Archivo mensual: enero 2011

Felicidades a los periodistas y escritores en el día de su santo

Francisco de Sales, santo patrono de periodistas y escritores.

En la tradición cristiana de Occidente, hoy se celebra la fiesta litúrgica de san Francisco de Sales, patrono de los comunicadores y escritores, según lo dicta la Iglesia católica. Francisco fue un escritor prolífico y empleó la palabra como un instrumento de difusión y defensa de su fe.

Se dice que es un santo para pedir el don de la palabra y la belleza, la difusión de la verdad y la edificación de la humanidad.

¡Muchas felicidades a los periodistas y escritores! Que en verdad este santo patrono de nuestra herencia occidental inspire sus plumas y vele por una escritura responsable, ética y dirigida al bien de su sociedad.

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OneNote: un útil cuaderno de notas para organizar proyectos

La labor editorial implica muchas acciones administrativas cotidianas: hacer llamadas, responder correos; programar reuniones; contactar autores; coordinar las lecturas de especialistas; ordenar traducciones; recibir, leer, devolver, volver a recibir, volver a leer y volver a devolver material… Según el tipo de libro o el tipo de edición, esta tarea puede tener un grado mayor de complejidad en cuanto a los componentes que el editor debe manejar.

Algo semejante puede decirse de un proyecto de escritura y edición académica. A menudo se necesita de herramientas que ayuden administrar el ir y venir del proyecto, cuándo enviamos algo, cuándo lo recibimos, cuándo nos reunimos y con quién, lo que se dijo en la reunión…

También puede utilizarse para agrupar notas de escritura: un diario del escritor, lista de pendientes, fechas de entrega, fichas de personajes, notas de lectura, locaciones, esquemas de capítulos y escenas y otra tanta información que un escritor maneja constantemente en su proceso de creación literaria.

La forma tradicional de hacer esto es a través de un cuaderno o expediente en papel. El problema de los cuadernos es que la información se acumula y la búsqueda puede ser difícil: página por página, tratando de encontrar aquel dato que estamos seguros alguna vez pusimos por escrito. Otra dificultad es la imposibilidad de añadirle al cuaderno físico los documentos digitales. Así, a menos que todas las revisiones las hiciéramos en papel, no es tan fácil acomodar y darle seguimiento a las múltiples versiones de un texto que pasan por nuestras manos durante un proceso editorial.

Las soluciones

En este blog ya hemos recomendado un programa para usuarios de Macintosh que bien puede emplearse para estas labores: Circus Ponies NoteBook.

Pero los usuarios de Windows también necesitan una solución. Desde hace algunos meses he estado explorando el programa OneNote como un equivalente en esa plataforma. Este programa viene incluido en todos los paquetes de Microsoft Office, por lo tanto se calcula que cientos de miles de computadores en todo el mundo lo tienen instalado.

El OneNote reúne muchas funciones que lo hacen una opción muy inteligente y poderosa para Windows, una vez que se ha aprendido a utilizar.

Las funciones del programa son vastas y apenas las estoy descubriendo, pero estas son algunas de las que me parecen interesantes:

  1. Se pueden crear proyectos independientes.
  2. Dentro de cada proyecto, se pueden crear secciones y páginas.
  3. La interfaz se puede ajustar para simular un cuaderno de notas.
  4. El editor de texto es muy semejante al Word y bastante versátil.
  5. Se pueden tomar notas manuscritas y “notas” de voz (grabaciones).
  6. Se pueden adjuntar archivos de texto, imagen, fotografía y sonido. Se puede elegir entre crear un vínculo al documento en su respectiva carpeta o directorio, o añadir el archivo a la base de datos del programa.
  7. Con la función de “etiquetas”, se pueden usar casillas interactivas de lista de cotejo (palomitas) o simplemente añadir un dibujo de teléfono o página web junto a un texto.
  8. Con un clic, directamente desde Outlook, se pueden enviar correos electrónicos al programa para que sean almacenados ahí.
  9. Admite sincronización con el OneNote instalado en otros equipos o aparatos móviles (hay versiones para teléfonos inteligentes).
  10. Admite la creación de proyectos colaborativos, con la intervención de otros usuarios.

Una buena noticia para usuarios de OneNote es que se acaba de publicar la versión para teléfonos iPhone, por ahora solo disponible en Estados Unidos. Aunque todavía no ha sido anunciada oficialmente una versión para iPad, ya los usuarios la están pidiendo y cabría esperarse una muy pronto.

Una herramienta como estas puede facilitar las labores cotidianas, pero sus alcances dependerán de la imaginación del usuario y de su capacidad para organizar la información de acuerdo con sus propias necesidades.

Así, si usted tiene el paquete Microsoft Office en su computadora, revise la lista de programas, seguramente OneNote estará ahí, y comience a jugar con él hasta diseñar un cuaderno virtual a su medida.

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Las ventas de libros digitales

El iPad está cerca de cumplir el primer año desde su anuncio al público, mientras eReaders como el Kindle y el Nook continúan vendiéndose como aparatos de lectura de libros.

Con el anuncio de los resultados del trimestre anterior en compañías de Estados Unidos, vale la pena echar un vistazo a las cifras que reporta Publishers Weekly.

