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El verbo bastar: uso para una buena comunicación

El verbo intransitivo bastar en su presente indicativo basta, tiene diversos significados según la construcción utilizada y su contexto. Su comportamiento sintáctico es distinto de otros verbos españoles y eso le otorga gran versatilidad, pero también abre la posibilidad de usarlo de manera imprecisa según las intenciones de comunicación.

Algunas construcciones correctas del verbo bastar son:

Este trozo de cuerda basta para atar el paquete.

Nada basta a su ambición. (Moliner, 2007: 368).

En estos ejemplos, el significado de basta es ‘ser suficiente’: Este trozo de cuerda es suficiente para atar el paquete; Nada es suficiente para su ambición.

El uso de preposiciones también enriquece y diversifica sus usos y significados: basta con, basta de, bastar(se) para (Slager, 2007: 85-86). También tenemos las construcciones bastar y sobrar y hasta decir basta (Moliner, 2007: 369).

Por lo tanto, según la construcción gramatical en la que se utilice, este verbo necesitará de componentes sintácticos adicionales para leerse y comprenderse. Así, basta, sin acompañamientos es un imperativo útil para detener una situación o para cambiar de una situación a otra:

¡Basta!
¡Basta ya!

Pero, si incluimos en la oración el qué se quiere detener, es necesario incluir la preposición de para lograr la construcción basta de. La preposición introduce la situación que se desea detener, ya sea a la mayor brevedad, como una orden, o como antecedente de algo más:

¡Basta de majaderías!
Basta de teoría y pasemos a la práctica.

También se puede acudir al uso de adverbios, para especificar y aclarar el significado. Así, podemos decir:

No basta con hablar (es necesario pasar a la acción).

O bien, su opuesto:

Basta con hablar (cualquier acción es innecesaria).

En estos dos ejemplos, el uso del adverbio de negación hace la diferencia en el significado.

Un ejemplo de corrección

Para ver cómo el uso de la construcción sintáctica del verbo puede hacer una gran diferencia semántica, me robo el ejemplo de una oración que encontré en un afiche. Aquí, el verbo bastar está empleado de tal manera que entra en contradicción con el mensaje general del cartel.

Basta que nos saquen de la plaza sin darnos una solución. Queremos tener un espacio para practicar nuestro deporte ! [sic].

En este ejemplo, el basta, por ser empleado sin preposiciones o adverbios, sería equivalente a “es suficiente”. La oración, por lo tanto, se leería: Es suficiente que nos saquen de la plaza sin darnos una solución. Pero entonces se abren interrogantes: ¿es suficiente para qué? No hay información aquí para saberlo. Se puede deducir, de la oración, que algunas personas fueron expulsadas de una plaza sin recibir alternativas. Pero entonces, ¿a qué se refiere el “basta”?

De hecho, si no se tomara en cuenta la oración siguiente, casi se diría que esta es la expresión opuesta a aquello que se pretende comunicar. Puedo escuchar a un líder comunal diciendo: “basta sacarlos de la plaza [sin preocuparnos de darles una solución] para acabar el problema”. Pero no me puedo imaginar a una de las personas agraviadas diciendo “basta que me saquen de la plaza [sin darme una solución] para acabar el problema”. En otras palabras, ¿qué falta?

Dado que la oración no es clara o parece incompleta, obliga a realizar un ejercicio de especulación que, en el caso de un afiche, no debería producirse. Una de las reglas básicas del afiche es constituir un “golpe al ojo”, un instrumento de comunicación transparente, con un mensaje intenso, transmitido en un espacio y tiempo mínimos (un fragmento de pared física o virtual, unos cuantos segundos). El significado debería ser directo, claro, al grano y sin ambigüedades. Por lo tanto, al carecer de una explicación adicional o de un contexto adecuado, la oración parece perfectamente gramatical, pero no lo es. Lo que es peor: no comunica el mensaje deseado y se puede creer que transmite la idea opuesta.

Ahora bien, si se exploran otras construcciones gramaticales, la oración podría comenzar a tener sentido, incluso sin otros añadidos:

No basta con que nos saquen de la plaza sin darnos soluciones.

Basta de que nos saquen de la plaza sin darnos soluciones.

En el primer caso, se entendería con claridad de que prohibir el uso de la plaza es insuficiente: se necesita una solución. En el segundo caso, se solicita y se exhorta de manera directa a terminar con esta acción, claramente considerada una agresión. Así, con cualquiera de estas dos correcciones, la oración adquiere sentido y, de paso, recupera su estatus de oración completa, gramatical y, sobre todo, semánticamente correcta.

En síntesis

Algunas personas no especialistas en gramática y comunicación podrían argüir que no existe ambigüedad real en el mensaje, podrían decir que la información supuesta, inferida o hasta conocida detrás del afiche es suficiente para comprender. Podrían decir que, de alguna manera, “entienden”. Esta comprensión es ilusoria. Entienden lo que quieren leer, entienden lo que saben debería decir ahí; pero no han leído ahí el significado. Lo han puesto de su cosecha, al añadirle a la oración aquello que le falta. ¿Qué pasa con quienes desconocemos los antecedentes?

Al leer esta oración algo salta a la vista, algo “no suena” bien, algo “no se entiende bien”. Y aun cuando la incomodidad pueda parecer inocua, aun cuando sea muy difícil llegar a explicarla, el trabajo de quienes nos dedicamos a la corrección de textos siempre será señalarlo y ayudar a comprender, de manera racional y argumentada, esa incomodidad inconsciente, esa sensación intuitiva, ese “esto no está bien”. La responsabilidad es mayor cuando sabemos que el producto (un afiche) circulará entre un gran número de personas e incluso contribuirá al éxito o fracaso de una causa. Y dado que el producto es público, de paso, también se contribuye a distribuir una buena reputación para quien promueve la actividad.

