Archivo mensual: abril 2011

Scrivener beta para Windows: versión 023

Desde el pasado 13 de abril está disponible una nueva versión beta de Scrivener para Windows. La versión comercial todavía se retrasará algunas semanas y el equipo está trabajando intensamente para corregir algunos errores.

El beta para Windows y para Linux puede descargarse aquí:

http://www.literatureandlatte.com/scrivenerforwindows

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APA: cómo citar el diccionario de la Real Academia en línea

Un lector de este blog hace una pregunta de esas que no se puede responder con facilidad: ¿cómo se hace la referencia bibliográfica del diccionario de la Real Academia Española (DRAE) en línea?

En este artículo exploraremos los distintos modelos de APA para las obras de referencia en línea, su propuesta de modelo bibliográfico para el diccionario de la Real Academia Española y algunos detalles por tomar en cuenta al citar su versión en línea.

¿Cuál es el estilo de las obras de referencia en línea según APA?

Para esto, se pueden consultar los ejemplos 29 y 30 del manual de APA. El ejemplo 29 es una obra de referencia en línea. Lo reproduzco aquí tal cual:

Graham, G. (2005). Behaviorism. In E. N. Zalta (Ed.), The Stanford encyclopedia of philosophy (Fall 2007 ed.). Retrieved from http://plato.stanford.edu/entries/behaviorism/

El ejemplo 30 también es una obra de referencia en línea, pero sin autor o editor:

Heuristic (n.d.). In Merriam-Webster’s online dictionary (11th ed.). Retrieved from http://www.m-w.com/dictionary/heuristic

Conviene añadir que el manual del APA es explícito en un aspecto: si la versión en línea hace referencia o se corresponde a una edición impresa, hay que incluir esa edición detrás del título, tal y como se ve en el ejemplo 30 aquí citado. En español, “retrieved from” se traduce “recuperado de”.

¿Cómo se cita el DRAE en APA?

No podemos pasar a hacer el modelo del DRAE sin ver el ejemplo que aporta el mismo manual del APA en donde se emplea precisamente esta obra en el ejemplo 28, una obra en lengua distinta del inglés cuyo título ha sido traducido. Lo reproduzco tal cual, solo por fidelidad a la fuente:

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española [Dictionary of the Spanish Language] (22nd ed.). Madrid, Spain: Author.

Desde luego, si traducimos esto al español y le aplicamos nuestras propias reglas ortográficas, tendríamos esto:

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Madrid, España: Autor.

El país solamente se necesita si la obra fue editada en un país distinto de la obra en la que estamos incluyendo la referencia. Si este diccionario se incluye en la lista de referencias publicada en España, el país es innecesario.

¿Cómo se cita el DRAE en línea?

Una vez vistos los modelos de APA, la respuesta es en realidad muy sencilla. La referencia bibliográfica del diccionario en línea de la RAE se vería así:

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Consultado en http://www.rae.es/rae.html

Y una entrada del mismo diccionario, se vería así:

Real Academia Española. (2001). Disquisición. En Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Recuperado de http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=disquisici%F3n

Nótese que en el primer caso ponemos “consultado en” porque no se puede recuperar el diccionario completo. En cambio, en el segundo ejemplo sí estamos hablando de una entrada que fue “recuperada”.

¿Y los artículos del DRAE que no son del 2001?

Si el DRAE en línea fuera una obra estática, como su equivalente impreso, aquí terminaría este artículo; pero es necesario tomar en cuenta dos casos adicionales que encontramos en la edición en línea: los artículos enmendados y las entradas nuevas.

Los artículos enmendados son correcciones que se le han hecho a una entrada para la próxima edición de la obra. Las entradas nuevas del todo no las encontramos en la edición del 2001. Las enmiendas del DRAE en línea se acceden desde un botón rojo en la esquina superior derecha del artículo viejo. Los artículos nuevos aparecerán con el encabezado “artículo nuevo” y un inconfundible sello que manchará toda la página con la leyenda: “redacción propuesta”.

En tal caso, el modelo que acabamos de ver se adaptaría perfectamente a una entrada que permanezca invariable. Por lo tanto, y hasta que se publique en papel la vigésimo tercera edición del diccionario, una propuesta para referir estos dos tipos de artículo con el modelo APA es la siguiente:

Real Academia Española. (s. f.). Internet [artículo nuevo]. En Diccionario de la lengua española (avance de la 23.a ed.). Recuperado de http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=internet

Real Academia Española. (s. f.). Cosmético, ca [artículo enmendado]. En Diccionario de la lengua española (avance de la 23.a ed.). Recuperado de http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=internet

Aquí propongo que no se ponga la fecha porque evidentemente el artículo no fue escrito en el año 2001 y tampoco se indica en qué año se formularon la enmienda o la adición. En este caso, se puede aplicar el ejemplo 30 del manual de APA. Solo si quien escribe lo considera muy necesario, podría pensar en incluir también la fecha de recuperación.

