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APA: cómo citar el diccionario de la Real Academia en línea

Un lector de este blog hace una pregunta de esas que no se puede responder con facilidad: ¿cómo se hace la referencia bibliográfica del diccionario de la Real Academia Española (DRAE) en línea?

En este artículo exploraremos los distintos modelos de APA para las obras de referencia en línea, su propuesta de modelo bibliográfico para el diccionario de la Real Academia Española y algunos detalles por tomar en cuenta al citar su versión en línea.

¿Cuál es el estilo de las obras de referencia en línea según APA?

Para esto, se pueden consultar los ejemplos 29 y 30 del manual de APA. El ejemplo 29 es una obra de referencia en línea. Lo reproduzco aquí tal cual:

Graham, G. (2005). Behaviorism. In E. N. Zalta (Ed.), The Stanford encyclopedia of philosophy (Fall 2007 ed.). Retrieved from http://plato.stanford.edu/entries/behaviorism/

El ejemplo 30 también es una obra de referencia en línea, pero sin autor o editor:

Heuristic (n.d.). In Merriam-Webster’s online dictionary (11th ed.). Retrieved from http://www.m-w.com/dictionary/heuristic

Conviene añadir que el manual del APA es explícito en un aspecto: si la versión en línea hace referencia o se corresponde a una edición impresa, hay que incluir esa edición detrás del título, tal y como se ve en el ejemplo 30 aquí citado. En español, “retrieved from” se traduce “recuperado de”.

¿Cómo se cita el DRAE en APA?

No podemos pasar a hacer el modelo del DRAE sin ver el ejemplo que aporta el mismo manual del APA en donde se emplea precisamente esta obra en el ejemplo 28, una obra en lengua distinta del inglés cuyo título ha sido traducido. Lo reproduzco tal cual, solo por fidelidad a la fuente:

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española [Dictionary of the Spanish Language] (22nd ed.). Madrid, Spain: Author.

Desde luego, si traducimos esto al español y le aplicamos nuestras propias reglas ortográficas, tendríamos esto:

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Madrid, España: Autor.

El país solamente se necesita si la obra fue editada en un país distinto de la obra en la que estamos incluyendo la referencia. Si este diccionario se incluye en la lista de referencias publicada en España, el país es innecesario.

¿Cómo se cita el DRAE en línea?

Una vez vistos los modelos de APA, la respuesta es en realidad muy sencilla. La referencia bibliográfica del diccionario en línea de la RAE se vería así:

Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Consultado en http://www.rae.es/rae.html

Y una entrada del mismo diccionario, se vería así:

Real Academia Española. (2001). Disquisición. En Diccionario de la lengua española (22.a ed.). Recuperado de http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=disquisici%F3n

Nótese que en el primer caso ponemos “consultado en” porque no se puede recuperar el diccionario completo. En cambio, en el segundo ejemplo sí estamos hablando de una entrada que fue “recuperada”.

¿Y los artículos del DRAE que no son del 2001?

Si el DRAE en línea fuera una obra estática, como su equivalente impreso, aquí terminaría este artículo; pero es necesario tomar en cuenta dos casos adicionales que encontramos en la edición en línea: los artículos enmendados y las entradas nuevas.

Los artículos enmendados son correcciones que se le han hecho a una entrada para la próxima edición de la obra. Las entradas nuevas del todo no las encontramos en la edición del 2001. Las enmiendas del DRAE en línea se acceden desde un botón rojo en la esquina superior derecha del artículo viejo. Los artículos nuevos aparecerán con el encabezado “artículo nuevo” y un inconfundible sello que manchará toda la página con la leyenda: “redacción propuesta”.

En tal caso, el modelo que acabamos de ver se adaptaría perfectamente a una entrada que permanezca invariable. Por lo tanto, y hasta que se publique en papel la vigésimo tercera edición del diccionario, una propuesta para referir estos dos tipos de artículo con el modelo APA es la siguiente:

Real Academia Española. (s. f.). Internet [artículo nuevo]. En Diccionario de la lengua española (avance de la 23.a ed.). Recuperado de http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=internet

Real Academia Española. (s. f.). Cosmético, ca [artículo enmendado]. En Diccionario de la lengua española (avance de la 23.a ed.). Recuperado de http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=internet

Aquí propongo que no se ponga la fecha porque evidentemente el artículo no fue escrito en el año 2001 y tampoco se indica en qué año se formularon la enmienda o la adición. En este caso, se puede aplicar el ejemplo 30 del manual de APA. Solo si quien escribe lo considera muy necesario, podría pensar en incluir también la fecha de recuperación.

Detalles del estilo APA

Conviene recordar que en un estrictísimo estilo APA, estos ejemplos siguen ciertas reglas:

  • Los nombres de las entradas o artículos no llevan comillas en la lista de referencias bibliográficas; pero sí lo llevarían en la referencia parentética dentro del texto.
  • Los nombres de las obras se escriben siempre en cursiva.
  • No se escribe punto después de la dirección electrónica.
  • Para las obras de referencia en línea no se da ninguna información sobre editorial o ciudad de publicación.
  • No se le pondría la fecha de recuperación puesto que ya se indica la edición del diccionario se incluirá tentativamente el artículo. De no existir del todo una fecha o una edición, sí sería necesario incluir al menos ese dato.
  • Tras la preposición “en” no se escriben dos puntos.

