Escribir sin juzgar

Hace no mucho alguien me dijo algo parecido a esto: “Apenas escribo un párrafo, lo borro. No me gusta. Ya me atrasé en la entrega del libro, pero no puedo seguir adelante”. En estos años de diarios y maratones de escritura, de momentos de inspiración alternados con desgano, de escribir contra el tiempo para llegar a la fecha de entrega, puedo afirmar, desde mi propia experiencia, que a la palabra es menester soltarla, dejarse llevar por ella y dejarla atrás. Si escribimos y juzgamos durante el mismo acto de escritura, nos sucede lo mismo que a la mujer de Lot cuando huía de la destrucción de Sodoma y Gomorra: nos convertimos en estatuas de sal o, todavía peor, borramos lo escrito, lo tiramos a la basura y entramos en estado de bloqueo.

¿Qué actúa ahí? La inseguridad. Nos estamos juzgando antes de tiempo con ojos ajenos. Por el miedo al ridículo, nos vamos de lleno sobre la tecla de borrado, entramos en estado de parálisis y apagamos la computadora. Nos ganan el Facebook o el Twitter. Nos gana la televisión. Nos gana la cena. ¿Y la obra? “Ya escribiré mañana, la próxima semana, el otro mes”.

Pero cuando se trabaja con un cerrado calendario de producción, puede no haber otro mes disponible. Si la musa se digna a hacernos una visita, ha de encontrarnos trabajando.

Por esa razón, el mejor consejo cuando lo escrito no nos gusta es seguir adelante. No se detenga. No borre. No se levante de la silla. Si no le gusta, táchelo o resáltelo en color negro en lugar de amarillo, pero siga soltando palabras, buenas o malas. A veces los primeros párrafos (y hasta las primeras páginas) son tan solo el calentamiento, el balbuceo, una exploración informe y sin dirección de la que, de repente, en el momento menos esperado, aparece por fin lo que en un principio queríamos decir. Y ahí, cuando emerge la médula del asunto, ahí la tomamos por el cuello y borramos todo lo demás.

Otro día, con más calma y distancia, podrá sentarse a editar y reescribir; ahí vale usar tijera, borrar, tirar y… sobre todo, vale encontrar lo que sí sirvió, traerlo a la luz, tallarlo, pulirlo y hacerlo brillar.

El segundo o tercer borrador tal vez comience a parecer menos pálido, menos execrable, menos vergonzoso. Cuando el texto ya nos proporcione satisfacción, llega la hora de mandarlo a la mesa de edición y prepararse para recibir los demoledores comentarios hechos con ojos ajenos (verdaderos ojos ajenos, y no nuestro burdo autoengaño de lo que, de antemano, creemos dirán las demás personas). Pero mientras tanto, recuerde: el secreto para no retrasarse es seguir escribiendo… ¡sin mirar atrás!

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5 comentarios

Archivado bajo Escribir, Escritura

5 Respuestas a “Escribir sin juzgar

  1. Jesús Álvarez

    Muy buen consejo, yo creo que la mayoría de las cosas que escribimos se pueden aprovechar, aunque a veces no sea el momento o la forma adecuado. En cualquier caso, lo guardo todo.

  2. Susana Morales

    Creo que nunca un comentario fue tan oportuno, me sentía sola y no podía avanzar, me comprometí a una fecha porque siempre lo pospongo nunca me siento segura de lo que escribo, ahora entiendo que tal vez así es para muchos, gracias a la persona que me lo recomendó y a la autora.

    • Jacqueline Murillo

      Es un placer saber que el artículo te ayuda, Susana. Y no, no estás sola. Quienes piensan que escribir es un acto sencillo, producto del genio, que ocurre en un instante de inspiración no han conocido la verdadera escritura. Sí, hay textos que salen así; pero no se logra la obra de una vida con vanidades ilusorias. ¡Mucha suerte con tu proyecto! En este blog hay algunos artículos sobre cómo organizar el tiempo, crear una rutina diaria y, en general, esas pequeñas ayudas imprescindibles para sostener una escritura exitosa. ¡Ánimos!

  3. Ce

    Querida Jacqueline:
    Soy una correctora de estilo novel y aspirante a escritora y no tienes idea de cuánto me has ayudado con tus consejos e indicaciones. Aplaudo especialmente esta entrada porque uno de mis mayores problemas cuando escribo es la sofocante edición con la que me restrinjo y que me ha llevado incluso a temer la escritura. En mis clases de la universidad nunca mencionaron la posible de inseguridad que puede surgir en este oficio y me alegra muchísimo que haya personas como tú que compartan sus conocimientos y su experiencia. No dejes de escribir este blog maravilloso y gracias.

    • Jacqueline Murillo

      ¡Qué linda! ¡Muchas gracias! Comienzo mi tarde con una gran sonrisa. Mucha suerte con tu corrección y tu escritura. Te confieso que al salir de la universidad me costó un buen tiempo desintoxicarme de las teorías literarias, la ultracorrección gramatical y las teorías lingüísticas antes de sentarme a escribir a mis anchas. Las herramientas aprendidas no me las quita nadie y las uso a diario en mis labores, pero sé bien cómo se siente temer escribir tras tantos juicios incorporados en los años de formación. ¡Sigue adelante! ¡Vale la pena!

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