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Segundo Congreso de Internacional de Correctores de Textos en Español

Este año se llevará a cabo el Segundo Congreso de Internacional de Correctores de Textos en Español, durante la Feria Internacional del Libro (FIL) en Guadalajara. Esta actividad se realizó por primera vez en año 2011, en la ciudad de Buenos Aires, con la participación de más de 400 asistentes de 11 países, 31 ponentes y 11 oradores destacados.

Para noviembre del 2012, se espera también una participación de más de 300 personas, con el atractivo adicional de participar de la FIL, quizás la mayor feria del libro del mundo de la edición en español.

Esta actividad es un paso adelante en el intento por dar reconocimiento y cuerpo institucional a la corrección como una profesión y una especialidad de la lengua. La corrección, que a tantos graduados de carreras de Letras y Humanidades alimenta, ha entrado muy despacio en las puertas de las academias, en donde es considerada poco más que un oficio de segunda categoría para el cual no es necesaria ninguna formación adicional (o cuando menos, esa es la apreciación que me dejaron mis años de formación en filología y lingüística, dentro de una academia).

Quienes hemos metido nuestras manos en el quehacer de la corrección conocemos la realidad: tan necesario es sistematizar el cuerpo teórico de la corrección y darle un nivel académico, como lo es cualquier rama de la lingüística. A corregir se aprende corrigiendo, sí; y leyendo, investigando, tomando decisiones, formulando criterios y estableciendo parámetros de aplicación sistemática y coherente a partir de una reflexión crítica, sustentada, consensuada y basada en las necesidades de comunicación para la región en donde se edita.

La corrección es también uno de los principales instrumentos de control de calidad de toda forma de edición; puesto que para quienes trabajamos en el mundo del libro, la lengua sigue siendo la materia prima esencial.

El congreso se llevará a cabo del 24 al 27 de noviembre, en Guadalajara, México. Habrá tres tentadores talleres previos al evento, el día viernes 23 de noviembre, a cargo de Roberto Zavala Ruiz, autor del indispensable manual de edición El libro y sus orillas; Antonio Martín, miembro de la Unión de Correctores de España, y Jorge de Buen, cuyo Manual de diseño editorial es otra joya de la biblioteca básica de corrección.

Si usted quiere participar, todavía está a tiempo para hacer sus maletas y reservar su espacio. Esta será una buena oportunidad para salir del anonimato y la distancia, para profesionalizarse un poco más cada día y conocer la labor de colegas en todo el continente y España.

Si desea obtener la información completa sobre tarifas, inscripción y actividades, visite la página oficial del congreso: http://www.congresocorrectores.com.mx

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La fecha en referencias bibliográficas (I)

La fecha es uno de los principales componentes de toda referencia bibliográfica. Saber interpretarla tiene grandes beneficios para quien está investigando, leyendo o tan solo informándose de un tema; de ahí la necesidad de consignarla de manera correcta, tanto en las referencias parentéticas (dentro del cuerpo de texto) como en las listas de referencias o bibliografías íntegras.

Cuando llegan las obras académicas a la mesa de corrección, profusas en referencias bibliográficas y obras citadas, este es uno de los datos más difíciles de revisar con precisión y responsabilidad, puesto que la información ya debería estar ahí. No le corresponde a quien corrige buscarla, completarla, actualizarla o añadirla: ya debe haber sido recopilada por quien ha escrito el libro, tesis, artículo o investigación.

¿Por qué? Muy simple: solo esta persona ha tenido acceso directo a las fuentes, ha manipulado los libros con sus manos o ha descargado personalmente los documentos de la red y, si conoce su oficio, los ha guardado de manera responsable en una base de datos adecuada. Los demás solo podemos adivinar, buscar en Google para ver si tenemos la suerte de encontrar una ficha bibliográfica bien hecha o hasta buscar la fuente de nuevo para encontrar la información correcta. ¿Cuántas horas perdidas para una persona cuya responsabilidad es editar o corregir cuando esto debía venir listo desde el inicio?

Veamos esto con honestidad: a quien corrige no se le paga para investigar. Su función es verificar que todo esté bien escrito; eliminar erratas; verificar el uso adecuado de mayúsculas, comillas y cursivas; asegurarse de que el estilo bibliográfico elegido haya sido bien aplicado y corregir minucias. No es su función crear bibliografías desde cero, hacerle el trabajo de quien ha escrito o llenar sus carencias e ignorancias. Cuando las labores de corrección se miden y se pagan en horas, ¿cuánto encarece la edición de un material una bibliografía mal hecha?

