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La coma en enumeraciones: vistazo general

Uno de los principales usos de la coma es separar los componentes dentro de una enumeración. Crea la ilusión de aislamiento y, al mismo tiempo, construye una secuencia, un conjunto, una fila ordenada de objetos, personas, ideas… (Esa oración que acaba de concluir existe gracias a esa coma de enumeración). Lo esencial es darle al lector la orden de preparar, en su re-creación del texto, un lugar (una caja, ático, almacén…) en donde va a situar, bajo la misma categoría, una secuencia de conceptos yuxtapuestos unos a los otros que, por el artilugio de la coma, se homologan y democratizan: se les ve como iguales; ya sea por los objetos que describen, por las categorías que introducen o incluso por sus funciones gramaticales.

Vista así la regla, parece muy sencilla. ¿Por qué entonces hay tantos errores en su aplicación? La clave está en los detalles, las combinaciones y las variaciones.

Distinguiremos varios temas y escenarios:

  1. Enumeraciones simples de listados completos con conjunción
  2. Enumeraciones simples de listados completos sin conjunción
  3. Enumeraciones simples de listados incompletos o abiertos
  4. Enumeraciones complejas de listados completos
  5. Enumeraciones complejas de listados incompletos

Finalmente queda el tema de la ortotipografía de la coma, el punto y coma y el punto final, dónde van sus espacios, cuántos espacios llevan y demás minucias.

Puesto que es demasiada información para cubrirla en un único artículo, he decidido fraccionar las explicaciones en varios artículos. Dejo aquí únicamente un cuadro de ejemplos, para quien pueda descifrarlo todo de una mirada minuciosa. Con el fin de hacer más útil la sinopsis, he empleado los ejemplos proporcionados en el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), en las entradas “Coma” y “Punto y coma”. En los ejemplos incorrectos, he variado los problemas posibles, con la esperanza de tener un pequeño catálogo de potenciales errores.

Escenario Correcto Incorrecto
Enumeraciones simples de listados completos Ayer me compré dos camisas, un pantalón, una chaqueta y dos pares de zapatos. Ayer me compré dos camisas, un pantalón, una chaqueta, y dos pares de zapatos.
No le gustan las manzanas, las peras ni los plátanos. No le gustan las manzanas, las peras, ni los plátanos.
¿Quieres té, café o manzanilla? ¿Quieres té café o manzanilla?
Enumeraciones simples de listados completos sin conjunción Llegué, vi, vencí. Llegué vi vencí.
Todo en el valle transmite paz: los pájaros, el clima, el silencio. Todo en el valle transmite paz: los pájaros el clima el silencio.
Enumeraciones simples de listados incompletos (pueden terminar en etcétera o puntos suspensivos) Acudió toda la familia: abuelos, padres, hijos, cuñados, etcétera. (Si no hay punto final, se puede usar la abreviatura: etc.). Acudió toda la familia: abuelos; padres; hijos; cuñados; etc.
Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá, las alfombras, la lámpara… Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá, las alfombras, la lámpara…
Enumeraciones complejas de enunciados completos (con conjunción) Se dieron cita el presidente ejecutivo, Francisco Ruiz; el consejero delegado, Pedro García; el vocal, Antonio Sánchez; y el secretario general, Juan González. Se dieron cita el presidente ejecutivo, Francisco Ruiz, el consejero delegado, Pedro García, el vocal, Antonio Sánchez, y el secretario general, Juan González. (Cambia el sentido de la oración).
En el armario colocó la vajilla; en el cajón, los cubiertos; en los estantes, los vasos, y los alimentos, en la despensa. En el armario colocó la vajilla, en el cajón los cubiertos, en los estantes los vasos, y los alimentos en la despensa.
En el armario colocó la vajilla; en el cajón, los cubiertos; en los estantes, los vasos; y los alimentos, en la despensa. En el armario colocó la vajilla en el cajón los cubiertos en los estantes los vasos y los alimentos en la despensa.
Enumeraciones complejas de enunciados completos (sin conjunción) Cada grupo irá por un lado diferente: el primero, por la izquierda; el segundo, por la derecha; el tercero, de frente. Cada grupo irá por un lado diferente: el primero, por la izquierda, el segundo, por la derecha, el tercero, de frente.
Ortotipografía Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá, las alfombras, la lámpara… Estamos amueblando el salón; hemos comprado el sofá , las alfombras ,la lámpara …

