Archivo mensual: enero 2011

Las ventas de libros digitales

El iPad está cerca de cumplir el primer año desde su anuncio al público, mientras eReaders como el Kindle y el Nook continúan vendiéndose como aparatos de lectura de libros.

Con el anuncio de los resultados del trimestre anterior en compañías de Estados Unidos, vale la pena echar un vistazo a las cifras que reporta Publishers Weekly.

Apple ha declarado que en el último trimestre vendió 7,3 millones de iPads durante la temporada navideña, frente a 4,2 millones en el periodo anterior; para un total de 13,8 unidades desde su lanzamiento en abril (¿cuántos venderá cuando las ventas se hagan, en efecto, durante 12 meses completos?). Esto supera por mucho las ventas de Kindle, estimadas en unos 4,4 millones, pero habla bien de un mercado global de aparatos lectores de libros digitales (más de 17 millones solo entre los consumidores de estos dos modelos).

Dicen las encuestas que los usuarios del iPad sí están utilizando sus aparatos para leer (67% de los usuarios ya lo hacía, según una encuesta realizada a inicios de noviembre; y otro 19% planeaba hacerlo).

Esta nueva masa de usuarios también está comprando libros a través de las tiendas virtuales. Según las cifras, el 36% de los usuarios de iPad adquieren libros de esta manera; aunque hay más usuarios de Kindle que gastan dinero en libros electrónicos (46%). Esto nos indica un cambio en la mentalidad del consumidor de libros electrónicos: los lectores no solamente están leyendo obras gratuitas y ya disponibles en la red; sino que están dispuestos a gastar dinero en esta forma de libro.

Amazon, cuyo aparato parece estar perdiendo la carrera, sí está ganando el mercado a través de su librería virtual: 40,3% de los libros adquiridos por usuarios de iPad fueron comprados a través de Amazon, frente a 29,4% de libros adquiridos a través de iBookstore, la librería de Apple.

Estas cifras ya vislumbran el impacto del iPad que, a pesar de no ser un eReader en sentido estricto (es una tablet que también sirve como eReader; frente al Kindle y al Nook que solamente sirven para leer libros), sí compite directamente en el mercado y, además, está ganándose la preferencia de los consumidores.

No sé si peco de optimista, pero aun cuando sea todavía un mundo en pañales, parece que ya el bebé está comenzando a gatear. No solo hay futuro para el libro electrónico; ya algunas editoriales deberán ir pensando en adaptar sus contenidos al medio digital porque ahora sí hay una cantidad crítica de usuarios listos para gastar dinero en librerías virtuales, en libros de bitios y no de papel. Cuando los eReaders y las tablets sean tan populares como los teléfonos móviles, ya no habrá excusa para no elaborar contenidos digitales.

Deja un comentario

Archivado bajo Empresa editorial, Labor editorial, Tecnología

Scrivener beta para Windows versión 1.5.5

Para quienes están poniendo a prueba la versión beta de Scrivener para Windows, está disponible una pequeña actualización, la versión 1.5.5. La versión para Linux sigue siendo la 1.5.

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized

No se escribe en el orden como se lee

Un error frecuente de los escritores novatos es pensar que la escritura es un proceso tan lineal, fluido y directo como la lectura. Algunas de las obras más memorables son, a su vez, las lecturas más sabrosas: uno se engancha en la primera página y no desea soltar la obra. Las horas pasan y, si alguna alma caritativa en nuestro entorno inmediato no nos alimenta y recuerda nuestros deberes, podríamos perdernos en las rutas de ciudades lejanas y personajes en busca de su redención. Por eso, cuando uno comienza a escribir, puede caer en la tentación o equívoco de pensar que la escritura será igual de absorbente, ininterrumpida y fascinante que la lectura.

Como dije, este es un equívoco.

Una obra que podemos devorar en una semana pudo haber tomado años para ser escrita. Y durante esos años, no imaginemos a un autor tomando cada día el párrafo a medio terminar del día anterior y siguiendo a sus personajes en el orden estricto de los eventos o en el orden de publicación de la obra. No. Un día puede estar describiendo la pacífica villa natal del protagonista y, al día siguiente, su muerte brutal. Y en la obra final, entre ambas escenas puede haber trescientas páginas de distancia.

