¿Cuáles son las funciones de una referencia?

El propósito básico de una referencia es referir. ¿Por qué violo todas las reglas de escritura diciendo lo obvio? Porque he visto personas usar la palabra –y más grave aún, hacer referencias– sin plena consciencia de su significado o propósito último. La palabra misma se ha desnaturalizado: describe un producto académico, un formato determinado y hasta una fórmula de escritura sujeta a reglas de composición textual y ortotipográfica. Pero ¿cuáles son sus funciones y cómo debo hilarla dentro del texto?

Primera función: el mapa del lector itinerante

En el medio académico, la esencia de referir es conectar dos textos: por un lado tenemos las exposiciones, argumentaciones y conclusiones de un autor y, por el otro, los muchos documentos, influencias y bases de donde este autor ha formado sus propias opiniones; es decir, sus fuentes. Un texto envía a otro y nos ayuda a reconstruir el itinerario de su autor, el origen de sus ideas y los antecedentes de sus afirmaciones. El texto se convierte en un mapa de viaje para el lector con interés de profundizar en un tema, dato o argumento en particular.

[Pongo esta función en primer lugar porque es la más lúdica, interesante y fascinante para mí (gustos personales, no verdades académicas). Me encanta tomar un libro y saber que tengo la libertad para llegar hasta cualquiera de las fuentes mencionadas].

Revisar la fuente original tiene valores académicos añadidos: la posibilidad de verificación y el análisis de la tradición académica del texto.

La verificación es esencial, todavía más si uno es lector-editor o pretende especializarse en algún tema de estudio. No solo sirve para ver si lo que dice este autor es verdadero, sino para comprobar cuán acertada puede ser su interpretación del pensamiento referido.

La tradición académica también me da muchas pistas sobre las elecciones y exclusiones del texto por leer. No todos los paradigmas son compatibles entre sí. Hay corrientes teóricas que se repelen y excluyen mutuamente. Una mirada a la lista de referencias puede ser suficiente para conocer el pedigree del texto: quiénes son sus padres, hijos y parientes, de dónde viene y, por lo tanto, qué puedo esperar.

Segunda función: crédito a quien crédito merece

La referencia, bien entendida, es la honestidad puesta en práctica. Le doy crédito a quien se lo ha ganado, con su trabajo y esfuerzo intelectual, y confieso el origen de unas ideas que no fueron mías inicialmente aun cuando ya me pertenecen.

El crédito también es una necesidad legal: no puedo explotar la propiedad intelectual ajena para mi propio beneficio egoísta, sin encarar las leyes y penas de cada país y los acuerdos internacionales. Gracias a la referencia, puedo emplear una cierta porción del trabajo ajeno sin acudir a interminables trámites o permisos.

Lo que no se vale es copiar textualmente (sin el uso de la cita directa), parafrasear incorrectamente (cambiar dos o tres palabras y ya decir que yo lo redacté de nuevo) o reproducir páginas y páginas –sin mayor elaboración por parte de uno– mediante un supuesto parafraseo interminable. Cualquiera de estos casos es plagio descarado y tiene consecuencias penales.

Tercera función: la colaboración académica

No se puede monopolizar el conocimiento. Es más, cuanto más se difunde y comparte, más se reproduce (es la razón fundamental por la que mantengo este blog). La humanidad ha llegado hasta donde está gracias al saber acumulado, entendido cada fragmento como patrimonio de la humanidad y no de sus individuos. No se puede llegar a Marte sin dominar el arte del fuego. Así, el primer astronauta le debe todo a la primera fogata de la humanidad.

La referencia es la evidencia del trabajo colaborativo: escribí este artículo (en un momento desvanecido ya), usted lo lee en este instante y miles de ideas nuevas, suyas, arraigadas en sus vivencias y experiencias, se mezclan con mis opiniones. Mi texto queda atrás, usted crea un texto nuevo y toma de aquí alguna frase, palabra o párrafo y, con justicia, lo “refiere” (menciona, indica, señala, da cuentas de su fuente). Usted y yo estamos trabajando juntos (o juntas, tal vez, no lo sé), porque en el producto final –ya patrimonio de la humanidad– quedaron nuestras dos huellas. Pero no nos conocemos ni nos veremos las caras.

