Los cronogramas no se cumplen solos

Los cronogramas son hermosos. Uno los contempla y siente que sí es posible alcanzar las metas de escritura, entregar el libro en la fecha prometida, hacer las revisiones, diseñar y enviar a imprenta, presentar el libro y recibir el aplauso… Sí, los cronogramas son hermosos… en el papel.

Su sola realización produce tranquilidad, como si esta herramienta nos diera control sobre el tiempo y pudiésemos hacerlo actuar a nuestro favor. Ayuda a apaciguar la angustia y la incertidumbre ante el futuro y nos hace sentir que estamos haciendo algo, lo que sea, por terminar a tiempo.

Esa es la trampa.

Uno de los principales riesgos de los cronogramas es la percepción subjetiva de la fecha límite. Las fechas pueden ser muy engañosas. Con la tranquilidad de que “faltan muchos días”, “todavía tengo tiempo”, los días pasan: hoy no escribe, mañana tampoco, al día siguiente tampoco… y las palabras se acumulan. Si usted piensa que así va a alcanzar su meta, mejor desengáñese de una vez: lo que no se escribió en dos semanas, no se escribe tampoco la noche anterior. Ahórrele el tiempo y la molestia a su editor de leer un material hecho a la carrera, enviado solo por cumplir. Su tiempo profesional es muy valioso como para desperdiciarlo en basura.

Se puede tener la mejor intención de escribir un libro en un mes, pero no se alcanzará jamás si se le dedican únicamente dos horas por semana. Para un objetivo así, es necesario un mínimo de dos horas diarias o una meta de 1500 a 2000 palabras diarias, para una obra de unas cincuenta mil palabras. Y si el libro tiene doscientas mil palabras y usted carece de la disciplina o la capacidad para producir siete mil palabras diarias, ni siquiera lo intente: no lo va a lograr.

Por esa razón, los esfuerzos de hacer un cronograma son vanos si usted no reestructura su vida cotidiana, si no contempla de manera realista su actividad de escritura en medio de sus otras tareas y si no toma medidas para impedir que el tiempo dedicado a su proyecto sea absorbido por otras labores.

Un libro se consigue una palabra a la vez, una página a la vez, un capítulo a la vez, pero eso sí, escribiendo todos los días, todas las semanas, todo el mes, todos los meses. Así, en efecto, al cabo del plazo propuesto usted verá cumplirse la meta. El cronograma no es real: es un sueño, una proyección, un deseo puesto en fechas… No se cumple solo. Se cumplirá si, y solo si, usted le ayuda.

3 comentarios

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3 Respuestas a “Los cronogramas no se cumplen solos

  1. fermink

    Este artículo me lo imprimo, con su permiso, y me lo pego en la frente con las palabras de cara. Solo entonces entenderé que no tengo alternativa: o reestructuro, o nunca dejaré de ser un hombre enfrentado a esta realidad tan claramente expuesta por usted.
    ¡Enhorabuena!

    • Jacqueline Murillo

      ¡Tiene mi permiso para imprimirlo! 🙂 Muchas gracias por las amables palabras y le deseo ventura en la empresa de reestructurar su cotidianidad. Saludos.

  2. Pingback: Cómo proponer cronogramas editoriales exitosos | Nisaba

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