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Citas textuales: ortotipografía de las citas largas

La definición de cita larga, como vimos en un artículo anterior, es un límite arbitrario establecido según el manual de estilo bibliográfico que se esté utilizando. En APA se sitúa en cuarenta palabras; en MLA, se define como una cita superior a cuatro renglones; Roberto Zavala la traza en cinco renglones (1995: p. 301) y José Martínez de Sousa en más de seis líneas (Martínez, 2007: p. 72). Personalmente preferiría una medida en caracteres, así que recomiendo la propuesta de APA, por ser menos sujeta a cambio que el ancho del renglón o la línea de cada caja tipográfica.

Las citas textuales largas se sacan del discurso principal, no se integran al párrafo, ni están sujetas a su puntuación: se convierten en un párrafo independiente, en donde aplican varios cambios tipográficos.

  1. Ausencia de comillas. En todos los casos, las citas se escriben sin comillas. Los cambios tipográficos dejarán evidencia suficiente para hacerle saber al lector que se encuentra ante palabras ajenas.
  2. Margen. El párrafo se sitúa a una distancia suficiente del margen izquierdo. APA propone “aproximadamente media pulgada” (p. 171), MLA indica una pulgada, Martínez de Sousa señala un sangrado general con el valor de la sangría empleada en el cuerpo de texto principal. El margen derecho se deja intacto, aunque a algunos editores les gusta usar el mismo valor elegido para el margen izquierdo, de manera tal que la cita se ve “centrada” en la página. El efecto final es el de un bloque de texto independiente dentro de la caja tipográfica.
  3. Cuerpo de la letra. APA y MLA no mencionan ningún cambio en el tamaño de la letra; sin embargo, sí es práctica editorial generalizada el disminuir el tamaño de la letra de las citas largas. Así lo corrobora José Martínez de Sousa (2007) y Roberto Zavala (1995) propone, específicamente, un punto menos que el cuerpo del texto.
  4. Separación de los párrafos anterior y posterior. En APA y en MLA no se aplica ningún espacio de separación. En los usos editoriales, en cambio, la cita se separa un renglón o espacio (o un cuadratín, dice Zavala) de los párrafos inmediatamente anterior y posterior a la cita (Martínez, 2008: 454).
  5. Espaciado. Los manuales de APA y MLA indican que el texto de la cita debe escribirse a doble espacio, pero cabe hacer la aclaración de que también indican que todo el manuscrito se escribe a doble espacio. Por lo tanto, la regla puede interpretarse como que la cita llevará un espacio análogo al del cuerpo de texto.
  6. Sangría. MLA, APA, Martínez de Sousa y Zavala coinciden en que una cita larga compuesta por un solo párrafo se escribe sin sangría. No obstante, si se compone de varios párrafos, los siguientes párrafos deberán llevar sangría inicial (Martínez, 2008: 454; Zavala, 1995: 301; APA, 2009: 171). La única excepción la hace el manual de MLA, puesto que en caso de citar dos párrafos o más, recomienda ponerles sangría a todos, siempre y cuando también el primer renglón del primer párrafo de la cita sea, en la fuente, un inicio de párrafo. De esta manera se le indica al lector experto si este es o no un párrafo independiente en la fuente consultada.
  7. Puntuación. A diferencia de lo que se veía en la cita corta, integrada en el texto del autor, en donde el punto se sitúa siempre después de la información parentética, los manuales de APA y MLA proponen que en las citas largas se debe respetar la puntuación de la fuente. Por lo tanto, si la última oración termina con punto final, se coloca este punto antes de la información parentética y luego se coloca otro punto después del paréntesis de cierre (para respetar la regla en español [Diccionario panhispánico de dudas, “paréntesis”, §3.a]; en inglés ese último punto es innecesario).