Peor aún: el autor puede quedarse días y días tan solo imaginando una escena (sin escribir una sola palabra), viendo a sus personajes interactuar, escuchando sus voces antes de estar en capacidad de describir sus actos. Y después de escribir habrá que revisar, reescribir y volver a revisar.

De hecho, muchas de las palabras iniciales de una obra solo pueden escribirse cuando el autor ha generado un primer borrador de su historia completa. Es una de las paradojas de la escritura: no se puede escribir sin saber qué ocurrirá; no se puede saber qué ocurrirá sin escribirlo primero. Por eso, muchas de las primeras versiones de una obra no son sino las notas del autor para sí mismo. Es hasta la segunda escritura que comienza el oficio de narrar. La primera escritura es la etapa del descubrir.

En la escritura académica, en particular en la investigación cualitativa, puede ocurrir otro fenómeno similar: la escritura puede ser un continuo proceso de avanzar y dar marcha atrás. En la investigación cualitativa, no se puede formular el problema sin tener un vocabulario teórico-metodológico coherente; para tener un vocabulario teórico es necesario leer mucho (los autores en quienes se basará ese vocabulario) pero, para leer, es necesario delimitar el problema… Parece un círculo vicioso de huevo o gallina pero, al final, siempre se logrará tener éxito si uno recuerda que ese ir y venir es parte sustancial del proceso.

Por eso, el viaje del escritor es muy distinto al viaje del lector. Pero ambos son una delicia.

3 comentarios

Archivado bajo Escribir, Escritura, Escritura académica

El arte de integrar las citas textuales

Soy –y he sido siempre– una lectora singular, con ciertos vicios que podrían considerarse imperdonables. Uno de ellos, aquí por primera vez confesado, es saltarme las citas textuales cuando estoy leyendo una obra académica.

No es algo planeado, simplemente ocurre. Comienzo a leer el hilo que un autor ha creado para mí, las pistas que me da, las migajas… y las sigo gustosa, adentrándome en el bosque con un guía. Pero cuando llego a una cita textual, esa voz que venía escuchando se ve interrumpida por otra voz ajena, con ecos de un viaje diferente, sumida en las preocupaciones de otro itinerario en nada semejante al nuestro.

Si la cita es corta, pertinente y está bien integrada al discurso del texto, no tengo problema con ella: la leo, la absorbo y la convierto en parte del paisaje. Pero si la cita es demasiado larga… no puedo esperar a seguir escuchando la voz de quien me trajo hasta aquí y, por lo general, paso al siguiente párrafo casi sin pensarlo.

Y si mi guía –la voz del texto– no comenta la cita, la da por sabida o simplemente salta al próximo tema, me pierdo por completo de lo que se dijo. Para mi inconsciente lector interno, las citas son como “carteles” en el camino, no son el camino en sí y, por eso, se las salta sin misericordia, como si no estuviesen ahí.

Esa, si no hubiesen otras, sería razón suficiente para desaconsejar el uso de citas extremadamente largas en la escritura académica: tesis, trabajos, artículos y libros didácticos.

Pero hay otras razones menos subjetivas.

Una cita corta tiene menos de 40 palabras. La cantidad máxima de palabras ajenas citables sin problemas de derechos de autor no debe superar las 800-1000 palabras. Pero 1000 palabras ya conforman poco más de dos páginas, tamaño carta, letra 12 puntos, a espacio sencillo. Es decir, una cita textual, por larga que sea, jamás debería alcanzar 1000 palabras. ¿Cuántas, entonces?

Desde luego que las necesarias, pero dos párrafos pueden rondar las 100 palabras. Más de esa cantidad, comienzan a sentirse pesadas. Si están muy justificadas –y solo el autor/investigador– lo sabe, no hay regla para censurarlas, al menos ocasionalmente. Son parte de la investigación y nadie podría decir nada al respecto.

Solo cuando están plenamente justificadas… Pero ¿cuándo no lo están?