Cualquier modificación que se haga de alguna de estas reglas, como la adición de antilambdas (<>) para contener la dirección electrónica, el uso de comillas en la entrada o incluso la fecha de recuperación del artículo serían ya modificaciones al estilo APA. Antes de hacerlas, usted deberá justificar muy bien sus razones, verificar que todo su equipo de lectura o edición esté de acuerdo y ser consistente en su aplicación. Pero mientras mantenga la atención al detalle, ya tiene al menos un ejemplo para salir a flote en la aplicación del estilo bibliográfico de la APA.

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Las paráfrasis también llevan número de página

A menudo se encuentran textos académicos –incluso artículos publicados y libros– en donde los autores creen, erróneamente, que el empleo del recurso de la paráfrasis los exime de proporcionar referencias bibliográficas precisas y exactas.

Por referencias “precisas” me refiero a hacer explícito el número de página, párrafo o sección (según corresponda) de la obra parafraseada.

¿Por qué se necesita el número de página?

El mundo académico presiona mucho a sus escritores (estudiantes, docentes, investigadores) para fundamentar sus publicaciones a partir de otras obras académicas. Esta presión puede alcanzar niveles ridículos, como juzgar un texto por la extensión de su lista de referencias (sin importar su calidad y coherencia), o forzar a citar constantemente las “vacas sagradas” de algún campo del saber con el único fin de teñir de autoridad las propias publicaciones.

El resultado de estas poco saludables actitudes es que la paráfrasis puede emplearse como un recurso para encubrir las carencias académicas del propio texto a través de la tergiversación, distorsión y hasta falsificación del pensamiento ajeno. En consecuencia, se ponen en boca de otros afirmaciones, definiciones y hasta conceptos que esos autores jamás soñaron con enunciar de esa manera.

Por lo tanto, la única forma de comprobar la veracidad, exactitud y pertinencia de la paráfrasis es confrontando el texto con su fuente. Cuando llegamos a este punto, nos damos cuenta de que se necesita algo más que el año y el autor para poder situar la fuente de una paráfrasis.

Así, aunque nos estemos apropiando del texto ajeno, si estamos parafraseando una afirmación puntual, una conclusión, un concepto o simplemente resumiendo una parte de la obra, siempre debemos indicar de dónde, en el maremágnum que puede ser un libro, se encuentran las palabras en donde yo afirmo que el otro dice tal cosa.

Ejemplo:

El acadio tuppu origina el latín tabula ‘tabla, tablón’, ‘tablón de anuncios’, ‘lista, registro’, ‘tableta para escribir’, que produce el castellano tabla. En sumerio se tiene dub ‘tabla’ y dubsar ‘escritor de tabletas’. El tuppu mesopotámico era generalmente una pequeña plancha de arcilla, plana o ligeramente abombada, secada al sol u horneada, usualmente en forma rectangular, aunque se han encontrado algunas redondas y oblongas; además se fabricaban figuras tridimensionales con forma de conos, cilindros y prismas huecos de entre seis y diez caras (cada cara equivaldría a una página) (Escolar, 1986: 49-50).

¿Cuándo no se necesita incluir el número de página?

Existe un tipo de paráfrasis que está eximida de toda culpa. Veamos, por ejemplo, la construcción de un estado de la cuestión. El propósito del estado de la cuestión es hacer un sumario, preferiblemente sucinto y al grano, de las principales investigaciones en un campo. Es muy frecuente que solo se proporcione un resumen brevísimo sobre el tema tratado por uno o varios autores en alguna de sus obras.

Ejemplo:

De forma paralela y completamente independiente de los estudios sobre historia del libro, se desarrolló en el siglo XX toda una tradición de estudios sobre las transformaciones culturales suscitadas por el paso de la oralidad a la escritura como estrategias sociales de comunicación, transmisión de información y formación de consciencia.
En este campo hubo importantes pioneros, como Milman Parry que publica sus estudios sobre el hexámetro homérico en 1930. Sin embargo las figuras más destacadas son Erick A. Havelock (1986), Jacques Derrida (1967), Jack Goody e Ian Watt (1968) y Walter Ong (1982), quienes fueron pioneros del estudio del impacto de la escritura sobre las sociedades, las culturas y la consciencia de las personas. Los estudios más recientes de David R. Olson (1994) y Roy Harris (1995) hacen una revisión de las investigaciones previas y llevan el análisis un poco más lejos, cuestionando algunas de las premisas originales y ampliando otras con hipótesis novedosas. En este campo, Adolfo Colombres (1997) merece una mención por tratarse de un latinoamericano interesado en el tema del paso de la oralidad a la escritura.

¿Qué dicen los manuales de estilo bibliográfico?

A este respecto, el manual de la APA es muy claro en su apartado 6.04, de la sexta edición: “Al parafrasear o referirse a una idea contenida en otro trabajo, se aconseja indicar un número de página o párrafo, en especial cuando esto ayude a un lector interesado a ubicar el fragmento relevante en un texto largo y complejo” (2010: 171).