Otras maneras de dar formato a las citas
Martínez de Sousa menciona que existen otras alternativas editoriales para destacar las citas, no solo la que estamos proponiendo aquí de forma general. Por ejemplo, si el cuerpo de texto está a doble espacio y se elige no reducir el tamaño de la letra de la cita, esta irá a espacio sencillo, sin comillas. O bien, se puede elegir no darle un sangrado especial a la cita, pero siempre deberá ir en un cuerpo menor y distinguible del resto del texto. También existe la posibilidad de no hacer ningún cambio tipográfico del todo. En este caso, las comillas son obligatorias, tanto al inicio del primer párrafo, como de todos los demás párrafos que vengan después, en los que se usan las comillas de seguimiento; es decir, en lugar poner las comillas de apertura al inicio de cada párrafo, se escriben las comillas de cierre (» o ”), para indicar que la cita se inició desde el párrafo anterior y aún no ha terminado (Martínez, 2007: pp. 72-73; 2008: pp. 453-454).

Estas corresponden a variantes que a menudo encontramos en alguna publicación, pero cada vez se ven en menor cantidad.

La elipsis o supresión de texto en una cita
Sobre este tema tan complejo ya habíamos publicado varios artículos. Remito a su lectura, porque complementa la ortotipografía de las citas textuales y, sin duda, es necesario tomar en cuenta esas normas durante la escritura de obras académicas:

En síntesis
Si bien conviene revisar las reglas del manual bibliográfico al que uno debe apegarse (ya se trate del manual de una casa editorial o de una normativa bibliográfica, como las de Chicago, APA y MLA), la atención a los detalles hará que las citas bibliográficas de nuestra obra académica sean al mismo tiempo funcionales, precisas, exactas y elegantes.

Se deben evitar vicios como destacar todo el párrafo especial al escribirlo entre comillas o con negrita, cursiva u otra familia tipográfica. La elegancia está en la simplicidad tipográfica.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.
a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
        
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.
a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.
a ed.). New York: Author.

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Citas textuales: ortotipografía de las citas cortas

Las citas cortas se escriben con las mismas características tipográficas del cuerpo de texto principal: en redonda, con el mismo cuerpo de letra, con la misma fuente. Un error usual es aplicar cursiva o negrita a la cita. Incluso hay quienes varían la fuente de la letra.

Quizás exista algún manual de estilo bibliográfico en el mundo que sugiera el uso de la cursiva en las citas textuales. De todas maneras, habría que evitar el doble destacado: si se usan comillas, ¿para qué cursivas? Si se usan cursivas, ¿para qué comillas? No obstante, en este último caso, ¿cómo sabe el lector inequívocamente que es una cita textual y no una idea que el autor quiere destacar?

Por esas razones, la única marca tipográfica para indicarle al lector que está a punto de iniciar o finalizar una cita deben ser las comillas dobles. Se emplean las de apertura (“) o cierre (”), según se sitúen al inicio o al final de la cita. Si el texto se publica para el territorio español, se emplearán las comillas de codo, cuadradas o españolas: « ». [Sabemos bien que la Real Academia Española y José Martínez de Sousa (2008: 332-335) consideran incorrecto el uso de las comillas inglesas o voladitas, por ser un anglicismo tipográfico. Sin embargo, quienes vivimos en el medio editorial latinoamericano no podemos luchar contracorriente cuando la práctica es completamente ajena a la norma: aquí es tan usual y correcto usar las comillas inglesas, como lo es en España usar las comillas españolas].

Las comillas de apertura se separan por medio de un espacio en blanco de la palabra que las antecede; pero van unidas y yuxtapuestas a la primera palabra de la cita textual. La misma regla se aplica a las comillas de cierre, pero inversamente: las comillas se unen a la última palabra de la cita textual y se separan de la palabra siguiente por medio de un espacio; a menos que vayan seguidas de un signo de puntuación.

Correcto

Recuerdo a tu abuela diciendo “más vale el diablo por viejo que por diablo”, cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.

Incorrecto

Recuerdo a tu abuela diciendo“ más vale el diablo por viejo que por diablo ” , cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.

