Archivo diario: 28/09/2011

Diez consejos para la escritura académica didáctica

Cuando uno se encuentra una joyita documental, no puede menos que compartirla. Por eso difundo el día de hoy un extracto del Instructivo para la elaboración de unidades didácticas, primer documento de la Universidad Estatal a Distancia (la de Costa Rica, no la de España) para sus noveles autores. El documento fue escrito por Alicia Gurdián y Ángela Tichler en 1977, pero sus lúcidas recomendaciones para la redacción de textos didácticos siguen vigentes.

  1. Piense que está hablando con un estudiante. Diríjase a él [o a ella].
  2. Considere su acción como una tutoría individual, no como una conferencia ante el público.
  3. Incluya diagramas, dibujos, modelos, ilustraciones, siempre que sea posible. Recuerde que una sola imagen puede comunicar mil palabras.
  4. Utilice un lenguaje conocido y accesible. Si es posible, agregue humor.
  5. Piense qué conocimientos son necesarios para dominar el o los temas de la unidad.
  6. ¿Cuáles de esos conocimientos son los más importantes?
  7. ¿Qué habilidades o destrezas son necesarias para lograr los objetivos?
  8. ¿Qué actitudes deben fomentarse?
  9. ¿Qué cambios de conducta pretendemos producir como resultado de la unidad?
  10. Elabore una lista detallada del material de apoyo que requiere su unidad, así como el propósito y la forma en que se va a utilizar (1977: 44).

Dos detalles de esta lista me encantan: el uso del humor y la promoción del cambio de actitudes.

El humor libera endorfinas, produce un estado de bienestar y disfrute. Lo que se goza cuando se lee se recuerda mejor, se comprende mejor, se procesa mejor, se aplica mejor.

El otro detalle es el trabajo con actitudes. La formación académica no puede circunscribirse a la transmisión de datos. Se forman ciudadanos y profesionales, personas útiles para su nación y su comunidad. No se fabrican tecnócratas o enciclopedias parlantes. Por eso, quienes se dedican a la educación –ya sea presencial o escrita, el medio es irrelevante– también están promoviendo cambios de actitud, para bien o para mal. Más vale vigilar que sean para bien según la sociedad que soñamos y necesitamos.

 

Aclaraciones terminológicas

Se denomina unidad didáctica a los libros empleados en una asignatura. Las tutorías son clases presenciales para aclarar dudas y conceptos; no son clases magistrales propiamente dichas.

Referencia bibliográfica

Gurdián, Alicia y Tichler, Ángela. (1977). Instructivo para la elaboración de unidades didácticas. Universidad Estatal a Distancia, San José.

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Semana de los libros prohibidos

Desde el 24 de setiembre hasta el 1 de octubre, se celebra la Semana de los Libros Prohibidos. Se recuerda así aquellas obras que por cualquier razón –política, ideológica, religiosa, racista o puritana– han sido censuradas.

La historia de la censura de libros se remonta más allá del siglo XX o la Edad Media. Hace más de dos mil años, según refiere Tácito, los romanos mandaron al fuego las obras de Cremuzio Cordo, un escritor que se atrevió a añorar en sus textos las costumbres del pasado y a criticar al emperador de turno, Tiberio (referido por Infelise, 1999/2004: 7).

El advenimiento de la imprenta fue visto con horror por una Iglesia acostumbrada a controlar el trasiego de la difusión de libros gracias a la industria del copiado, prácticamente un monopolio de los monasterios, y a perseguir cuanto libro atentase contra su hegemonía, como las primeras Biblias traducidas al occitano en territorio cátaro, trescientos años antes de la Reforma. Mientras que los cátaros fueron eventualmente erradicados, la Reforma triunfó gracias, en parte, a la imprenta.

En la actualidad, ya la circulación de libros no se mide en cantidad de ejemplares. ¿Cómo hacerlo?, si internet faculta toda clase de intercambios, legales o no, a pesar de las editoriales, los gobiernos y las iglesias fundamentalistas.

Al llegar al punto en que me uno a la libertad de leer, de repente recuerdo unos cuantos libros que he descartado por execrables, textos de valor cuestionable que habría preferido no haber leído jamás; el tipo de textos por los nada más se puede decir: “murió en vano el pobre árbol del que se fabricó su papel…”.

Estrictamente hablando, la edición tiene mucho de censura. Quien elige también descarta. Quien corrige tacha, rectifica, lee desde su propia visión y preferencias. Y después de todo, ese censor calificado y de gusto refinado también libera a la comunidad lectora de mucha basura.

Así, debatida entre la libertad de leer y mi censora interna (oscuro y espeluznante descubrimiento), le invito a celebrar la Semana de los Libros Prohibidos como mejor le plazca, mejor aún si es con un buen libro cuyas páginas algún gracioso se ha atrevido a mandar al fuego.

Referencia bibliográfica

Infelise, Mario (2004). Libros prohibidos: una historia de la censura (trad. Heber Cardoso). Buenos Aires: Nueva Visión. (Obra original publicada en 1999).

Sobre la Semana de los Libros Prohibidos

El evento es promovido por diversas asociaciones norteamericanas de libreros, bibliotecarios, escritores, editores y universidades. Se puede encontrar más información (en inglés) en el sitio de la Asociación Norteamericana de Bibliotecas (American Library Association, ALA). Esta organización dispone de una Oficina para la Libertad Intelectual (Office for Intellectual Freedom) que recopila listas de libros censurados con el fin de advertir sobre las acciones que atentan contra la libertad de expresión. Una lectura muy entretenida es la lista de 100 novelas clásicas del siglo XX que han sido censuradas alguna vez (en inglés, centrada en literatura norteamericana e inglesa).

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