Archivo mensual: febrero 2010

Ortotipografía: Primera/Segunda Guerra Mundial

Una pregunta que continuamente se nos hace a los correctores es cómo se escriben los nombres de las dos guerras que marcaron la historia de la primera mitad del siglo XX.

Antes de que aconteciera la Segunda Guerra Mundial, la primera también era conocida como la Gran Guerra. Este último sintagma, cuando se está empleando de esa manera y con ese significado específico, se escribe con mayúscula, según advierte José Martínez de Sousa en el Manual de Estilo de la Lengua Española (MELE 3).

La polémica viene cuando nos referimos a cada una de estas dos guerras por separado: la que aconteció entre 1914 y 1918, y la que se produjo entre 1939 y 1945.

Según Martínez de Sousa (2007a, 2007b), tanto la primera como la segunda de estas guerras deben escribirse con minúscula inicial. En su opinión, la mayúscula no se justifica porque su nombre no constituye un nombre propio en sí, sino que consta de dos adjetivos y el sustantivo guerra. O como lo aclara la Wikilengua, «es un nombre puramente descriptivo y no propio (fue guerra, fue mundial y fue la segunda de ellas). La equiparan, por tanto, con guerras púnicas o guerras napoleónicas».

Sin embargo, a esta regla debe contraponérsele otra vigente en español, dictada por la Real Academia Española (RAE) y seguida por otros manuales de estilo: los nombres de términos y eras históricas se escriben con mayúscula.

Con base en este criterio, nos encontramos una tendencia mayoritaria a considerar estas dos guerras como acontecimientos históricos con nombre propio y que, por lo tanto, se escriben con mayúscula inicial. Entre quienes defienden esta postura, podemos citar el Diccionario Panhispánico de Dudas (RAE), el Libro de estilo de ABC y el Libro de estilo de El País.

En cuanto a la grafía de primera y segunda, si bien el Libro de estilo de El País le da preferencia a la grafía con números romanos (II Guerra Mundial), el MELE 3, el Libro de estilo de ABC y la Wikilengua del español (Fundéu) coinciden en recomendar la grafía con la palabra completa. En lo personal, me adhiero a este último criterio.

Particularmente, me inclino por escribir los nombres de ambas guerras con mayúscula inicial y sin abreviaturas, siglas o numerales. Aquí la mayúscula se convierte en un elemento diacrítico: sí, muchas guerras podrán ser mundiales; sí, muchas guerras podrán ser primera, segunda o tercera…, y cuando así se utilice, en un sentido genérico, que rija la minúscula; pero en nuestros tiempos modernos, todos sabemos cuál fue, sin la menor duda, la Primera Guerra Mundial (cuando la vemos así, con mayúscula), y cual su continuación o sucesora. Ambas, en nuestro imaginario, en nuestros textos y en nuestra educación ocupan un lugar por derecho propio, tienen su página en la historia (sin mencionar sus declaratorias, tratados de guerra y de paz y sus juicios). Escríbase pues, con mayúscula, si así lo elige el editor de turno o la editorial.

Y como siempre, la advertencia editorial: sea cual sea la elección tomada, ha de ser coherente y sistemáticamente aplicada en toda la obra, en todo el texto. O como diría el editor y maestro Miguel Guzmán (Centro de Capacitación Versal, México): «Pinche, pero parejo».

Referencias bibliográficas

El País (2003). El País. Libro de estilo (18.a ed.). Madrid: Ediciones Santillana, p. 233. [Versión electrónica: http://estudiantes.elpais.com/libroestilo/dic_gu.asp].
Fundación del Español Urgente. Wikilengua del español. «Ortotipografía en historia». http://www.wikilengua.org/index.php/Ortotipograf%C3%ADa_en_historia (Consultado: 22 de febrero de 2010, 6:00 p. m.).
Martínez de Sousa, J. (2007a). Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas. Gijón: Ediciones Trea, p. 144.
_____(2007b). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea, p. 399.
Real Academia Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Espasa-Calpe, “Mayúsculas”, 4.26.
Vigara, A. M. & Consejo de Redacción de ABC (2001). Libro de estilo de ABC (2.a ed.). Barcelona: Ariel, p. 31.

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MacUpdate Promo en Nisaba

En este blog hemos revisado muchos programas aptos para la escritura, la producción académica y la labor editorial. También hemos visto que los mejores de estos programas se encuentran disponibles únicamente para las computadoras Macintosh y su sistema operativo, OS X.