El lugar de la referencia bibliográfica
Existen varios escenarios posibles para situar la referencia bibliográfica de una cita corta. En general, deben seguirse algunas normas en las que los manuales suelen coincidir:

  1. Si el nombre del autor se está mencionando como parte de la redacción del texto y antecediendo la cita textual, justo inmediatamente después del apellido, entre paréntesis, se coloca el año de la publicación. Luego se anota la cita, entrecomillada y, después de las comillas, entre paréntesis, se escribe el número de página respectivo. En sistema APA, debe antecederse por la abreviatura de página (p.). Después del paréntesis no se escribe ningún signo, a menos que se trate de la puntuación propia de la oración.
  2. Si el nombre del autor no se menciona antes, toda la información parentética se escribe, como es usual, en el paréntesis al final de la última palabra de la cita, después de las comillas, separado por un espacio en blanco de las comillas, sin punto en medio. El punto se sitúa al final de la información parentética (si ahí termina la oración) y nunca antes del paréntesis.

Ejemplos correctos de aplicación APA

En el Códice Florentino, afirma Portilla (2003), “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones” (p. 73).

La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto” (Olson, 1994/1997: p. 170).

Incorrecto

En el Códice Florentino, afirma Portilla, “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones”. (página 73).

La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto”. (Olson, 1997: p. 170).

En el último ejemplo, adrede he utilizado una obra traducida al español. Se está usando la traducción de 1997, pero la obra fue publicada originalmente en 1994. Omitir este detalle es un error frecuente en la escritura y edición de obras académicas. (Ver artículo Las referencias de obras traducidas en APA”).

¿Y si hay comillas dentro de las comillas?
En este caso, las palabras que en la publicación original se escribían entre comillas dobles, en la cita textual se escribirán entre comillas sencillas, como una manera de mantener el destacado sin renunciar a la ortotipografía de la cita textual. En las ediciones españolas, en donde se emplean las comillas angulares, se emplean las comillas inglesas, porque habrá suficiente contraste entre unas y otras.

En este escenario, existe un agravante: ¿qué pasa si la palabra entrecomillada en el texto original es, además, la última palabra de la cita que estoy extrayendo? ¿Escribo tres comillas juntas? ¿Dejo un espacio en blanco entre las dos?

En cualquiera de los dos casos se ve mal, eso no se pone en duda. Lo ideal sería extraer la cita de tal manera que jamás una palabra entrecomillada en el texto original sea, a su vez, la última palabra de nuestra cita. Pero si es del todo inevitable, y si no queda nada por hacer, José Martínez de Sousa propone separarlas ligeramente, con medio espacio (no con un espacio completo). Me robo su ejemplo, por ser muy vehemente y claro:

«El Eterno habló a Moisés y dijo: “Habla a toda la asamblea de los hijos de Israel y diles: ‘Sed santos, porque yo soy santo, el Eterno, vuestro Dios’ ».

Desde luego, si me preguntan cómo haría en un libro latinoamericano, sin comillas angulares para citar ese ejemplo, tendría que recomendar usar todas las comillas, incluso las angulares, tal y como se emplea ahí, porque esa es una cita excepcional en sus características.

Ahora bien, en tanto editora y correctora a veces prefiero la otra vía fácil: cambiar la redacción, cambiar la cita, hacer que la cita sea más larga y darle tratamiento de cita larga (sin comillas al inicio y al final de la cita) o cualquier otra modificación mayor que, por eliminar la causa del problema, elimine también el problema. Si nosotros somos los amos y señores de nuestro texto, ¿quién nos impide modificarlo a voluntad? Dilema tienen los correctores de pruebas, quienes no podrían sugerir tan invasiva corrección.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2008).
Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008).
MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.a ed.). New York: Author.

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Citas textuales: citas cortas y largas

En la escritura para el medio académico, la cita textual es uno de los panes de cada día. Forma parte de toda investigación que se respete, ya sea con fines expositivos o didácticos. No obstante, abunda la incertidumbre respecto a su correcta grafía y formato. Cabe la aclaración de que si la universidad, la escuela o el docente de un curso han girado la directriz de seguir al pie de la letra algún manual de estilo bibliográfico (APA, Chicago, MLA, Vancouver, Harvard, etc.), el escritor o editor deberá remitirse antes que nada a ese manual y revisar su normativa.

Sin embargo, la experiencia demuestra que muchas instituciones y docentes tienen una relación difusa con estos manuales y, al final, descansan sobre una especie de tradición oral con poca o ninguna consideración ortotipográfica.

