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El verbo bastar: uso para una buena comunicación

El verbo intransitivo bastar en su presente indicativo basta, tiene diversos significados según la construcción utilizada y su contexto. Su comportamiento sintáctico es distinto de otros verbos españoles y eso le otorga gran versatilidad, pero también abre la posibilidad de usarlo de manera imprecisa según las intenciones de comunicación.

Algunas construcciones correctas del verbo bastar son:

Este trozo de cuerda basta para atar el paquete.

Nada basta a su ambición. (Moliner, 2007: 368).

En estos ejemplos, el significado de basta es ‘ser suficiente’: Este trozo de cuerda es suficiente para atar el paquete; Nada es suficiente para su ambición.

El uso de preposiciones también enriquece y diversifica sus usos y significados: basta con, basta de, bastar(se) para (Slager, 2007: 85-86). También tenemos las construcciones bastar y sobrar y hasta decir basta (Moliner, 2007: 369).

Por lo tanto, según la construcción gramatical en la que se utilice, este verbo necesitará de componentes sintácticos adicionales para leerse y comprenderse. Así, basta, sin acompañamientos es un imperativo útil para detener una situación o para cambiar de una situación a otra:

¡Basta!
¡Basta ya!

Pero, si incluimos en la oración el qué se quiere detener, es necesario incluir la preposición de para lograr la construcción basta de. La preposición introduce la situación que se desea detener, ya sea a la mayor brevedad, como una orden, o como antecedente de algo más:

¡Basta de majaderías!
Basta de teoría y pasemos a la práctica.

También se puede acudir al uso de adverbios, para especificar y aclarar el significado. Así, podemos decir:

No basta con hablar (es necesario pasar a la acción).

O bien, su opuesto:

Basta con hablar (cualquier acción es innecesaria).

En estos dos ejemplos, el uso del adverbio de negación hace la diferencia en el significado.

Un ejemplo de corrección

Para ver cómo el uso de la construcción sintáctica del verbo puede hacer una gran diferencia semántica, me robo el ejemplo de una oración que encontré en un afiche. Aquí, el verbo bastar está empleado de tal manera que entra en contradicción con el mensaje general del cartel.

Basta que nos saquen de la plaza sin darnos una solución. Queremos tener un espacio para practicar nuestro deporte ! [sic].

En este ejemplo, el basta, por ser empleado sin preposiciones o adverbios, sería equivalente a “es suficiente”. La oración, por lo tanto, se leería: Es suficiente que nos saquen de la plaza sin darnos una solución. Pero entonces se abren interrogantes: ¿es suficiente para qué? No hay información aquí para saberlo. Se puede deducir, de la oración, que algunas personas fueron expulsadas de una plaza sin recibir alternativas. Pero entonces, ¿a qué se refiere el “basta”?

De hecho, si no se tomara en cuenta la oración siguiente, casi se diría que esta es la expresión opuesta a aquello que se pretende comunicar. Puedo escuchar a un líder comunal diciendo: “basta sacarlos de la plaza [sin preocuparnos de darles una solución] para acabar el problema”. Pero no me puedo imaginar a una de las personas agraviadas diciendo “basta que me saquen de la plaza [sin darme una solución] para acabar el problema”. En otras palabras, ¿qué falta?

Dado que la oración no es clara o parece incompleta, obliga a realizar un ejercicio de especulación que, en el caso de un afiche, no debería producirse. Una de las reglas básicas del afiche es constituir un “golpe al ojo”, un instrumento de comunicación transparente, con un mensaje intenso, transmitido en un espacio y tiempo mínimos (un fragmento de pared física o virtual, unos cuantos segundos). El significado debería ser directo, claro, al grano y sin ambigüedades. Por lo tanto, al carecer de una explicación adicional o de un contexto adecuado, la oración parece perfectamente gramatical, pero no lo es. Lo que es peor: no comunica el mensaje deseado y se puede creer que transmite la idea opuesta.

Ahora bien, si se exploran otras construcciones gramaticales, la oración podría comenzar a tener sentido, incluso sin otros añadidos:

No basta con que nos saquen de la plaza sin darnos soluciones.

Basta de que nos saquen de la plaza sin darnos soluciones.

