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Apple y los libros de texto

Las noticias de instituciones educativas utilizando iPads comenzaron a proliferar desde sus primeros meses en el mercado. Al principio eran solamente grupos de estudiantes o “clases”. A estos grupos piloto les siguieron instituciones educativas que optaron por entregar iPads a todos sus estudiantes. Hoy Apple anuncia más de un millón y medio de usuarios de instituciones educativas. Esta cifra es sorprendente y da cuentas de un mercado ya no tan incipiente como un año atrás. Si este mercado había logrado crecer por sí mismo, el empujón que ha recibido el día de hoy podría catapultarlo de manera definitiva. Todo esto dentro de Estados Unidos, por supuesto.

En nuestro mercado de lengua española, el panorama es menos alentador. La industria editorial hispanoamericana ha hecho todo lo posible por no incursionar en la edición digital y es con mucha reserva que las grandes editoriales van creando sus departamentos de libros electrónicos. Y si bien el iPad se ha convertido cada vez en un objeto más común, todavía tiene un precio alto para muchas personas, según nuestro medio y el ingreso per cápita de nuestros países.

Apple con su más reciente anuncio ha dado un paso más allá: ha rediseñado la applicación de iPad iBooks para un tipo de libro distinto del que es posible con el formato .epub. La única plataforma similar, hasta el momento, era Inkling, ya con un gran avance en este campo.

Pero lo que realmente me ha quitado el aliento del anuncio de Apple es el nuevo programa para Mac iBook Author (Autor de iBook). Con esta aplicación alevosamente gratuita, Apple quiere poner la autoedición en las manos de los usuarios. “Queremos poner los libros de texto en las manos de los estudiantes y de los docentes”, declaran. Pero hay quienes ya estamos haciendo otros planes.

El diseño de libros digitales, el verdadero diseño de libros digitales, todavía es algo distante del usuario común. Ciertamente es posible pasar cualquier documento en formato texto a .epub gracias a programas gratuitos y de código abierto como Calibre. Pero si se quiere incursionar en algo más profesional, hay que acudir a otras soluciones costosas y prohibitivas, como el Adobe InDesign 5.5. Con este nuevo impulso proporcionado por Apple, llega la autopublicación de otro tipo de libro: el libro interactivo, ilustrado, bello. El nuevo libro de la era digital.

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Los "libros mejorados": nuevos modelos de edición electrónica

Los libros mejorados –traducción de su nombre en inglés, enhanced books– son la mayor preocupación de los editores en este momento de la historia. En términos generales, un libro mejorado es un libro electrónico con adiciones multimediales: además de texto y fotografías, incluye cualquier recurso audiovisual que se pueda crear con la tecnología vigente. Esta definición es muy amplia; los editores y los autores de la industria editorial se están haciendo preguntas esenciales: ¿qué es realmente un libro mejorado? ¿Hasta dónde debe llegar? ¿Basta añadir un video o una pista de audio para “mejorar” un libro? ¿Cómo puede sacar provecho un autor del concepto de libro mejorado?
Este año 2010 está viendo las primeras propuestas de modelos del libro mejorado, alguna de ellas, o acaso todas, se ganará el corazón de los lectores y, con ello, vencerá en las estanterías virtuales.

Por ahora, podemos mencionar dos tipos: el texto con adiciones y el libro cuyo diseño es inseparable de su propuesta de “mejora”.

El texto con adiciones multimediales
Un buen ejemplo es la novela de Nick Cave The Death of Bunny Munro (La muerte de Bunny Munro), publicada por Canongate en 2009. La versión e-book fue especialmente adaptada para ser vista en el iPhone y iPod Touch. Además del texto íntegro de la obra, incluye una banda sonora original, el audiolibro sincronizado con el texto y extractos del texto leídos por el autor.

Esta propuesta sigue siendo tradicional: el texto se entiende como un producto en sí mismo acompañado por otros medios que son accesorios a la historia narrada de manera verbal.

