El gozo de (re)escribir

Solía considerar el acto de escritura como un momento único en el tiempo: se abre la página en blanco, se vierten las palabras, se cierra el manuscrito, finaliza la escritura. Era un solo movimiento adrenalínico del cual terminaba exhausta.

Han pasado muchos años desde entonces, muchos borradores malos, muchas páginas llenas de gazapos e incoherencias. Muchos pecados… Solo ahora, conforme algún indicio de madurez promete asomarse con los inevitables años, me abandono al gozo de la reescritura.

En el instante en que algo se escribe, uno lo escupe todo en la página, o eso cree, hasta llegar al punto de sentirse incapaz de añadir o cortar. Pero cuando se retoma un día después, dos, tres… se reconocen los propios errores; las ideas difusas; las afirmaciones que ya no se sostienen (o nunca lo hicieron); los puntos de vista faltantes; las palabras de sobra. La revisión da la oportunidad de cortar, borrar, mover, sintetizar, rectificar, reformular…

Con la segunda escritura, libre ya de obtener ideas para comunicar, se puede diseñar una estrategia para irlas entregando de modo que cumplan el propósito del texto.

Así, mientras uno divaga, escribe por aquí y por allá, trata de convertir en palabras esa intuición que origina el texto… de repente aparece esa frase lapidaria capaz de levantar una reacción durante la lectura. Puede aparecer en cualquier lugar, horas o días después del primer borrador. También puede lanzar un destello en el cuarto, quinto, sexto párrafo (o página, o capítulo) y hasta en la segunda escritura, en el segundo intento. Desde luego, esa idea sintética, una vez descubierta, pronto se convierte en eje de argumentación y se mueve de lugar: pasa al primer párrafo, se traslada al título, se sitúa como última frase…

Esas son las decisiones de forma que se pueden tomar con la frialdad de la reescritura. La primera versión se vuelve irreconocible y, sin embargo, está ahí, refinada y pulida, con un brillo propio. Ese es el momento del gozo: la piedra translúcida pero todavía deforme se ha convertido en joya preciosa, pulida, brillante y ya uno no se atreve a cortarla más.

Inténtelo tan siquiera como ejercicio. Escriba algo hoy, déjelo reposar y reescríbalo luego. Comience ajustando una palabra por aquí, otra por allá… El resto vendrá de forma natural. Cuéntenos cómo le va. ¿Le parece también una experiencia de gozo?

7 comentarios

Archivado bajo Escritura

7 Respuestas a “El gozo de (re)escribir

  1. De acuerdo en todo 🙂
    Contrario a lo que suelo leer de lo que sienten muchos escritores, yo disfruto más de la segunda (o tercera) escritura. Allí puedo jugar con las palabras, con los párrafos, con la puntuación misma. Cortar o agregar a gusto, invertir… tal cual lo expresas en tu entrada.
    ¡Un saludo!

  2. También yo lo hago y es un auténtico placer. 🙂

  3. Héctor E. Espinosa

    Me uno ampliamente a ese gozo de la reescritura. Personalmente he reescrito algunas cosas (incluso algunas poesías) 5 ó 6 años después de la primera escritura y los resultados han sido gratamente sorprendentes. Como lo comenta Sergio, cortas textos, inviertes el orden de las palabras e incluso el de los párrafos y todo mejora. Pero cierto es también que hay escrituras que no necesitan “re-hacerse”, pues he preferido dejarlas intactas, quizás para recordar exactamente los motivos que me hicieron escribir, mismo que generalmente reponden y satisfacen más al sentimiento que al escrutinio de la auto crítica y la re-escritura.

    Bueno, pues saludos Jacqueline, Sergio, peke y a todo el blog.

  4. Jacqueline Murillo

    ¡Excelente, Héctor y Peke! Creo que ya vamos formando una pequeña comunidad. Héctor, gracias por mencionar los textos que no se tocan, porque también los hay. Son esos textos gozosos, hijos de un momento inspirado, de un momento en que uno era más escriba que escritor, como quien toma dictado… Esos también me encantan… 🙂

  5. José Angel Castellanos.

    Estoy totalmente de acuerdo sus apreciaciones, creo que las historias nunca tienen un final, puès son como la vida misma. Cuando hacemos estos ejercicios de (re)escritura descubrimos que escribir es una delicia.

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