La palabra engendra palabra

Una de las fantasías más extendidas de quienes amamos la palabra como acto creativo es llegar a tener la autonomía y el tiempo para dedicárselo por entero a los placeres de leer y escribir. Nos imaginamos el día entero entre libros o creando las obras que nos llevarán hasta el codiciado estatus de escritor independiente que vive de las ventas de sus obras.

Desde luego, estas fantasías chocan con una realidad apabullante. Cuando logramos obtener un día de descanso, nos pueden asaltar el sueño, el cansancio, la necesidad de reposo y, sobre todo, las distracciones. Lo que tanto deseamos escribir se desvanece en la penumbra de clics azarosos y tareas insignificantes. No pasa de ser un bonito sueño, una agradable fantasía.

Pareciera como si al entrar en “modo de descanso”, también perdiéramos la conexión con esa capacidad interna de crear.

He tenido la experiencia personal de renunciar a todo para dedicarme a escribir y no poder hacerlo. Como también conozco lo que es escribir a diario, sin tregua, justo cuando mi vida laboral está más llena de obligaciones y plazos de entrega.

En mis épocas más activas, me he levantado de madrugada a escribir, he leído libros camino al trabajo, he editado y corregido durante mis labores remuneradas, he escrito versos y diálogos durante mi hora de almuerzo o en un café, mientras espero a que se disipe el más pesado tránsito en la ciudad y todavía he llegado por la noche a conversar con mi pareja sobre el acto creativo y teoría literaria. Durante la noche, sueño con las historias y me levanto al día siguiente a continuarlas.

En cambio, periodos de vacaciones y licencia por enfermedad a menudo se han convertido en silencios prolongados. Cuanto más se prolonga el silencio, más cuesta recuperar la rutina diaria de la palabra.

Escribir, de verdad escribir y no limitarse a soñar con hacerlo, es un acto de fuerza, valor, constancia y acumulación. No sirven las excusas, la autocompasión y las adversidades. No se vale decir “no tengo tiempo” o “lo haré más adelante”. Cuanto más se logra escribir, aunque el resultado parezca inútil, más se activan los sentidos de la creación enunciativa. Hay que escribir, escuchar, enunciar, conversar, corregir y volver a escribir. La palabra engendra palabra. Las excusas solo engendran silencio.

12 comentarios

Archivado bajo Escribir, Escritura

12 Respuestas a “La palabra engendra palabra

  1. ¡Totalmente identificado! 😦

  2. Reblogueó esto en La Palabra Inconclusay comentado:
    ¡Me sentí totalmente identificado! De paso, muy recomendado el blog Nisaba.

  3. Javier

    Excelente. Entre el 2009 y el 2010 estuve desempleado, en casi doce meses apenas escribí un cuento de 5 páginas. Después que empecé a trabajar, comencé una novela que culminé en dos años más un libro de cuentos, trabajando casi todos los días dos a tres horas por las noches.

    • Jacqueline Murillo

      Gracias por compartir la experiencia, al parecer, no estamos solos en este dilema de trabajar o escribir.

  4. Estimada Jacqueline, no demores más tu silencio, ahuyéntalo. Una vez espantado, piensa en el arma que empleaste. Explosión. Necesitas dianamita y pólvora que reviente las cavernas del indómito subconsciente, que tantas veces traiciona. Un abrazo, desde Madrid, para una de mis plumas favoritas.

    • Jacqueline Murillo

      Gracias, Fermín. Me estoy dedicando a ahuyentar el silencio, al menos este que no tiene la riqueza del auténtico y valioso silencio de los sabios. Pues me voy a dinamitar unas cuantas trabas, que tengo mucho por decir y más por publicar, en proceso de pulido. Un abrazo desde esta tierra de sol y lluvia.

  5. La palabra engendra palabra

  6. Cecilia

    Me gusta leerte. Particularmente esta entrada me ha hecho sentir identificada. Gracias.

  7. Me encantó esta entrada tan certera. 🙂

  8. liviadeandres

    No sabes lo bien que te entiendo. Un saludo.

  9. Qué interesante. A mí me pasa lo mismo, de la misma forma, y por eso debo conformarme con cumplir con pequeñas colaboraciones periódicas para una revista y no aventurarme a algo más grande. Lo cierto es que para algunos puede ser difícil entregarse por completo al proceso de la escritura, El sistema y la realidad suele ser cruel con escritores y artistas.

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