Uno de mis más exitosos hallazgos cuando recién compré mi Mac fueron los sitios web con promociones diarias para programas Macintosh, como MacUpdate Promo y MacZot. Estos dos sitios ponen en oferta un programa al día (con excepción de los fines de semana, cuando la promoción dura dos días, y paquetes estacionales) a un precio increíble, que suele rondar el 50% o más.

En lo personal, ha sido a través de MacUpdate que he adquirido algunos de los programas que utilizo. De este sitio en particular me gusta la selección de software, el precio de las ofertas y los comentarios de otros compradores, muy honestos y sin compromisos publicitarios.

Como una manera de compartir este hallazgo con los lectores de Nisaba, a partir de hoy se podrá ver en la sección lateral de este blog la oferta diaria de MacUpdate Promo. Con promociones así y un poco de paciencia, es posible obtener las herramientas informáticas más adecuadas para el buen funcionamiento de nuestro flujo de trabajo y de nuestra computadora con un presupuesto mucho menor que el costo pleno de las licencias. ¡Que lo disfruten!

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Tildar o no tildar… he ahí el dilema (la tilde en los demostrativos)

Cuando tenía nueve años encontré en la biblioteca del aula en la que estudiaba un libro de gramática. Memoricé, en particular, la regla de la tilde en los monosílabos. Finalmente comprendía por qué muchos de mis libros (los más viejitos) escribían fué: era una regla desconocida para mis maestros; asumí como mi deber recuperarla y «escribir correctamente».

Grande fue mi sorpresa cuando mi maestra de tercer grado me devolvió una tarea corregida llena de marcas rojas por haber tildado fue. Así aprendí que la norma cambia: lo que ayer era regla, hoy no lo es.

Pasaron muchos años antes de que volviera a asombrarme con un cambio en la norma de los acentos. Ni siquiera por mérito propio, sino porque alguien más me lo hizo saber, descubrí en el Diccionario panhispánico de dudas (2005) la muerte del acento de los pronombres demostrativos (este, esto, ese, esa…) y del adverbio solo. Se reserva el acento gráfico para los casos de anfibología (ambigüedad) inminente y estos, se advierte, son raros en español.

Para mí, la norma era nueva, apenas este año cumplía su primer lustro. Así, con la misma candidez de mi infancia, pregunté en el foro de la Fundéu, Apuntes, si consideraban lícito aplicar, en un entorno editorial, esta norma tan «novedosa». Mi sorpresa fue grande cuando se me informó, educada y gentilmente, que la eliminación de los acentos en los demostrativos fue introducida en la norma académica en 1959.

El uso de la tilde es potestativo en los dos casos (éste, ése, etc., y sólo). Es lícito prescindir de ella cuando no existe riesgo de anfibología (reglas 16.ª y 18.ª de las Nuevas normas de Prosodia y Ortografía, que entraron en vigor el 1.º de enero de 1959.

Así lo establece nada menos que una discreta nota al pie del Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, en su apartado 1.8.3, inciso F, párrafo 3. La edición del Diccionario de la Real Academia (DRAE) de 1992, en la definición de los demostrativos, ya invierte la norma, y la tilde pasa de ser facultativa a ser obligatoria únicamente en los casos de ambigüedad.

Por eso, la norma del 2005 simplemente es el refuerzo de un cambio de enfoque ya previamente confirmado. La nota al pie se convierte en texto primario, y lo que antes era algo nada más «lícito» pasa a ser la norma: «solo cuando en una oración exista riesgo de ambigüedad porque el demostrativo pueda interpretarse en una u otra de las funciones antes señaladas, el demostrativo llevará obligatoriamente tilde en su uso pronominal» (DPD, 2005, «tilde», 3.2.1). Y no sabemos cuándo incluso esta obligatoriedad restringida podría también desaparecer, porque como dice M. Barbero, los casos de anfibología son tan raros «que, por infrecuentes, son anecdóticos (además de perfectamente evitables en la redacción)».

Cinco (que son en realidad cincuenta) años después de esta no tan «nueva» norma, algunos editores todavía se resisten a aplicarla; sin mencionar muchas personas que se han acostumbrado a seguir la regla aprendida en la escuela. «¡Hace cincuenta años! Y, sin embargo, una grandísima parte del mundo hispanohablante no se ha dado por enterada», exclama con asombro el «apuntero» Mariano Vitetta.