En el primer caso, se entendería con claridad de que prohibir el uso de la plaza es insuficiente: se necesita una solución. En el segundo caso, se solicita y se exhorta de manera directa a terminar con esta acción, claramente considerada una agresión. Así, con cualquiera de estas dos correcciones, la oración adquiere sentido y, de paso, recupera su estatus de oración completa, gramatical y, sobre todo, semánticamente correcta.

En síntesis

Algunas personas no especialistas en gramática y comunicación podrían argüir que no existe ambigüedad real en el mensaje, podrían decir que la información supuesta, inferida o hasta conocida detrás del afiche es suficiente para comprender. Podrían decir que, de alguna manera, “entienden”. Esta comprensión es ilusoria. Entienden lo que quieren leer, entienden lo que saben debería decir ahí; pero no han leído ahí el significado. Lo han puesto de su cosecha, al añadirle a la oración aquello que le falta. ¿Qué pasa con quienes desconocemos los antecedentes?

Al leer esta oración algo salta a la vista, algo “no suena” bien, algo “no se entiende bien”. Y aun cuando la incomodidad pueda parecer inocua, aun cuando sea muy difícil llegar a explicarla, el trabajo de quienes nos dedicamos a la corrección de textos siempre será señalarlo y ayudar a comprender, de manera racional y argumentada, esa incomodidad inconsciente, esa sensación intuitiva, ese “esto no está bien”. La responsabilidad es mayor cuando sabemos que el producto (un afiche) circulará entre un gran número de personas e incluso contribuirá al éxito o fracaso de una causa. Y dado que el producto es público, de paso, también se contribuye a distribuir una buena reputación para quien promueve la actividad.

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Afiche del cual se extrae el ejemplo del artículo. Se aclara que este artículo no pretende apoyar o combatir la actividad. En lo personal, debido a mi idealismo, me alegro de que un grupo de jóvenes tenga el impulso y el entusiasmo para organizarse y solicitar algo (lo que sea, mientras sea sano), en esta sociedad llena de indiferencia y pasividad. Pero no tengo vínculos con los grupos organizadores o sus actividades. De hecho, si intentara utilizar una patineta, sin duda experimentaría un grave accidente y debería ausentarme por un largo tiempo del blog.

Anecdotario: la historia de este artículo

Este artículo surgió de un comentario mío en el muro del Facebook en donde descubrí el afiche. Preocupada por la falta de sentido que encontraba en la oración aquí analizada, quise advertir a los organizadores sobre el que me parecía un grave problema de comunicación. Nótese que me abstuve de hablar de las tildes, la ortotipografía de los signos de admiración y hasta los problemas enunciativos del encabezado. Entrar en temas de diseño ya era también demasiado. Mi razonamiento inocente fue este: “si van a imprimir afiches, tal vez estén a tiempo de corregirlos”. Claro, a mis ojos, un error de comunicación en un afiche es algo grave y, de paso, los errores de ortografía solo sirven para transmitir una imagen de ignorancia y descuido. Este grupo de jóvenes se queja continuamente de su mala reputación ante la comunidad alajuelense. Como joven que fui alguna vez (y no he dejado de ser), me pareció digno ayudarles a mantener una buena imagen, al menos en ese pequeño detalle. Ni siquiera se me ocurrió pensar en “darles una clase de español”. Ya sabemos que lo mío son los libros, no las clases.

Así, con toda la brevedad que un comentario de Facebook debe tener, me restringí a indicar el error, una brevísima explicación de su causa y las soluciones posibles. Esta fue la respuesta que recibí:

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Moraleja: nunca corregir a quien no quiere recibir correcciones.

Lista de referencias
Moliner, María (2007). Diccionario de uso del español (3.
a ed., 2 vols.). Madrid: Gredos.
Slager, Emile (2007). Diccionario de uso de las preposiciones españolas. Madrid: Espasa.

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Insumos para la corrección de textos: lista de deseos

Estas fechas navideñas, bien podemos aprovechar para completar nuestro estante de insumos bibliográficos para la corrección de textos, sumándonos a la corriente de dar y recibir (o incluso para darse un pequeño regalo “de mí para mí”).