La decimosexta edición del manual de Chicago, uno de mis favoritos, indica que la ética, las leyes de derechos de autor y la cortesía con los lectores son las principales razones para que las citas directas, las paráfrasis y cualquier hecho u opinión difícil de confirmar incluyan información suficiente para dirigir a los lectores hasta la fuente consultada, sin importar si se encuentran en forma física o electrónica (2010: §14.1). Y esto, agregan, debe ser un lineamiento para cualquier estilo bibliográfico que se esté siguiendo, ya sea autor-año o notas al pie.

En síntesis

El número de página en la mayoría de las paráfrasis es tan necesario e indispensable como en las citas textuales. Incluso si se está en el campo de la edición académica, este dato les sirve a los editores y especialistas de contenido para confirmar las afirmaciones del texto supuestamente fundamentadas en autoridades académicas.

Por lo tanto, aunque los manuales de estilo lo indiquen como una “recomendación”, este carácter no obligatorio no exime al escritor académico de cumplir su deber con los lectores en la precisión de las referencias bibliográficas que sustentan su texto. Por eso, de ahora en adelante, usted también, cuando haga paráfrasis, cuídese de anotar el número de página y hacerle la vida más placentera y veraz a sus lectores.

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Cómo referir correctamente: la referencia parentética

La referencia parentética es aquella información bibliográfica entre paréntesis que, literalmente, “refiere a”; es decir, nos indica de dónde proviene la información, dato u opinión parafraseados dentro de un texto académico o publicación. Es una coordenada cuya función jamás es ornamental. Está ahí para decir, con la menor cantidad de signos, quién dijo qué y cuándo.

Un lector acucioso sabe interpretar las referencias como si fueran las coordenadas de un mapa: el año indica una época en donde se arraigan los textos; el apellido señala un autor y, con él, una ideología, una cultura y una postura ante la vida, y, finalmente, el número de página dice dónde exactamente, en el laberinto de la obra citada, puedo encontrar ese preciso párrafo o página de donde el texto que tengo entre manos asegura haber sacado tal o cual afirmación.

Si tengo dudas, quiero aprender más o, simplemente, siento curiosidad, la referencia parentética será mi brújula en la fuente original. En otras palabras, esta referencia deberá ser lo suficientemente precisa para que yo, lector majadero e inconforme, pueda acudir a la fuente original y encontrar, sin mayor esfuerzo, las palabras o ideas citadas o parafraseadas.

¿Cómo se ve la referencia parentética?

En un sistema de referencias de tipo autor-fecha, como APA, una referencia parentética se ve así:

(Martínez, 2007, p. 63)

Ahora bien, si la obra ha sido traducida al español desde otra lengua, debería verse así:

(Armour, 1986/2004, p. 80)

El primer año corresponde al año original de publicación de la obra y el segundo año a la fecha de la traducción. Un lector entrenado puede saber, por lo tanto, cuánto tiempo media entre la emisión original de las ideas de este autor y su llegada al mundo de habla hispana.

Este detalle puede parecer irrelevante, hasta que los años, las décadas y los siglos comienzan a interponerse entre el texto consultado y la obra original. Un ejemplo que me gusta citar es el de una obra que puede todavía estar vigente en muchas de sus propuestas de fondo, pero que ya tiene más de un siglo de circular, como es La rama dorada de James Frazer.

A menudo ve uno que se cita la edición consultada, con fechas tan cercanas como 1996, pero la obra fue originalmente publicada en 1890; y la edición al español se elabora a partir de la edición abreviada de 1922. Lo que estos años nos dicen del contexto cultural e ideológico es mucho y debe tomarse en cuenta cuando se valora algún dato indicado por Frazer. Por ejemplo, hace afirmaciones como “En un pueblecito cercano a Salwedel yerguen un árbol ‘mayo’ en Pentecostés y…” (164). Aquí lo único certero es que en 1890 todavía en ese pueblecito tenían la costumbre de erguir un árbol “mayo”; pero ¿la tienen todavía, en la actualidad, más de un siglo después?

Con esta obra en especial, hay que tener otro cuidado: la edición es distinta de la reimpresión. Mi ejemplar fue reimpreso en 1996, pero corresponde a la segunda edición de 1951.

En el caso de las obras clásicas, cuya fecha exacta de publicación es incierta, se cita la fecha de traducción y se explicita el dato de que se trata de una traducción. Este es el modelo APA para este tipo de obras:

(Aristóteles, trad. 1985, p. 147)

Desde luego, si hablamos de una publicación especializada en un tema que cita continuamente obras clásicas, el autor quizás prefiera emplear otras referencias además de la página, como pueden ser las secciones, párrafos o líneas. Gracias a estos sistemas más precisos, es posible navegar en la fuente sin importar la versión del texto empleada por el autor. Por lo tanto, uno puede estar leyendo una obra escrita en inglés en la que se hace una referencia al texto de Plutarco y consultar a Plutarco en una cómoda traducción al español.

Ortotipografía de la referencia parentética

La ortotipografía de la referencia depende directamente del estilo bibliográfico que se esté aplicando. Estos son algunos ejemplos del mismo libro referido con varios estilos bibliográficos:

APA: (Martínez, 2007, p. 63)
Chicago (16.a edición), estilo autor-fecha: (Martínez 2007, 63)
MHRA: (Martínez 2007: 63)
MLA: (Martínez 63)

Los estilos bibliográficos pueden ser más complejos. El CSE, por ejemplo, uno de los más extendidos en áreas como biología, química y ciencias médicas, numera todas sus fuentes bibliográficas y las cita en el texto con un número voladito. La lista de referencias también está numerada, de tal manera que corresponda con el anotado en el texto. El estilo de Vancouver es semejante, pero el número no aparece voladito sino entre paréntesis.