Por eso, el día de hoy iniciaremos una serie de artículos para aprender a consignar la fecha correctamente. En los próximos días veremos por qué no solo es necesario guardar el dato del año de publicación, cuándo hay que consignar dos años (el de la edición utilizada y el de la publicación original), cómo identificar la fecha de documentos en línea, qué hacer cuando ninguna fecha aparece del todo (ya sea en línea o material impreso) y algunos consejos para almacenar las referencias bibliográficas durante el proceso de investigación y evitar dolores de cabeza cuando se construyen las bibliografías (meses o años después de haber accedido a la fuente original).

Elaborar referencias bibliográficas casi parece un arte. Aprender a hacerlo bien diferencia al novato del experto, al colaborador más valioso del prescindible y, sobre todo, a quien sí se interesa por su publicación de quien no aprecia el esfuerzo ni la calidad. A mí la calidad sí me importa. ¿Y a usted?

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Leer antes de corregir: la hoja de estilo

Una vez leído el texto con fines diagnósticos y elaborada una lista de acciones pendientes, dudas, inquietudes y temas por resolver, es el momento de hacer una pausa de la lectura y tomar las decisiones de estilo que aplicarán a esta obra en particular.

Todas las editoriales —al menos en teoría— disponen de un manual de estilo. Aun cuando no esté escrito, hay un conjunto de reglas que enmarcan sus estándares de publicación.

Cuando la corrección se hace de manera independiente, sin un manual que sirva como guía, la hoja de estilos es más difícil, porque requerirá más investigación en fuentes de diversas y hasta contradictorias. Cuando el manual existe, este será la guía y referencia obligatoria para la elaboración de la hoja de estilos que deberá respetarlo hasta donde los casos particulares lo permitan.

¿Qué es la hoja de estilo?

Es el conjunto breve, puntual y conciso de las decisiones editoriales que se aplicarán durante la revisión. Si la revisión es de contenidos, estas decisiones serán el sumario de los aspectos débiles de la obra y con qué tono y estrategias se atenderán. Si la revisión es de estilo y comunicación, estas decisiones implicarán correcciones de redacción, sintaxis y discurso. Si la revisión ya es ortotipográfica, estas decisiones también suponen la unificación tipográfica de la obra en todos sus detalles.

¿Por qué se necesitaría una hoja de estilo si existe un manual?

Los manuales son amplios y atienden una gran cantidad de temas porque deben prever todas las situaciones posibles. Varían en extensión de unas 125 hasta más de mil páginas. Son un instrumento de consulta diseñado para todos los productos de la casa editora.

La hoja de estilos, en cambio, está diseñada a la medida del texto. Recopila los aspectos normativos y de unificación que atañen a un solo libro o documento. Puede variar en extensión de dos a diez páginas, según la complejidad y extensión del material. Estas cifras no son inviolables, una hoja de estilo puede tener solo una página o sobrepasar la decena, pero siempre será tan breve como se pueda y es, ante todo, una guía mnemotécnica de trabajo para recordar, en esta publicación en particular, cómo se decidió atender esto o aquello.

¿Por qué conviene elaborar la hoja de estilo antes de revisar?

La elaboración de la hoja de estilos da la oportunidad de reflexionar sobre las decisiones de corrección en su conjunto y no de manera aislada o atomizada. En lugar de ir párrafo a párrafo decidiendo si este o aquel concepto deberá escribirse con letra cursiva o entre comillas, un diagnóstico global previo que se concrete en lineamientos globales será el mejor apoyo durante el proceso fino de corrección. Así, cuando se revisa, no se toma la decisión cien veces: más bien se toma la decisión una vez y se aplica cien veces.

Otra ventaja de la hoja de estilos es la comunicación entre las personas involucradas en la realización y edición del material. Cuando los criterios se comparten y someten a aprobación, se evitan reclamos y discusiones innecesarias en etapas más avanzadas.

También le proporcionan a quien revisa un instrumento de respaldo en disputas, disensiones o dudas cuando el final de la revisión está cerca. Una hoja de estilos previa impide, por ejemplo, que luego de unificar algo a través de trescientas páginas, aparezca alguien preguntando por qué mejor no se hace “asá” en lugar de “así”.