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Afiche del cual se extrae el ejemplo del artículo. Se aclara que este artículo no pretende apoyar o combatir la actividad. En lo personal, debido a mi idealismo, me alegro de que un grupo de jóvenes tenga el impulso y el entusiasmo para organizarse y solicitar algo (lo que sea, mientras sea sano), en esta sociedad llena de indiferencia y pasividad. Pero no tengo vínculos con los grupos organizadores o sus actividades. De hecho, si intentara utilizar una patineta, sin duda experimentaría un grave accidente y debería ausentarme por un largo tiempo del blog.

Anecdotario: la historia de este artículo

Este artículo surgió de un comentario mío en el muro del Facebook en donde descubrí el afiche. Preocupada por la falta de sentido que encontraba en la oración aquí analizada, quise advertir a los organizadores sobre el que me parecía un grave problema de comunicación. Nótese que me abstuve de hablar de las tildes, la ortotipografía de los signos de admiración y hasta los problemas enunciativos del encabezado. Entrar en temas de diseño ya era también demasiado. Mi razonamiento inocente fue este: “si van a imprimir afiches, tal vez estén a tiempo de corregirlos”. Claro, a mis ojos, un error de comunicación en un afiche es algo grave y, de paso, los errores de ortografía solo sirven para transmitir una imagen de ignorancia y descuido. Este grupo de jóvenes se queja continuamente de su mala reputación ante la comunidad alajuelense. Como joven que fui alguna vez (y no he dejado de ser), me pareció digno ayudarles a mantener una buena imagen, al menos en ese pequeño detalle. Ni siquiera se me ocurrió pensar en “darles una clase de español”. Ya sabemos que lo mío son los libros, no las clases.

Así, con toda la brevedad que un comentario de Facebook debe tener, me restringí a indicar el error, una brevísima explicación de su causa y las soluciones posibles. Esta fue la respuesta que recibí:

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Moraleja: nunca corregir a quien no quiere recibir correcciones.

Lista de referencias
Moliner, María (2007). Diccionario de uso del español (3.
a ed., 2 vols.). Madrid: Gredos.
Slager, Emile (2007). Diccionario de uso de las preposiciones españolas. Madrid: Espasa.

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Lenguaje inclusivo: integrar en lugar de dividir

El principal interés del lenguaje inclusivo de género es la incorporación de la figura femenina dentro de la enunciación. Que sea mencionada, vista, traída a la consciencia cuando se lee. Que esté ahí y no escondida detrás del velo del masculino genérico, de la tradicional morfología de la palabra.

Pero ¿qué ocurre cuando comenzamos a decir “todos y todas pensamos”, “todos y todas hacemos”, “todos y todas somos”? No importa el verbo. Intercámbielo con cualquiera a su disposición.

El problema es que esta forma de visibilización conlleva otro riesgo: la división. En lugar de sintetizar, crea la figura separada de dos grupos antagonistas: uno de hombres y otro de mujeres. O uno de mujeres y otro de hombres, según sea su preferencia en cuanto al orden.

En el esfuerzo de tratar de hacer visible a la mujer, se desintegra la unidad de la humanidad como conjunto de personas de ambos sexos, mezcladas, reunidas y entrelazadas en la cotidiana acción de la vida.

La duplicación constante, sin análisis, aplicada de manera automática, en cualquier contexto y sin un legítimo propósito enunciativo preciso y bien estudiado detrás, anula la generalización pero crea una dialéctica de conflicto. Hombres versus mujeres en lugar de hombres y mujeres.

Por esa razón, si solo fuera por esa razón solamente, conviene limitar al máximo la duplicación en los textos y reemplazar “todos y todas” por “todas las personas”. La cantidad de palabras es la misma, pero el efecto resultante es un grupo, una unidad integrada y no la división entre dos frentes opuestos.

Los niños y las niñas no están sentados unos a la mitad de la clase y las otras al otro extremo. Se reúnen, juegan, cantan y ríen incluso al margen de sus diferencias sexuales (hasta que la sociedad se encarga de marcárselas).

Así, cuando usted sienta la necesidad de hacer visibles a las niñas en el texto, no acuda sin pensarlo a la duplicación. Medítela, recree en su mente la imagen evocada por sus palabras y reformule su texto. La mejor manera de traer las niñas a la luz es convertirlas en personajes activos de su escritura, integradoras y conscientes, capaces de tomar decisiones y llevar la antorcha ante cualquier situación. No son meros apéndices de la expresión gramatical, no son una aclaración textual, no son —y jamás deberían serlo— un simple añadido artificial en la mesa de corrección.

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Felicidades a los periodistas y escritores en el día de su santo

Francisco de Sales, santo patrono de periodistas y escritores.

En la tradición cristiana de Occidente, hoy se celebra la fiesta litúrgica de san Francisco de Sales, patrono de los comunicadores y escritores, según lo dicta la Iglesia católica. Francisco fue un escritor prolífico y empleó la palabra como un instrumento de difusión y defensa de su fe.

Se dice que es un santo para pedir el don de la palabra y la belleza, la difusión de la verdad y la edificación de la humanidad.

¡Muchas felicidades a los periodistas y escritores! Que en verdad este santo patrono de nuestra herencia occidental inspire sus plumas y vele por una escritura responsable, ética y dirigida al bien de su sociedad.

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