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Escribir para quien lee: cómo lograr textos comprensibles

Soy su lector meta (o, para el caso, lectora). Estoy cansada. He trabajado todo el día. Al volver a casa, he lidiado con la cocina, la limpieza y la ropa sucia. He atendido a mi hijo (o hijos, no sabe usted cuántos tengo ni se lo diré). He conversado con mi pareja y he debido responder llamadas y visitas de mi familia. Mi vida está llena de actividades. Y aún así quiero estudiar (o leer, sin más). Son las diez de la noche (o las once o ya se inicia la madrugada). Por fin la casa duerme. Por fin el teléfono calla. Por fin el televisor se silencia. Me queda una hora de lucidez, quizás un poco más. Llegó el momento de abrir el libro y leer su texto.

Sí, su texto. Ese que dice usted haber escrito para mí. Ese que a usted le da tanto orgullo y al que le dedicó las mejores horas de su vida. Ese en el que ha vertido sus frases más excelsas, su investigación más profunda, sus reflexiones más certeras. Ese texto cargado de buenas intenciones y muchas palabras.

Los próximos quince minutos serán decisivos. ¿Qué cree usted que sucederá? ¿Me engancharé en la lectura, con frenesí y obsesión? ¿Pasaré del sopor y cansancio a un eufórico estado de alerta y voracidad lectora? ¿Desearé que la noche tenga mil y una horas más para leer otro párrafo, otra página, otro capítulo?

O…

Por el contrario, ¿caeré rendida sobre a la página, sin poder contener el sueño?

Quizás mi voluntad sea muy fuerte y no me duerma a la primera. Quizás interrumpa la lectura para prepararme un café o un chocolate. Quizás mueva las piernas de acá para allá. Quizás mire hacia la ventana o me distraiga con el sonido de un vehículo distante. Quizás sueñe con la cama caliente y quiera acompañar a quienes ya descansan, sin tener que soportar la tortura de este texto.

Sí. Tortura. De su texto.

Su texto es un medio. Para el caso, es el medio que me permitirá conectarme con su obra. Las ideas, imágenes, mundos, personajes, contenidos y conocimientos se entretejen en la obra, no en el texto. El texto es su evocación, su representación, su codificación, su paso de abstracción a sustancia: la palabra hecha carne (sonido, tinta y papel, para ser más exactos). La palabra y el texto son los instrumentos para que yo pueda recrear mi versión de la obra creada, visualizada, imaginada por usted.

Si ese medio tuvo éxito en su forma, ningún cansancio me detendrá: seré capaz de llegar hasta su obra (su mundo, su imagen, su historia), con mis virtudes y limitaciones, pero llegaré. Me puede faltar vocabulario, me puede no llamar la atención lo mismo que a usted, me puede sobrar alguna que otra reflexión, pero me sentiré inmersa en la obra que usted creó para mí. La crearé de nuevo junto a usted. En el acto de leer, reenunciaré su obra y será, durante ese acto, nuestra realidad compartida.

Pero digamos que usted, al escribir, sucumbió a la vieja trampa de la palabra no oral. Se preocupó por “escribir bonito” y confundió “bonito” y “elegante” con “entreverado y complejo”. Se dedicó a elegir palabras rimbombantes —y no se molestó en verificar su significado—. No se cuidó de las repeticiones innecesarias. Escribió oraciones larguísimas, complejas, macarrónicas y, peor aún, sintió un gran orgullo al escribirlas. Rellenó los párrafos de adverbios, muletillas y “por tantos” vacíos, así conectaran un argumento con el siguiente o tan solo un párrafo sin sentido con otro. Se sintió escritor (o escritora) gracias a esa abundancia florida de estructuras complejas que cree dominar. Alabó su ingenio y se imaginó que ni Cervantes ni Góngora podrían igualarle en su magistral técnica.

Lo que usted tal vez no sabe es que ese, su texto, es para mí algo similar a una enredadera devora-lectores. Lo sigo sin seguirlo. Leo varios párrafos solo para darme cuenta de que mi imaginación divagaba lejos, en los encuentros de la mañana o en el almuerzo de ayer. ¿Qué dijo? No sé. Me devuelvo. Ahora pienso en el fin de semana y si podré ir al cine, o a la piscina o a la playa. ¡Ah, la playa! No. Debo seguir leyendo. Tengo que intentarlo. ¿Qué dijo? Es que no entiendo. A ver, otra vez… Releo. Es inútil. No entiendo. O creo entender, pero, en mi cansancio, no me doy cuenta de cuán diferente es lo entendido de lo dicho. Debo ser yo el problema, ¿verdad? Usted, al fin y al cabo, sabe escribir y tiene una obra publicada. Yo no. Ha de ser que soy tonta, o ignorante, o estoy cansada. Sí, muy cansada. Muy cansada… Exhausta caigo y me despierto una hora después, aún en la mesa, con dolor de cuello. Me iré a dormir. No me queda más.