Puesto que el tema es complejo en sus minucias, lo abordaremos a través de una serie de artículos que proporcionen lineamientos válidos para la edición de documentación académica en español. Se ha utilizado como referencia los lineamientos de los manuales de la American Psychological Association (APA), en su sexta edición, y de la Modern Language Association (MLA), en su tercera edición. Se complementa la información con la obra de José Martínez de Sousa Ortografía y ortotipografía del español actual, en su segunda edición.

¿Qué es una cita textual?
Una cita textual es la reproducción exacta y fiel de las palabras de una fuente, ya sea oral o escrita. La cita únicamente consiste en esas palabras fielmente reproducidas. La información de la fuente, de dónde se toma y demás coordenadas bibliográficas forman lo que denominamos referencia; es decir, es la información parentética que indica de dónde se toma la cita textual.

Cuando las ideas del autor no se reproducen textualmente y son modificadas de manera sustancial en su redacción, estamos ante una paráfrasis. Ahí no es necesario aplicar ninguna ortotipografía adicional (el texto mantiene las características formales del cuerpo de texto principal) y únicamente se requiere especificar la referencia.

Cuando es necesario introducir alguna modificación en la cita textual, se indicará por medio de corchetes ([ ]). La ortografía original de la cita también debe respetarse, en cuanto a sus mayúsculas y minúsculas.

Una cita textual puede iniciarse en cualquier parte del discurso, no necesariamente en el inicio de la oración, y finalizará ahí en donde sea pertinente.

La cita textual también puede interrumpirse o fraccionarse para acomodarla a la redacción del autor, según convenga; siempre y cuando se delimite, de manera visible y clara para el lector, en dónde comienzan y terminan las palabras del autor citado.

Ejemplos válidos

San Agustín afirma en sus Confesiones que “El llanto es gustoso y dulce a los desventurados y afligidos”.

“El llanto”, afirma san Agustín en sus Confesiones, “es gustoso y dulce a los desventurados y afligidos”.

Dos normas gráficas según la extensión de la cita
Una de las características que más produce vacilación en la ortotipografía de las citas textuales es el hecho de que el formato varía según se trate de una cita corta o de una cita larga.

La frontera entre lo que se considera “corto” o “largo” es arbitraria y por eso el escritor de obras académicas debe continuamente referirse a su manual de cabecera. El manual de la APA sitúa la frontera en una extensión de cuarenta palabras; el manual de la MLA propone una extensión de cuatro renglones.

Dicho de otra manera, las citas menores de cuarenta palabras (APA) o cuatro renglones (MLA) se escriben de una manera y las que superen esa cantidad se escriben de otra.

Las particularidades de cada una las veremos en artículos separados.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.
a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.
a ed.). New York: Author.        

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Ortotipografía: los signos de interrogación y exclamación

La capacidad humana de hacerse preguntas y de asombrarse ante el mundo es una de las claves de la evolución y el aprendizaje. Por la misma razón, hemos creado signos para representar estas dos modalidades de pensamiento en la escritura. Sin embargo, con mucha frecuencia escucho dudas reiteradas sobre cómo se utilizan, cuándo se escriben y cuáles son sus reglas ortotipográficas.

En lo que a los signos de interrogación y exclamación concierne, las convenciones varían de una lengua a otra. Por esa razón, aquí nos concentraremos en las normas del español.

¿Cuáles son los signos de interrogación y exclamación?

Los signos de interrogación son esas hoces que terminan en un punto, con las que hemos enmarcado el subtítulo de este apartado: ¿ ?. Los de admiración se distinguen porque se forman con una línea recta, terminada en punto: ¡ !. Como acabo de mostrar, existen dos tipos: uno de apertura y uno de cierre. Es incorrecto situar el signo de cierre en la posición de apertura o a la inversa:

Correcto

¿Me prestas tu libro de cohetes?

Incorrecto

?Me prestas tu libro de cohetes?

¿Siempre se necesita escribir el signo de apertura?

Sí, siempre y cuando estemos escribiendo en español. En español, en el habla, es posible transformar la misma oración (con idéntica estructura sintáctica) en una pregunta o en una exclamación, gracias al poder de la entonación, que en la escritura representamos por medio de signos: Vas a ir al cine no es lo mismo que ¿Vas a ir al cine? o, incluso, que ¡Vas a ir al cine!; en cada caso hay un matiz de significado diferenciador.

Necesitamos el signo de apertura para indicarle al lector el punto exacto de la enunciación en donde se produce el cambio de significado.