Como puede verse, las diferencias son sustanciales y con más de un millar de estilos bibliográficos circulando en el mundo, entre los estilos más conocidos y sus cientos de variaciones o adaptaciones, siempre será necesario consultar la publicación a la que se enviará el material o el estilo solicitado por la universidad (en el caso de trabajos finales de graduación).

Una observación de todos los estilos aquí puestos como ejemplo es que fueron diseñados para adaptarse a las reglas ortotipográficas del inglés. En castellano, mi variación favorita es la siguiente:

(Martínez, 2007: 63)

Esta ortotipografía, más adecuada para las reglas de la lengua española, coincide con la que aplica José Martínez de Sousa en su Manual de estilo de la lengua española, cuando se refiere al sistema autor-fecha, ahí denominado autor-año o Harvard (2007: 78).

En síntesis

La referencia parentética siempre debe ser tan completa como sea posible y dirigir al lector con toda precisión a la obra citada o parafraseada. De esta manera, no solamente estaremos haciendo un acto de ostentación sobre cuántos autores decimos conocer o haber utilizado; también estaremos actuando de manera transparente y honesta al proporcionar toda la información precisa para que cualquier persona pueda comprobar nuestras afirmaciones y verificar la exactitud de nuestra comprensión o transcripción de las ideas referidas.

Fuentes consultadas

Hacker, D. & Fister, B. (2010). Research and publication online, 5th edition [Página web]. Hacker Handbooks.

Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.a ed.). Gijón: Ediciones Trea.

Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.

Modern Human Research Association (2008). MHRA style guide: A handbook for authors, editors, and writers of theses (2.a ed.). [PDF]. Londres: Modern Humanities Research Association. Recuperado de <http://www.mhra.org.uk/Publications/Books/StyleGuide/download.shtml&gt;.

Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.a ed.). Nueva York: Autor.

University of Chicago Press (2010). The Chicago Manual of Style (16.a ed.). Chicago: Autor.

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Estilos bibliográficos

La escritura académica está inevitablemente atada a los estilos bibliográficos. Ningún ensayo académico respetable, en cualquiera de sus formas (científico, de divulgación, didáctico, formativo), está completo sin las referencias de las obras consultadas para su elaboración. Pero no basta con disponer de los datos de las obras leídas y referidas en el texto: además debe hacerse con precisión, elegancia, coherencia y uniformidad. En otras palabras, se necesita seguir un estilo para el formato de las referencias, citas y la elaboración de la lista de obras citadas o bibliografía.

Algunas universidades e instituciones han diseñado sus propios lineamientos bibliográficos. Otras, en cambio, han optado por elegir un sistema ajeno. Uno de los principales problemas de las universidades latinoamericanas es que los sistemas más prestigiosos y difundidos han sido diseñados en países de habla inglesa, bajo reglas ortográficas distintas a las nuestras.

La selección del estilo
El estilo bibliográfico debe elegirse antes de iniciar una investigación, escrito o publicación. Algunas universidades, departamentos, revistas o editoriales ya tienen sus propios manuales o han optado abiertamente por un estilo definido. Siempre conviene revisar la normativa de cada institución y solicitar los manuales respectivos.

En caso de que la institución no disponga de lineamientos claros, queda bajo la directa responsabilidad del autor (estudiante o escritor) elegir un estilo de citación coherente y aplicarlo de manera uniforme en toda su obra.

El estilo bibliográfico debería elegirse de acuerdo con el tipo de escrito y su campo de especialización. No conviene, por ejemplo, seguir un estilo diseñado para el área de humanidades en un campo científico. Cada disciplina tiene sus particularidades y convenciones; por lo tanto, siempre conviene informarse del campo propio, los estilos más difundidos entre la comunidad de científicos para la que se escribe y elegir el sistema más versátil para las particularidades bibliográficas de nuestra investigación.

Con el fin de ofrecer elementos de juicio para la selección de un estilo bibliográfico, aquí haremos una reseña de algunos estilos que pueden ser tomados en cuenta.

Estilo de la editorial de la Universidad de Chicago
Este es uno de los más antiguos, prestigiosos y constantemente actualizado estilo bibliográfico. Se publica a través de su manual, The Manual of Chicago Style (El manual del estilo de Chicago); no conozco ninguna traducción al español y sería, en todo caso, bastante difícil de hacer, dada su extensión y grado de especificidad. Algunos temas, como las referencias legales o los derechos de autor, no podrían traducirse sin una adaptación a los sistemas legales de nuestras naciones. Sin embargo, es una obra vasta que en más de un siglo de publicación ha llegado a contemplar una norma casi para cualquier clase de problema bibliográfico. Este manual se publica desde 1906, y su decimosexta edición vio la luz en el 2010. Esta fue la primera edición en publicarse simultáneamente en papel y en línea.

Sus capítulos sobre creación de bibliografías son los más extensos y detallados que he visto hasta el momento (más de 150 páginas, dentro de un manual de más de 1000 páginas). La más reciente edición contempla, además, numerosos ejemplos de materiales en formato electrónico.