La siguiente es tan solo una lista de algunas obras conocidas por esta servidora, y no pretende ser una bibliografía exhaustiva. No obstante, si usted está a medio camino de armar su biblioteca o tiene alguna persona muy apreciada a quien desea darle un obsequio especial, esta lista navideña (para el Niño Dios, los Tres Reyes Magos o Papá Noel, igual da) puede servirle como guía.

El aparente orden caótico de la lista responde a un criterio de selección según su valor y utilidad, de modo que es una lista organizada según el orden de prioridad. Se excluye el Diccionario de la lengua española (2001) porque las entradas más actualizadas se consultan en línea y se está a la espera de una nueva edición, prometida inicialmente para dos años atrás.

Obras básicas de las academias de la lengua
El punto de partida de la corrección de textos es la norma generalmente aceptada y avalada por los organismos institucionales para tal efecto. En nuestra lengua, esta función la cumplen la Real Academia Española y las academias de la lengua de cada país hispanohablante.

  • Real Academia Española. (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe. Se puede consultar en línea, pero es una obra útil cuando el sitio de la RAE no funciona.
  • Real Academia de la Lengua y Asociación de Academias Americanas. (2010). Nueva gramática de la lengua española Madrid: Espasa-Calpe. Obra indispensable, ahora en tres volúmenes. Existe una versión abreviada.
  • Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Libros. Obra indispensable por todas las reformas ortográficas y vastos temas que cubre en comparación con sus predecesoras.

Obras descriptivas de la lengua
Los dictámenes de las academias deben siempre sopesarse con la realidad. Las obras descriptivas y los diccionarios de uso son el instrumento adecuado para valorar un dictamen académico que podría resultar ajeno a nuestro contexto cultural o temporal.

  • Moliner, María. (2007). Diccionario de uso del español (3.a ed., 2 vols.). Madrid: Gredos. Es el diccionario de uso más buscado y apreciado. También tiene una versión digital, pero queda obsoleta con facilidad por falta de apoyo técnico de la editorial. La versión en papel siempre estará ahí, lista para usar, aun cuando se actualicen los sistemas operativos y cambien las modas digitales.
  • Martínez de Sousa, José. (2008). Diccionario de usos y dudas del español actual (4.a ed.) Gijón: Trea. Una obra léxica del maestro Martínez de Sousa con una voz distinta de las academias, aunque muy orientada al uso peninsular.
  • Maldonado, Concepción y Almarza Acedo, Nieves. (1997). Diccionario clave de uso del español actual (2.a ed.), (prólogo de Gabriel García Márquez). Madrid: SM. Hay nuevas ediciones del diccionario, revisadas y ampliadas. Se puede consultar en línea, ya sea de forma limitada (público en general) o completa (con el código de compra incluido en la última edición).
  • Vox. (2005). Diccionario de uso del español de América y España. Barcelona: Vox. Una obra interesante y útil. Tuvo una versión para Windows.
  • Corripio, Fernando. (1991). Diccionario de ideas afines Barcelona: Herder. Más que un diccionario de sinónimos, esta obra pone en contacto palabras de campos semánticos afines. Es una herramienta indiscutible para encontrar el sustituto perfecto para esa palabra repetida, malsonante, cacofónica o fuera de lugar. Ya está disponible la segunda edición.
  • Slager, Emile. (2007). Diccionario de uso de las preposiciones españolas. Madrid: Espasa. Obra muy especializada para verificar el uso de las preposiciones españolas, tan a menudo irrespetadas o incomprendidas en la escritura.
  • Zorrilla, Alicia María. (2002). Diccionario de las preposiciones españolas: Norma y uso. Buenos Aires: E.D.B. Un buen complemento del diccionario anterior.
  • Bosque, Ignacio y Demonte, Violeta. (1999). Gramática descriptiva de la lengua española (3 vols.). Madrid: Espasa. Obra de consulta de gran valor para profundizar en los misterios de la sintaxis. Se acude a ella cuando la gramática normativa y la realidad expresiva nos siguen dejando dudas.
  • Fundación del Español Urgente. (2008). Manual de español urgente (18.a ed.). Madrid: Cátedra. Manual breve y sintético con muchas dudas resueltas en el campo de la ortografía, sintaxis y, en general, gramática. Junto con los demás recursos de consulta de la Fundéu es de gran utilidad.