Por respeto a la labor profesional que se está realizando, esas preguntas no deben plantearse cuando la labor está casi terminada sino antes, cuando nadie ha desperdiciado horas valiosas del calendario de producción y de su propia vida en una decisión que después sería imputada, muchas veces por una cuestión de gustos. En otros casos, puede ayudar a detener, antes de cometer una equivocación masiva, errores de criterio que, en efecto, debían aplicarse de manera distinta a la elegida por quien está corrigiendo.

La función mnemotécnica de la hoja de estilo

En un medio de edición profesional, se manejan varias obras simultáneamente y el periodo de revisión de muchas obras puede alargarse y superponerse al de otras. Cuando se retoma un material tras dos o tres meses desde el primer contacto, se corre el riesgo de olvidar qué se había decidido en ese momento para esa obra en particular y por qué.

La hoja de estilos debe ser tan sucinta que su consulta sea fácil, pero tan explícita como se necesite para recordar el sustento de la decisión tomada.

El valor de la hoja de estilo en las distintas etapas de corrección y revisión

Una hoja de estilo puede irse enriqueciendo al ir pasando de manos: de editor de contenidos a editor de estilo, de ahí a la mesa de corrección de pruebas… Su valor aumenta si las personas encargadas de estos procesos son distintas. Nadie debería asumir una corrección de pruebas sin tener a la vista la hoja de estilos de la obra, no vaya a ser que quiera aplicar —por ignorancia y hasta buena fe— decisiones distintas a las tomadas por el equipo, con amplio sustento y discusión. Algo puede ser muy correcto desde el punto de vista de la Real Academia Española, pero si entre dos alternativas distintas, igualmente correctas, el equipo de edición eligió una y la aplicó de forma consistente, nadie debería tener la potestad de llegar a una etapa de revisión de pruebas y así, sin más, dictaminar: “esto está malo, esto no sirve, cámbienlo todo”.

Incluso un pequeño cambio en etapas avanzadas puede convertirse en un gazapo de dimensiones monstruosas, cuando alguien, erróneamente, cambia algo en una página sin tomar en cuenta todo lo demás. El riesgo de error también aumenta cuando se decide hacer tal unificación en un momento tan avanzado de la obra. No es lo mismo unificar de forma apresurada, con el libro ya casi en prensa, que hacerlo cuando hay meses o semanas de tiempo.

Cada publicación es un mundo y quienes la han acompañado merecen respeto. La hoja de estilo forma parte de la documentación necesaria para dejar registro del proceso y hacer valer ese respeto cuando la ocasión lo amerita.

En síntesis
La hoja de estilo es una herramienta mnemotécnica, facilita la comunicación del equipo, ayuda a mantener decisiones uniformes y sistemáticas, es un apoyo profesional para hacer valer nuestra labor y, al final, incluso puede ayudar a enriquecer los manuales de la casa editora cuando se ha utilizado para resolver temas polémicos no contemplados en el manual de estilo de la casa.

Esta, sin duda, es una de las prácticas que diferencian a quienes están comenzando de quienes ya llevan camino recorrido: se gana mucho cuando se “pierde” tiempo en estos procesos preliminares.

Si usted todavía no ha hecho nunca una hoja de estilo, inténtelo la próxima vez. Si ya tiene esta práctica, cuéntenos sus experiencias.

Con este artículo se cierra la serie de “Leer antes de corregir”. He compartido lo que muchos manuales recomiendan y la experiencia me ha confirmado. La edición queda ahora en sus manos.

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Leer antes de corregir: anotaciones y listas de dudas

En los artículos anteriores, hablábamos de la necesidad de llevar un proceso previo de lectura antes de meter las manos de lleno en los documentos que nos corresponde editar o corregir.

Si la primera lectura debe ser de reconocimiento nada más, conforme se va avanzando y alcanzando una visión más o menos integral de los errores frecuentes, de las características textuales y de las necesidades comunicativas, el impulso de esgrimir el lapicero rojo se va haciendo imperioso, casi irresistible. Es una especie de comezón, una necesidad de decirle a alguien lo que ya comienza a pasar por la cabeza de uno.

Cuando se ha alcanzado ese momento durante la primera o segunda lectura del material, no corrija todavía: ha llegado la hora de anotar.

Las notas no deben ser todavía intervenciones; son interrogantes, dudas, recordatorios, marcas para no obviar algo cuando se comience la revisión. Que algo visto ahora no se pierda después bajo el cansancio, la familiaridad con el texto o la simple mala suerte.

