Leer antes de corregir: las ventajas de la lectura diagnóstica

Uno de mis errores de novata era mi incapacidad para leer sin contener el impulso de intervenir el texto. El resultado fue desastroso: cada lectura-corrección del documento tomaba horas incontables y, al llegar al final del material, quedaban a la luz mis malas decisiones en el camino. El proceso editorial se alargaba sin necesidad y el producto no siempre era el más deseable.

Ahora comprendo que leer varias veces antes de corregir no es una pérdida de tiempo. Por el contrario: se gana al final del proceso y se logran cumplir los plazos de entrega tan estrictos en la producción editorial.

Las lecturas diagnósticas tienen muchas ventajas:

  1. Se forma una visión panorámica del texto.
  2. Se identifican los problemas estructurales potenciales.
  3. Quien edita monitorea sus reacciones iniciales, las más genuinas, hacia la propuesta textual (ya sea ficcional o no) y las puede utilizar en las etapas posteriores.
  4. Se valora la propuesta textual tal y como está (ya sea que funcione o no).
  5. Para obras de ficción, se estudian la historia y las relaciones entre sus componentes (trama, personajes, locaciones, desarrollo de los eventos, crisis y soluciones…) antes de entrar al ajuste de cada una.
  6. Para las obras sujetas a un plan de producción o un diseño curricular, se verifica la pertinencia de todos los temas, el apego a los requisitos de contenido y metodología, los vacíos posibles o áreas con necesidad de reforzamiento.
  7. Se identifican las necesidades estilísticas principales: redacción, estilo, errores frecuentes, necesidades normativas ortotipográficas (mayúsculas, siglas, cursivas, comillas, decisiones léxicas).
  8. Se valida el diagnóstico con todas las personas involucradas en la realización del material y se refinan los criterios para las decisiones de corrección antes de señalarlas e implementarlas. Esto evita disgustos innecesarios y reparte la responsabilidad de las decisiones entre todos los miembros del equipo de edición.

La lectura diagnóstica, en sus diversas etapas, es una herramienta esencial para garantizar la mejor toma de decisiones, según nuestra visión y experiencia. Cuando renunciamos a diagnosticar, bajo la excusa de la prisa y la urgencia, corremos el riesgo de no ver el bosque por estar perdidos entre los árboles y, sobre todo, nos retrasamos en elegir el camino más directo hasta nuestro destino.

Si usted todavía no lo ha hecho, ya sea que se enfrente a su propia obra en un proceso de reescritura o a la de alguien más, la próxima vez que revise, edite o reescriba un texto refrene sus impulsos: no corrija, lea. Y solo después de mucho leer, cuando ya sienta despejadas todas sus dudas, tome de nuevo el lapicero rojo y corrija. Luego de pasar por la experiencia, cuéntenos cómo le fue y si esto le ayudó a llegar más pronto a su meta.

12 comentarios

Archivado bajo Corrección, Corrección de estilo, Edición

12 Respuestas a “Leer antes de corregir: las ventajas de la lectura diagnóstica

  1. Como no podía ser de otro modo, estoy de acuerdo contigo. Para mí es un lujo poder leerte. Tus consejos son muy sabios, Jacqueline. Creo que ayudas a mucha gente con ellos.
    Gracias por compartirlos.

    Un abrazo desde Valladolid (España).

    • Jacqueline Murillo

      Gracias por tus palabras, Manuela. Es un alivio saber que no estoy pasando por esta tierra en vano. ¡Un abrazo!

  2. Yo escribo y al hacerlo cometo todos los errores posibles, me da pena, lo confieso. Pero en mi caso o escribo o corrijo.Agradezco la tarea de todos ustedes y a menudo les tengo envidia. Leo con gusto tu pagina. Gracias mil.
    Laura Pruneda.

    • Jacqueline Murillo

      Es un placer, Laura. Escribir y corregir son procesos distintos. Cuando uno escribe la primera vez siempre es mejor quitarse todo de encima: prejuicios, expectativas del propio texto, correcciones… Ya vendrá la etapa de la reescritura y la propia corrección. Y bueno, también la de otras personas que nos ayudan a mejorar. Saludos y que sigas escribiendo y gozando de tu proceso.

  3. A ver si soy capaz de resumir lo que me han hecho a mí. La tercera edición de un libro mío coincidió con un cambio en la normativa del gallego. Adaptaron mi libro (una historia para niños), pero no me pasaron el resultado para que yo le diese el visto bueno (soy filóloga y fui profesora de gallego durante muchos años). Me quedé de piedra cuando repasé-releí el libro y encontré más de ¡¡¡¡¡ cien!!!!! errores. Cuando se lo comuniqué al editor, se disculpó y prometió que se corregiría en la siguiente edición. Pues muy bien, si hay otra edición.

    • Jacqueline Murillo

      Peke, eso sí es terrible, lo siento. La mayoría de los editores, para cumplir sus plazos, prefieren sacar el libro de la vista del autor y enviarlo sin más a imprenta. Claro, muchos autores no están dispuestos si quiera a participar en este proceso. En ese sentido, uno debe hacer lo posible por estar ahí, por incluir en el contrato su derecho a ver las pruebas finales y a revisarlas. La ley de derechos de autor —al menos la de mi país— te da el derecho de solicitar que se retire la publicación del mercado pero, en la práctica, ¿quién lo hace? Pocos autores tienen el poder económico y las razones del peso para ganar esa querella. Y volvemos a un viejo tema: los errores en el texto cuestan mucho dinero, porque imprimir un libro es muy caro y, como dices, muy a menudo se hace solo una vez.

  4. Jacqueline estoy muy de acuerdo con tu post. Hay que corregir pero de un modo menos obsesivo. Tardo muchísimo en corregir y nunca quedo del todo satisfecha. He puesto el punto y final a mi último libro y me ha costado un mundo decir ¡hasta aquí!

    • Jacqueline Murillo

      Sí, hay que aprender a poner un límite a la corrección. Por eso prefiero asumir varias etapas, de la manera más sistemática posible, para sentir que tengo un “método” y que en algún momento se pone el punto final. Se vaya como se vaya… ¡Muchos éxitos con tu libro!

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