Tiene la ventaja de ser un sistema coherente y muy detallado con dos grandes variantes: el sistema de notas al pie y el sistema autor-fecha. El autor o la editorial elige cuál de los dos se ajusta mejor a su tipo de obra y de público y, para ambos, hay normas detalladas. Muchos otros sistemas emplean el formato básico de Chicago como referencia y gran parte de la tradición oral que se hereda en aulas universitarias tuvo su origen en este sistema, aun cuando ni docentes ni estudiantes puedan recordarlo ya. Para estudiantes de tesis, se recomienda también el manual Turabian, una adaptación de Chicago especialmente para este campo.

Además de los dos capítulos dedicados exclusivamente al formato de las referencias bibliográficas, el manual detalla lineamientos sobre partes de la publicación, preparación y edición de originales, ilustraciones y cuadros, derechos de autor y permisos, gramática y estilo, puntuación, ortografía, nombres y términos, ortotipografía de las cifras y matemáticas, abreviaturas, vocablos en lengua extranjera, citas y diálogos y creación de índices.

Es muy utilizado en el campo de la historia y otras humanidades.

El manual puede comprarse a través de Amazon. También se puede adquirir una suscripción anual a la versión en línea, muy útil y versátil.

Manual de la APA
Quizás por moda, quizás por comodidad, durante la última década, muchas universidades latinoamericanas han optado por el estilo de la American Psychological Association (Asociación Norteamericana de Psicología [APA]). Aunque se ha generalizado su uso entre diversas ciencias sociales, no son raros los casos de departamentos científicos y hasta del área de la salud cuyos académicos elaboran sus tesis y artículos con el estilo APA.

De los sistemas que enunciamos aquí, es el único del que conozco una traducción al español; en este caso, elaborada por la editorial Manual Moderno.

Según se indica en la introducción de la quinta edición, el estilo APA es una variante del sistema autor-fecha del estilo bibliográfico de la Universidad de Chicago; no obstante, altera muchos de los lineamientos propuestos en ese manual y, a la fecha, ya se ha alejado bastante en algunos puntos.

Conviene alertar sobre algunos problemas de traducción de la versión de Manual Moderno. Aun cuando el equipo de esta editorial hace una labor muy loable, hay puntos en donde no se ha adaptado el estilo a las reglas del español, o en donde en el proceso de traducción quedaron pendientes adaptaciones necesarias. También es necesario cuidar la aplicación de algunas reglas que, en nuestro contexto, pueden resultar poco prácticas.

El manual de la APA se encuentra en su sexta edición (2009) y ya está disponible la traducción al español (2010).

Manual de la MLA
La Modern Language Association (Asociación Moderna de Lengua [MLA]) publica su manual desde 1985, ya en la tercera edición: MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (2008). Este estilo bibliográfico es ideal para los estudios literarios y se ha difundido su uso en el campo de las humanidades. Difiere bastante de los estilos de Chicago y de la APA, pero está mejor adaptado a la cita de fuentes literarias, poesía y obras clásicas.

Manual de la MHRA
La Modern Humanities Research Association (Asociación Moderna de Investigación en Humanidades [MHRA]) fue fundada en Cambridge (Inglaterra) en 1918 y su estilo bibliográfico es seguido por múltiples instituciones europeas. Es muy similar al de Chicago y tiene la ventaja de ser gratuito, puesto que se puede descargar libremente del sitio web de la asociación.

Es muy adecuado para áreas de humanidades, como pueden ser publicaciones en el campo de la historia. Por su similitud con Chicago, y por el hecho de poderse usar libremente, es un estilo que merece consideración.

Vancouver y el Council of Science Editors (CSE, antes CBE)
En el campo de la salud y las ciencias exactas, respectivamente, estos dos estilos tienen gran prestigio y mucha tradición en Norteamérica. El estilo CSE se emplea especialmente en el campo de la biología, pero se ha extendido su uso a otras ciencias. Algunas personas encuentran complejo el estilo de Vancouver, puesto que en lugar de un sistema de autor-fecha, numera cada una de las referencias. Este método complica la creación de la lista de referencias final. Sin embargo, para publicaciones en estos campos, ambos sistemas deben ser considerados.

Blue Book
El Blue Book o libro azul es el estilo diseñado por la Universidad de Harvard para la citación de fuentes jurídicas. Los lineamientos para fuentes jurídicas de los manuales de Chicago y la APA se basan en esta publicación, pero conviene notar que no siempre se puede aplicar en países cuyo sistema jurídico difiere del norteamericano (basado en jurisprudencia).

Normativa ISO
Las normas ISO forman parte de los lineamientos de estandarización de la International Organization for Standardization [Organización Internacional de Normalización]) fundada en Londres en 1946. Este no constituye un estilo bibliográfico propiamente dicho, sino un marco normativo para que cada institución u organización formule su propio estilo. La norma ISO 690 se encuentra en su tercera edición (2010). El documento original de ISO está sujeto a derechos de autor y debe ser adquirido en el sitio web de esa organización o en cualquiera de sus filiales en cada país por un precio superior a los $100; pero una interpretación gratuita de estas normas, elaborada por Javier Bezos, puede descargarse en el sitio Tex y Tipografía.