Aquí se puede hacer uso de tres herramientas, ya sea que se trabaje en un procesador de texto, sobre un archivo PDF o en papel:

  1. Comentarios al margen.
  2. Anotaciones directas a mano alzada.
  3. Subrayado con marcadores de colores o su equivalente.

Estas tres formas de anotación, combinadas, le ayudarán a desahogar sus impulsos de corrección, mientras comienza a marcar en el documento, cual si fuera un mapa, la ruta por seguir más adelante.

Estas marcas —no correcciones, insisto— van ayudando a hacer el diagnóstico visible. Si se detecta que, por ejemplo, en el texto se emplean las comillas de manera inconsistente, el señalamiento de cada una de las comillas dudosas con un color distintivo ayudará a cuantificar la magnitud de la futura corrección e incluso los casos en donde es viable emplear herramientas de corrección automática.

Sucede a menudo, durante estas primeras etapas, que un problema recurrente se detecta hasta bien avanzada la lectura, en la página 15, en la página 50, en la página 100… No importa cuándo, ese es el momento de hacer nota. Luego habrá que releer las páginas precedentes con nuevos ojos: ya sabiendo qué buscar.

De ahí que haya una cuarta herramienta imprescindible, quizás la más valiosa: la lista de interrogantes.

Ya sea de forma simultánea al proceso de anotación, o en un momento posterior, conviene crear una lista de cada una de las dudas surgidas durante la corrección. Esta lista crecerá de manera orgánica, desordenada, caótica, quizás con repeticiones y siempre con más preguntas que respuestas. Así debe ser al inicio: una simple colección de situaciones textuales dudosas, de irregularidades que requieren de una norma, de sitios en donde el texto no alcanza todavía los estándares de la casa editora, de zonas mejorables.

Estas marcas no tiene por qué verlas nadie más todavía, hasta que sean definitivas, hasta que usted haya despejado sus dudas y haya tomado sus decisiones. Pero esa es la próxima etapa.

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Leer antes de corregir: las ventajas de la lectura diagnóstica

Uno de mis errores de novata era mi incapacidad para leer sin contener el impulso de intervenir el texto. El resultado fue desastroso: cada lectura-corrección del documento tomaba horas incontables y, al llegar al final del material, quedaban a la luz mis malas decisiones en el camino. El proceso editorial se alargaba sin necesidad y el producto no siempre era el más deseable.

Ahora comprendo que leer varias veces antes de corregir no es una pérdida de tiempo. Por el contrario: se gana al final del proceso y se logran cumplir los plazos de entrega tan estrictos en la producción editorial.

Las lecturas diagnósticas tienen muchas ventajas:

  1. Se forma una visión panorámica del texto.
  2. Se identifican los problemas estructurales potenciales.
  3. Quien edita monitorea sus reacciones iniciales, las más genuinas, hacia la propuesta textual (ya sea ficcional o no) y las puede utilizar en las etapas posteriores.
  4. Se valora la propuesta textual tal y como está (ya sea que funcione o no).
  5. Para obras de ficción, se estudian la historia y las relaciones entre sus componentes (trama, personajes, locaciones, desarrollo de los eventos, crisis y soluciones…) antes de entrar al ajuste de cada una.
  6. Para las obras sujetas a un plan de producción o un diseño curricular, se verifica la pertinencia de todos los temas, el apego a los requisitos de contenido y metodología, los vacíos posibles o áreas con necesidad de reforzamiento.
  7. Se identifican las necesidades estilísticas principales: redacción, estilo, errores frecuentes, necesidades normativas ortotipográficas (mayúsculas, siglas, cursivas, comillas, decisiones léxicas).
  8. Se valida el diagnóstico con todas las personas involucradas en la realización del material y se refinan los criterios para las decisiones de corrección antes de señalarlas e implementarlas. Esto evita disgustos innecesarios y reparte la responsabilidad de las decisiones entre todos los miembros del equipo de edición.

La lectura diagnóstica, en sus diversas etapas, es una herramienta esencial para garantizar la mejor toma de decisiones, según nuestra visión y experiencia. Cuando renunciamos a diagnosticar, bajo la excusa de la prisa y la urgencia, corremos el riesgo de no ver el bosque por estar perdidos entre los árboles y, sobre todo, nos retrasamos en elegir el camino más directo hasta nuestro destino.