¿Por qué a veces se escribe signo de puntuación detrás del signo y a veces no?

Los signos de interrogación y admiración tienen valor de punto final, siempre y cuando no vayan seguidos de una coma o de un punto y coma. Por lo tanto, la adecuada puntuación de la frase dependerá, en primera instancia, de la intención del escritor y, en segunda, del juego de signos, mayúsculas y minúsculas de la oración.

Uno de los casos en donde más se presta a confusión es en la enumeración de preguntas después de dos puntos. La elección entre una alternativa y otra dependerá del tipo de idea que se desee transmitir. Los siguientes son dos ejemplos correctos de puntuación con los signos de interrogación:

Ejemplo 1

La humanidad se ha formulado numerosas preguntas cruciales a través de su historia: ¿cuál es la clave de la vida?, ¿existen poderes superiores que determinen los designios humanos?, ¿cómo se justifica el gobierno de los pocos sobre los muchos?, ¿hasta qué punto se puede dejar el poder en manos de los pueblos?

Ejemplo 2

La humanidad se ha formulado numerosas preguntas cruciales a través de su historia: ¿Cuál es la clave de la vida? ¿Existen poderes superiores que determinen los designios humanos? ¿Cómo se justifica el gobierno de los pocos sobre los muchos? ¿Hasta qué punto se puede dejar el poder en manos de los pueblos?

Nótese que en ningún caso se emplea el punto, porque el signo de interrogación ya tiene valor de punto. Lo que sí procede es dejar un espacio en blanco entre una oración y otra. En cambio, si se toma la decisión de separar las preguntas por medio de comas, el signo de interrogación pierde su valor de punto final y, por lo tanto, la siguiente oración debe iniciar con minúscula.

¿En qué estriba la diferencia entre una manera de escribir la secuencia y la otra?

Es una cuestión de estilo, de tono de voz, por así decirlo. Un punto supone una pausa mayor, una separación más tajante entre una expresión y otra, un ritmo más cadencioso que obliga a lanzar la idea y hacer un silencio. La enumeración por medio de comas nos dice que todas las preguntas son, en el fondo, la misma pregunta; que forman parte de una secuencia, que están ligadas entre ellas. No queremos que el lector las separe, sino que las una.

¿Se escribe espacio antes o después del signo?

El signo debe escribirse sin espacio de separación entre la palabra a la cual está asociado. Así, el signo de apertura irá junto a la primera palabra de la oración y el signo de cierre estará junto a la última palabra de la oración:

Correcto:

¿Vas a llegar tarde esta noche?

Incorrecto:

¿ Vas a llegar tarde esta noche ?

Tampoco se debe pegar el signo a otras palabras que no sean las señaladas.

Correcto:

Tu tía ya llegó. ¿Está listo el café?

Incorrecto:

Tu tía ya llegó.¿ Está listo el café?

En este último ejemplo, también conviene destacar que los signos de interrogación y exclamación únicamente tienen valor de punto cuando están en posición final de oración. Por lo tanto, las oraciones que le antecedan deben llevar sus respectivos signos de puntuación.

Casos en que las preguntas o exclamaciones no llevan signos

Dentro de la redacción se dan casos especiales en donde el hablante siente que se formula una pregunta, pero no precisan los signos respectivos. Esto ocurre cuando la pregunta está integrada en el discurso y no formulada como una oración interrogativa.

Ejemplo:

La maestra pregunta si los niños trajeron la tarea.

Para que esta oración fuese interrogativa, tendríamos que modificar la redacción, por ejemplo así:

La maestra pregunta: “¿Trajeron la tarea?”.

En síntesis

Las reglas de los signos de admiración e interrogación son sencillas:

  1. Siempre deben escribirse los signos de apertura y de cierre.
  2. El signo tiene valor de punto en posición final de palabra, siempre y cuando no le siga otro signo de puntuación (coma, punto y coma, dos puntos).
  3. El signo debe ir junto a las palabras respectivas de apertura y de cierre de la oración que enmarca, sin espacio de separación respecto a estas, pero con un espacio que lo separe de las otras oraciones adyacentes.
  4. Se debe valorar la sintaxis de la oración para discernir cuándo procede escribir los signos.

