, plagiar era más difícil, aunque era práctica común. Cerca de la universidad había una profesión hoy desaparecida: el digitador. Era una persona que pasaba a un procesador de textos en computadora cualquier documento manuscrito o mecanografiado, sin hacer preguntas ni juzgar el material. En una época en la que las computadoras era un lujo y un privilegio, era muy frecuente ver estudiantes en vísperas de entregas corriendo para pasar en limpio sus trabajos. Pero no todos eran documentos originales: llegué a ver muchos armados a partir de recortes: fotocopias de libros de muy diversas fuentes, recortadas, pegadas con goma o cinta adhesiva, y tachadas las palabras que debían corregirse para darle a aquello sentido. Y de esta manera, de la forma más campante, se plagiaba a diestra y siniestra sin que hubiese mucha consciencia sobre el acto delictivo cometido.

No alabo tales prácticas, pero al menos se copiaba de textos académicos, libros reales, impresos en papel, muchos de ellos de excelente calidad. El solo hecho de buscar los libros, leerlos a consciencia para extraer los mejores párrafos y hacer el esfuerzo de armarlos juntos era, en sí, un esfuerzo mayor del que se necesita ahora.

En la actualidad, se acude a las fuentes disponibles en la internet —no siempre las más profundas o pertinentes— y se emplea el método digital de copiar y pegar, sin mayor interiorización. El delito último sigue siendo el mismo: hacer pasar como propias las palabras ajenas y, por encima de todo, denominar a esto “investigación” y hasta “escritura”.

Quienes tenemos cierto olfato y una memoria decente, podemos detectar rápidamente un plagio con solo analizar el estilo de escritura, la selección de vocablos y hasta los cambios de un párrafo a otro. Aun así, en mi caso, al menos, no me fío solo del olfato: empleo también los medios que la propia internet proporciona. Si se ha copiado de internet, ahí está, y herramientas como el Safe Assign o hasta una búsqueda superflua en Google sirven para detectar la evidencia del delito en cuestión de minutos.

¿Y qué pasa con lo que se ha copiado de libros impresos, físicos, no subidos a la red? No se confíe. Un editor o docente especialista en su campo bien puede haber leído ese libro alguna vez. Conozco casos reales en los que el plagio ha sido detectado de esa manera: una campanita resuena en la mente de quien está leyendo y, tras varios días de estar preguntándose dónde había leído eso antes, el nombre del libro original regresa a la memoria y basta obtenerlo en alguna biblioteca para confirmar la sospecha.

Y una vez que una persona detecta aunque sea un párrafo plagiado, todo lo demás entra inmediatamente a ser objeto de duda. ¿Habrá sido plagiado también? ¿Cuánto de todo lo entregado es original?

Para una editorial, el plagio es un problema grave. Puede llevar a demandas millonarias y obligar a retirar del mercado todos los ejemplares problemáticos. Si además sumamos las horas laborales remuneradas de los equipos de edición, corrección y diseño invertidas en un libro que deberá sacarse de circulación, la deuda de un autor que haya incurrido en plagio es imperdonable. A nivel material, las pérdidas son cuantiosas. A nivel moral, son incalculables: el buen nombre de una editorial puede verse manchado para siempre; de la misma manera que el de la persona responsable por haber incurrido en el plagio.

¿Qué editorial contrataría a una persona cuyo nombre haya sido manchado por el plagio comprobado? Ninguna. No vale la pena el riesgo.

Por esa razón, la originalidad y la honestidad en la escritura son valores más actuales que nunca. Cuanto más fácil sea copiar y pegar, más valioso será el texto nacido directamente de quien lo escribe, aun cuando esté plagado de errores, aun cuando haya mucho trabajo de refinamiento pendiente, aún cuando sea siempre un texto perfectible. El oficio hay que aprenderlo, no hay atajos. Y el atajo del plagio puede llevar a la ruina total y a tener que renunciar, para siempre, a la pasión de escribir y a la aspiración de publicar.

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Bloguear desde el iPad

El iPad se ha ido convirtiendo en una herramienta cada vez más completa y poderosa. Mi experiencia con el iPad para bloguear (verbo perfectamente admisible en lengua castellana), ha progresado lentamente también. 

Al principio, no me atrevía a publicar desde aquí; tal vez escribía el borrador de un artículo en MacJournal de iPad, lo sincronizaba con MacJournal de Mac, lo terminaba de arreglar y, desde ahí, lo enviaba. Pero el MacJournal del iPad (cursivas y negritas aparte), también puede ser configurado para comunicarse directamente con el blog de WordPress. Así que tras las primeras semanas de duda, la necesidad siempre es más fuerte, y alguno que otro artículo subió a Nisaba directamente desde el iPad.

El día de hoy, con mi computadora en el taller, y la necesidad imperiosa de poner este blog al día, el iPad es mi única herramienta para publicar. Por lo tanto, debo resolver todos los problemas técnicos desde aquí.


Dónde escribir

El primer paso es cuál app emplear para escribir. Desde hace dos años, he gestionado todos mis blogs con MacJournal. Aquí tengo los archivos, con la fecha automática y con la posibilidad de incluir imágenes en el texto (al menos la versión de Mac). Dado que el MacJournal de iPad sincroniza sin dificultad alguna con su gemelo de Mac, este es el lugar ideal para seguir escribiendo y tenerlo todo bien almacenado. La interfaz de la app de iPad no es particularmente atractiva, pero funciona (sobre todo si se gira el iPad y se pone en posición vertical. Tengo conteo de palabras a la vista y hasta puedo añadir etiquetas. El problema aquí son las cursivas y negritas.


Cómo añadir formato

Si el artículo no lleva una sola negrita, cursiva o imagen, se puede publicar directamente desde MacJournal. Pero eso rara vez ocurre. Por lo tanto, sería necesario cumplir otros pasos. Se tienen dos opciones: a) se publica primero y se corrige después; b) se emplea una app para dar formato y se publica desde ahí.

Si se elige publicar desde MacJournal, el texto puede ser modificado desde el Safari, a través de la interfaz web de WordPress o bien desde la app de WordPress para iPad.

Pero si se desea mejorar el artículo y publicarlo de manera más profesional desde el principio, una herramienta favorita de los blogueros es Blogsy, una app de pago ($4.99) con sendas herramientas para diseñar el artículo.

Hace unos días lo compré, pero hasta hoy lo estoy poniendo a prueba precisamente con este artículo. Esta app, que encontré recomendada por otro bloguero, es muy completa y, para quienes tengan la virtud de manejarlo, incluso permite editar el código HTML.

Ya sea desde Blogsy o desde la app gratuita de WordPress, o incluso desde Safari, sin duda ya es posible bloguear desde un iPad sin tener computadora a mano. ¿Acaso es verdad que ha llegado la era post-PC?

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