Manuales de estilo editorial
Estas obras tienen una característica esencial: no son obras normativas basadas en la sapiencia de la Real Academia Española sino en las necesidades editoriales, con base en criterios, usos, decisiones y soluciones para el diario quehacer en la mesa de edición. Son imprescindibles para quien se dedica a la corrección profesional de textos y contribuyen a llenar grandes vacíos propios de las obras de la RAE.

  • Martínez de Sousa, José. (2012). Manual de estilo de la lengua española (4.a ed.). Gijón: Trea. Obra imprescindible en la biblioteca de corrección. Aporta una perspectiva y experiencia invaluables en múltiples temas puntuales. Se fundamenta en la tradición editorial española (peninsular).
  • Martínez de Sousa, José. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.) Gijón: Trea. Excelente complemento de la obra anterior.
  • Martínez de Sousa, José. (2010). Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas (2.a ed.). Gijón: Trea. Uno de los diccionarios más prácticos y útiles del mercado. Lidia exclusivamente con el tema de las mayúsculas y minúsculas, tan polémico y a menudo difícil de resolver.
  • Buen Unna, Jorge de. (2008). Manual de diseño editorial (3.a ed.). Gijón: Trea. Obra exhaustiva con gran cantidad de aportes en el tema de la edición, con énfasis en los problemas de tipografía. Se fundamenta en la tradición editorial mexicana.
  • Zavala Ruiz, Roberto. (2012). El libro y sus orillas México: Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1991). Otro manual con múltiples temas de utilidad práctica en la mesa de corrección. Se fundamenta en la tradición editorial mexicana.
  • Bezos, Javier. (2008). Tipografía y notaciones científicas. Gijón: Trea. Obra imprescindible para la corrección de textos científicos (matemáticas, química, biología…).

Otras obras de consulta

  • Zorrilla, Alicia María. (2012). Normativa lingüística española y corrección de textos (4.a ed.). Buenos Aires: Fundación Instituto Superior de Estudios Lingüísticos y Literarios LITTERAE. (Obra original publicada en 2004). Incluye algunas páginas muy puntuales y prácticas dedicadas a la labor de corrección, hasta dónde ha de llegar, qué se debe corregir y qué se debe respetar.
  • Billingham, Jo. (2007). Edición y corrección de textos. México: Fondo de Cultura Económica. Un manual práctico sobre los principios y la práctica de la corrección.
  • Sharpe, Leslie T., y Gunther, Irene. (2005). Manual de edición literaria y no literaria. México: Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1994). Muy interesante obra sobre el papel, los alcances y los límites de la edición. Se puede extrapolar a la corrección.
  • Martínez de Sousa, José. (2009). Manual básico de lexicografía. Gijón: Trea. Para quienes deben corregir diccionarios o glosarios, esta obra proporciona información crucial sobre ortotipografía y estilo de esta clase de textos.
  • Martínez de Sousa, José. (2005). Manual de edición y autoedición (2.a ed.) Madrid: Pirámide. Esta obra proporciona un panorama completo sobre la elaboración de un libro, su tipografía, la ilustración, el diseño… Quien corrige para una editorial ha de conocer estos temas para hacer mejor su trabajo.
  • Martínez de Sousa, José. (2006). La palabra y su escritura. Gijón: Trea. Colección de artículos con temas puntuales sobre edición, corrección y expresión escrita.
  • Martínez de Sousa, José. (2004). Diccionario de bibliología y ciencias afines (3.a ed.). Gijón: Trea. Estupenda recopilación de todos los vocablos técnicos del mundo del libro. Despeja dudas, aclara conceptos y proporciona información para la toma de decisiones editoriales.
  • Martínez de Sousa, José. (2004). Diccionario de redacción y estilo (3.a ed.). Madrid: Pirámide. Obra especializada en los términos técnicos de nuestro oficio. Cuando menos como curiosidad, a menudo es útil para atender mejor nuestras funciones.
  • Corominas, Joan, y Pascual, José A. (1980). Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (6 vols.). Madrid: Gredos. Esta costosa y extensa obra es el sueño de toda persona con un poquito de amor por la historia de las palabras. En algunas ocasiones, aparece algún vocablo que necesita aclaración, ya sea por su significado o su escritura, por su uso o su contexto, y vale la pena explorarlo hasta sus últimas consecuencias. Fuera de eso, es un lujo y una fantasía, por lo tanto, no puede faltar en una lista de regalos navideños, a ver si alguno de los grandes dadores de obsequios (ya sea el Niño Dios o Papá Noel) se quiere poner generoso. Existe una versión abreviada.

