Archivo diario: 12/10/2009

El nuevo libro electrónico y los materiales didácticos

Para que podamos hablar verdaderamente de libro electrónico, es indispensable hablar de la confluencia de tecnologías: dispositivos de lectura adaptados al nuevo producto (y productos textuales adaptables a los dispositivos), tecnologías del video (como las promovidas desde hace unos años por sitios como Youtube), tecnologías del diseño gráfico (desde el lenguaje post-script hasta el PDF)… Cada uno de estos avances es, en su origen, independiente de todos los demás; su combinación, en cambio, es la cuna de lo que será el libro electrónico de la próxima década.
Algunos experimentos creativos e ingeniosos ya se están viendo, bajo el concepto de “libros híbridos”, como lo reporta el New York Times. La casa editorial Simon & Schuster, por ejemplo, está experimentando con los vooks (¿podríamos traducirlo como “livros”?), textos en los que se insertan videos visibles desde dispositivos de lectura tales como el iPhone y el iPod Touch.
La potencialidad de los vooks se hace visible en sus ejemplos: un libro sobre el tema de la buena condición física y la dieta que incluye videos con la manera de realizar algunos de los ejercicios físicos sugeridos.
¿Cuáles son las posibilidades de esta clase de híbrido para obras didácticas, especialmente en el contexto del autoaprendizaje y la enseñanza a distancia? Con videos cortos, puntuales, bien realizados, que estén ahí, junto al texto leído, podrían ser una muy atractiva y eficiente solución de enseñanza de contenidos en gran cantidad de asignaturas. Pensemos, por ejemplo, en procedimientos de laboratorio, técnicas de agricultura o cualquier ingeniería. Incluso es posible imaginar un libro de cocina que incluya, junto a la receta y la fotografía final de la comida servida, un video corto sobre la manera de cortar tal o cual ingrediente o cualquiera de los procedimientos más complejos ahí descritos.
El nuevo libro de texto electrónico no puede plantearse sin un examen cuidadoso de la tecnología. ¿Cuál será el dispositivo de lectura más exitoso? ¿Cómo resolveremos el diseño gráfico de los libros para tales dispositivos? ¿Cuáles límites y usos les daremos a los recursos complementarios de audio, video y tecnologías táctiles? Aunque algunas de estas preguntas solo podrán responderse con la paciente observación del desarrollo de las tecnologías del libro, ya podemos comenzar a imaginar el futuro no tan lejano de los materiales didácticos de la educación a distancia de la primera mitad del siglo XXI.
Gracias a Gustavo Naranjo por remitir el artículo del New York Times, “Curling up with Hybrid Books, Video Included”, escrito por Motoko Rich y publicado el 30 de setiembre de 2009.

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El libro electrónico como nuevo género

La clasificación de las obras literarias es un vicio de antaño en la historiografía de la literatura y, sin embargo, también está sujeto al vaivén de la moda. Tenemos las clasificaciones básicas, basadas en el tipo de lenguaje, estructuras narrativas internas e incluso tipos de contenidos de una obra: ficción y vida real; poesía y narrativa; cuento, novela y teatro… Por encima de estas categorías, aparecen los géneros estéticos, a veces impuestos por los críticos, a veces elegidos por los propios escritores: naturalismo, realismo, regionalismo romanticismo, surrealismo, nueva novela…

La moda en nuestros días obvia todos los aspectos que antes eran considerados centrales (lenguaje, estructura, ideologías, propósitos) y se centra en nuevos métodos de clasificación basados en la forma. Ahora se habla de literatura electrónica como un género por derecho propio. Se diferencia de la literatura tradicional vertida a formatos electrónicos en su manera de ser escrita, publicada e internamente estructurada. Así, ahora aparecen los conceptos de blognovela, wikinovela, hipernovela, webnovela y, desde luego, la novedad del momento: la novela colectiva. Así puede verse ya en el recién abierto Portal de Literatura Electrónica del Instituto Cervantes, que, en su intento por conservar una producción ligada a la vida efímera e insustancial de la web, se convierte, por rebote, en legitimador de estos nuevos modos de escritura.

A las clasificaciones del Instituto Cervantes cabría, con todo derecho, agregar los fanfic, obras que transitan en el límite de la lectura y la escritura, casi siempre publicadas por entregas entre círculos de lectores web (foros, blogs, portales de fanfic) y originados, sin excepción, por la lectura de mundos y personajes de los que el lector no logra desprenderse al finalizar la última página.

No sabemos durante cuánto tiempo más nos seguirá deslumbrando la “nueva tecnología” en su novedosa manera de crear, entregar y acceder la forma externa del texto. El solo reconocimiento de la existencia de sus posibilidades abre preguntas: ¿Tendrá (o ya lo ha tenido) éxito real y documentable entre los lectores (y entre cuáles)? ¿Cuántas personas acceden realmente a la lectura de estos textos (no cuántas pueden acceder, sino cuántas, en efecto lo hacen)? ¿Hay una diferencia significativa en la experiencia de lectura? ¿Cómo inciden las propias tecnologías de la hipervinculación y la fragmentación el proceso de lectura? ¿Hay ámbitos de escritura no literarios que podrían beneficiarse, acaso con más éxito, de estas posibilidades?

Mis experiencias personales reales con la lectura de textos hipervinculados han sido lo suficientemente desastrosas (a pesar de mi entusiasmo) como para mantener alerta mi escepticismo; pero eso es, quizás, porque los diseñadores de los materiales web de lectura no los ensamblan con mentalidad de lectores y no se imaginan los problemas y necesidades que tales materiales plantean, para aspectos tan sencillos y fundamentales como mantener la continuidad de la lectura, dar cuenta de cuánto se ha leído y, lo más básico, retomar la lectura luego de haberla interrumpido. La ventaja de la web es, a menudo, su propia maldición: la libertad del hipervínculo a veces lo hace irrecuperable fuera del instante mismo en que ha sido encontrado.

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