Ya veremos mañana si puedo leer. Si es que logro encontrar en mí la voluntad suficiente (porque ya vimos que el deseo no será) para retomar la lectura y terminar con heroico estoicismo.

Si estoy obligada a leer, terminaré a como pueda. Si no, tal vez me rehúse por unos días a deshacerme del libro, pero terminaré acomodándolo en la biblioteca o dejándolo por ahí, donde pueda perderse sin remedio.

Fin de la historia.

El texto —la palabra escrita— es en sí mismo un medio. El principal objetivo de quienes lo editan es impedir que este medio sea un estorbo entre quien lee y los contenidos a los cuales intenta llegar a través del texto.

La lecturabilidad de un texto es prioritaria en algunos tipos de publicaciones; entre ellas, en las obras escritas para enseñar o divulgar conocimiento. Cuanto más amplio sea el público que se desea alcanzar, mayores deben ser los cuidados para lograr textos claros, sencillos y comprensibles; es decir, lecturables.

Estas son algunas de las acciones clave que usted puede aplicar para mejorar la lecturabilidad de su texto, siempre con miras a su mejor comprensión por parte de quien lo lee.

  1. Prefiera los párrafos cortos, con unidad de sentido; de manera que las ideas se puedan separar bien entre ellas y ser analizadas de forma independiente durante la lectura.
  2. Escriba títulos y subtítulos adecuados para romper largos bloques de texto. Esto proporcionará anclajes mnemotécnicos para recuperar la información con mayor facilidad.
  3. Separe las las ideas por grupos manejables: agrúpelas por cercanía, pero sepárelas lo suficiente para poderlas procesar, enumerar y relacionar sin confundirlas. Ordénelas de una manera lógica y en una secuencia comprensible y natural.
  4. Construya sus párrafos con una puntuación clara y rítmica (sin incurrir en la comunicación telegráfica). Huya del exceso de oraciones subordinadas y de esos párrafos que se extienden por renglones y renglones sin encontrar un solo punto en su camino.
  5. Considere la memoria de trabajo del lector: para reconstruir el sentido de una oración, la mente debe retener los diversos fragmentos del enunciado durante un cierto tiempo, hasta poder completar la imagen o idea. La llamada “memoria de trabajo” (una memoria inmediata, para manejar información del momento) se encarga de este proceso. Puede retener unos siete bloques a la vez. Si su oración es muy compleja, tiene idea tras idea, subordinación tras subordinación y, de paso, anida ideas entre ellas, la memoria de trabajo se ve obligada a soltar fragmentos (los más viejos se sueltan antes). Reconstruir el sentido completo de la oración-párrafo-texto puede resultar imposible o se hace con un esfuerzo monumental.
  6. Si es una obra didáctica o de divulgación, desglose la información de manera visual para mejorar su memorización (listas, viñetas, cuadros, etc.).
  7. Emplee vocablos contemporáneos, conocidos y cercanos a la experiencia vital de quien leerá. Y si elige tecnicismos o palabras complejas, desconocidas y muy elegantes, asegúrese de proporcionar su significado o que este pueda deducirse del contexto, empléelas bien (verifique su significado) y úselas varias veces (mínimo cinco) para favorecer su adquisición.
  8. Elimine repeticiones, redundancias, vocablos de uso frecuente, muletillas, latiguillos, exceso de adverbios y calificativos bonitos, pero vacíos de sentido.
  9. Absténgase de reflexiones vacías que no hacen aportes reales a la argumentación ni producen pensamiento nuevo.

Y, sobretodo, deje su ego atrás y desapéguese de su texto, de su estilo y de su supuesta genialidad.

Es fácil caer en la tentación de no querer “tocar” el texto para “respetarlo” y dejarlo tal cual. “Me costó tanto escribirlo, ¿cómo voy a borrarlo?”; “Es mi estilo, si me corrige, ya no soy yo”; “Usted no entiende, yo sí entiendo; no necesita corrección”.

Su ego me sale caro a mí, como lectora. Me obliga a perder mi valioso tiempo en muchas oraciones, palabras y frases que pudieron haberse eliminado sin pena ni gloria. “Su estilo”, ese que usted tal vez defendió con vehemencia cuando alguien se lo intentó corregir, se convierte en mi cruz y me obliga a desear no haber gastado un centavo en su libro.

Respéteme como lectora y hágase un favor: no tenga miedo de tachar, reordenar, dividir, unir, sintetizar, resumir, ampliar, explicar, reexplicar… En una palabra: reescribir.

Su primera versión del texto puede haber sido el resultado de un gran esfuerzo, pero salvo que sea usted Cervantes (y que tenga el editor que este tuvo), su texto necesita mucho trabajo antes de que pueda llegar a mis manos con la transparencia suficiente para poder recrear su obra sin inconvenientes.