Añada libros, quite libros y arme su propia lista. Quizás pasen unos cuantos años antes de llegar a completar su biblioteca. Tal vez el Niño Dios no comprenda para qué son esas obras de temas tan especializados, o los Reyes Magos le pongan un límite por el peso que pueden cargar sus camellos; pero siempre vale la pena recuperar ese olvidado deseo infantil por un obsequio añorado e imposible. Por lejano que parezca, algún día llegará a nuestras manos de la forma menos esperada.

¡Feliz Navidad!

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Día Internacional de la Corrección

El día de ayer, 27 de octubre, se celebró el Día Internacional de la Corrección. Esta fiesta es una manera de celebrar nuestra profesión diaria de revisar, corregir, perfeccionar, amar… Toda corrección es una forma de amor: es nuestro intento genuino por lograr que un producto bueno salga mejor. O, en su defecto, que un producto malo no salga como está… por amor a quien lo leerá.

Esta fecha se ha fijado por el natalicio de Erasmo de Rotterdam, filósofo renacentista cuya profesión diurna fue, durante mucho tiempo, la corrección.

En honor al maestro, comparto una caricatura robada del Facebook de Trama Editorial (compartido el 9 de octubre). Desconozco la fuente original.

Siempre me he imaginado a Erasmo gestar su Elogio a la estulticia en la mesa de corrección. ¿Quién no se ha sentido así alguna vez mientras edita o corrige? Dejo este nuevo juego de signos para ayudarnos a sacar la frustración y reírnos un rato del maravilloso —pero a menudo penoso— acto de rectificar el error de la página escrita.

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Lenguaje inclusivo: nuestra responsabilidad como especialistas de lengua

El tema del lenguaje inclusivo de género, también llamado lenguaje no sexista, estimula pasiones con más facilidad de lo que despierta razonamientos, argumentos y soluciones. Pero uno de los principales problemas es que despierta la resistencia al cambio, poderosa fuerza humana capaz de bloquear —casi siempre sin éxito— las más justas revoluciones.

La Real Academia Española tiene una posición todavía conservadora sobre el tema. Su pronunciamiento más vehemente lo ha hecho al suscribir el informe de Ignacio Bosque, Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer. Este fue el resultado del estudio de nueve manuales o guías de lenguaje no sexista y sus recomendaciones.

No haré el sumario completo del artículo; interesa aquí tan solo su espíritu general, más allá de la razón que tiene en muchas de sus aseveraciones gramaticales. De las nueve guías, solo una es considerada parcialmente recomendable o, para decirlo en otros términos, menos “ofensiva” para los académicos de la RAE. Con las demás, se limita a censurar las recomendaciones y descalificar los informes por una razón sustancial: ninguno de ellos tuvo la participación de una persona profesional en lengua. Sus resultados, por lo tanto, llevan a propuestas a menudo incorrectas o poco deseables.

Y en esto último, debo admitirlo, Bosque tiene toda la razón.

La postura de las academias de lengua (la española no es la excepción) ha sido la de condenar de forma abierta el lenguaje inclusivo de género, con la ridiculización de sus técnicas y un énfasis en aquellas recomendaciones polémicas y, en muchos casos, agramaticales.

No se ve una conciliación cercana en el horizonte, en parte por dos razones: la falta de diálogo entre profesionales en lengua y los grupos promotores del lenguaje inclusivo y el exagerado conservadurismo de las academias.

Hay un tercer factor, aunque muchos hombres se dedican a descalificarlo por razones que también pueden considerarse válidas: los expertos que se pronuncian sobre el tema, cuando lo hacen, y con pleno desdén del lenguaje inclusivo, son todos hombres. Ignacio Bosque es el de mayor reputación, pero también se ven otros ejemplos.