El libro cuyo texto y adiciones son interdependientes
Sin duda la historia reconocerá como pionera la obra The Elements (Los elementos), de Theodore Gray, el primer e-book que saca partido de manera inteligente y elegante de la tecnología introducida por el iPad a la industria del libro.

Mis palabras se quedan cortas ante la demostración del autor en el video promocional. Baste decir que la propuesta de Gray abre posibilidades en el diseño de libros de texto de todas clases. Puedo imaginar un e-book como The Elements pero de aves, o una guía de plantas, o incluso una obra lingüística. [Ya habría querido yo estudiar el alfabeto fonético internacional con los sonidos exactos expresados por hablantes de diferentes zonas, más animaciones tridimensionales de los puntos de articulación en el aparato fonador].

Y para quienes digan que producir este tipo de obras toma tiempo y es costoso, que sí lo es, las cifras de ventas le convencerán de reconsiderar su posición: 75 000 copias vendidas hasta la fecha a través de la tienda de programas de Apple, a un precio de $13.99.

¿Cómo se diseñó The Elements?
Theodore Gray, el autor de esta obra revolucionaria, lleva años coleccionando elementos químicos: metales, rocas, esculturas, partes de aeronaves… cualquier instrumento u objeto que pueda funcionar para comunicar y enseñar mejor lo que es un elemento químico.
Lo que se inició como una sencilla colección se convirtió en una potencial herramienta didáctica. La gran pregunta que se hacía Gray era muy simple: “¿De qué manera comunico esto?”. Esta pregunta lo llevó a experimentar con diversos medios –sitio web, afiche (normal y 3D), libro…– y solamente hasta este año 2010, con la llegada del anticipado iPad, encontró la que le parece la mejor manera, hasta la fecha, de hacerlo. [Después de ver la versión e-book the esta obra, solo nos faltaría estudiar los elementos químicos a través del holodeck de StarTrek].

No digo más. Observe el video y saque sus propias conclusiones.

http://www.youtube.com/v/nHiEqf5wb3g&hl=es_ES&fs=1

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El avance inminente del libro digital

Una noticia ha conmocionado la industria editorial norteamericana: Amazon anunció que ha vendido más e-books que libros en tapa dura durante el segundo trimestre del año 2010. Las cifras incluyen todos sus e-books, no solamente los vendidos al Kindle, y ha sido confirmada por los editores.

¿Qué sucedió en el año 2010 para cambiar el panorama de la edición de libros electrónicos en tan solo unos meses? La respuesta salta a la vista para quienes hemos seguido las noticias editoriales: el iPad. Apenas en enero de este año, el iPad no tenía nombre, existía solamente en rumores y circulaba en internet como el esperado producto al que, se decía, Steve Jobs no había aprobado todavía porque demandaba “un producto que sirva para algo más que revisar el correo electrónico en la tina”.

Más de tres millones de iPads vendidos después, el impacto en el mercado es ahora tangible. Amazon y Barnes and Noble han reducido casi a la mitad el costo de sus e-readers. Anuncio, quizás inevitable, de que el e-reader como aparato dedicado exclusivamente a la lectura de libros, con sus limitaciones de color (texto gris sobre fondo gris), podría estar destinado a desaparecer.

Al circular entre los foros de usuarios del iPad se pueden leer anécdotas de todas clases. Como media general, basta utilizar el “jueguete” durante media hora para desearlo compulsivamente. Algunos escritores ya están empleándolo como medio de investigación, por su versatilidad para navegar en la Red. Incluso los temores del teclado táctil se han disipado: hay quienes afirman que escriben más rápido en el teclado del iPad y, por eso, lo aman.