En síntesis, no le permita a su texto interponerse entre su obra y yo.

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Foto: Pixabay.com

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La escritura por objetivos: palabras, páginas, plazos

La escritura como actividad profesional trasciende las costumbres y actos del mero pasatiempo. Un pasatiempo se realiza cuando la inspiración llame, en el tiempo libre, sin objetivos ni plazos. La escritura profesional o, cuando menos, comprometida, tiene otros requisitos: se realiza todos los días, en un horario establecido y ha de cumplir metas concretas.

Desde luego, las metas más relevantes son las de contenidos: escribir un capítulo, un apartado, un fragmento, un cuento, una escena…

Pero también existen las metas más puntuales y muy tangibles, por palabras o páginas y por plazos, ya sea para un proyecto completo o para cada fragmento, sección o apartado.

En este blog siempre hemos promovido el uso de herramientas profesionales para la escritura. Mientras que la única estadística que Word proporciona es el conteo de palabras y páginas, Scrivener (http://www.literatureandlatte.com) ofrece una auténtica herramienta para seguimiento de objetivos, en parte diseñada para apoyar a quienes participan en NaNoWriMo (el mes nacional de escritura de novelas, http://nanowrimo.org/) y, en general, para cualquier persona que se proponga establecer hábitos profesionales de escritura de textos.

Objetivos de escritura

Scrivener tiene una herramienta denominada Objetivos del proyecto. Se sitúa en el menú Proyecto.

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Una vez activada, despliega una ventana de diálogo en la que se puede especificar una meta global para el manuscrito. Si, además, se configura una fecha de finalización, el programa ayudará a calcular la meta diaria de palabras que se requiere para completar el proyecto. Para cambiar la meta global, basta poner el cursor encima de la cifra que se desea alcanzar. En el siguiente ejemplo, se pone el cursor en donde dice “50.000” y se cambia por cualquier cifra que uno desee. En donde dice “palab…” hay unas flechas con las que se puede cambiar la medida de “palabras” a “páginas”, según se necesite.

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Para configurar la fecha, es necesario accionar el botón Opciones en esa ventana de diálogo. Aparecerá otra ventana nueva en donde se podrá especificar otros detalles, como la fecha de finalización, si se desea reiniciar la sesión a la medianoche e incluso si se permitirá escribir el día de finalización del plazo.

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De esta manera quedan configurados los objetivos del proyecto. Si se activan las notificaciones, el programa emitirá un aviso cuando se alcance la meta del día; una excelente manera de mantenerse alerta y a la espera del esperado aviso de éxito.

Además de establecer metas para el proyecto, también puede ser útil definir objetivos por documento. En tal caso, se crea un documento nuevo en el manuscrito y se busca un pequeño símbolo, similar a una espiral, situado en la esquina inferior derecha de la barra inferior del documento. Se pulsa sobre el símbolo y se despliega una ventana de diálogo en donde se puede establecer una meta para ese documento.

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La ventaja de este método es que el programa mostrará una barra de avance del manuscrito que irá pasando del color rojo al amarillo, hasta llegar al verde, cuando se haya alcanzado la meta de escritura. Este método contribuye a mantener una elevada motivación y sirve para ayudarse en momentos en que la única consigna es seguir escribiendo, o cuando se tiene un proyecto muy estructurado, con partes que han de tener una extensión similar.

Estadísticas del proyecto

Scrivener se toma muy en serio la información estadística. Por esa razón, todos los documentos muestran, en la barra inferior, la cantidad de palabras y caracteres escritos. Estos datos están siempre a la vista y no hace falta buscarlos en un recóndito menú y perder tiempo de escritura en ello. Ahora bien, para revisar las estadísticas globales del documento y el estado de avance, se consulta la herramienta Estadísticas del proyecto, en el menú Proyecto. Ahí no solo puede verse la información con distintas medidas, como caracteres, palabras y páginas, sino que es posible definir hasta la cantidad de caracteres o palabras que tiene cada página, según el conteo que se realiza y decidir cuáles documentos del proyecto se toman en cuenta para la estadística.

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Estadísticas del texto

Otra herramienta para las estadísticas es la denominada Estadísticas del texto. Aquí se despliegan las estadísticas para el texto seleccionado, ya sea un solo documento o el manuscrito íntegro. Aquí, más que la cantidad de palabras, interesa la cantidad de repeticiones por palabra. Es una excelente manera de tomar conciencia de nuestros lugares comunes y latiguillos; es una ayuda esencial durante el proceso de reescritura y corrección.

