iPad 2: primeras impresiones

Desde el inicio de este blog, hemos dedicado artículos diversos a programas y tecnologías que facilitan las labores de escritura e investigación. Por fin puedo dar cuenta, de mi experiencia personal, ya no sobre lo que podría ser sino sobre lo que ya, en este momento, puede hacerse con esta nueva tecnología táctil y móvil.

Este artículo toma en cuenta el iPad 2, pero muchas de sus observaciones son válidas también para el iPad 1.

Movilidad: para llevar a todas partes
La primera impresión que deja el iPad 2 es el peso. Es un producto mucho más liviano que la computadora más liviana, pequeño, discreto. Para quienes viajamos constantemente o vivimos en sociedades con altos niveles de delincuencia, estos son factores imprescindibles. Al lado de una tablet, las computadoras portátiles ya no parecen tan portátiles como antes. Se ven grandes, monstruosas, pesadas, con un alto consumo eléctrico. Un iPad es liviano, delgado, cómodo, tiene diez horas de batería y con el cable conectado directamente a la pared se carga muy rápido. Con el modelo 3G no hay limitaciones de internet y con el wi-fi se tiene acceso a cualquier lugar con una red abierta. ¿Qué más se puede pedir?

Tecnología táctil
La pantalla táctil del iPad cambia por completo la relación que uno, como usuario, tiene con los programas. Modifica la memoria cinestésica almacenada en las células de la mano: ya no son los movimientos del mouse los que imperan; ya no se “pulsa” o “se hace clic”. Ahora se “toca” o “se hace tap”. Anotar y subrayar un documento es casi igual a hacerlo en papel: directamente sobre la palabra o el párrafo. Se dibuja con el dedo, se hacen diagramas moviendo directamente las formas, se juega manipulando directamente a los personajes, las bolas o los objetos.

¿Qué se puede hacer con el iPad?
La clave, al igual que con cualquier computadora, está en las aplicaciones. El sistema operativo iOS tiene algunas limitaciones esenciales, como el hecho de no poder manejar el formato RTF. Por lo tanto, hasta las aplicaciones de texto más sofisticadas deben renunciar a algunas herramientas, como el uso de comentarios y el seguimiento de cambios.

No obstante, tomando en cuenta lo que se puede y no se puede dentro de cada aplicación, el iPad funciona perfectamente para un gran número de tareas sencillas, simplificadas, en “modo zen”, por así decirlo. En algunos casos, de hecho, las aplicaciones de iPad son más eficientes y funcionales:

  • Revisión de correo electrónico
  • Navegación web
  • Manejo completo de la agenda y los contactos
  • Escritura y edición de texto (con algunas limitaciones)
  • Lectura y anotaciones
  • Escuchar música
  • Correr videos (excepto en formato FLV)
  • Acceder podcast (audio y video)
  • Hacer diagramas, dibujos, pinturas y retoque de imagen con los dedos
  • Tener acceso a documentos y bases de datos (depende de las aplicaciones)
  • Jugar (jugar, jugar y seguir jugando como no se puede hacer con ninguna computadora debido a la tecnología táctil y el giroscopio)

La lista de tareas que se puede realizar puede crecer infinitamente, pero esto depende de lo que cada aplicación permita hacer. Hay aplicaciones para estudiantes, arquitectos, investigadores, escritores, médicos, científicos, dueños de vehículos… La AppStore es un laberinto con respuesta casi a cualquier gusto, tanto gratuitas como de pago. Es cuestión de explorar.

¿Cuánto cuesta ponerlo a funcionar?
Uno de los inconvenientes es que, a diferencia de una computadora, el iPad sí necesita de ciertos accesorios para llevarlo a su máxima funcionalidad. En la primera semana de usarlo comprendí que es casi inservible sin un teclado. Pero una vez que lo tiene, no hay manera de que una notebook sea más atractiva o más eficiente como tecnología móvil que un iPad con un teclado inalámbrico (bluetooth).

Por otro lado, es necesario instalar programas a la medida del usuario. Una ventaja es que hay un número grandísimo de aplicaciones con precios inferiores a $10. Como una manera de ofrecer una especie de “demo”, muchas compañías disponen de dos versiones del mismo programa: uno gratuito y uno “pro” o “completo”, en donde se activan funciones adicionales. De esta manera, el usuario decidirá cuánto quiere realmente pagar según lo que desee o necesite hacer con el iPad.

Por lo tanto, además del costo del aparato hay que presupuestar dinero para un teclado externo, aplicaciones y otras monadas que uno va a querer usar (estuches, pantallas antirreflejo, lápices táctiles, pieles protectoras, etc.).

Curva de aprendizaje
Una de las ventajas del iPad es que hasta los niños aprenden a usarlo en cinco minutos; al menos sus funciones básicas. Desde luego, llevarlo hasta su máxima capacidad de expresión ya requiere de más tiempo, pero sigue siendo menos misterioso y críptico que aprender a programar una computadora.

En síntesis
El iPad todavía es una herramienta limitada en muchos aspectos, pero sin duda llegó para revolucionar lo que entendíamos por computación. Habíamos supuesto, hasta ahora, un mundo rodeado por computadoras. Con las tablet vemos que cambia la ecuación. Con un producto como estos es fácil entender por qué Steve Jobs no se estaba preocupando por ofrecer una competencia directa a las computadoras portátiles de menos de 10 pulgadas.

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