El mismo fenómeno se ve con las guías de lenguaje no sexista: abundan las autoras, si bien hay algunos equipos con participantes de ambos sexos.

¿Cuál ha sido el resultado de esta polarización entre académicos y feministas, entre hombres y mujeres?

Por un lado, tenemos a las academias haciendo eco de la indignación popular en el uso desacertado de estrategias de inclusión de género, como el constante desdoblamiento, el uso de la arroba y la necesidad de expulsar del discurso el masculino genérico.

Por otro lado, tenemos la necesidad social legítima de incluir a la mujer en el discurso, de hacerla presente en la enunciación y de hacerla visible en el imaginario lector de cualquier texto. Esto ha llevado a directrices institucionales de emplear el lenguaje inclusivo en muy diversos contextos, como las dependencias del Estado y las instituciones educativas.

Así, mientras los expertos en lengua siguen apegándose a las reglas morfosintácticas tradicionales y diciendo que no existe del todo necesidad de incluir a la mujer; por otro lado, tenemos una realidad desbordante: se nos manda escribir de cierta manera; y no solo desde fuera, de pronto se toma conciencia del problema y se desea hablar, escribir y expresar diferente…

¿Cuál es nuestra responsabilidad como profesionales en lengua? En lugar de enfocar nuestra atención en fundamentar, con muy buenas y científicas razones, por qué el genérico masculino es la forma por excelencia de expresión del español, sería conveniente integrarnos al debate sobre el lenguaje inclusivo de género y contribuir a alcanzar directrices comunes, con criterio y al servicio de una conciencia de género inclusiva.

Nos corresponde dar un paso hacia adelante, si bien esto conlleva exponerse a toda clase de insultos. Como dije al inicio, el tema despierta más pasiones que razones. Así, yo, como mujer profesional en lengua, he recibido insultos por igual de hombres que me tachan de feminista resentida con la sociedad machista (insulto supremo, al parecer), como de mujeres que me acusan de patriarcal (por no defender con vehemencia las prácticas discursivas con las que estoy en desacuerdo).

La labor es, por demás, ardua. Pero quienes estamos en el campo de la edición y la corrección no podemos ser indiferentes al problema. Tal vez los académicos, desde sus sillas, puedan hacerlo. Tal vez para ellos todo se limite a conservar la pureza del lenguaje o a describir sus tendencias mayoritarias. Para mí es distinto: me tengo que enfrentar al lenguaje inclusivo y sus directrices desafortunadas (así como sus interpretaciones extremistas) y es mi obligación proponer soluciones tan gramaticales como inclusivas.

Y usted, ¿qué opina?

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Herramientas informáticas: el control de cambios

Hay muchas buenas razones para hacer revisiones en formato digital: ahorro de papel y menos contaminación ambiental, rapidez en los procesos editoriales (se ahorra el paso de implementación de cambios) y más libertad para intervenir en el texto.

Hay solamente dos inconvenientes:

  1. La necesidad imperiosa de distinguir, de alguna manera, los cambios realizados en cada lectura.
  2. Saber emplear la tecnología con la que esto es posible.

Ahí es en donde entran las herramientas de revisión de texto.

Control de cambios
La principal herramienta de los procesadores de texto es el control de cambios (track changes). Con esta función se activa la corrección activa del texto. El documento guarda una memoria de las alteraciones que se van realizando: eliminación y cambio de texto, cambio de formato, inserción de cuadros…

El Word 2007 y sus versiones anteriores tienen un avanzado juego de herramientas para el control de cambios. Se puede configurar prácticamente todo: cuáles cambios mostrar, cuáles ocultar… El autor y el editor deberán descubrir aquella configuración más adecuada según sus necesidades.

¿Cómo se activa el control de cambios?
Activar la herramienta es muy sencillo: Revisar > Control de cambios. Cuando se activa, el documento guardará memoria de todas las modificaciones realizadas en el documento. En las versiones finales del documento, es necesario aceptar o rechazar los cambios y desactivar esta función, de modo que el resultado sea un documento solo con el texto principal y no todos los datos que están “por debajo”, por así decirlo. Con esto se evitarán problemas cuando el texto pase a su siguiente fase de producción editorial.