Apple ha declarado que en el último trimestre vendió 7,3 millones de iPads durante la temporada navideña, frente a 4,2 millones en el periodo anterior; para un total de 13,8 unidades desde su lanzamiento en abril (¿cuántos venderá cuando las ventas se hagan, en efecto, durante 12 meses completos?). Esto supera por mucho las ventas de Kindle, estimadas en unos 4,4 millones, pero habla bien de un mercado global de aparatos lectores de libros digitales (más de 17 millones solo entre los consumidores de estos dos modelos).

Dicen las encuestas que los usuarios del iPad sí están utilizando sus aparatos para leer (67% de los usuarios ya lo hacía, según una encuesta realizada a inicios de noviembre; y otro 19% planeaba hacerlo).

Esta nueva masa de usuarios también está comprando libros a través de las tiendas virtuales. Según las cifras, el 36% de los usuarios de iPad adquieren libros de esta manera; aunque hay más usuarios de Kindle que gastan dinero en libros electrónicos (46%). Esto nos indica un cambio en la mentalidad del consumidor de libros electrónicos: los lectores no solamente están leyendo obras gratuitas y ya disponibles en la red; sino que están dispuestos a gastar dinero en esta forma de libro.

Amazon, cuyo aparato parece estar perdiendo la carrera, sí está ganando el mercado a través de su librería virtual: 40,3% de los libros adquiridos por usuarios de iPad fueron comprados a través de Amazon, frente a 29,4% de libros adquiridos a través de iBookstore, la librería de Apple.

Estas cifras ya vislumbran el impacto del iPad que, a pesar de no ser un eReader en sentido estricto (es una tablet que también sirve como eReader; frente al Kindle y al Nook que solamente sirven para leer libros), sí compite directamente en el mercado y, además, está ganándose la preferencia de los consumidores.

No sé si peco de optimista, pero aun cuando sea todavía un mundo en pañales, parece que ya el bebé está comenzando a gatear. No solo hay futuro para el libro electrónico; ya algunas editoriales deberán ir pensando en adaptar sus contenidos al medio digital porque ahora sí hay una cantidad crítica de usuarios listos para gastar dinero en librerías virtuales, en libros de bitios y no de papel. Cuando los eReaders y las tablets sean tan populares como los teléfonos móviles, ya no habrá excusa para no elaborar contenidos digitales.

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Scrivener beta para Windows versión 1.5.5

Para quienes están poniendo a prueba la versión beta de Scrivener para Windows, está disponible una pequeña actualización, la versión 1.5.5. La versión para Linux sigue siendo la 1.5.

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No se escribe en el orden como se lee

Un error frecuente de los escritores novatos es pensar que la escritura es un proceso tan lineal, fluido y directo como la lectura. Algunas de las obras más memorables son, a su vez, las lecturas más sabrosas: uno se engancha en la primera página y no desea soltar la obra. Las horas pasan y, si alguna alma caritativa en nuestro entorno inmediato no nos alimenta y recuerda nuestros deberes, podríamos perdernos en las rutas de ciudades lejanas y personajes en busca de su redención. Por eso, cuando uno comienza a escribir, puede caer en la tentación o equívoco de pensar que la escritura será igual de absorbente, ininterrumpida y fascinante que la lectura.

Como dije, este es un equívoco.

Una obra que podemos devorar en una semana pudo haber tomado años para ser escrita. Y durante esos años, no imaginemos a un autor tomando cada día el párrafo a medio terminar del día anterior y siguiendo a sus personajes en el orden estricto de los eventos o en el orden de publicación de la obra. No. Un día puede estar describiendo la pacífica villa natal del protagonista y, al día siguiente, su muerte brutal. Y en la obra final, entre ambas escenas puede haber trescientas páginas de distancia.

Peor aún: el autor puede quedarse días y días tan solo imaginando una escena (sin escribir una sola palabra), viendo a sus personajes interactuar, escuchando sus voces antes de estar en capacidad de describir sus actos. Y después de escribir habrá que revisar, reescribir y volver a revisar.

De hecho, muchas de las palabras iniciales de una obra solo pueden escribirse cuando el autor ha generado un primer borrador de su historia completa. Es una de las paradojas de la escritura: no se puede escribir sin saber qué ocurrirá; no se puede saber qué ocurrirá sin escribirlo primero. Por eso, muchas de las primeras versiones de una obra no son sino las notas del autor para sí mismo. Es hasta la segunda escritura que comienza el oficio de narrar. La primera escritura es la etapa del descubrir.

En la escritura académica, en particular en la investigación cualitativa, puede ocurrir otro fenómeno similar: la escritura puede ser un continuo proceso de avanzar y dar marcha atrás. En la investigación cualitativa, no se puede formular el problema sin tener un vocabulario teórico-metodológico coherente; para tener un vocabulario teórico es necesario leer mucho (los autores en quienes se basará ese vocabulario) pero, para leer, es necesario delimitar el problema… Parece un círculo vicioso de huevo o gallina pero, al final, siempre se logrará tener éxito si uno recuerda que ese ir y venir es parte sustancial del proceso.

Por eso, el viaje del escritor es muy distinto al viaje del lector. Pero ambos son una delicia.

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