Tanto el autor de un texto académico, como cualquiera de sus lectores (editores, docentes evaluadores, lectores de tesis) deberán estar atentos a estas posibles razones por las cuales un exceso de citas puede estar invadiendo (e interrumpiendo) el hilo del texto:

  1. Falta de dominio del tema en particular. Cuando un autor desconoce plenamente un tema, todo lo que otro autor (o autoridad) diga del tema parece sustancial. En cambio, los investigadores experimentados han leído tantas veces lo mismo en diferentes fuentes y se han formado sus propias opiniones, que ya pueden expresarlo sin problemas con sus propias palabras; no se ven en la necesidad de acudir a palabras ajenas para decirlo.
  2. Incapacidad de apropiación del discurso ajeno. La falta de experiencia o dominio de un tema puede llevar a una simple falta de capacidad para apropiarse del discurso ajeno.
  3. Falacia de autoridad (o temor a incumplir los requisitos académicos de autoridad). En las academias se recomienda usualmente acudir a una figura de autoridad para respaldar las afirmaciones propias y planteamientos de las investigaciones. Este sano hábito a menudo se distorsiona en un citar por citar: se evocan palabras que no vienen realmente al caso o incluso se acomodan o recortan las afirmaciones de otro autor para que supuestamente apoyen nuestro argumento. Lo cierto es que, si los vemos bajo el microscopio, poner citas de autores reputados en nada le ayudará a nuestro texto cuando sus palabras nada tienen que ver con nuestra investigación. Y el lector suspicaz se da cuenta de inmediato; por lo tanto, al final solo hacemos el ridículo.
  4. Desconocimiento de la técnica de la paráfrasis. Muchos autores novatos desconocen que, en cuestión de escritura académica, a menudo la paráfrasis es más saludable que el recargo de citas textuales: el autor demuestra capacidad de síntesis, dominio del tema y puede exponerlo de una forma original, aun cuando deje constancia del origen de cada idea o formulación gracias a una referencia parentética. Se trata de estas ideas-resumen del pensamiento ajeno, pero que entre paréntesis indican la obra de donde se toma. Esto es particularmente útil cuando un mismo concepto o tema ha sido tocado por múltiples autores. Así, en lugar de citar a cada uno para mostrar sus similitudes, uno, como autor del texto académico, hace un resumen sucinto, breve y al grano y menciona entre paréntesis los cuatro, cinco o diez autores que también tratan el asunto con ese enfoque.
  5. Plagio velado. Algunas veces ocurre que un autor comienza a ser citado intermitentemente página, tras página, tras página… Esto puede llegar a ser un plagio velado, especialmente si 20 o 30 páginas de una publicación, supuestamente original, cuando se comparan con la obra fuente, demuestran ser un resumen de las ideas de otro.

Algunas universidades tienen normas para esto: las citas no pueden exceder más del 25 o 30% de las tesis. Esta práctica, sin eliminar en forma alguna la cita textual como recurso, garantiza que los estudiantes se esfuerzan para crear un texto original, digerido por ellos y en donde son capaces de establecer relaciones entre todos esos autores, planteamientos, enfoques y lecturas que constituyen la base de su investigación.

Y de vuelta al mundo de la escritura para ser leída, el recargo de citas textuales es poco didáctico, pesado de leer y solo produce cansancio y distracción. Uno se aleja de la página, se va y la deja tirada. Si queremos hacerle un favor al lector, facilitémosle la lectura de nuestros argumentos y expongámoslos de forma que quiera seguirlos leyendo. En cuanto a las palabras ajenas, solo cuando su aporte es verdaderamente indispensable para la exposición del texto, solo entonces, podremos dejarlas y darles su justo lugar en nuestro recorrido por el bosque para que brillen con mérito propio.

2 comentarios

Archivado bajo Comunicación, Edición, Edición técnica, Educación, Escribir, Escritura, Escritura académica, Escritura técnica, Estilo, Materiales didácticos, Obras didácticas, Redacción, Redactar

Humor: crema para agrandar mi logotipo

Gracias a G. Naranjo por hacernos llegar esta humorística manera de mostrar los pecados del diseño publicitario. Me encantaría ver una versión adaptada al diseño de libros, pero los pecados son más o menos los mismos: temor al vacío, deseo de agrandarlo todo, gritos visuales con parches y figuras por todas partes…

Lamentablemente solo encontré una versión en inglés, sin subtítulos, pero quienes puedan comprenderla sin problemas y compartan el gusto por el diseño minimalista pasarán un buen rato a carcajadas.