Renunciar a lo aprendido en los años de la infancia es difícil. Renunciar a las tildes que siempre hemos defendido, buscado y corregido también lo es. Habrá nuevas generaciones (como la mía) sin tantos miramientos para decir, sin la menor duda, que da menos trabajo identificar los poquísimos casos de anfibología (y hasta proponer una redacción alternativa) que estar continuamente decidiendo si este es un demostrativo o un adjetivo. Y para muchas personas fuera del mundo editorial también será, sin duda, un alivio.

Nota: agradezco aquí a los «apunteros» por haber proporcionado los datos básicos y las referencias para este artículo. En particular, a Mariano Vitetta y M. Barbero.

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El hilo del texto: ¿picotear o rodar?

La redacción es la técnica de creación del hilo conductor de la escritura. La palabra proviene del verbo latino redigo, ‘volver a llevar’, el cual, a su vez, se forma a partir del verbo ago, ‘conducir’. La buena redacción es invisible: no se siente porque nos permite deslizarnos sobre el texto sin interrupciones, sin saltos, sin zancadillas…

Hace unos días, una colega y amiga editora me convirtió los conceptos abstractos de «buena» y la «mala» redacción en imágenes imposibles de callar (¡gracias, Stella!). Las comparto porque contribuyen, sin duda a comprender, metafóricamente, a qué le llamamos «redactar bien».

Según el éxito o el fracaso en la hilación de las ideas, encontramos dos tipos de texto. Unos que se leen como si fueran una gallina picoteando y otros, como si fueran una canica (en Costa Rica, «bolincha») rodando sobre una superficie lisa y sin interrupciones.

La gallina picotea sin un patrón definido, en cualquier dirección. Nunca la misma gallina seguirá dos veces el mismo, exacto y preciso patrón de picoteo. En el texto-gallina no se sabe qué vendrá después, no hay una dirección definida y fácil de identificar, sino un recorrido caótico y casi azaroso. El lector siente que lee «a trompicones», experimenta interrupciones continuamente, debido a los saltos impredecibles de las ideas, que se superponen unas a otras en una yuxtaposición incoherente, sin orden o precisión, sin saber de dónde viene con exactitud o hacia dónde se dirige.

La canica, en cambio, cuando está sobre una tabla o un piso perfectamente liso, sin abultamientos o irregularidades, rueda y rueda sin parar, a un ritmo constante, en una misma dirección y llegará tan lejos como el impulso del golpe se lo permita. En el texto-canica, el hilo del discurso es fluido, coherente, va llevando de la mano al lector, le va indicando por dónde ir y uno lo toma y se va hasta el final.

En la escritura literaria, quizás haya escritores capaces de hacer una obra maestra de la técnica de la gallina (¿tal vez Rayuela o hasta el mismo Quijote sean un ejemplo?); pero en la escritura técnica, el picoteo es un pecado mortal. Es una traición del discurso, un autosabotaje a la comunicación y una pérdida de tiempo y esfuerzo para el lector quien se verá obligado a invertir muchas horas en tratar de poner orden en el caos, so pena de poner en riesgo su comprensión del texto.

En la escritura académica, por ejemplo, las consecuencias del texto-gallina son graves: se juega, ni más ni menos, el éxito o el fracaso del estudiante-lector. La responsabilidad de la comunicación académica no yace en la autocomplacencia de querer comunicar bien por razones de ego o reputación; cuando el objetivo del texto es educar, comunicar bien es un deber porque ahí yace toda la diferencia entre aprobar o reprobar, entre aprender y quedarse en la ignorancia.

En general, ningún texto-gallina debería pasar los filtros editoriales. Una lectura sin hilación es un desperdicio de recursos que, en la cultura impresa, son muy costosos. Aún así, cuál de los dos favorecer es una decisión personal (si usted es alguien tratando de escribir) o editorial.

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Ortotipografía: ponencias, conferencias, foros y videoconferencias

Hace unos días hablamos sobre las mayúsculas de nombres de congresos. Para quienes están en un entorno universitario, la diversidad de actividades que se cuelan en los textos de revisión puede ser abrumadora. Además de congresos y simposios, existen ponencias, conferencias, seminarios y, en los entornos educativos a distancia, videconferencias. ¿Cómo citamos los nombres de cualquiera de estas actividades?

El Manual de estilo de lengua española sigue siendo una de las obras de referencia más completas. José Martínez de Sousa incluye las entradas de conferencias y ponencias en donde proporciona la información básica para tomar estas decisiones editoriales.