Detalles del estilo APA

Conviene recordar que en un estrictísimo estilo APA, estos ejemplos siguen ciertas reglas:

  • Los nombres de las entradas o artículos no llevan comillas en la lista de referencias bibliográficas; pero sí lo llevarían en la referencia parentética dentro del texto.
  • Los nombres de las obras se escriben siempre en cursiva.
  • No se escribe punto después de la dirección electrónica.
  • Para las obras de referencia en línea no se da ninguna información sobre editorial o ciudad de publicación.
  • No se le pondría la fecha de recuperación puesto que ya se indica la edición del diccionario se incluirá tentativamente el artículo. De no existir del todo una fecha o una edición, sí sería necesario incluir al menos ese dato.
  • Tras la preposición “en” no se escriben dos puntos.

Cualquier modificación que se haga de alguna de estas reglas, como la adición de antilambdas (<>) para contener la dirección electrónica, el uso de comillas en la entrada o incluso la fecha de recuperación del artículo serían ya modificaciones al estilo APA. Antes de hacerlas, usted deberá justificar muy bien sus razones, verificar que todo su equipo de lectura o edición esté de acuerdo y ser consistente en su aplicación. Pero mientras mantenga la atención al detalle, ya tiene al menos un ejemplo para salir a flote en la aplicación del estilo bibliográfico de la APA.

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Feliz día del libro

Hoy no puede ser un día cualquiera para quien ama los libros. Hoy es un día para dedicárselo a la palabra. No importa si pensamos que libro es solamente un volumen de hojas de papel encuadernadas por el lomo. Tal vez tengamos una memoria más distante y recordemos también libros inscritos en arcilla, tallados en piedra, pintados sobre hojas de palma y rollos de papiro. Hoy tal vez rememoremos los viejos códices, inspirados en aquellas tabletas de madera con una cubierta de cera para tomar apuntes rápidos y escribir bocetos de poemas. Las tabletas de hoy –las llamamos tablet– tienen una pantalla táctil, de alguna manera son una reminiscencia lejana de aquellos ancestros.

Hay quienes piensan en los libros de una forma más etérea. El libro es aquel texto unitario cuya existencia trasciende cualquiera de sus encarnaciones físicas y tangibles. Es el Quijote detrás de cualquier ejemplar o edición de la obra. Es La Obra detrás de El Libro.

En ese caso, podemos reconocer libros formados por hermosas entonaciones de voz, cantados por los antiguos poetas o interpretados por algún actor o lector profesional a quien le permitimos entrar en nuestro espacio íntimo a través del audiolibro.

Porque reconocemos la obra detrás del texto, les llamamos libros también a esos textos digitales que coleccionamos en bibliotecas virtuales y leemos en programas que imitan el paso de las páginas, la tinta del marcador y la letra manuscrita de nuestras notas al margen.

En cualquiera de sus formas, presentaciones, tamaños o encarnaciones, el libro solamente vive cuando una persona, en silencio o en alta voz, pronuncia y comparte sus palabras. Porque el libro que no es leído es igual a la partitura que no es interpretada: letra muerta.

Hoy, para celebrar el Día del Libro, el mejor tributo a ese viejo y buen amigo de siempre, sería, sin mucha pompa, simplemente leer. Lea en papel, en una tablet, en su computadora… pero lea. Léale a quien tiene a su lado, recuerde su libro favorito o recomiende algún libro en su Facebook.

O escriba. No puede haber libros sin artistas de la palabra.

La era digital no ha matado la lectura; solamente ha multiplicado las vías para seguir creando, produciendo, editando, vendiendo, comprando, prestando y leyendo libros.

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Lenguaje inclusivo: cuándo se necesita visibilizar

El uso de vocablos genéricos que engloben tanto a hombres como a mujeres a veces también debe aplicarse con cuidado. Las generalizaciones tienden a invisibilizar los detalles, porque forzosamente se arraigan en las imágenes mentales que tenemos de la globalidad a la que se hace referencia.

Ese, quizás, es el principal y más criticable problema del uso del género gramatical masculino con un valor neutro de sexo (pero ese es tema para otro artículo).

El punto medular aquí es que nuestra mentalidad colectiva también tiene su propia historia y tradición. Los cambios políticos, sociales y culturales de las últimas décadas, si bien son muy acelerados, todavía tienen sus sesgos y no han calado por completo en los referentes a los que remiten muchas palabras.

Por ejemplo, cuando pensamos en “los soldados”, “los taxistas” y “los obreros de la construcción”, ¿vemos ahí a las mujeres?