En cuestiones de signos de interrogación y exclamación, la buena ortografía garantiza la comunicación más allá de las fronteras, las costumbres y las diferencias culturales.

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Negrita, cursiva, comillas: evitar el doble subrayado

Un error frecuente en tesis y documentos de autores noveles o nunca editados es el uso del doble subrayado o doble destacado. Por subrayado no me refiero aquí a utilizar una línea debajo de la palabra, como se estilaba de manera estándar antes del uso de las computadoras, es decir, este tipo de subrayado. Me refiero, en cambio, a la necesidad de emplear más de un signo tipográfico para destacar una palabra u oración dentro del discurso escrito.

Existen varios métodos tipográficos para subrayar, destacar o mostrar que algo es distinto de alguna manera de las palabras que tiene a su alrededor. El subrayado propiamente dicho (método propio de las máquinas de escribir) casi no se emplea en la actualidad, gracias a la existencia de la cursiva y la negrita. Las comillas, ya sean americanas (“ ”) o angulares, de codo o españolas (« ») también cumplen una función tipográficamente diferenciadora: aíslan la palabra y en algunas ocasiones hasta le dan su propio tono de voz, por así decirlo. También se puede optar por las VERSALES o las VERSALITAS, y solo en casos justificados, la mayúscula inicial.

Sin embargo, en el esfuerzo del escritor por hablar a través de los signos y por mostrar las diferencias entre una palabra y las que la rodean, ocurre el error de subrayar mediante dos o más signos tipográficos.

Pongamos un ejemplo clásico: las obras literarias, cinematográficas y artísticas (con algunas excepciones, según la convención que se siga) se escriben generalmente en cursiva. Es una convención que han adoptado diversos sistemas editoriales y bibliográficos, como Chicago, APA, Cambridge y hasta la misma Real Academia Española (RAE). La encontramos incluso en las recomendaciones de las obras de maestros editores como José Martínez de Sousa y Roberto Zavala.

Usemos una película de moda, de una sola palabra: Avatar. Hay quienes podrían caer en la tentación de escribir: Avatar, “Avatar”, “Avatar” y, en algún caso extremo, Avatar, en donde mediaría inclusive un cambio de fuente.

El mismo problema aplica para las citas textuales. Las citas inferiores a 40 palabras (límite de APA) se escriben entre comillas, dentro del texto. Sobra ponerlas en cursiva. Las citas más grandes se destacan mediante márgenes diferentes y un tipo de letra más pequeño. Sobran cursivas y comillas: los márgenes y el tamaño bastan para saber, de buenas a primeras, que estas no son palabras del autor.

El escritor, ya sea de tesis o libros, deberá preguntarse –ojalá antes de comenzar a escribir y, en definitiva, antes de remitir su manuscrito a valoración– cuáles son las convenciones editoriales a las que deberá apegarse para publicar (así se trate de hacer público su trabajo a través de una biblioteca, de internet o en forma de libro impreso). Si es una tesis, deberá averiguar, en su facultad o universidad, a cuál sistema bibliográfico deberá apegarse y adquirir el manual correspondiente, en donde este tipo de detalles aparecen estipulados. Si escribe para una editorial, deberá solicitar el manual de estilo de la casa o pedir ayuda de su editor.

Pero aun si se escribe en soledad, para uno mismo, la norma de la lengua es clara: únicamente se necesita destacar una vez. Lo demás sobra y se vuelve grito tipográfico.

Por eso, antes de sobrecargar su página escrita con signos que se acumulan unos sobre otros, recuerde la regla de nunca aplicar doble subrayado.

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Entonces: la coma hace la diferencia

En matemáticas, abunda el uso de entonces con el valor de por lo tanto. Se emplea para indicar una relación causal entre una razón y otra. Muy a menudo esto se ver reforzado por su uso dentro de una construcción abierta por una oración condicional: “Si tal condición se cumple, entonces…”. Cuando vemos la oración de esta manera, no produce mayores inquietudes ortográficas. Sin embargo, la duda sobreviene cuando el adverbio entonces encabeza una línea u oración y, más todavía, cuando aquello que le sigue no es una expresión lingüística, sino matemática, como una fórmula. En esos casos, vemos expresiones tales como

        Entonces

        [fórmula]

y sobreviene la pregunta: ¿cómo se escribe el entonces? ¿Lleva algún signo después? ¿Lleva coma o dos puntos?