Deja un comentario

Archivado bajo Diseño, Humor

Bienvenidos al nuevo Nisaba

El día de hoy, el blog Nisaba ha iniciado su nueva vida en WordPress. Este blog existe desde el 30 de setiembre de 2009, en Blogger, en donde hay cerca de 35 000 páginas vistas al presente.

El blog ha ido creciendo y, con él, una pequeña comunidad de lectores que lo favorecen y honran con su preferencia. Para esa comunidad, el nuevo sitio tiene algunas ventajas con respecto al anterior: un diseño ligeramente renovado, más herramientas de búsqueda, suscripción y, sobre todo, índices (subpáginas) en donde los artículos están agrupados por categoría, para que sean más fáciles de acceder y localizar.

Siéntase libre de navegar por las nuevas páginas, actualice la dirección de Nisaba en su navegador y, si considera que nuestros artículos le pueden resultar de utilidad a otras personas, recomiéndenos a sus amistades.

¡Le damos una cordial bienvenida a este nuevo y, esperamos, mejorado Nisaba! ¡Pase adelante!

3 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Tú, vos, usted…

En nuestro universo de habla hispana, los hablantes de cada país tienen su manera de dirigirse al otro, a su interlocutor, a la persona con quien hablan.

En Costa Rica, la gente habla sobre todo de usted, especialmente al referirse a desconocidos o personas mayores a uno. Se entiende como una señal de respeto y marca una distancia cuando no media suficiente confianza entre las personas. Por otro lado, la forma coloquial por excelencia para referirse a un par, amigo o persona menor que uno es el vos, en singular (para segunda persona plural se emplea sin excepción el ustedes, no el vosotros). Así, el voseo y el ustedeo se alternan y comparten el espacio de la comunicación diaria.

Aunque aquí hayamos reducido el fenómeno en extremo para su explicación, las relaciones sociales que se expresan a través de la alternancia entre vos y usted no son sencillas y producen una divagación constante. Un hablante costarricense puede comenzar hablando de vos para terminar hablando de usted, pero conjugando los verbos en (el tú que se escucha en la televisión, que aparece en todos los manuales de conjugaciones verbales y en todas las traducciones de libros hechas en España y México; el tú, en fin, que nos viene artificialmente desde fuera y se filtra en nuestra vida cotidiana hasta no saber cómo hablamos los ticos). Lo que es peor, esta divagación en el habla se traslada a la escritura, en donde el hablante –ahora escribiente– no sabe qué hacer: ¿trata de acercarse a su lector mediante una fórmula amigable, cercana, que rompa barreras; o mantiene la distancia, el respeto, la dignidad?

Con mucha frecuencia se mezclan las dos intenciones de comunicación y hasta en los mensajes más cortos el texto puede comenzar en un vos –a menudo conjugado como tú– y un usted, indispensable para mantener la distancia, la autoridad y el respeto. Aporto aquí un ejemplo tomado de una iglesia costarricense, en donde este fenómeno se ve claramente en unas poquísimas palabras, apenas un párrafo.

La difusión de internet, con el aumento de la comunicación escrita a través de foros y chats, también crea problemas existenciales: ¿cómo se escribe en un chat o en un foro? Basta andar en foros extranjeros para darse cuenta lo usual y frecuente que es el tú; y un tico, en territorios extranjeros, se adapta con facilidad. Pero los costarricenses, cuando se encuentran en un círculo cerrado, por ejemplo un curso en línea, prefieren el usted y siguen prefiriendo el usted por encima del tú o el vos, particularmente si son adultos. Al menos así ocurrió en el último curso en línea que tomé en Costa Rica, en donde adrede y con alevosía, lancé la pregunta e hice una pequeña encuesta. Había incluso reacciones adversas ante la idea de usar “vos” y ni una sola persona estuvo dispuesta a usar “tú”; no cuando se le preguntaba conscientemente.