Los editores de vanguardia están con las antenas en estado de alerta. Siempre se supo que la llegada del e-book era inevitable, pero todavía no había sido inventado y comercializado el gadget que pudiera revolucionar la industria, como lo hicieron en su época el CD frente al LP, o el MP3 frente al CD. Ahora, con el iPad, se tiene un modelo exitoso que ganó la batalla gracias a su anticipación y logró imponerse a modo de prototipo de lo que será la lectura de libros del futuro.

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Lectura digital vs. lectura en papel: primeras pruebas

La llegada del iPad este año al mercado mundial y su impresionante éxito (3 millones de unidades vendidas en tres meses) ya motiva los primeros estudios de usabilidad, especialmente los del equipo de Jakob Nielsen, pionero en el estudio cuantitativo y cualitativo en ese campo.

Nielsen publica los resultados de un estudio sobre la velocidad de lectura en iPad y Kindle. Entre sus resultados más llamativos, está la conclusión de que el libro en papel sigue siendo el favorito de los lectores. Leen más rápido y se sienten más cómodos por el solo hecho de no lidiar con tecnología. Entre el iPad y el Kindle, aunque las diferencias no fueron estadísticamente significativas, lo cierto es que los lectores del iPad leyeron más rápido. Este aparato también tuvo mejores comentarios por su interfaz (porque muestra la cantidad de palabras que falta por leer en un capítulo), aunque los lectores extrañan el número de página desplegado en la pantalla. Los usuarios del Kindle se quejaron del tono gris predominante en la pantalla. La principal queja del iPad fue su peso.

El peor calificado de todos los aparatos puestos a prueba fue la computadora (PC). Los usuarios dijeron que “les recordaba el trabajo” y, por lo tanto, prefirieron cualquiera de los otros medios.

La mayor resolución de pantallas en estos aparatos será un factor determinante, concluye Nielsen, para aumentar la satisfacción del usuario. No obstante, aclara, los aparatos puestos a prueba ya alcanzan un nivel fidedigno de reproducción de la imagen impresa sobre papel.

Sin duda, el iPad y cualquier tablet tienen muchos retos de usabilidad antes de capturar para siempre a los lectores del buen libro de papel.

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El libro de texto del futuro

En enero del 2010, todavía no se veía con claridad cuándo se iba a realizar un cambio masivo de las tecnologías del libro impreso al libro digital. En ese momento los e-readers dominantes del mercado eran gadgets monofuncionales, casi todos en blanco y negro, con tinta electrónica y en una babel de formatos. Samir Katar, en su artículo “iPad Revisited: 5 Topics for Publishers to Consider”, llama la atención sobre el hecho notable de que dos meses tras el anuncio al mundo del iPad, y dos millones de unidades vendidas después, ningún editor puede pasar por alto los cambios que se avecinan en la edición digital.

Katar indica que ya algunos analistas han comenzado a ver en el iPad el libro de texto del futuro. ¿Y por qué no? Más cómodo y práctico de tener dentro del aula que incluso una computadora de 8 pulgadas, con pantalla a todo color, muy pronto con multitasking, con visor para todo tipo de recursos audiovisuales y textuales (el maestro puede tener un repositorio en “la nube” con presentaciones de diapositivas, fotografías, videos… ¡lo que quiera!, todo accesible desde los iPad con su conexión inalámbrica), con posibilidades para escribir a mano (con un sencillo lápiz adicional que se adquiere por $15) y hacer dibujos y con un teclado táctil para la toma de notas más complejas y hasta para hacer trabajos en clase que se enviarían directamente al correo del docente, antes de que suene el timbre. Algunos usuarios del iPad han reportado que luego del shock inicial del teclado táctil, de hecho les gusta más que los teclados físicos tradicionales (escriben más rápido, según dicen).

Muchas instituciones, dice Katar, como el Instituto de Tecnología de Illinois, la Universidad Seton Hall, la Universidad George Fox y la Universidad Cristiana Abilene, ya han comprado iPads para miembros de su equipo docente y sus estudiantes. Estas instituciones se destacan por haber hecho experimentos con la integración de iPhone y iPod Touch en sus clases.