¿Qué valor semántico tiene entonces?

Entonces es una palabra versátil. Según su posición en la oración puede tener dos funciones semánticas (y sintácticas en sus resultados) completamente distintas: adverbio o conector. Esta es la clave de la coma.

¿Cuándo es adverbio y cómo se escribe?

Los adverbios, por definición, son aquellas palabras “ad verbum”, junto al verbo. En tanto adverbio, indica una relación de temporalidad; es decir, señala cuándo se ha realizado la acción. Veamos un ejemplo:

        Entonces usábamos vestidos largos.

En estos dos casos, entonces nos dice cuándo está ocurriendo la acción del verbo. Lo comprendemos mejor si lo vemos en su contexto íntegro:

Las fiestas eran suntuosas, por aquel año de 1875. Entonces usábamos vestidos largos, guantes y abanicos.

Queda ahora claro el valor semántico de entonces: remite a una coordenada temporal. Podríamos reemplazarlo por en aquel entonces, en esa época, en aquellos años, en esos días… El reemplazo no necesariamente sería estilístico, sino una prueba de corrección: si puedo hacer la sustitución y la frase todavía tiene el mismo sentido que antes (o ligeramente similar), puedo afirmar que se trata del adverbio de tiempo.

¿Cuándo se convierte en conector?

El vocablo entonces abandona su identidad como adverbio cuando pasa a cumplir una función distinta en el discurso: conecta dos estados, dos relaciones, dos condiciones. Por ejemplo, pasa a indicar una relación de causalidad entre una condición y otra: “si la Tierra no está en el centro, entonces el Sol no gira alrededor de la Tierra”.

Tomemos el ejemplo usado para el adverbio, pongámosele la coma y veamos la diferencia:

Entonces, usábamos vestidos largos.

La sola presencia de la coma remite la imaginación a otra condición. El uso del vestido largo, en este caso, es la consecuencia de un evento previo, no de un tiempo previo. Veamos el nuevo contexto de esta ficción:

Las mujeres eran recelosas de los extraños. La represión sexual había producido un morbo incontenible por la expresión de la piel. Parecía necesario, a todas luces, ocultar el cuerpo. Entonces, usábamos vestidos largos a modo de coraza protectora contra las miradas lascivas.

La frase cambiaría de sentido si se reemplazara el entonces por en aquella época. Sin embargo, lo conserva si reemplazo la palabra por otras expresiones, como por lo tanto, en consecuencia…

Entonces… ¿dónde va la coma?

Cuando entonces tiene valor de conector y se escribe al inicio de la oración, siempre debe llevar coma. Volviendo al ejemplo en los textos de matemática, se escribiría así:

Entonces,

[fórmula]

Cuando forma parte de una construcción condicional, se respetará la sintaxis de estas expresiones. Por ejemplo,

Si vamos al cine, entonces no es necesario llevar la bolsa del supermercado.

En síntesis

Los editores saben que gran parte de su oficio consiste en unificar. Quienes carecen de entrenamiento en lingüística pueden llegar a pensar en la unificación como un asunto estrictamente formal: “siempre que aparezca tal palabra, se escribirá de tal manera”. Esto podrá ser cierto para aspectos ortotipográficos, más cercanos al mundo de lo gráfico que a lo semántico.

No obstante, en cuestiones de comas, el signo gráfico tiene una razón de ser más allá de la escritura de un grafo que, a muchos, les puede parecer estorbo: es una guía de sentido, es un indicador del significado, es un instrumento para clarificar la relación entre los elementos del discurso dentro de la unidad mínima de la oración.

Una coma no se pone o se quita por estrictos criterios de unificación per se. Es un problema de comunicación, no de estética visual o de unidad gráfica.

Lista de obras consultadas

Real Academia Española (2001). Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Madrid: Autor, “Entonces”.

Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe, “Coma”, §1.3.

Real Academia de la Lengua y Asociación de Academias Americanas (2010). Nueva gramática de la lengua española. Madrid: Espasa-Calpe, §17.9i, §30.12h, §30.13a.

Agradecimiento

Este artículo se originó en la inquietud y las conversaciones con Vanessa V.

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