El Word está configurado para mostrar todos los cambios: cualquier inserción se ve de color rojo, el texto eliminado se ve de color rojo con tachado, el cambio de formato (pasar a negrita o itálica, por ejemplo) se muestra con un globo en el margen derecho del documento.

El problema de mantener esta configuración por defecto del programa es la aglomeración de información. Pronto se descubre que hasta el documento más sencillo se llena de globos innecesarios por todas partes, tachaduras que hacen casi ilegible al texto o comentarios molestos sobre cada letra o palabra eliminada.

Los globos
Durante este tipo de revisión, se pueden distinguir tres tipos de globos: comentarios insertados por el editor o lector del documento, modificaciones de texto (eliminaciones, inserciones, cambios de lugar) y formato (cambios de cursiva, negrita, etc.).

En mi caso personal, prefiero un texto en donde solamente aparezcan los comentarios propiamente dichos; es decir, las anotaciones hechas por el editor o lector del texto. Los demás globos estorban y añaden demasiada basura visual al documento; por lo tanto, pueden ser un distractor y añadir un factor de complejidad durante el proceso de revisión.

Para ocultar todos los globos innecesarios, se deben configurar dos herramientas distintas:

  1. Globos
  2. Mostrar marcas

En el menú de Globos hay tres alternativas.

La tercera de ellas dejará los comentarios del editor en el margen del documento, pero también mostrará los globos de cambio de formato. Para evitar que estos globos también aparezcan en el texto, es necesario configurar la herramienta de Mostrar marcas.

En este menú se puede elegir no mostrar los cambios de formato, tal y como se muestra en la figura. Basta con quitarle la palomita (check mark) a la opción Formato y, en consecuencia, veremos en el documento nuestros comentarios, pero no veremos un globo por cada minúsculo cambio de mayúscula, cursiva o negrita que hagamos en el documento.

¿Verlo todo o esconder las tachaduras?
Esto se configura en el menú Control de cambios > Opciones. Ahí se despliega una ventana de diálogo en donde se puede elegir entre diversas alternativas, como solo color, tachado u oculto. Si uno no se siente cómodo con la opción de tachado, porque le introduce mucha “basura” visual, puede elegir solo color u oculto. Ambas opciones serán más limpias en pantalla.

Si el editor considera muy necesario mostrar en pantalla la información de los cambios realizados, siempre puede activar los globos.

El programa tiene otras alternativas para visualizar un texto tachado, eliminado o insertado, en el menú Marcas mostradas finales.

Ahí se puede elegir muy rápidamente si uno quiere ver las marcas del documento o solamente su versión final, sin distinción de color.

Aceptar o rechazar los cambios: la función del autor
El uso de la herramienta de control de cambios en cierta forma está sujeto a que ambos, editor y autor, sepan utilizarla. De nada sirve tener editores muy bien entrenados en cómo utilizar la herramienta, si sus autores son incapaces de comprender la posibilidad que tienen de aceptar o rechazar un cambio.

Los cambios se aceptan o rechazan uno a uno, o todos en conjunto.

Además de los botones en el panel, un clic en el botón derecho del mouse o ratón puede desplegar el submenú de aceptar y rechazar cambios directamente sobre la palabra en el documento.

Para que la revisión funcione, el autor deberá encontrar su manera de implementar los cambios sugeridos por el editor, eliminar comentarios conforme los va resolviendo y añadir comentarios nuevos u otras correcciones, si así lo considera pertinente.

Cuando el documento venga de regreso, habrá que comparar versiones, con tal de no dejar nada por fuera.

Si el autor y el editor no se ponen de acuerdo, el uso de la herramienta de control de cambios puede ser un estorbo en lugar de una ayuda. El editor se encontrará frente a documentos que el autor parece no haber tocado, en donde ha dejado todos los comentarios, con la apariencia de no haber resuelto nada o, peor aún, con un tácito “estoy de acuerdo con todo”, pero todavía alguien deberá cumplir la labor de ir renglón por renglón arreglando el texto para lograr una versión final limpia, lista para enviar al departamento de diseño…

En síntesis
La herramienta de control de cambios es muy útil, pero es necesario hacerla trabajar para nosotros. Búsquela, comience a usarla, familiarícese con ella, juegue con ella… esa es la mejor manera de aprender a emplearla.

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