Desde luego, este tipo de mezclas, curiosas e interesantes como son en un contexto cultural y en tanto objeto de estudio, se vuelven inadmisibles si cambiamos el contexto: si estamos escribiendo un libro en donde sea indispensable interpelar al lector directamente, es necesario elegir un solo estilo (tú, vos, usted) y ser consecuentes. Este es uno de los puntos que pueden llegar a ser polémicos en el día a día de la edición.

¿En dónde se necesita el “tú/vos/usted” en la edición de libros?
Lo primero que viene a la mente son los diálogos: ya sea en textos literarios o en recreaciones fabuladas en donde haya personajes, siempre que unos se dirijan a otros habrá necesidad de decir “tú” o “vos”. Aquí, claro está, la corrección dependerá de la intencionalidad, usos y funciones del texto. Conviene preguntarse si es necesario mantener la unidad o queremos, por el contrario, emplear estas marcas lingüísticas como una estrategia para mostrar la psicología o la cultura del personaje. En obra literaria, el corrector deberá hablar siempre con el autor y llegar a un acuerdo.

Pero hay otro tipo de obras en donde el tú/vos/usted puede ser útil: el ensayo en donde el autor quiere involucrar al lector; o, en el texto didáctico, puntos diversos en donde se desee crear zonas de encuentro entre el autor/docente y el lector/estudiante. En particular, una de las zonas en donde más frecuentemente se necesita interpelar al lector es en las instrucciones y ejercicios que sirven como guía para realizar actividades, recrear experimentos y hacer lectura interpretativa dirigida.

¿Usted, tú o vos en las instrucciones de texto didáctico?
Estamos muy acostumbrados a leer textos extranjeros redactados en tú. Es más fácil de conjugar, las formas son claramente distinguibles, los verbos dan la apariencia de tener faltas de ortografía… Por eso, alguna editorial costarricense que edita libros para niños costarricenses ha dicho “escribamos en tú, porque es más fácil de escribir y corregir”. Esta es una decisión arbitraria que no se basa en ningún estudio científico de los hablantes, ni siquiera en una sencilla investigación de mercado. Es una decisión tomada a puertas cerradas, sin tomar en cuenta al lector.

Otras editoriales didácticas, como la Universidad Estatal a Distancia (Uned, aclaro que de Costa Rica, no la de España), han seguido una larga tradición de uso del usted en las obras didácticas. Los textos son escritos para adultos dispersos en todo el país. Si bien es cierto que, sobre todo por influencia de la televisión, algunos grupos de hablantes jóvenes pueden emplear el en círculos urbanos, todavía en los pueblos y zonas alejadas del país el usted y el vos son la norma. Y el vos es algo que un tico solo le permite a un amigo, a un familiar, a sus padres o a su pareja; cualquier otra persona que se atreva a dirigirse a él en vos (y menos en ) es un irrespetuoso o un extranjero. Por lo tanto, se comprende por qué el uso del usted sigue siendo el más adecuado para estos textos. El vos debería reservarse únicamente para diálogos entre personajes, alguna que otra exposición de casos y textos especiales que lo ameriten, pero no para dirigirse al lector.

En síntesis
En lo personal, abogo por una edición que tome en cuenta los rasgos lingüísticos del lector, sin que esto obligue a una escritura estrictamente coloquial (la norma y la corrección también son necesarias en las publicaciones escritas). Por lo tanto, antes de tomar una decisión editorial de este calibre, conviene preguntarse a qué público va dirigida la obra (niños, adolescentes, adultos), en qué zona geográfica se desempeñan (ciudad, campo) y cómo hablan entre ellos. Y una vez respondido esto, habrá que decidir por qué se necesita el tú/vos/usted y cuáles son sus funciones dentro del texto. Solo después de esto, se podrá tomar una decisión y, una vez tomada, aplicarla con uniformidad y consistencia.

Así, y por si tenía alguna duda, en este blog usamos el usted.

1 comentario

Archivado bajo Comunicación, Corrección de estilo, Escritura académica, Escritura técnica, Estilo, Obras didácticas