Sabemos, intelectualmente, que en nuestra sociedad actual hay mujeres en cualquiera de esas profesiones; pero ¿somos conscientes de su presencia en la enunciación cuando usamos el genérico masculino?

Así, cuando haya duda, lo mejor es crear la imagen mental en quien lee a través de un texto que sea explícito, claro e inserte en la imaginación lectora a la mujer invisibilizada por la palabra.

Se conocen injusticias históricas derivadas de un uso no inclusivo del lenguaje. ¿Qué habría sucedido con Junia, la mujer apóstol, si el lenguaje inclusivo se hubiese aplicado en aquellos primeros siglos de escritura cristiana? Los comentaristas del texto paulino la hicieron desaparecer bajo la excusa de un error del copista, quien supuestamente escribió Junia por Junio. Pero si se revisan los textos apostólicos, incluso los escritos de Pablo, se ve el prominente lugar ocupado por las mujeres en el liderazgo de las primeras comunidades cristianas; sobre todo por el hecho de que el culto cristiano se realizaba a puertas cerradas, generalmente en las casas de sus fieles, y las casas eran el campo de acción de las mujeres.

En síntesis, no hay fórmulas para aplicar el lenguaje inclusivo. La corrección debe ir siempre más allá, debe indagar, hacerse preguntas críticas, interrogar la mente de quien escribe y de quien lee, interrogar la historia y dudar, siempre, hasta de su propia sombra. Solo así se nos irá refinando el sentido del olfato para detectar cuándo se necesita el lenguaje inclusivo y cuándo atenta contra el sentido del texto.

En la mesa de corrección
Estas son las correcciones o criterios aplicados a este artículo para mantener un lenguaje inclusivo, sin imprecisiones históricas:

Texto original:
lo mejor es crear la imagen mental en los lectores a través de un texto que sea explícito, claro e inserte en la imaginación de los lectores a la mujer invisibilizada por la palabra

Corrección:
lo mejor es crear la imagen mental en quien lee a través de un texto que sea explícito, claro e inserte en la imaginación lectora a la mujer invisibilizada por la palabra [de paso se resolvió un problema de reiteración]

Formas masculinas que se mantuvieron por razones históricas:

  • Los comentaristas del texto paulino: los autores medievales que trataron el tema eran hombres.
  • El copista: los manuscritos medievales se copiaban en monasterios de órdenes religiosas masculinas. Así, es seguro suponer que ese copista era un hombre.

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Lenguaje inclusivo: hombres a veces quiere decir solo hombres

Si bien esta lista de recomendaciones para reemplazar “los y las” por formas de comunicación más económicas puede resultar muy útil, siempre debemos estudiar el texto que estamos escribiendo y analizar cada ejemplo en sus particularidades. No solo pesan los aspectos gramaticales y de forma, sino también de contenidos, historia y cultura.

Existen muchos casos en donde la palabra hombres en efecto se refiere únicamente a los varones. Si el texto describe lo que ocurre con los miembros de un equipo de fútbol de la liga masculina, sin duda sabremos que ahí no tiene sentido corregir “hombres” por “personas”.

Lo mismo sucedería si estamos describiendo la cultura política de los antiguos griegos, quienes explícitamente prohibían la participación de las mujeres en la administración pública de la ciudad y su vida política.

Si estamos publicando los resultados de un estudio científico en donde todos los sujetos del estudio eran mujeres, pues toda la exposición deberá referirse siempre a “ellas” o “las mujeres”.

En otras palabras, la lengua debe atender siempre su objetivo primario: representar la realidad. Y si la realidad está conformada por grupos de varones o grupos de mujeres, el texto deberá elegir los vocablos que los describan, sin remordimientos ni cargo de conciencia.

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Lenguaje inclusivo: alternativas a “los y las”

Hace algunos días publicamos un artículo con algunas razones para no abusar del recurso de “los y las” en los textos cuando se desea emplear un lenguaje que incluya hombres y mujeres de manera explcita.

La Guía breve para el uso no sexista del lenguaje publicada por el Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM) de la Universidad de Costa Rica propone algunos ejemplos prácticos. Los acopio y reproduzco aquí para emplearlos como una referencia de consulta al escribir, editar o corregir textos.