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En síntesis

El uso de estadísticas solo tiene sentido cuando se saben interpretar para aplicarlas a un propósito claro. Estas herramientas informáticas son inútiles si no van aparejadas a retos puntuales, objetivos específicos, metas concretas y a una escritura constante, de ser posible diaria y sistemática. Las aplicaciones de esta manera de concebir el acto creativo son tantas como lo quiera usted. Por ejemplo, si está escribiendo un proyecto en donde conviene tener una extensión similar en todas las secciones o apartados, el establecimiento de metas por documento será un instrumento esencial para llevar un control preciso de escritura en cada momento. Por otro lado, si se participa en un reto como NaNoWriMo, se favorecerá la herramienta global y el cálculo automático de metas por sesión diaria.

En cualquier caso, el resultado siempre será el mismo: estas son tan solo herramientas y el verdadero trabajo de escritura lo realizará usted. ¡Ánimos y a aprovechar esas cifras!

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Herramientas útiles para escribir novela

Hoy es el segundo día de NaNoWriMo (http://nanowrimo.org), el mes nacional de escritura de novelas, y vale la pena hacer un repaso de algunas herramientas útiles para la escritura profesional.

Desde luego, para poner palabras por escrito, la base será siempre la misma: bastará papel y lápiz, y si solo eso se tiene, está bien. No falta más.

Pero si ya entramos a un mundo electrónico, se dispone de muchas más herramientas para poner el pensamiento por escrito, organizar las ideas, hacer un seguimiento del progreso y hasta bloquear las distracciones. Vale la pena conocer cuáles pueden ser las más útiles para hacer el salto del garabateo en papel a verdaderos instrumentos para sostener una alta y eficiente productividad.

Este artículo reúne mis herramientas favoritas.

Programa de escritura

El primer paso es elegir un adecuado programa o plataforma de escritura que sea ágil y óptimo para la creación de proyectos largos, como una novela. Olvidémonos aquí de los procesadores de texto tradicionales.

Tras mucho probar, mi programa favorito es Scrivener (http://www.literatureandlatte.com). Corre en Macintosh, Windows y Linux (más o menos); y la versión de Mac ya está disponible en español. Es un programa de pago pero con un precio muy accesible. Hay un 20 % de descuento para los participantes de NaNoWriMo y un 50 % para los ganadores. Este es el mes ideal para poner el programa a prueba, porque se libera una versión de evaluación que caducará a mediados de diciembre en lugar de los 30 días usuales.

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Otros programas de Mac especializados en la escritura creativa son Ulysses (http://www.ulyssesapp.com), que sincroniza con Daedalus, una estupenda app para iPad y iPhone; y Storyist (http://www.storyist.com), con una excelente contraparte para iPad y iPhone.

En Windows, uno de los programas de pago favoritos es Liquid Story Binder (http://www.blackobelisksoftware.com), en este momento con 50 % de descuento con ocasión del NaNoWriMo.

Otras opciones gratuitas son yWriter (http://www.spacejock.com/yWriter5.html), para Windows, y Lit Lift (http://www.litlift.com), una aplicación web para la escritura creativa.

Para combatir el bloqueo de escritura (y participar en las guerras de palabras), el mejor instrumento es Write or Die (http://writeordie.com), en cualquiera de sus versiones: aplicación web gratuita, aplicación para Mac, Windows o Linux y app para iOS. Este programa obliga a escribir contrarreloj, con la amenaza de aplicar algún castigo si se detiene el flujo de palabras, como alertas o el más drástico borrado en reversa.

Lluvia de ideas

Los procesos creativos de cada persona son distintos, pero a menudo surgen ideas por aquí y por allá que urge recopilar de alguna manera: fichas, anotaciones, esquemas a mano alzada… Desde luego, nada impide hacerlo en papel y tener un cuaderno de notas siempre listo para recopilar esas ideas fugaces que se aparecen en el momento menos esperado.

Ahora bien, si se quieren herramientas digitales para hacerlo, lo mejor es acudir a los programas para elaboración de mapas mentales. Cuán estructurados o libres sean dependerá del tipo de proceso creativo que realiza cada persona.

Los creadores de Scrivener han diseñado un programa para este proceso, Scapple (http://www.literatureandlatte.com/scapple.php), muy libre y poco estructurado que permite reproducir la experiencia de poner texto por aquí y por allá en una hoja de papel. Se plantea como un programa específico para la escritura creativa y a un precio razonable ($15), con 20 % para participantes de NaNoWriMo. El programa corre en Mac y Windows.

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Hay gran cantidad de programas genéricos para hacer mapas mentales, desde los gratuitos, como el FreeMind (http://freemind.sourceforge.net/wiki/index.php/Main_Page), hasta algunos programas que sobrepasan los $150. No recomendaré ninguno en particular, porque aquí la selección dependerá por entero de cómo trabaje la mente de cada quien.

Planeamiento de obra

Una obra puede adquirir forma mucho antes de iniciarse la escritura. Para quienes tienen la capacidad y la necesidad de planificar, elaborar una lista con viñetas no es suficiente. Se necesita una herramienta que permita ciertas cosas, como establecer jerarquías, elaborar una descripción para cada ítem y, si se puede, hacer un seguimiento de tareas. Scrivener tiene la modalidad de outline o bosquejo, pero solamente se pueden ver los documentos ya creados; no es tan funcional para planificar con antelación.

