Su primer corrector es usted

Como editora, recibo a menudo textos escritos con premura, por compromiso, para cumplir las entregas. Parecen no haber sido leídos ni una vez antes de ser enviados. Desbordan en faltas de ortografía, ausencia de mayúsculas y puntuación, espacios sobrantes y, desde luego, ideas inconexas, incompletas, ilegibles… Son textos que nadie debería haber visto, ni siquiera el editor. Textos irrespetuosos con el trabajo de los demás. Gritan desinterés, incompetencia, desgano. Producen indignación, aborrecimiento, desconfianza.

¿Realmente quiere que otros piensen eso de usted, que infieran de su texto falta de interés o hasta incapacidad total para redactar?

Quienes dan sus primeros pasos en el oficio, escriben e inmediatamente dejan atrás lo escrito. Suponen que ya su labor ha concluido; el resto… ¡que lo hagan editores y filólogos!

Falsa suposición.

La primera versión de un texto vertida en la página vacía se asemeja a una lluvia de ideas. Es un tanteo, una exploración, una propuesta. La escribimos como quien está apenas jugando con palabras, quien hace bodoques y los mueve por la página para ver qué figura van formando. Ese primer “chorreo” de ideas no alcanza siquiera el estatus de primer borrador. Es algo solo para nosotros, para quien escribe, un mero bosquejo. Ni siquiera está listo aún para la primera reescritura.

Pero a veces, ya por la premura, ya por la falsa sensación de éxito al haber llenado la página, corremos el riesgo de enviarlo de inmediato, entregarlo tal cual, creer que ya hemos producido la obra apoteósica, la página mejor escrita en lengua castellana… Cuando el documento regresa lleno de anotaciones, correcciones, sugerencias obvias, ¿no nos damos acaso cuenta de cuánto podríamos haber arreglado antes de enviar ese material?

No deje que otros le digan lo obvio, le señalen los errores más básicos, le evidencien el hecho de no haber leído su texto ni una sola vez antes de echarlo a su suerte. Demuestre respeto por el trabajo de los demás al releer su propio documento y enviarlo tan bien como le sea posible.

La próxima vez que escriba algo, antes de oprimir ese botón (el botón de imprimir, de enviar, de publicar en línea…) siga al menos estos tres pasos y observe si mejoran sus resultados:

  1. Deje el envío para después.
  2. Si no es especialista en lengua, emplee las herramientas automáticas de corrección.
  3. Vuelva a leer.

Basta reprimir el impulso y esperar un poco para comenzar a detectar los horrores que se iban a dejar pasar en el primer borrador. Conservar la dignidad es fácil si se aprende, con humildad, a observar los propios errores.

Porque después de todo, su primer corrector es usted.

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13 comentarios

Archivado bajo Corrección, Corrección de estilo, Escribir, Escritura

13 Respuestas a “Su primer corrector es usted

  1. Un poco fuerte, pero tenés toda la razón. A mí me tocó también en el campo de la traducción recibir cosas que no llegaban ni a un borrador para traducirlas y mandárselas al cliente extranjero, como si fuera trabajo mío componer el texto original. En esos casos siempre terminé devolviéndolo para que lo arreglaran ellos.

    • Jacqueline Murillo

      Es que a veces a uno se le acaban la paciencia y la diplomacia, cuando pasa horas nada más poniendo puntos, comas y tildes para medio tratar de entender, y así poder entrar a lo de fondo: las ideas, la estructura, la estrategia comunicativa, el entramado… eso que llamamos “texto”. Pero sí, lo mejor en esos casos sería devolverlo en sobre sellado para que su dueño se haga responsable. ¡Muchas gracias por el comentario y el aporte!

      • Y lo peor es que si uno trata de arreglarlo, muchas veces está tan mal que uno entiende algo totalmente distinto de lo que pretendía el autor y más bien nos metemos en problemas por andar “adivinando”.

      • Jacqueline Murillo

        ¡Muy cierto! Gracias por mencionarlo.

  2. Lo que, ocurre es que nosotros, los escritores, poseemos mucha intelectualidad y imaginasión. Demasiado elevada, para bajar y perder tiempo con esas menudencias de la hortografía, la puntuación y/o los errores gramaticales de la gramática.
    🙂
    Lo escrito arriba lo escuché en varias oportunidades y lo decían con seriedad…

    • Jacqueline Murillo

      No me cabe duda de la seriedad, Sergio… es más, tengo alguna obra de Paz que lo demuestra con una sintaxis muy libre que no se sabe si es intencional o no, sin mencionar una obra reciente de Saramago que una amiga no toleraba leer debido a la falta de puntuación. Soy de quienes piensan que solo los que han aprendido a dominar las reglas tienen derecho a romperlas… Je, je, je… Pero de premios nobel para abajo, me parece que con la creatividad muy a menudo se disfraza la incompetencia. 😉

  3. Todos nos encontramos con ese tipo de cliente, quizá porque la mayoría escribe ‘a la ligera’ y, como dices, no tienen interés en dejar el texto bien porque suponen que es labor de los editores.

