Archivo diario: 12/03/2010

Inspiración y concentración: la escritura en pantalla completa

Una de las principales funciones de un verdadero programa para escritores es la modalidad de pantalla completa o full-screen. Esta función esconde todo: escritorio, menús, otras ventanas… y deja al escritor en total soledad frente a su propio texto. La concentración es posible, una vez que todas las distracciones han sido hechas a un lado.

La vista se siente descansada. El bombardeo de luz blanca contra la retina cesa y, en su lugar, se puede elegir (a gusto del usuario) un color que resulte refrescante y descansado. Para algunas personas, es verde sobre negro; para otras, como yo, alguna variante de celeste o naranja, según lo que esté escribiendo y si se necesita diferenciar textos.

Si uno, además de escribir, debe realizar tareas de revisión y corrección de textos directamente en la pantalla de la computadora, agradecerá el cambio de la hoja blanca a la hoja negra. Da gusto regresar a la página a seguir corrigiendo a pesar de las horas transcurridas. Desde luego, siempre es necesario pestañear con frecuencia y hacer pausas (so pena de provocar un daño permanente a la vista), pero realmente esta es una manera mucho más saludable de leer, revisar y escribir.

Para quienes utilizan estos programas para editar y corregir, conviene establecer las preferencias para que en la modalidad de pantalla completa pueda verse el texto con el color original. En lugar de emplear negro, se le pueden asignar dos o más colores distintos al texto, de manera que el editor tenga un código para diferenciar sus intervenciones del texto del autor. Los escritores, en cambio, posiblemente preferirán aplicar la función override text color, lo cual hará que en pantalla el texto adquiera un color predeterminado por el usuario, sin importar el color original en la modalidad de vista normal (usualmente negro).

Programas solo para escribir en pantalla completa

La escritura sin distracciones es la principal y casi única función de WriteRoom, un programa de bajo costo en Macintosh, que tiene su equivalente en diversos programas gratuitos de Windows, como DarkRoom, JDarkRoom (con versiones para Mac, Windows y Linux), Q10 y WritersFocus. Lamentablemente, este tipo de programas únicamente sirve para escribir, sin opciones adicionales de formato, excepto negritas y cursivas. No constituyen procesadores de texto en un sentido completo.

Programas para escritura e investigación
En Macintosh, cada vez más aplicaciones han ido incorporando la modalidad de pantalla completa personalizable. El primer programa en hacerlo fue Ulysses, un programa para escritores. Pero también aprovechan esta interfaz aplicaciones de las que ya hemos hablado en este blog como Scrivener, MacJournal y hasta DevonThink. Otras aplicaciones para escritores también muy buenas, como Storyist, incluyen esta función.

Vista de pantalla completa en el procesador de texto
Ahora bien, para quienes necesitan utilizar un procesador de texto (no un programa para escritores), una excelente alternativa es NisusWriter Pro, que también dispone de la función de escritura en pantalla completa con la capacidad de personalizarla para tener cualquier color de fondo y de texto; incluso se le puede asignar un comando para accederlo de manera rápida.

Bean, un procesador RTF gratuito y muy sencillo para Mac también incluye la vista en pantalla completa y se le puede cambiar el color de fondo y del texto a gusto del usuario. Incluso tiene la posibilidad de elegir cuáles paletas se mostrarán en pantalla completa.

En Windows, no queda más remedio que tratar de hacer lo que se pueda con Word. Aunque este programa incluye una función que denomina lectura en pantalla completa no tiene un comportamiento similar al de los programas citados. Lo único que hace es esconder los menús, pero no es posible modificar el color de las bandas laterales y del fondo, así como el tono del texto (y si lo es, no sé cómo hacerlo). Tampoco se puede ajustar el ancho de la hoja ni tener acceso a las funciones de formato de texto.

Para los usuarios de Word y de Windows, por lo tanto, la única alternativa es utilizar la función de color de la página para cambiarla a negro u otro color de su preferencia. Esta función, en Word 2007 de Windows, se localiza en la pestaña de formato. Una vez que se le asigna el color negro al fondo de la página, el programa automáticamente ajusta el color del texto a blanco para efectos de visualización. En lo personal, encuentro el contraste blanco y negro demasiado pesado para la vista, así que prefiero modificar el color del texto por algún otro menos brillante, pero con el suficiente grado de contraste.