La normativa UNE para referencias bibliográficas, realizada por la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR) es el equivalente de la normativa ISO para España.

En síntesis
Considero que es un error de los académicos casarse con un estilo bibliográfico extranjero solamente porque está de moda o por desconocimiento de las alternativas. De los estilos aquí mencionados, ni uno solo ha sido diseñado para ser empleado en la lengua española y solamente dos de ellos han sido adaptados de alguna manera (APA e ISO). Debido a los problemas de derechos de autor, solamente uno de estos estilos (el de la MHRA) está libremente disponible en línea. La interpretación y adaptación de Javier Bezos del ISO también es gratuita, aunque el manual original de esta institución no lo es.

Es nuestra responsabilidad elegir el estilo más adecuado para nuestra publicación y conocerlo a fondo. Debemos ser conscientes de las implicaciones de elegir un estilo. Por ejemplo, no es conveniente decidir emplear el estilo de la APA y basarse en algún resumen de segunda mano para aplicarlo: lo correcto sería adquirir el manual y revisar cuidadosamente la traducción para adaptarlo adecuadamente a nuestra lengua.

Una vez elegida la convención bibliográfica y resueltos sus pormenores, el resto es divertimento académico: leer, entretejer, citar y crear… con estilo.

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APA: la sexta edición ya está disponible en español

La sexta edición del manual de la APA (American Psychological Association [Asociación Norteamericana de Psicología]) está disponible en español desde el pasado mes de octubre. El equipo de la editorial Manual Moderno se ha encargado de traducir esta nueva edición, manteniendo las pautas para las ediciones anteriores, también producidas por este equipo.

Hacer la traducción de una obra como estas supone un gran esfuerzo y la toma de muchas decisiones editoriales. El mérito es mayor, por cuanto se ha logrado cumplir esta meta a un año de la publicación de la obra en inglés. Por ese esfuerzo, mi felicitación al equipo.

Por otro lado, estas decisiones –siempre humanas– forzosamente implican adoptar criterios, vocablos y lineamientos que podrán complacer a unos lectores y no a otros. El señalamiento de estos puntos específicos, por cualquier argumento válido, no implica que la labor de traducción tenga menos mérito.

Durante las próximas semanas, en este blog publicaremos comentarios puntuales sobre algunas de las decisiones editoriales propuestas por el equipo de Manual Moderno que podrían someterse a revisión y consideración por parte de los usuarios. No obstante, esto no se hará en tono de crítica destructiva, sino de sana discusión académica sobre un producto que ha sido el resultado del esfuerzo y la toma de decisiones de un equipo. Sin esta traducción, el manual no sería accesible a tantas personas que, en América Latina, enfrentamos diariamente la decisión de nuestros entornos universitarios de utilizar el estilo APA.

¿Dónde comprarlo?

Para quienes tengan interés en adquirirlo y habiten fuera de México, pueden revisar el sitio web de la editorial Manual Moderno para buscar distribuidores en su país. Otra alternativa es comprarlo a través de Amazon. El precio de venta oscila entre 25 y 35 USD (Amazon lo cambia sin razón aparente, así que si va a adquirir el suyo, tenga paciencia: añada el manual a su lista de deseos o a su carrito, obsérvelo varios días y espere a que baje a 25 USD).

También están disponibles la Guía para el maestro y la Guía de entrenamiento para el estudiante, con ejercicios para aprender a aplicar el estilo APA, así como la Versión abreviada del manual, empastada en resorte para la consulta rápida de las reglas.

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Citas textuales: ortotipografía de las citas largas

La definición de cita larga, como vimos en un artículo anterior, es un límite arbitrario establecido según el manual de estilo bibliográfico que se esté utilizando. En APA se sitúa en cuarenta palabras; en MLA, se define como una cita superior a cuatro renglones; Roberto Zavala la traza en cinco renglones (1995: p. 301) y José Martínez de Sousa en más de seis líneas (Martínez, 2007: p. 72). Personalmente preferiría una medida en caracteres, así que recomiendo la propuesta de APA, por ser menos sujeta a cambio que el ancho del renglón o la línea de cada caja tipográfica.

Las citas textuales largas se sacan del discurso principal, no se integran al párrafo, ni están sujetas a su puntuación: se convierten en un párrafo independiente, en donde aplican varios cambios tipográficos.