Tras muchas pruebas, mi programa favorito no es el más barato y solo corre en Mac y el iOS (por eso, me disculpo): OmniOutliner (http://www.omnigroup.com/omnioutliner/). La app de iOS, si se quiere, es hasta más atractiva que la de Mac.

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Otros programas que pueden utilizarse para elaborar esquemas y planificar obras (aunque no son tan especializados y tienen también otros usos) son el Circus Ponies Notebook (http://www.circusponies.com), para Mac y iOS; el OneNote (http://office.microsoft.com/es-hn/onenote-help/novedades-de-microsoft-onenote-2013-HA102749260.aspx), que forma parte del paquete de Microsoft Office, y el Evernote (http://evernote.com/), que es gratuito y puede utilizarse desde su aplicación web, sus versiones de Mac y Windows y sus apps para dispositivos móviles. Estos tres programas se parecen mucho en sus funciones —aunque difieren en sus interfaces y particularidades—. También tienen otra gran cantidad de funciones compatibles con la escritura creativa, el planeamiento y el seguimiento: llevar diarios, registrar el progreso, elaborar listas de pendientes, recopilar cierta información relevante y tomar notas generales. Muy recomendados los tres.

Líneas de tiempo

En una obra ficcional compleja, en donde existe una clara sucesión de eventos, con uno o varios arcos de historia y múltiples personajes, la línea de tiempo es una herramienta de gran utilidad. Aquí, el único programa que vale la pena mencionar es Aeon Timeline (http://www.scribblecode.com), diseñado para cumplir las necesidades creativas de una novela. Contempla el seguimiento de arcos de historia, líneas específicas por personaje y hasta calendarios personalizados. Los datos pueden sincronizarse con Scrivener para una experiencia más completa de ambos programas. Corre en Mac y Windows. Se puede adquirir en este momento con un 20 % de descuento, desde un vínculo en los foros de NaNoWriMo y los ganadores tendrán un 40 % de descuento.

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Concentración y productividad

Por último, para quienes sean amigos del uso de herramientas de autorregulación, puede ser útil tener a mano algún programa para obligarse a trabajar y bloquear cualquier otra distracción. En este sentido, nada le gana a Vitamin-R (http://www.publicspace.net/Vitamin-R/), que se puede combinar con Concentrate (http://www.getconcentrating.com), para bloquear, por ejemplo, Facebook y Twitter. Ambos son programas de pago y exclusivos de Mac.

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Una alternativa gratuita es emplear la técnica Pomodoro (http://pomodorotechnique.com) con un reloj de cocina o hasta un cronómetro de mano. Basta fijar sesiones de escritura de 30 minutos y sentarse a cumplirlas, sin atender ninguna otra tarea o distracción. Si alguien llama a la puerta, se le pide que vuelva al terminar el “pomodoro”. Se toman descansos de cinco minutos y se va al siguiente “pomodoro” o segmento temporal. Es muy útil para aprovechar el tiempo en estas épocas de distracciones.

Estos programas se pueden complementar con apps de ruido blanco (incluido en Vitamin-R) y de frecuencias binaurales para estimular la corteza cerebral y los procesos mentales. Hay algunas apps muy buenas para iOS que cumplen esta función. Las secuencias están diseñadas para estimular el pensamiento creativo, la concentración, la solución de problemas, la inspiración y, en general, procesos mentales de todo tipo, según el interés del usuario. Mis favoritas son las de Banzai Labs (http://www.banzailabs.com/brainwaveapps.html).

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En síntesis

Ninguna de estas aplicaciones es indispensable para escribir, no realmente. Para escribir solo hace falta… ¡escribir! Pero una vez que uno se familiariza con ellas y las incorpora en su flujo de trabajo, estas herramientas facilitan la vida y proporcionan un excelente marco para una experiencia creativa más profesional y completa. Se convierten en pequeñas claves del éxito y trucos que vale la pena compartir.

Y ahora, no más procrastinación. ¡A escribir!

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Cómo participar en NaNoWriMo

A raíz del artículo del día de ayer sobre NaNoWriMo, el mes nacional de escritura de novela, nos preguntan en el blog cómo participar. Para quienes todavía no conocen la dinámica, estas son las reglas básicas.

El evento es libre, voluntario y gratuito. El verdadero acontecimiento es que una persona dedique su tiempo a escribir esa historia tanto tiempo escondida en sus deseos, en sus sueños o en sus intenciones. Pero, para lograr esta meta, tener algo de presión y crear un buen ritmo y hábito de escritura, la idea de NaNoWriMo es hacer esto de forma sincronizada con otras personas, con un objetivo definido (50 000 palabras) y una fecha de finalización (30 de noviembre).