El usuario deberá valorar siempre, según su circunstancia, la mejor manera de aplicar la función de fondo negro o de tonalidad oscura, según sus gustos y el grado de avance o complejidad de su documento.

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Entre dos mundos: ¿por qué me conviene sincronizar?

Jamás le había dado importancia a la sincronización, esa pequeña palabra que, en el mundo informático, tiene un significado tan peculiar. Era un conocimiento ajeno, extraño, del que no tenía la mínima noción de cómo podía afectarme a mí directamente, de cómo podía invadir mi vida cotidiana y modificar mi manera de utilizar internet.

Pues bien, tres pequeñas aplicaciones cambiaron eso para siempre. La primera es DropBox. Lo que este programa hace es casi milagroso: crea una carpeta en el disco duro de mi computadora personal y lo vincula a un espacio web privado. En una sincronización que parece instantánea, los archivos son una exacta réplica los unos de los otros. Una vez hecho este primer paso, se procede a instalar la aplicación en la otra computadora, la computadora en la que pasamos la otra parte de nuestro tiempo, de nuestra vida (la del trabajo, por ejemplo) y ahí se crea, también en el disco duro, una réplica de esa carpeta que se sincronizará con la información almacenada en la página web. Cualquier emergencia o descalabro de información se podrá resolver rápidamente gracias al respaldo en la web, también accesible desde un navegador, sin necesidad de instalar el programa.

Esto es casi milagroso. En lugar de estar pasando a una llave maya, tengo carpetas verdaderamente compartidas, comunes, accesibles a la distancia. Esto me evita no tanto el simple traspaso, como el enorme gasto de energía y esfuerzo que me toma tratar de averiguar cuál es la última versión, estar renombrando los documentos y tantos miles de detalles que vienen detrás de estar tratando de sincronizar «a pie» o «a mano» unas carpetas con otras (sumados a los riesgos derivados: perder archivos, borrar la versión más reciente de forma accidental, olvidar hacer el respaldo, reemplazar la versión nueva con la vieja por accidente…).

El segundo programa que ha pasado a ocupar un lugar preferido en mi lista es el Evernote. La aplicación en sí es casi modesta si la comparamos con DevonThink o incluso con NoteBook (de Circus Ponies); sin embargo, tiene unas características que la hacen invaluable: versiones tanto para Macintosh como para PC y sincronización indolora. Así las cosas, la ventaja del Evernote es que puedo instalarlo en dos computadoras de plataforma distinta, una Mac y una PC, por ejemplo, y también mediante una página web que sirve como punto intermedio, sincronizar ambas computadoras. Así, las notas y listas de pendientes que escribo en la computadora del trabajo están disponibles en mi computadora de la casa de manera inmediata, sin mayores traspasos ni pérdidas de tiempo en respaldos de ninguna clase, sin ningún esfuerzo adicional. Las puedo seguir modificando y alterando, actualizando y cumpliendo y, a la mañana siguiente, cuando regrese al trabajo, ahí estará toda la información actualizada, según la última versión de la noche anterior.

La tercera de estas aplicaciones bendecidas por la sincronización es Zotero. Aplicaciones como Sente, Bookends y Endnote son mucho más eficaces administradores bibliográficos, pero todas son aplicaciones de pago y, las dos primeras, solo existen para Macintosh. ¿Qué hacen los usuarios de PC y qué hacemos quienes solo podemos tener Mac en nuestra casa y no en el trabajo? Esta aplicación es un excelente «plan B», una ayuda para disponer de una herramienta de investigación que además se integra bien con Word y OpenOffice. Zotero, exactamente igual que las dos aplicaciones anteriores, puede sincronizar varias computadoras con la misma base de datos, gracias a la intermediación de un sitio de almacenamiento en línea, también accesible como página web.

Estos tres programas son gratuitos y proporcionan una cantidad básica de espacio de almacenamiento en la red también gratuito. Si el usuario siente que el espacio es muy poco, puede optar por un plan de pago para ampliar la capacidad de almacenamiento.

Así, en síntesis, la capacidad de sincronización, la posibilidad de sincronizar varias computadoras (tantas como queramos), ya sean Macintosh o PC, y el hecho de ser aplicaciones gratuitas, hace que estas sean tres herramientas invaluables que pueden transformar la manera de utilizar la red para quienes piensan que internet es solamente navegar y enviar correos electrónicos.

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