Si usted todavía no lo ha hecho, ya sea que se enfrente a su propia obra en un proceso de reescritura o a la de alguien más, la próxima vez que revise, edite o reescriba un texto refrene sus impulsos: no corrija, lea. Y solo después de mucho leer, cuando ya sienta despejadas todas sus dudas, tome de nuevo el lapicero rojo y corrija. Luego de pasar por la experiencia, cuéntenos cómo le fue y si esto le ayudó a llegar más pronto a su meta.

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Recomendaciones bibliográficas: José Martínez de Sousa

En este blog las obras de José Martínez de Sousa han sido continuamente citadas o referidas. Hoy hacemos un alto para comentarlas, debido a su valioso aporte y por tratarse de herramientas indispensables para el quehacer editorial.

La biografía y obras de este autodidacta incansable pueden consultarse en su página web: http://martinezdesousa.net/. Se describe a sí mismo según las profesiones de la palabra que ha ejercido: lexicógrafo, bibliólogo, ortógrafo, ortotipógrafo y técnico editorial. Pero le falta mencionar escritor, aunque ninguna de sus obras es de ficción. Algunos de sus libros, declara, surgieron para cubrir sus propias necesidades de conocimiento. Lejos de guardárselos para sí, los compartió con el mundo y hoy ninguna biblioteca de corrección está completa sin sus publicaciones.

La bibliografía de Sousa es extensa: en su página web, detalla veinticuatro libros publicados desde su primera versión del Diccionario de tipografía y el libro, en 1974. Pero muchas obras han ido experimentando reediciones, fusiones, reestructuraciones y renovaciones. Otras ya no se consiguen, excepto en el mercado de libros usados y hay que mandarlas a traer a recónditas librerías especializadas.

Los títulos más relevantes se distribuyen gracias a los esfuerzos de Ediciones Trea, una editorial comprometida con la publicación de obras fundamentales en el campo profesional de la edición y la corrección de textos. Dos de sus títulos también están vivos en el catálogo de Ediciones Pirámide.

Por lo tanto, si uno está apenas iniciando su biblioteca de corrección y edición, por razones prácticas, no podrá aspirar a comprar todas sus obras de una sola vez; una tarea no solo difícil por los problemas de distribución de obras españolas en América Latina, sino por el elevado costo de cada ejemplar. Habrá que elegir y priorizar. Para ayudar en esa tarea, a continuación detallo algunos de los libros que conozco y tengo acceso para que usted pueda organizar su presupuesto e iniciar la cacería. Los pongo en mi orden de preferencia. Mi criterio no es científico sino de uso: son los libros que día a día utilizo, como las herramientas básicas de mi oficio.

Manual de estilo de la lengua española (MELE)

Esta es quizás la obra esencial, la obra, si uno está directamente involucrado en el tema de la edición como tal. La tercera edición (2007) tiene 752 páginas, pero ya Trea tiene a la venta la cuarta edición (2012), con 775 páginas, revisada y aumentada. El MELE toca muchos temas que otros manuales evaden, siempre desde la perspectiva de Sousa, bien fundamentada en una visión crítica y una experiencia inigualable.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000052

Ortografía y ortotipografía del español actual

Aquí se profundiza en temas que el MELE no puede tocar o apenas roza. Es una herramienta vital de corrección, puesto que ingresa en los tortuosos caminos de la mayúscula, minúscula, ortografía técnica, ortografía bibliológica, puntuación, acentuación, onomástica… La lista es gigantesca y se extiende por 563 páginas. Con este título, Sousa nos enseña que la ortografía no se reduce a las reglas de la tilde y a la puntuación. La ortografía y la ortotipografía son especialidades tan complejas y meritorias como cualquier otra rama de la lingüística o la gramática.

Esta obra, ya en su segunda edición (2008), incorpora y actualiza íntegramente el Diccionario de ortografía técnica (1987), publicado en su momento por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000268

Diccionario de uso de las mayúsculas y las minúsculas

Esta obra lúcida, hija de la necesidad, es el sueño de cualquier profesional de la corrección. Sobre todo cuando se está comenzando, se pasan horas angustiosas ante la pregunta de si tal o cual palabra se escribe con mayúscula o no. Autores, escritores de todo tipo, estudiantes de tesis, periodistas… quizás no haya una sola persona que acuda a la mayúscula como un instrumento para destacar lo que le parece de mayor relevancia por alguna razón superflua y sin justificación lingüística, semántica o comunicativa. Para cada mayúscula, se pueden perder horas preciosas, mientras se consultan diccionarios normativos y de uso, reglas genéricas, ortografías de todas clases… Sousa ha dado el salto cualitativo y ha sistematizado en un diccionario, práctico por definición, las palabras de más frecuente duda en la mesa de corrección. ¿Cuánto tiempo ahorra este diccionario? ¿Cuántas horas laborales y recursos institucionales valiosos se recuperan gracias a herramientas como estas? Por lo tanto, este diccionario, ya en su segunda edición (2010) vale cada centavo y más.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000786