El plazo en sí mismo es un gran incentivo para ponerse a trabajar. El apoyo puede obtenerse de dos maneras: a la distancia, con otras personas propuestas a alcanzar la misma meta, sin importar el país o la región del mundo (o hasta la lengua) o incluso con alguien cercano, quizás formando grupos locales para hacer sesiones colectivas de escritura. En inglés los llaman write-ins y son reuniones de “nanos”.

Para lograr esta sincronización, The Office of Light and Letters, el grupo que organiza NaNoWriMo ha montado un sitio web (www.nanowrimo.org) en donde cada participante crea un perfil con el que puede participar en los foros y llevar el registro de su avance de escritura. En la última semana de noviembre se desbloquea la función para validar la novela. Se copia la novela completa en el “validador” que certifica las cincuenta mil palabras necesarias para declarar a los ganadores. No queda copia de la novela en ningún lugar del servidor y, si aún así queda desconfianza, el mismo sitio web ofrece instrucciones para alterar el texto y volverlo ilegible, sin alterar el conteo de palabras.

La sincronización del evento es grupal, pero la escritura es personal. Cada quien escribe en la lengua de su preferencia. Hay foros generales y foros regionales. Los foros de España y Latinoamérica están en español y ahí es posible compartir con otras personas que escriben en esta lengua.

¿Y si alguien no quiere escribir novela? En tal caso, se declara “rebelde” y escribe lo que quiera, con tal de alcanzar la meta de 50 000 palabras en 30 días.

Entre los eventos grupales que se dan en los foros se encuentra toda clase de dinámicas textuales: retos de escritura, juegos de palabras, creación de personajes, diseños de cubiertas, historias huérfanas, guerras de cantidad de palabras escritas…

En los foros también se encuentra una zona para los patrocinadores del evento. Algunas empresas ofrecen regalías o descuentos de algún tipo en sus servicios. Por ejemplo, Amazon aprovecha para promover su sitio de autopublicación CreateSpace; Lulu.com tiene este año algunas ofertas especiales para los “nanos” y los desarrolladores de programas como Scrivener, Storyist y Aeon Timeline (todos programas para la escritura creativa) ofrecen un cupón de 50 % de descuento sobre el precio de venta final para quienes ganen el NaNoWriMo (para lo cual es imprescindible validar la novela antes del 30 de noviembre).

En términos generales, este es un resumen básico de lo que se necesita para participar en NaNoWriMo, aparte de las ganas y la fuerza de voluntad para hacer un espacio en la agenda cotidiana dedicado por entero a la palabra escrita. Si usted quiere participar y tiene más preguntas, siéntase en libertad de hacerlas y, con todo gusto, haremos lo posible por responderlas.

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NaNoWriMo y la Noche de Brujas

Parte del mundo occidental está hoy celebrando su Halloween, Víspera de Todos los Santos, Noche de Brujas, Samhain y otros nombres para esta fecha en que el telón de la realidad se corre un poco para dejar entrever el mundo de los espíritus. Ya sea como una fiesta en donde al recordar la muerte se celebra la vida, como el Día de Muertos mexicano, o como el inicio de un nuevo ciclo en donde se añora y despide a las almas de quienes ya han partido, como el festival de Diwali en India, lo cierto es que este momento del año se presta para distanciarse un rato de la cotidiana realidad.

Así, muchas personas recuerdan historias de fantasmas y aparecidos, leyendas de monstruos y espantos y traen a la luz los cuentos añejos, terroríficos y llenos de curiosidades. Fantasía o realidad, la conciencia se enfoca en ir más allá de su mundo inmediato, se disfraza, se viste de locura y fiesta, se llena de luces y velas, baila en las llamas de las lámparas de Halloween y se relame con las golosinas de la generosidad ajena. Y aún en países como el mío, en donde Halloween no pasa de ser un evento en redes sociales, con una que otra fiesta de disfraces y una caminata de zombis, este día evoca la magia y recuerda por qué existe el viejo oficio de narrar.

Nunca lo había pensado así, pero es un momento perfecto para iniciar NaNoWriMo, el mes nacional de escritura de novela (por su nombre en inglés, National Novel Writing Month). Durante los próximos treinta días, escritores y escritoras de todo el mundo sincronizaremos nuestras plumas, computadoras, tabletas, máquinas de escribir y servilletas (si es necesario) para alcanzar una misma meta: escribir cincuenta mil palabras de una novela. Algunos de estos, ya con mucha práctica y capacidad prolija, se atreverán a subir la apuesta. Hasta ahora, el máximo que he visto ha sido medio millón de palabras escritas en un mes. Otros se declararán rebeldes y escribirán cuento, blog, ensayo, teatro… Al final de cuentas, no importa qué se escriba, mientras se escriba.