Cita Katar un estudio realizado en Princeton, en el cual se valoraba el uso del Kindle DX. El resultado resaltaba algo que el sentido común también nos dice: el subrayado, las anotaciones, los post-it y hasta doblar las páginas forman parte de la apropiación cognitiva que el estudiante realiza del texto. Ninguna “nueva tecnología” tendrá éxito hasta que sea capaz de reproducir esta experiencia básica y consubstancial a la lectura en papel.

Desde luego, el iPad tiene potencial y todavía no ha alcanzado su máximo desarrollo, ni es capaz de reproducir esas sencillas experiencias que acompañan la lectura del estudiante. Afortunadamente, con dos millones de usuarios activos y aumentando, también hay una gran presión para mejorarlo y rápidamente, por la vía de actualización y diseño del software, de manera que aun cuando el iPad está apenas en su primera generación, dentro de unos meses los usuarios tendrán muchas más alternativas sin necesidad de cambiar su hardware.

¿Es acaso el iPad el prototipo del libro de texto del futuro? Habrá que esperar, pero ciertamente, es quizás el primer aparato con las características mínimas para avanzar en esa dirección.

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Del "libro electrónico" al "libro" a secas

Tal vez fue Marshall McLuhan uno de los primeros en vaticinar el apocalipsis del libro. Desde entonces, ha persistido el temor de que algún día el buen libro de papel muera definitivamente a manos del nuevo libro, el libro electrónico.

Ahora bien, si hacemos un recorrido histórico por los procesos tecnológicos del libro y observamos las etapas y pasos que fueron llevando del predominio de una tecnología a otra, nos daremos cuenta de que se necesita mucho más que una innovación tecnológica para alcanzar la sustitución de la tecnología anterior por la nueva. El cambio es integral, no es estrictamente tecnológico. También existen factores sociales, culturales y hasta simbólicos. Las siguientes son algunas de mis consideraciones sobre el tema:

  1. El libro no solamente es una palabra con un significado o un referente concreto: es un ámbito del discurso desde el cual lo vinculamos a prácticas, costumbres, redes simbólicas, intercambios y esferas de la cotidianidad y de la cultura1.
  2. El cambio tecnológico no ocurre por sí mismo, como resultado exclusivo de las nuevas propiedades físicas del objeto, sino dentro de su esfera del discurso, de la sociedad y de la cultura.
  3. Para que una nueva tecnología pueda reemplazar plenamente a la anterior, debe cubrir las principales necesidades culturales, sociales y simbólicas que la otra ofrecía (incluidas las de carácter emotivo), así como proporcionar algún valor agregado que pueda suponer la preferencia de un objeto sobre el otro.
  4. La sustitución tecnológica no ocurre en el corto plazo, de manera automática ni como resultado de una única innovación2.
  5. Ninguna sustitución tiene por qué ser absoluta. Cabe admitir la posibilidad de usos alternativos para cada tecnología y comportamientos sociales híbridos3.

El códex fue, en otro tiempo, lo mismo que el libro electrónico es ahora para nosotros. Durante mucho tiempo, a los libros que empleaban la tecnología del códice se les daba un nombre distintivo, especial, diferente: liber quadratus (libro cuadrado). Hace más de 1500 años que ya no hemos necesitado hacer ese hincapié a través de la palabra. Para nosotros, de hecho, lo difícil sería imaginar un libro que no sea cuadrado.

Asumiendo que ninguna catástrofe natural obligará a la humanidad a prescindir de la tecnología, es posible suponer que algún día no será necesaria la distinción entre libros electrónicos y libros a secas; puesto que los lectores del futuro no se imaginarán un libro que no sea electrónico. Sin embargo, para que eso pueda llegar a ocurrir, el nuevo libro deberá ser capaz de asumir plenamente toda la herencia simbólica, cultural y arquetípica de su predecesor y, además, ofrecer algo nuevo, algo que lo convierta en un producto par excellence, irrenunciable, sin el que sería imposible leer. Una tecnología, en fin, que ocupe plenamente el lugar del libro en el imaginario colectivo y personal de quienes leen.