  1. Ausencia de comillas. En todos los casos, las citas se escriben sin comillas. Los cambios tipográficos dejarán evidencia suficiente para hacerle saber al lector que se encuentra ante palabras ajenas.
  2. Margen. El párrafo se sitúa a una distancia suficiente del margen izquierdo. APA propone “aproximadamente media pulgada” (p. 171), MLA indica una pulgada, Martínez de Sousa señala un sangrado general con el valor de la sangría empleada en el cuerpo de texto principal. El margen derecho se deja intacto, aunque a algunos editores les gusta usar el mismo valor elegido para el margen izquierdo, de manera tal que la cita se ve “centrada” en la página. El efecto final es el de un bloque de texto independiente dentro de la caja tipográfica.
  3. Cuerpo de la letra. APA y MLA no mencionan ningún cambio en el tamaño de la letra; sin embargo, sí es práctica editorial generalizada el disminuir el tamaño de la letra de las citas largas. Así lo corrobora José Martínez de Sousa (2007) y Roberto Zavala (1995) propone, específicamente, un punto menos que el cuerpo del texto.
  4. Separación de los párrafos anterior y posterior. En APA y en MLA no se aplica ningún espacio de separación. En los usos editoriales, en cambio, la cita se separa un renglón o espacio (o un cuadratín, dice Zavala) de los párrafos inmediatamente anterior y posterior a la cita (Martínez, 2008: 454).
  5. Espaciado. Los manuales de APA y MLA indican que el texto de la cita debe escribirse a doble espacio, pero cabe hacer la aclaración de que también indican que todo el manuscrito se escribe a doble espacio. Por lo tanto, la regla puede interpretarse como que la cita llevará un espacio análogo al del cuerpo de texto.
  6. Sangría. MLA, APA, Martínez de Sousa y Zavala coinciden en que una cita larga compuesta por un solo párrafo se escribe sin sangría. No obstante, si se compone de varios párrafos, los siguientes párrafos deberán llevar sangría inicial (Martínez, 2008: 454; Zavala, 1995: 301; APA, 2009: 171). La única excepción la hace el manual de MLA, puesto que en caso de citar dos párrafos o más, recomienda ponerles sangría a todos, siempre y cuando también el primer renglón del primer párrafo de la cita sea, en la fuente, un inicio de párrafo. De esta manera se le indica al lector experto si este es o no un párrafo independiente en la fuente consultada.
  7. Puntuación. A diferencia de lo que se veía en la cita corta, integrada en el texto del autor, en donde el punto se sitúa siempre después de la información parentética, los manuales de APA y MLA proponen que en las citas largas se debe respetar la puntuación de la fuente. Por lo tanto, si la última oración termina con punto final, se coloca este punto antes de la información parentética y luego se coloca otro punto después del paréntesis de cierre (para respetar la regla en español [Diccionario panhispánico de dudas, “paréntesis”, §3.a]; en inglés ese último punto es innecesario).

Otras maneras de dar formato a las citas
Martínez de Sousa menciona que existen otras alternativas editoriales para destacar las citas, no solo la que estamos proponiendo aquí de forma general. Por ejemplo, si el cuerpo de texto está a doble espacio y se elige no reducir el tamaño de la letra de la cita, esta irá a espacio sencillo, sin comillas. O bien, se puede elegir no darle un sangrado especial a la cita, pero siempre deberá ir en un cuerpo menor y distinguible del resto del texto. También existe la posibilidad de no hacer ningún cambio tipográfico del todo. En este caso, las comillas son obligatorias, tanto al inicio del primer párrafo, como de todos los demás párrafos que vengan después, en los que se usan las comillas de seguimiento; es decir, en lugar poner las comillas de apertura al inicio de cada párrafo, se escriben las comillas de cierre (» o ”), para indicar que la cita se inició desde el párrafo anterior y aún no ha terminado (Martínez, 2007: pp. 72-73; 2008: pp. 453-454).

Estas corresponden a variantes que a menudo encontramos en alguna publicación, pero cada vez se ven en menor cantidad.

La elipsis o supresión de texto en una cita
Sobre este tema tan complejo ya habíamos publicado varios artículos. Remito a su lectura, porque complementa la ortotipografía de las citas textuales y, sin duda, es necesario tomar en cuenta esas normas durante la escritura de obras académicas:

En síntesis
Si bien conviene revisar las reglas del manual bibliográfico al que uno debe apegarse (ya se trate del manual de una casa editorial o de una normativa bibliográfica, como las de Chicago, APA y MLA), la atención a los detalles hará que las citas bibliográficas de nuestra obra académica sean al mismo tiempo funcionales, precisas, exactas y elegantes.

Se deben evitar vicios como destacar todo el párrafo especial al escribirlo entre comillas o con negrita, cursiva u otra familia tipográfica. La elegancia está en la simplicidad tipográfica.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2007). Manual de estilo de la lengua española (3.
a ed.). Gijón: Ediciones Trea.
        
Martínez de Sousa, J. (2008). Ortografía y ortotipografía del español actual (2.
a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008). MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.
a ed.). New York: Author.

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Citas textuales: ortotipografía de las citas cortas

Las citas cortas se escriben con las mismas características tipográficas del cuerpo de texto principal: en redonda, con el mismo cuerpo de letra, con la misma fuente. Un error usual es aplicar cursiva o negrita a la cita. Incluso hay quienes varían la fuente de la letra.

Quizás exista algún manual de estilo bibliográfico en el mundo que sugiera el uso de la cursiva en las citas textuales. De todas maneras, habría que evitar el doble destacado: si se usan comillas, ¿para qué cursivas? Si se usan cursivas, ¿para qué comillas? No obstante, en este último caso, ¿cómo sabe el lector inequívocamente que es una cita textual y no una idea que el autor quiere destacar?

Por esas razones, la única marca tipográfica para indicarle al lector que está a punto de iniciar o finalizar una cita deben ser las comillas dobles. Se emplean las de apertura (“) o cierre (”), según se sitúen al inicio o al final de la cita. Si el texto se publica para el territorio español, se emplearán las comillas de codo, cuadradas o españolas: « ». [Sabemos bien que la Real Academia Española y José Martínez de Sousa (2008: 332-335) consideran incorrecto el uso de las comillas inglesas o voladitas, por ser un anglicismo tipográfico. Sin embargo, quienes vivimos en el medio editorial latinoamericano no podemos luchar contracorriente cuando la práctica es completamente ajena a la norma: aquí es tan usual y correcto usar las comillas inglesas, como lo es en España usar las comillas españolas].