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A pocas horas de iniciar el evento (hora Centroamérica), casi hay 210 000 novelistas registrados. Esta cifra aumentará en los próximos días, conforme se vayan acercando los rezagados, los que recién se enteran y los arrepentidos, quienes querían y no querían y, al final de cuentas, aquí están.

Durante los próximos treinta días, estaré combatiendo la cotidianidad, mi trabajo diurno, mis obligaciones familiares y hasta mis ratos de ocio para obligarme a escribir esas 1667 palabras diarias imprescindibles para alcanzar la meta. Aun si el resto del año no he sido capaz de escribir tanto (hay años de años y este es uno de esos años en que escribir es un acto casi heroico), este mes me abandonaré al placer inefable de permitirles a las palabras fluir de donde vengan. Fluirán con libertad, sin inhibiciones, sin itinerario, con un rumbo que se irá revelando por sí mismo. Me lanzo al viaje y a usted, si forma parte de esta gran masa de amantes de la palabra, le espero en el barco de noviembre, el mes de la novela.

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La palabra engendra palabra

Una de las fantasías más extendidas de quienes amamos la palabra como acto creativo es llegar a tener la autonomía y el tiempo para dedicárselo por entero a los placeres de leer y escribir. Nos imaginamos el día entero entre libros o creando las obras que nos llevarán hasta el codiciado estatus de escritor independiente que vive de las ventas de sus obras.

Desde luego, estas fantasías chocan con una realidad apabullante. Cuando logramos obtener un día de descanso, nos pueden asaltar el sueño, el cansancio, la necesidad de reposo y, sobre todo, las distracciones. Lo que tanto deseamos escribir se desvanece en la penumbra de clics azarosos y tareas insignificantes. No pasa de ser un bonito sueño, una agradable fantasía.

Pareciera como si al entrar en “modo de descanso”, también perdiéramos la conexión con esa capacidad interna de crear.

He tenido la experiencia personal de renunciar a todo para dedicarme a escribir y no poder hacerlo. Como también conozco lo que es escribir a diario, sin tregua, justo cuando mi vida laboral está más llena de obligaciones y plazos de entrega.

En mis épocas más activas, me he levantado de madrugada a escribir, he leído libros camino al trabajo, he editado y corregido durante mis labores remuneradas, he escrito versos y diálogos durante mi hora de almuerzo o en un café, mientras espero a que se disipe el más pesado tránsito en la ciudad y todavía he llegado por la noche a conversar con mi pareja sobre el acto creativo y teoría literaria. Durante la noche, sueño con las historias y me levanto al día siguiente a continuarlas.

En cambio, periodos de vacaciones y licencia por enfermedad a menudo se han convertido en silencios prolongados. Cuanto más se prolonga el silencio, más cuesta recuperar la rutina diaria de la palabra.

Escribir, de verdad escribir y no limitarse a soñar con hacerlo, es un acto de fuerza, valor, constancia y acumulación. No sirven las excusas, la autocompasión y las adversidades. No se vale decir “no tengo tiempo” o “lo haré más adelante”. Cuanto más se logra escribir, aunque el resultado parezca inútil, más se activan los sentidos de la creación enunciativa. Hay que escribir, escuchar, enunciar, conversar, corregir y volver a escribir. La palabra engendra palabra. Las excusas solo engendran silencio.

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Salud y escritura

En mi experiencia personal, no basta con hacer un horario, tener una disciplina diaria y sentarse frente a nuestros instrumentos de escritura para obligar a la inspiración a hacerse presente. También es indispensable una claridad mental sintonizada, en primer lugar, con el acto creativo de escribir y, en segundo, con el texto en proceso de elaboración.

Por “claridad mental” no me refiero aquí al estado normal bajo el que tomamos decisiones cotidianas como preparar el desayuno o ir al supermercado. Se necesita un cierto estado cognitivo en donde puedan crearse relaciones nuevas, traer a la consciencia palabras olvidadas, recrear situaciones, sintonizarse con personajes, evocar conocimientos, hacer investigación, sintetizar, expandir, explorar, disertar, discurrir… Hay gran cantidad de procesos creativos que intervienen en el acto de escritura y demandan un alto grado de lucidez; verdadera lucidez, no solo un estado de semiconsciencia despierta y activa.

Los síntomas de la falta de lucidez y concentración no siempre son tan evidentes como la fiebre, tos y retortijones estomacales. A veces se nota en actos sencillos, como retornar al Facebook o al Twitter una y otra vez, distraerse con facilidad, intentar escribir sin que ninguna palabra se asome, incapacidad para sintonizarse con las ideas desarrolladas en la última sesión de escritura, cabecear frente al teclado o el cuaderno…

Cuando estos signos se aparecen, es el momento de hacer un alto, observarse y correr un diagnóstico de la situación.