    Leyendo lo que escribes encontré ‘los errores más básicos’, y creo que no existe. No hay ‘más básico’, son básicos y punto. ¿Estoy en lo correcto?

    No es mi intención molestarte, solo quiero saber si estoy en lo correcto o existe alguna licencia que indique que no es error.

    Muchas gracias.

    • Jacqueline Murillo

      Hola Gabriela: la pregunta sobre si “más básico” es o no una redundancia es muy interesante. Sin embargo, si uno revisa las definiciones de la palabra (para este caso he usado el DRAE y el María Moliner, tercera edición) encuentra que el vocablo “básico” puede tener niveles. Por ejemplo, el DRAE lo define como “Perteneciente o relativo a la base o bases sobre que se sustenta algo, fundamental”. Da a entender la definición que algo puede tener varias bases, no solo una. María Moliner registra el siguiente ejemplo de uso: “Habla un inglés muy básico”. ‘Muy’ es un adverbio, al igual que ‘más’. De la manera en que yo entiendo la expresión (aunque más investigación puede hacerse en la nueva gramática de la lengua y en la gramática descriptiva de Bosque), te da la idea de que existen varios niveles dentro del concepto básico; así como unos pueden ser “muy básicos”, otros pueden ser “menos básicos”. Lo que sí es una redundancia, según lo cita el Diccionario de dificultades de la lengua española de Santillana, es la expresión “base fundamental”, porque ambas palabras significan esencialmente lo mismo. Así, en una primera búsqueda, no logro encontrar ningún argumento en contra de la expresión “más básico”. Seguiré buscando y, si se trata de un error en el que he incurrido, con humildad lo corregiré. Mil gracias por la pregunta, porque así aprendo yo también.

  4. Totalmente de acuerdo. A mí me daría vergüenza que alguien leyese un borrador así escrito por mí. Soy escritora (en lengua gallega) muy minuciosa y perfeccionista; fui profesora durante bastantes años y el comentario de Javier me recordó aquellas redacciones de los alumnos en las que pasaba exactamente eso: tenías que adivinar. Yo me negaba.

    • Jacqueline Murillo

      Muchas gracias por compartir la experiencia. Así los perfeccionistas podemos sentirnos menos solitarios en el mundo… 🙂

  5. Jacqueline, muy buen artículo.
    Una cosa es tener un cierto dominio de la lengua escrita y otra tener la capacidad de crear literatura.
    No se trata de que el escritor sea un corrector en toda regla (para eso estamos los correctores), sino de tener la suficiente modestia para consultar los diccionarios antes de editar un escrito.
    En mi opinión, no se puede tener inquietudes literarias y no tener un respeto por la lengua en la que se escribe. Este respeto se demuestra cuidando la ortografía y gramática para no cometer errores hirientes.
    Evidentemente, errores cometemos todos, pero que no sea por dejadez o falta de humildad.
    Algo muy bueno para detectar los errores de un escrito es dejar reposar el texto para distanciarse y poder volver sobre él con otra mirada. Como bien dices, dejar el envío para después.
    Pulir, siempre hay algo que pulir.

    Saludos desde el campo.

    • Jacqueline Murillo

      Gracias, Manuela. Muy pertinente el comentario y la aclaración. Como bien apuntas, quienes nos dedicamos a la corrección no le pedimos al autor que haga nuestro trabajo o que pretenda saber tanto como quien se ha dedicado profesionalmente al tema. Lo que pedimos es primero un poco de respeto por su propio trabajo y por el nuestro, un mínimo de dominio de su oficio y, sobre todo, que se tome el tiempo para enviarnos un material con el que por lo menos esté conforme. Como todo en la vida, por lo menos demostrar que uno ha hecho su mayor esfuerzo en algo, a pesar de sus limitaciones, en lugar de enviarlo como si no tuviera interés alguno por lo que está haciendo. El amor y la dedicación en los textos se nota, así como se nota el descuido, aunque tenga errores. La función del corrector profesional es perfeccionar un texto, no reescribirlo. Pero cuando llegan muy “crudos”, la escritura es casi ineludible. Así entramos también a otro terreno de no fácil dilucidación: ¿hasta dónde llega el corrector? Y esto dependerá, en gran medida, de cuánto haya revisado el autor antes de enviarlo.

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