Diccionario de bibliología y ciencias afines

La tercera edición de este diccionario (2004) es una joya en la que su autor además aprovechó para incorporar otras publicaciones previas y afines entre sí, como el Diccionario de tipografía y artes gráficas, a su vez heredero del Diccionario de tipografía y del libro (1974). También incluye gran cantidad de terminología lexicográfica tomada del Diccionario de lexicografía práctica (1995) y terminología periodística tomada del Diccionario de información, comunicación y periodismo.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000317

Diccionario de dudas y usos del español actual (DUDEA)

Con su capacidad crítica de siempre, Sousa toma en cuenta otras obras, incluido el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), y aporta su criterio sobre un significativo corpus de palabras dudosas. A menudo, un vocablo muy técnico o especializado (con ese tipo de interrogantes bizarras, exclusivas del mundo editorial) puede eludir grandes y respetables diccionarios y, sin embargo, encontrar un lugar en esta obra singular.

Ficha completa del libro: http://www.trea.es/ficha.php?idLibro=00000268

Manual básico de lexicografía

Este manual no solo es útil para académicos del campo de la lexicografía. Es una guía actualizada y atinada en el complejo reto de diseñar la ortotipografía, estructura y formato de un lexicón, diccionario o glosario. Comprende la temática inicialmente desarrollada en el Diccionario de lexicografía práctica (Barcelona: Bibliograf, 1995).

Diccionario de redacción y estilo

Esta útil herramienta ayuda a despejar diversas dudas sobre terminología de la redacción y corrección. Se consigue en su tercera edición (2003) en Ediciones Pirámide.

Manual de edición y autoedición

En este libro se abandonan las fronteras del texto y se ingresa en la página, como un espacio vivo, dinámico, móvil, en donde el texto se convierte en bloque, columna, título, encabezado, pie, figura, tipografía… Una introducción muy completa para quien desee ingresar en el campo de la creación y producción de libros; y una obra de consulta cuando se finaliza el texto y se inicia la edición gráfica. La segunda edición (2005) está disponible en Edificiones Pirámide.

En síntesis
La bibliografía de Sousa no se acaba en las ocho obras aquí reseñadas, pero analizarlas todas es tarea de otro libro, no de un artículo de blog. Búsquelas, adquiéralas, revíselas, absórbalas, critíquelas y, desde el camino adelantado por este maestro de las artes del libro, fórmese su propio criterio. Sin duda, su labor editorial será más rica y profesional si dispone de esta biblioteca.

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Día de la Corrección

Hoy se celebra el Día de la Corrección, en honor al natalicio de Erasmo de Rotterdam, ese escritor y filósofo cuyo pan diario lo pagaban largas horas de corrección de pruebas en aquel primer siglo de imprenta.

Esta es celebración fue instituida por la Fundación Litterae, de Argentina. También la celebra la Unión de Correctores españoles, y bien nos la podemos apropiar quienes dedicamos parte de nuestras horas a la profesión, en cualquier latitud del continente.

La corrección es la tarea de identificar los errores con el único propósito de eliminarlos. Es un acto de crítica y de inmediata rectificación con miras a entregar el mejor texto que seamos capaces de dar. Por eso siempre es una crítica amorosa: su último fin es la perfección, ese ideal inalcanzable que define nuestra labor diaria.

Quizás por eso, quienes hemos dedicado algunos años a la tarea de corregir desarrollamos un ojo crítico indomable, pero siempre con esa necesidad de identificar alguna solución y plasmarla, con tinta roja, en cualquier situación de la vida.

Para quienes dedican sus horas laborales a perseguir geniecillos entre líneas, atrapar gazapos y desterrar errores de los textos, muchas felicidades en su día y muchas gracias por su esmerada labor.

Nota: esta entrada fue actualizada el 29 de octubre de 2011 para rectificar el dato sobre la institución del Día de la Corrección.

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