Debemos distinguir entre dos tipos de actividades: las exposiciones individuales o colectivas en donde una persona o un pequeño grupo de personas emite un discurso, imparte una conferencia, da a conocer resultados de sus investigaciones e intercambia con sus pares puntos de vista diversos sobre el mismo tópico. Entran, bajo esta categoría, las conferencias y videoconferencias universitarias, las ponencias o comunicaciones en congresos y atividades afines, y las actividades también llamadas foros o conversatorios, en donde varios académicos conversan sobre un tema, bajo la guía de un moderador.

Este tipo de ponencia o conferencia se escribe con letra redonda, entre comillas y con todos sus adjetivos y sustantivos en minúscula. En otras palabras, se le da un tratamiento muy similar al de los artículos de revista. Un ejemplo, tomado del MELE 3, es el siguiente:

“Los diccionarios del siglo XX”, ponencia en el Institut Universitari de Lingüística Aplicada de la Unversidad Pompeu Fabra, de Barcelona.

A veces los mismos nombres de conferencia y foro se aplican a actividades de mayor envergadura, en donde personalidades o figuras destacadas se reúnen durante una cierta cantidad de días a tratar asuntos de su competencia. Este tipo de actividades recibe el mismo tratamiento que los congresos: sus nombres se escriben con letra redonda y mayúscula inicial para todos sus adjetivos y sustantivos. Es el caso del Foro de las Américas o la Conferencia de Ginebra.

Nota para usuarios de APA

Si estamos construyendo una lista de referencias según la normativa de APA (American Psychological Association), y la estamos siguiendo de manera ortodoxa y rigurosa, es necesario tomar nota de un detalle: el manual de la quinta edición en español recomienda utilizar las comillas para ponencias, conferencias y artículos de revistas cuando se citan dentro del texto, pero las elimina en la lista final de referencias. ¿Por qué esta arbitrariedad? No conozco la respuesta. Como editora, me parecería más coherente mantener la convención de comillas dentro de texto y dentro de la lista de referencias.

El APA contempla dos escenarios bibliográficos para una conferencia o ponencia, ya que esta podría haber sido publicada en una memoria o bien podría haber quedado inédita. Copio textualmente los ejemplos proporcionados, en inglés.

Caso 1: ponencia que forma parte de las actas publicadas del congreso o simposio

Deci, E. L. & Ryan, R. M. (1991). A motivational approach to self: Integration in personality. En R. Dienstbier (Ed.), Nebraska Symposium on Motivation: Vol. 38. Perspectives on motivation (pp. 327-288). Lincoln, EE. UU.: University of Nebraska Press.

El nombre del simposio o congreso, siguiendo las normas de correcto español, irá con mayúscula inicial en todos sus adjetivos y sustantivos. La cursiva que vemos en este ejemplo se aplica porque corresponde al título de una obra publicada, no al simposio o congreso propiamente dicho.

Con respecto a la anotación del país, en otra parte del mismo manual se dice que es opcional (aunque aparezca continuamente en los ejemplos), según si la ciudad es lo suficientemente conocida y no hay riesgo de ambigüedad. Si la región, estado, provincia o país de publicación forma parte del nombre de la universidad que aparece como sede o como editora, tampoco debe repetirse en la localidad del editor, cuando se trata del mismo lugar.

Caso 2: Contribución no publicada para un simposio

Lichtestein, K. L., Johnson, R. S., Womack, T. D., Dean, J. E. & Childers, C. K. (1990, junio). Relaxation therapy for polypharmacy use in elderly insomniacs and non insomniacs. En T. L. Rosenthal (Presidente), Reducing medication in geriatric populations. Simposio efectuado en la reunión del First International Congress of Behavioral Medicine, Uppsala, Suecia.

La normativa APA recomienda que se incluya el mes de realización del evento, además del año.

Cabe observar en este ejemplo tomado del manual de APA en español que en el proceso de traducción ha faltado seguir las reglas para obras en lengua distinta de la publicación; por eso vemos el nombre del simposio y de la ponencia en inglés, pero traducen al español la frase «simposio efectuado en la reunión del…». Esto, en mi opinión, es una errata de la edición de ese manual que resulta de complejo proceso de adaptar ejemplos pensados en una lengua para un manual que se publica en otra. Al respecto, conviene seguir los lineamientos de los que ya hablamos en un artículo anterior.

Bibliografía consultada

American Psychological Association (2001). Manual de estilo de publicaciones de la american psychological association [Publication Manual of the American Psychological Association, Fifth Edition] (2.a. ed.). México: Manual Moderno. (Obra original publicada en 2001).
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.

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