1 Una definición clásica del libro sería aquella “que asocia indisolublemente un objeto, un texto y un autor” (Chartier, 2000: p. 19). Los más atrevidos se refieren al libro de maneras un poco más abiertas, por ejemplo, como “práctica”, es decir, “(una colección de actividades sociales, artísticas y económicas) y no un ‘objeto’” (Doctorow, 2004) o como “forma de intercambio” y “modo de temporalidad”, un punto de apoyo que “crea espacio a partir del tiempo” (Hesse, 1998: p. 32). En estos casos, aún así, predomina la idea de que un libro es, esencialmente, un medio y un objeto para comunicar sentidos (los sentidos portados por la escritura en él contenida). En mi tesis de maestría exploré algunos de los muchos objetos y discursos que confluyen en el vórtice discursivo de libro, como el libro-objeto, el libro-texto y el libro-medio de comunicación. Para eso, véase Murillo (2006).
2 Al códex le tomó más de cuatro siglos imponerse al rollo y, aún así, no alcanzó su expresión plena sino hasta mil años después, cuando todos los factores tecnológicos, así como las redes sociales de producción y distribución de sus materiales, habían madurado lo suficiente como para permitir la innovación introducida por la imprenta y dar como resultado el libro en su sentido moderno.
3 Esto podemos verlo en ejemplos tales como la radio. Se temió, en los albores de la era de la televisión, que esta la sustituyera plenamente. En cambio, tenemos usos especializados con audiencias que van de un medio a otro, según sus circunstancias y preferencias. Los únicos medios completamente sustituidos han sido aquellos que, por sus características, caen en la obsolescencia, como es el caso del telégrafo. Incluso la Internet, con su multimedialidad, no ha sustituido a ninguno de los medios de los que ella misma participa (radio, televisión, impresos), sino que se ofrece como alternativa para quienes, por circunstancias especiales, no pueden acceder a los medios tradicionales (por ejemplo, el tico que quiere ver el partido de fútbol transmitido por un canal de televisión costarricense, pero desde Alemania).

Lista de referencias

Chartier, R. (2000). El orden de los libros. Lectores, autores, bibliotecas en Europa entre los siglos XIV y XVIII (Traducido por V. Ackerman). Barcelona: Gedisa.

Doctorow, C. (2004), Ebooks: Neither E, Nor Books. Paper for the O’Reilly Emerging Technologies Conference, February 12, 2004, San Diego, CA. Consultado el 14 agosto 2008, en <http://www.craphound.com/ebooksneitherenorbooks.txt>. También se puede consultar la edición en español, trad. de Javier Candeira en el sitio de José Antonio Millán <http://jamillan.com/doctorow.htm>.

Hesse, C. (1998). “Los libros en el tiempo. El Futuro del libro”. En Nunberg, G. (comp.), ¿Esto matará eso? (Traducido por I. Núñez Aréchaga), (pp. 25-40). Buenos Aires: Paidós.

Murillo Fernández, J. (2006). “Todos saben qué es un libro”, o… ¿no? Análisis arqueológico de los discursos del libro desde el (pre)texto de cinco informes finales de encuestas sobre “hábitos de lectura”, Costa Rica, 1979-2004. Tesis de Maestría Académica presentada ante la Maestría en Comunicación de la Universidad de Costa Rica.

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¿A qué le denominamos “libro electrónico”?

La primera evidente característica de los libros electrónicos es su naturaleza “virtual”, es decir, intangible e insustancial. Se componen de luz, se almacenan en bibliotecas también virtuales y cobran vida gracias al artificio de complejos dispositivos.