Un cuerpo al borde del sueño, con dolor de espalda, con lesiones graves o enfermedades de cualquier índole hace muy difícil la tarea de concentrarse a cualquier otro nivel. La fiebre y el dolor de cabeza impiden la concentración y la actividad mental, más todavía cuando se convierten en migrañas de horas de duración. Tales situaciones no se discuten: ¡a descansar, tomarse sus medicinas y recuperarse!

A veces el agotamiento no es muscular, sino el resultado de situaciones extenuantes a nivel emocional: problemas en el trabajo o con la familia, nuestras cuitas personales, la vida… Incluso situaciones de gran alegría y júbilo pueden robarse toda la energía creativa, como las primeras etapas de una nueva relación amorosa. El enamoramiento va acompañado de un paquete hormonal bastante difícil de combatir. Las horas libres que se podrían dedicar a la escritura suelen escurrirse en llamadas telefónicas, ensoñaciones amorosas, preparativos para la cita perfecta, conversaciones con las amigas o con los amigos (muy distintas entre sí, según sea el caso). Quizás sea imposible sintonizarse con el texto en proceso, pero tal vez se puede desahogar en un diario personal y, quizás, en el futuro, aprovechar esas impresiones frescas y genuinas para algún proyecto creativo. En tales casos, la escritura es una excelente herramienta de psicoanálisis y desahogo llano, aun cuando no se pueda encauzar por el rumbo deseado.

Otro estado alterado del equilibrio usual es, para las mujeres, el embarazo. Con un paquete hormonal poderosísimo —más fuerte todavía que el del enamoramiento—, se pasa del júbilo extremo e incontenible, en unos casos, o del estado de shock y la depresión, en otros, al cansancio absoluto, aparte de muy diversas transformaciones fisiológicas que pueden incluir, en algunos casos, enfermedades graves o de cuidado. Algunas mujeres describen un estado de adormecimiento mental que solo finaliza con el parto. No se me malentienda, no quiere decir que las mujeres embarazadas tienen algún tipo de discapacidad mental o algo similar (no demos pie a prejuicios innecesarios); pero la cantidad de horas de sueño aumenta —para atender las necesidades de formación de un nuevo ser humano—, las horas de lucidez y claridad se reducen y ese estado fisiológico de constante dormir se puede traer abajo las mejores intenciones de escritura. Esto sin mencionar la cantidad de energía y esfuerzos que forzosamente se dirigen a la llegada del bebé. Tales situaciones son extraordinarias y ocurren muy poco en la vida. Es mejor disfrutarlas y postergar la escritura un tiempo, en lugar de forzarla.

El agotamiento mental, aun cuando no esté ligado a ninguna enfermedad o estado alterado del organismo, es quizás el mayor enemigo de la rutina de escritura. Para una buena mayoría de las personas, los artificios de la palabra son una actividad marginal, realizada antes o después de la jornada laboral y de la vida familiar. Esas otras “vidas” son muy demandantes: obligan a tomar decisiones, realizar labores de muy diversa índole, enfrentar problemas de todas clases y, sobre todo, encauzar la energía mental según lo solicite el empleador. Al fin y al cabo, debemos alimentarnos y es difícil hacerlo si no se tiene un trabajo remunerado.

¿Cómo superar estas dificultades?

Un buen plan de escritura ha de contemplar siempre los contratiempos derivados de estados mentales adormecidos, alterados, aturdidos o sintonizados con otras necesidades diarias. Esto incluye una buena alimentación, ejercicio físico, respetar las horas de sueño y, en general, invertir en sostener una salud equilibrada. El esparcimiento también tiene una función: ayuda a combatir el agotamiento del sistema nervioso y sus síntomas, como la irritabilidad y dificultades para alcanzar un estado óptimo de concentración. Lejos de ser un desperdicio, esos tiempos de natación o de risas entre amigos pueden hacer más por una rutina de escritura que sentarse religiosamente a escribir y ver desvanecerse las horas sin resultado alguno.

Sin embargo, cuando entramos de lleno a un estado imposible de combatir, como una enfermedad grave, un enamoramiento brutal o un embarazo, a veces solo queda aceptar la realidad: ese no es el momento para garabatear más que algunas líneas y notas, en el mejor de los casos. En esa situación, más vale vivir la experiencia y recordarla muy bien. ¿Quién sabe? Quizás se convierta en objeto de un texto, una vez superada. Las muchas horas en un hospital, los ratos de delirio, las fiebres, las jaquecas, los partos, los amores imposibles… Todo está lleno de oportunidades, personajes y temas interesantes y, en esos casos, vivir y fijar en la memoria el momento puede ser el acto de escritura más provechoso y, a la larga, el más rentable. Porque no siempre el acto creativo de “escribir” consiste en trazar caracteres sobre la hoja en blanco. Soñar, filosofar y vivir también son actos creativos indispensables para las artes y oficios de la palabra.

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