En lugar de
Usemos
Los ancianos y las ancianas Las personas ancianas
Las personas mayores
Los niños y las niñas Criaturas
Infancia
Niñez
Las mujeres y los hombres jóvenes Las personas jóvenes
Los hombres y las mujeres La población
Personas
Las mujeres y los hombres participantes Las personas participantes
La participación de las vecinas y los vecinos La participación de la ciudadanía
Los médicos y las médicas Las personas especialistas en medicina
La defensa de los ciudadanos La defensa de la ciudadanía
Las y los miembros de la organización La membrecía de la organización
Llevar los servicios a los vecinos Llevar los servicios a toda la población
Los expertos y las expertas Las personas expertas
Las trabajadoras y los trabajadores Las personas trabajadoras
Los estudiantes y las estudiantes La población infantil
Los abogados y las abogadas Quienes son profesionales en Derecho
Las mujeres adolescentes y los hombres adolescentes Las personas adolescentes
Los profesores y las profesoras de esta unidad La planta docente

Referencia bibliográfica

Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM) (s.f.). Guía breve para el uso no sexista del lenguaje. Textos y dirección de Laura Guzmán. San José: Universidad de Costa Rica. Adaptado de la Guía para el uso no sexista del lenguaje del CIPAF, Santo Domingo, 1992.

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Lenguaje inclusivo: más allá de “los y las…”

Una creencia generalizada en lo que respecta al tema del género es que la principal pauta que marca un lenguaje inclusivo es el uso reiterado, en todas las partes del texto, de “los y las”. Así, se habla de “las niñas y los niños” o, peor todavía, de “las y los estudiantes”.

A menudo escuchamos afirmaciones encarnizadas como “no me dejan usar lenguaje inclusivo en mi texto” cuando en realidad deberían decir “no me dejan usar ‘los y las’ en todos los párrafos”. En este artículo exploraremos algunas reflexiones por las que este recurso debe emplearse con mucha medida, en la menor cantidad posible de lugares en el texto y, siempre que la creatividad lo permita, de una manera elegante y hasta ingeniosa.

El lenguaje inclusivo no se reduce a fórmulas expresivas

Es una falacia pensar que un texto deja de ser discriminatorio únicamente porque incluye en todos los párrafos “los y las”. Surge de la creencia errónea de que basta retocar oraciones y frases hechas para lograr que un texto incorpore una visión de género.

Nada más alejado de la verdad.

La consciencia de género es una visión de mundo, una manera de construir la realidad desde un paradigma y, solo como resultado de estas dos, una manera de enunciar la realidad.

“Muchas veces hay un cuento que puede tener ‘los y las’, ‘hombres y mujeres’, pero reproduce patrones de razonamiento y roles de mujeres y de hombres a partir de estereotipos de género”, decía Ángel Pichardo Almonte en uno de sus talleres.

Por lo tanto, corregir un texto para reflejar una visión inclusiva de género va más allá de retocar las oraciones, añadir unos cuantos artículos y cambiar unos cuantos “hombre” por “ser humano”.

“Los y las” es agramatical

Otro problema de esta fórmula es la manera en la que contraviene las reglas básicas de la gramática. Si se va a emplear la forma duplicada de mencionar “niños y niñas”, “mujeres y hombres”, “profesoras y profesores”, no podemos tomar atajos: todos los artículos deberán ir siempre acompañados por un sustantivo.

Así, no podemos decir “los y las estudiantes”; deberíamos decir “los estudiantes y las estudiantes”. No podemos decir “los y las niñas”; deberíamos decir: “los niños y las niñas” o, mejor aún, “las niñas y los niños” (si atendemos un orden alfabético y una preferencia de género en el orden de los elementos).

No es la única técnica para transversalizar

El uso de “los y las” es tan solo uno de los muchos recursos y técnicas de la transversalización. ¿Por qué deberíamos reducir nuestra escritura a esta única técnica?

Así como en la mesa de corrección sugerimos el uso de sinónimos, la variación de estructuras gramaticales, la eliminación de latiguillos y muletillas… de la misma manera, en lo que atañe al lenguaje inclusivo, es nuestro deber acudir a un amplio repertorio de técnicas expresivas y alternar su aplicación para lograr un texto balanceado, atractivo, transparente y fluido en su lectura.

El principal objetivo es comunicar

La aplicación de un lenguaje inclusivo debe ir de la mano del principal objetivo del texto. Si su propósito es la comunicación, la forma del texto debe afinarse cuidadosamente para que se cumpla este propósito, sin por ello abandonar su visión de género.

El uso reiterado y exhaustivo de “los y las” en todos los párrafos y todas las páginas puede alcanzar el punto del absurdo y el cansancio. (Sigue siendo útil el ejemplo de la parodia de La Media Docena para saber hasta dónde no debemos llegar).

En síntesis

Si bien hacer evidentes en el texto la presencia de hombres y mujeres es un recurso válido y hasta necesario, su aplicación debe realizarse siempre con medida, alternando con otras estrategias textuales de transversalización y, sobre todo, dentro de las normas expresivas de nuestra lengua.

De esta manera, al final del día tendremos un texto atractivo de leer, eficaz en su comunicación y, sin embargo, inclusivo.

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