Como parte de la oleada terminológica de la era electrónica, hemos adoptado también, en préstamo, el nombre e-book. En poquísimos años, su definición se ha ido alterando y modificando y está lejos de ser definitiva. En la década anterior, todavía se decía que un libro electrónico era únicamente “cualquier pantalla a través de la cual se muestre el contenido de un disco compacto u otro tipo de soporte”1. La Wikipedia2, en el año 2008, ya recogía este significado, pero advertía que la mayoría de los usuarios solamente empleaban el nombre e-book para referirse a cualquier “versión electrónica o digital de un libro”. Ya en el 2010, la Wikipedia ha añadido el nombre ecolibro, ha modificado su definición anterior y mantiene, eso sí, la advertencia de ambigüedad, de modo que un e-book puede ser tanto el texto como el aparato para leerlo. El DRAE todavía no registra del todo “libro electrónico” (en ninguna de esas dos acepciones), aunque lo utiliza sin mayores problemas en uno de sus ejemplos de la XXII edición3.

También se ha propuesto en la industria el nombre vooks para el concepto todavía poco extendido de «libros híbridos», sin mucha acogida por parte del público general.

Atraigo la atención sobre el hecho notable de que, a pesar de los rasgos compartidos, nadie imagina que la versión cinematográfica de una obra o novela pueda denominarse “libro”. Con esto se invalida el temor alguna vez experimentado de que la televisión sustituyera por completo los libros, como pronosticó Bradbury, con su célebre Fahrenheit 451 (y su respectiva versión cinematográfica a cargo del director francés François Truffaut). En cambio, sí reconocemos los audiolibros como un formato alternativo (pero no bajo la denominación de “libro electrónico”), aunque en el mercado de habla castellana esta tecnología está aún dando sus primeros pasos4.

Se puede ver que, en este momento, hay todavía duda en el uso, pero, a nivel general, se entiende por libro electrónico cualquier versión digitalizada de un libro impreso, en cualquiera de sus formatos. Esto incluye diversidad de alternativas de codificación. Enumero, a continuación, los principales productos digitales que ostentan el nombre libro digital, a partir de mi observación personal: a) texto plano (.txt) y con formato (.doc, .docx, .rtf y otros): es editable con un procesador de textos y generalmente carece de imágenes, índices y otras ayudas de navegación5; b) Portable Document Format (PDF): son imposibles de editar por el usuario (con lo cual se garantiza mantener el diseño original), aunque algunos sí admiten la copia de texto aislado para usar en otras aplicaciones; c) versiones facsimilares compuestas por imágenes completas de la página, estos generalmente se arman como PDF, pero los textos no pueden copiarse (excepto en formato de imagen) ni pueden hacerse, por regla general, búsquedas dentro del documento6; d) todas las variaciones de formatos disponibles para dispositivos y aplicaciones de lectura, cada uno con sus propias características7.

En febrero del 2010 un nuevo gadget invadió la cultura del libro electrónico: el iPad. Todavía no se ha iniciado su venta, pero este aparato hace algo más que estar diseñado exclusivamente para la lectura de libros en formato electrónico: también se puede emplear para ver videos, escuchar música, escribir y correr cualquiera de las aplicaciones disponibles en la tienda Apple. Ya para este momento, según demuestra también la venta de libros en formato Kindle para PC y iPhone, el aparato de lectura es menos importante que el libro en sí mismo. Un iPad o un iPhone no son e-books en el sentido de ‘aparato para leer libros en formato digital’ y, sin embargo, es muy posible que constituyan dos de las principales soluciones tecnológicas para la lectura de libros.