Y, sin embargo, quien lea el texto nuevo –el suyo, el que usted escribirá– sabrá que al menos dos personas, usted y yo, tuvimos alguna parte en ese producto de nuestra colaboración distante.

Cuarta función: el peso de la autoridad

He dejado adrede esta función para el final. En la academia (¿o debería escribir Academia, con mayúscula?), a menudo se considera esta como la función esencial de la referencia y se escribe conforme. El resultado son unos textos execrables (pero eso sería tema para otro artículo).

La necesidad de sustentar y enmarcar las propias afirmaciones en una tradición académica reconocida puede llevar a extremos como imponer o forzar la referencia a alguna fuente, cualquier fuente. Es la falsa creencia de que porque lo dijo otro –cualquier Perico de los Palotes, por lo general– ya le confiere autoridad al texto. Falso. Falacia de autoridad.

Cuando se está remitiendo a un texto creado por Perico de los Palotes, a menudo se pregunta uno si vale la pena o no hacer la referencia. Es decir, hay que hacerlo por derechos de autor, pero admitámoslo: ¿quién es el fulano de tal para que yo le dé un lugar prominente en mi párrafo? ¿Es acaso un líder en su campo de estudio? ¿Es quien cambió para siempre la forma de hacer ciencia en su especialidad? ¿Nos ha revelado por fin el significado de la vida? ¿Por lo menos está emitiendo ideas originales, suyas, de su propia cosecha? ¿O es otro desconocido más que ha copiado su texto de otro Perico de los Palotes y lo ha colgado en algún lugar de la Red fácil de acceder a través Google?

Hay autores, en cambio, que cuando abren la boca realmente se nota que tienen la palabra. De hecho, podemos realmente llamarlos autores porque son autoridades. Por lo tanto, si el Perico de los Palotes soy yo (como nos pasa a casi todos los escritores académicos sin renombre), tener la voz de una Vaca Sagrada de nuestro campo será una garantía para nuestro texto.

¿Vicios de esta función de la referencia? Citar por citar a alguien cuyo pensamiento se desconoce, no se entiende o no tiene pertinencia alguna. Citar para hacer un despliegue de erudición, lucirse ante los pares académicos y demostrar cuánto he leído. Citar, en fin, por pura vanidad o, peor aún, ignorancia.

En síntesis

A partir de las cuatro funciones que propongo para las referencias, podemos deducir cuatro sencillas reglas de escritura:

  1. La referencia siempre debe ser completa, precisa y fiel a la fuente.
  2. La referencia debe realizarse conforme a los usos aceptados y válidos en el marco de las leyes y convenciones sobre propiedad intelectual y derechos de autor.
  3. La referencia debe usarse para dar cuenta de quienes han colaborado en nuestro pensamiento, así sea a través de sus palabras e investigaciones.
  4. Los textos referidos deben hacer un aporte real y sustancial a nuestro texto, preferiblemente de autores reconocidos o novedosos dentro de su campo y, de ser posible, con autores y fuentes de primera mano.

A partir de estas reglas generales, podemos hablar de otras particulares, ya propiamente en lo que se refiere a la redacción e integración de las referencias dentro del texto y a su ortotipografía. Pero esas quedan para otros artículos.

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3 comentarios

Archivado bajo Escribir, Escritura, Escritura académica, Escritura técnica, Redacción, Referencias bibliográficas, Trabajo en equipo

3 Respuestas a “¿Cuáles son las funciones de una referencia?

  1. Antonio Rey Gonzalez

    Muy interesantes sus “posts”, pero ¿uno cada dos meses?
    Gracias y un saludo

    • Jacqueline Murillo

      Hola Antonio: hasta estos dos meses atrás, mi promedio era cuatro entradas semanales; algunas veces un poco más. Con el artículo de hoy, retomo mi ritmo usual, tras esta breve ausencia, impuesta por las circunstancias externas, el exceso de trabajo y otros proyectos de escritura a los que les había quitado tiempo debido al blog. Saludos. Jacqueline

  2. Jacqueline:

    Hablando de Academia (no en el sentido de mundo universitario e investigación) y de referencias, tal vez te interese ver cómo en ciertas ocasiones son dos conceptos que no se conectan: http://addendaetcorrigenda.blogia.com/2011/040501–finsaqueorae-los-porques-de-la-campana-para-que-rae-y-asale-publiquen-bibliogra.php

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