Razones para no casarse con un/a corrector/a

Esta joyita me la hizo llegar, a través del correo electrónico, mi amiga editora Liz, de México, de un autor/a? anónimo/a?. Un poco de humor no sobra jamás.

Es obsesivo/a-compulsivo/a y necio/a hasta el hartazgo (el tuyo).

Quiere trabajar en todas las editoriales del país porque solo así se publicarían libros, revistas, periódicos y sitios de internet escritos en correcto español.

Es tu único contacto en MSN que usa mayúsculas y acentos, jamás usa contracciones, no sabe qué es un emoticón e invariablemente te corrige cuando escribes algo mal.

Si por casualidad dices algo mal, supongamos “mas sin embargo”, inmediatamente te mira con algo muy parecido al desprecio.

Dos terceras partes del día las pasa de mal humor y gruñendo porque un autor no sabe usar acentos diacríticos; una fracción la gruñe durante el sueño.

Le tiene más fe al diccionario de la Real Academia Española que a ti.

Sabe que existen el Diccionario Panhispánico de Dudas, el Corpus de Referencia del Español Actual y el Corpus Diacrónico del Español, pero no sabe cuándo es tu cumpleaños.

Posiblemente padece esquizofrenia o sencillamente no tiene gusto literario, pues lo mismo lee panfletos publicitarios que reportes técnicos y artículos científicos.

Sabe qué es un sufijo y un objeto circunstancial de lugar, pero jamás sabrá explicarte para qué sirven.

Es más arrogante que necio/a (y esas son palabras mayores).

Cuando te manda mensajes por el celular, a veces necesita tres porque insiste (decíamos que son necios/as) en escribir TODAS las palabras con TODAS sus letras.

Enviarte un simple correo le toma un tiempo absurdo: si no lo lee por lo menos tres veces (una lectura de originales, otra de primeras pruebas y la de pruebas finas), no está satisfecho.

Antes de haber ordenado siquiera en el restaurante, la carta habrá sido víctima suya.

No hay aplicación de Facebook a la que no le ponga reparo o artículo de Wikipedia que no anote en su lista de pendientes.

Vive en un estado de paranoia sostenida e invariablemente piensa que se le pasaron varios errores en los textos que entrega.

12 comentarios

Archivado bajo Corrección, Corrector, Humor

12 Respuestas a “Razones para no casarse con un/a corrector/a

  1. Ja,ja,ja,ja,ja (iba a poner jajajajaja pero es incorrecto) :-)))Soy correctora pero de vez en cuando me gusta usar emoticones. Lo demás, lo suscribo todo. Qué joyita tan divertida… 😀

  2. Me encanta el artículo. Me veo totalmente reflejada (menos en lo de usar emoticonos :)). A veces soy demasiado perfeccionista e incluso temo equivocarme yo misma. Normalmente intento relajarme y pensar que las faltas de ortografía no son tan graves y lo importante es el contenido (me esfuerzo por pensar en el refrán: quien tiene boca se equivoca), pero me resulta difícil; en la mayoría de casos, la deficiente ortografía va ligada a la limitada expresión lingüística del autor… Aunque he de decir que gracias a estos lapsus los correctores tenemos trabajo, ¡no podemos morder la mano que nos da de comer! Tenemos que ver el lado positivo de las cosas al fin y al cabo 🙂 ¡Gracias por una entrada tan cierta como divertida!

    Un saludo

    Vanessa.

  3. Anónimo

    Todo lo leemos con ojos de corrector. Así será hasta nuestros últimos días.

    Saludos desde Lima

    Alberto

  4. Alberto Ñiquen

    Así somos los correctores. Todo lo que leemos no se libra de nuestro oficio, y así será hasta nuestros últimos días.

    Saludos desde Lima

    Alberto

  5. Me ha gustado. Y alguno hay que no es tan obsesivo. Cada cosa tiene su lenguaje, y en los mensajes de móvil, las abreviaciones y demás están aceptadas… Pues yo las uso. Al igual que los emoticonos (de los cuales, a veces, abuso). El resto (empezando por la carta del restaurante, pasando por las aplicaciones de Facebook y acabando por todos y cada uno de los artículos que leo), son víctima de mi obsesión y frustración al no poder leer las cosas como creo yo que deberían estar escritas de forma correcta.

    Gracias por poner humor en algo que nos tomamos muy a pecho 🙂

  6. Jacqueline Murillo

    Gracias a ustedes por pasar por acá, dejar sus risas y compartir conmigo cuando menos algunas manías de esta obsesiva profesión. Y dejo nota de que a mí también me encantan los emoticones… 😀

  7. Somos una (extraordinaria) especie «horrorífica» (ya saben) de la que todos huyen porque (ya sabemos) a nadie le gusta ser corregido… Tengo paranoia, tenemos paranoia de que los errores se vuelven más que voluntariosos. ¡Qué buen texto! (A pesar de las plecas, que me causaron ruido, claro está.) Saludos a todos, colegas (y victimarios).

  8. Buenísimo, me veo completamente reflejada… me pasa hasta con los titulares del telediario cuando están mal escritos xD. Lo que pasa es que yo sí que uso emoticonos y no llego a escribir con tildes por el msn (por comodidad, a no ser que la oración pueda ser ambigua). Me he reído un ratillo, gracias por hacerlo público :P.

  9. Guaro

    Muy bueno. Soy corrector y es verdad que me enferman los emoticones, las pocas veces que me meto a MSN me la paso corrigiendo los errores y cuando voy a un restaurante le señalo al mesero las faltas de ortografía de la carta. En general me aplica todo, a excepción de lo de no saber explicar para que sirven los sufijos y los complementos circunstanciales (ya sé, soy más arrogante que necio) y lo de Facebook (que no tengo porque creo que no soportaría la cantidad de errores).
    Muchas gracias, aunque quedo reducido a una caricatura con el texto me reí mucho.

  10. Anónimo

    Los (as) únicos (as) peores (as) que nosotros (as) los correctores (as) son l@s que usan lenguaje inclusiv @

    • Jacqueline Murillo

      Je, je, je… Solo cuando no se usa bien. Cuando publiqué este chiste anónimo que circula por la red, y usé una de las posibles adaptaciones avaladas por la RAE —aunque no por el uso— no me imaginé la clase de reacción que iba a suscitar y, desde entonces, no he dejado de aprender y tomar nota (con una risilla de fondo). Era un tanteo, una posibilidad entre muchas. He seguido haciendo mis propios experimentos, siempre a la búsqueda de las soluciones más elegantes para un lenguaje inclusivo. Si se me permite la impertinencia, ¿cómo le suena esta opción?: “Las únicas personas peores que quienes nos dedicamos a la corrección son las que usan lenguaje inclusivo?”. Y puesto que “inclusivo” se refiere a “lenguaje” cuyo género gramatical (que no sexual) está claramente definido, nos sobra la arroba. Saludos y bienvenida a estos lares 😉

  11. Leandro

    Me siento terriblemente identificado. Una persona muy querida se fue al otro lado del mundo en avión. Decidí darle dos regalos: un perfume y una tarjeta perfumada. La idea era que use el perfume en el aeropuerto y que al llegar a destino lea la tarjeta. Le preparé una poesía o algo así extraída de internet, pero tenía errores. Al final, la persona se fue y yo sigo con el archivo en la PC, o sea, no la imprimí tampoco. De esto hace dos emses ya xD. ¡Saludos!

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