Dada la tendencia de la industria editorial de incursionar en el campo del libro electrónico, existe una muy alta posibilidad de que dentro de algunos años el término e‑book se emplee de manera especializada para designar aquellas versiones electrónicas de libros que están optimizadas y especialmente diseñadas para ser leídas como tales; y se reserve algún nombre especial para aquellas otras que consisten en la mera digitalización de un libro, pero que carecen de toda ayuda de lectura para el usuario y de contenidos adicionales. De tal modo que un e-book no consistiría únicamente en la transcripción digitalizada de una edición impresa, sino en un producto alternativo, con ventajas adicionales, tales como material extra, fotografías, sonidos, motores de búsqueda e hipertextos (o como quieren denominarse también, los vooks). Adicionalmente, dada la tendencia de la industria editorial de proteger los e-books que ponen a la venta, este nombre también podría reservarse para las ediciones digitales debidamente autorizadas por sus derechohabientes y protegidas por un sello editorial.

Notas
1 Así lo consigna el reputado y polémico editor, bibliólogo y lexicógrafo (entre tantos otros oficios que le son propios) José Martínez de Sousa, en su Diccionario de bibliología (1993: p. 548).
2 Me excuso de utilizar tan poco confiable fuente, debido a que es la única que recoge el significado y lo hace con precisión. La Wikipedia, en la actualidad, carece de confiabilidad en los círculos académicos, como lo prueba la encuesta financiada por Ebrary a estudiantes universitarios de todo el mundo (McKiel, 2008: p. 12), a pesar de que es uno de los recursos más utilizados por estos mismos estudiantes para sus asignaciones de clase y para uso personal (Ibíd.: pp. 9-10). Dentro de unos años o, tal vez décadas, no sabremos si la Wikipedia invierta su prestigio y se transforme en una referencia obligatoria. Ahí entramos al delicado ámbito de la mera especulación.
3 El Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) tampoco incluye “libro electrónico”, pero se pronuncia sobre los anglicismos que anteponen una e a la palabra, como e-mail, y los desaconseja en favor de sus calcos (en este caso: “correo electrónico”).
4 El mercado anglosajón, en cambio, sí ha desarrollado este mercado. La tienda on-line más grande para la venta de audiolibros es Audible, adquirida por Amazon en el 2008. Desde hace unos años, también las librerías físicas han experimentado un aumento de sus áreas para la venta de audiolibros. Este fenómeno es notable en Alemania.
5 Todos los libros distribuidos por el Project Gutenberg, por ejemplo, están en formato .txt; el cual se puede reconocer con cualquier aplicación o dispositivo, pero carece de ventajas a nivel gráfico. Algunas variantes más sofisticadas son los libros en formato Word, los cuales pueden incluir hipervínculos, índices e imágenes. Sin embargo, incluso en estos casos, la mayoría de las obras no sacan partido de las características del programa para realizar libros con calidad de lectura. De hecho, la mayoría de estos libros electrónicos parecieran más bien versiones para “imprimir” y no para “leer en pantalla”, puesto que hasta su tamaño se ajusta a una hoja impresa en lugar de un monitor.
6 Esta afirmación no es completamente verdadera. Google (cuyos libros, en su mayoría, responden a este formato dadas sus características de obras antiguas digitalizadas para su conservación) tiene un motor de búsqueda basado en tecnología de reconocimiento de imagen como texto (OCR) para que los usuarios puedan buscar entre sus libros. Sin embargo, esta tecnología solamente puede utilizarse desde la página de Google, con los libros de su base de datos. El Acrobat Reader todavía no la incorpora como una de sus características.
7 Para un glosario de los formatos vigentes y de los dispositivos de lectura disponibles, véase Tivnan (2008).

Lista de referencias

Martínez de Sousa, José. (1993). Diccionario de bibliología y ciencias afines. (2.a edición). Madrid: Ediciones Pirámide y Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

McKiel, A. W. (2008). Global Student E-book Survey Sponsored by Ebrary. La publicación digital en PDF se puede descargar del sitio de Ebrary <http://www.ebrary.com>.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe.

Tivnan, T. (2008). “E-Babel on and on”. The Bookseller.com, may, 29th, 2008. Consultado el 18 agosto 2008 en <http://thebookseller.com/in-depth/feature/59816-ebabel-on-and-on-.html>.

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