Las comillas de apertura se separan por medio de un espacio en blanco de la palabra que las antecede; pero van unidas y yuxtapuestas a la primera palabra de la cita textual. La misma regla se aplica a las comillas de cierre, pero inversamente: las comillas se unen a la última palabra de la cita textual y se separan de la palabra siguiente por medio de un espacio; a menos que vayan seguidas de un signo de puntuación.

Correcto

Recuerdo a tu abuela diciendo “más vale el diablo por viejo que por diablo”, cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.

Incorrecto

Recuerdo a tu abuela diciendo“ más vale el diablo por viejo que por diablo ” , cuando intentaba, sin éxito, engañarla con mis travesuras.

El lugar de la referencia bibliográfica
Existen varios escenarios posibles para situar la referencia bibliográfica de una cita corta. En general, deben seguirse algunas normas en las que los manuales suelen coincidir:

  1. Si el nombre del autor se está mencionando como parte de la redacción del texto y antecediendo la cita textual, justo inmediatamente después del apellido, entre paréntesis, se coloca el año de la publicación. Luego se anota la cita, entrecomillada y, después de las comillas, entre paréntesis, se escribe el número de página respectivo. En sistema APA, debe antecederse por la abreviatura de página (p.). Después del paréntesis no se escribe ningún signo, a menos que se trate de la puntuación propia de la oración.
  2. Si el nombre del autor no se menciona antes, toda la información parentética se escribe, como es usual, en el paréntesis al final de la última palabra de la cita, después de las comillas, separado por un espacio en blanco de las comillas, sin punto en medio. El punto se sitúa al final de la información parentética (si ahí termina la oración) y nunca antes del paréntesis.

Ejemplos correctos de aplicación APA

En el Códice Florentino, afirma Portilla (2003), “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones” (p. 73).

La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto” (Olson, 1994/1997: p. 170).

Incorrecto

En el Códice Florentino, afirma Portilla, “hay elementos que coinciden claramente con otros que se localizan en códices de otras regiones”. (página 73).

La interpretación de las ideas es uno de los temas centrales cuando se hace el esfuerzo de traducir un texto de una lengua a otra: “Como todo traductor sabe, la traducción tiene que estar dominada por el sentido, no por las meras palabras de un texto”. (Olson, 1997: p. 170).

En el último ejemplo, adrede he utilizado una obra traducida al español. Se está usando la traducción de 1997, pero la obra fue publicada originalmente en 1994. Omitir este detalle es un error frecuente en la escritura y edición de obras académicas. (Ver artículo Las referencias de obras traducidas en APA”).

¿Y si hay comillas dentro de las comillas?
En este caso, las palabras que en la publicación original se escribían entre comillas dobles, en la cita textual se escribirán entre comillas sencillas, como una manera de mantener el destacado sin renunciar a la ortotipografía de la cita textual. En las ediciones españolas, en donde se emplean las comillas angulares, se emplean las comillas inglesas, porque habrá suficiente contraste entre unas y otras.

En este escenario, existe un agravante: ¿qué pasa si la palabra entrecomillada en el texto original es, además, la última palabra de la cita que estoy extrayendo? ¿Escribo tres comillas juntas? ¿Dejo un espacio en blanco entre las dos?

En cualquiera de los dos casos se ve mal, eso no se pone en duda. Lo ideal sería extraer la cita de tal manera que jamás una palabra entrecomillada en el texto original sea, a su vez, la última palabra de nuestra cita. Pero si es del todo inevitable, y si no queda nada por hacer, José Martínez de Sousa propone separarlas ligeramente, con medio espacio (no con un espacio completo). Me robo su ejemplo, por ser muy vehemente y claro:

«El Eterno habló a Moisés y dijo: “Habla a toda la asamblea de los hijos de Israel y diles: ‘Sed santos, porque yo soy santo, el Eterno, vuestro Dios’ ».

Desde luego, si me preguntan cómo haría en un libro latinoamericano, sin comillas angulares para citar ese ejemplo, tendría que recomendar usar todas las comillas, incluso las angulares, tal y como se emplea ahí, porque esa es una cita excepcional en sus características.

Ahora bien, en tanto editora y correctora a veces prefiero la otra vía fácil: cambiar la redacción, cambiar la cita, hacer que la cita sea más larga y darle tratamiento de cita larga (sin comillas al inicio y al final de la cita) o cualquier otra modificación mayor que, por eliminar la causa del problema, elimine también el problema. Si nosotros somos los amos y señores de nuestro texto, ¿quién nos impide modificarlo a voluntad? Dilema tienen los correctores de pruebas, quienes no podrían sugerir tan invasiva corrección.

Lista de referencias
American Psychological Association (2009). Publication Manual of the American Psychological Association (6.a ed.). Washington, D.C.: Author.
Martínez de Sousa, J. (2008).
Ortografía y ortotipografía del español actual (2.a ed.). Gijón: Trea.
Modern Language Association of America (2008).
MLA Style Manual and Guide to Scholarly Publishing (3.a ed.). New York: Author.

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