Nisaba en Facebook

El blog ha estado un poco silencioso en el último año, sobre todo por razones personales de peso que le roban su tiempo. Sin embargo, no me olvido de él y, sobre todo, me sorprende ver cómo recibe cada día más visitas y suscripciones a pesar de su mutismo.

Tras mucho reflexionarlo, he tomado la decisión de dar un nuevo paso con el blog y, desde hace unos días, tiene ya su página de Facebook. Claro, era una página escuálida, apenas en gestación, sin una sola publicación. Para mi gran sorpresa, hoy alguien ha pasado por ahí y la ha honrado con su primer “Me gusta”. Tal gesto me ha llenado de emoción y esperanza de que Nisaba necesita una zona más abierta para hacer comunidad, más allá de los artículos estáticos del blog.

El blog, por supuesto, seguirá alimentándose en la medida de lo posible, pero este otro lugar, más libre, más breve, más flexible, más al grano, será una excelente oportunidad para compartir, aprender e intercambiar nuestro gusto por los libros, la edición, la lengua, el diseño de libros, la lectura y las tecnologías de la palabra.

Desde ya, ¡les doy la bienvenida!

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Cómo proponer cronogramas editoriales exitosos

Comienza el año y, con él, vienen los nuevos proyectos editoriales. Cuando un libro —o una idea de libro— llega a la mesa de producción, es imprescindible saber con exactitud cuánto tiempo se demorará en llegar hasta las manos de quienes lo leerán y garantizar que esto ocurra en la fecha designada. Para lograrlo, se necesita hacer un esfuerzo de proyección al futuro y diseñar cronogramas detallados que puedan utilizarse como punto de referencia para todos los colaboradores y como guía para la persona encargada de coordinar la edición.

Hay que recordar que muchas personas, de manera inconsciente, dejan todo para última hora. Si en enero del 2014 decimos que el libro debe estar en librería en diciembre del 2015, los inconscientes dicen: “¡Oh! ¡Tenemos mucho tiempo!” y se ven a sí mismos haciendo cómodas entregas en noviembre del 2015, “justo a tiempo”.

El panorama cambia cuando el gran proceso se divide en pasos más pequeños y se proporcionan fechas cada vez más cercanas: revisión editorial, reescritura de manuscritos, revisión de contenidos, corrección de estilo, elaboración de ilustraciones, maquetación, corrección de pruebas, impresión, encuadernación, empaque, distribución, mercadeo… Visto así, a veces se pregunta uno si aquella fecha tan lejana será suficiente.

En este artículo comparto algunas de las prácticas que he aprendido con los años para formular cronogramas que se puedan cumplir, dentro de los plazos disponibles.

  1. Sea realista. A menudo nos llegan solicitudes motivadas por la prisa y el deseo ferviente de obtener resultados inmediatos. A pesar de las buenas intenciones, si no se puede realizar un proyecto con la calidad que se merece, es mejor detenerlo al inicio y no cuando se ha perdido mucho tiempo valioso e irrecuperable.
  2. Conozca sus procesos editoriales. Se debe tener al menos estimado de cuánto se demora en cada paso editorial, según la cantidad de páginas y el grado de dificultad del texto. La suma de esta proyección da una idea general del tiempo total que tardará la edición.
  3. Inicie con un cronograma general. Proponga primero los grandes segmentos: “Entrega de la primera versión del manuscrito”, “Corrección de estilo”, “Maquetación o diagramación”, solo con una fecha de inicio y otra de finalización, sin detallar los pasos.
  4. Divida las grandes etapas en pasos cada vez más pequeños. Las grandes etapas se dividen en pasos con fechas cortas y manejables: “Autor entrega capítulo 1”, “Equipo revisa capítulo 1”, “Autor implementa correcciones al capítulo 1”. Emplear segmentos pequeños contribuye a ganar tiempo al identificar las interferencias en el momento en que ocurren, y no cuando es demasiado tarde para remediarlas.
  5. Comience de atrás hacia adelante. Sitúe en la fecha límite que le han dado los procesos finales, como pueden ser las firmas finales de aprobación, la preparación de preprensa para imprenta, la maquetación o el montaje del texto. Desde ahí, se comienza a avanzar hacia atrás, añadiendo pasos y restando semanas, como la corrección de pruebas, corrección de estilo y corrección editorial. Conforme se van cerrando los meses en el calendario, se visualiza con mayor facilidad cuánto tiempo disponible queda para los procesos más impredecibles y extensos, como pueden ser la escritura del primer borrador, la traducción de una obra o la reescritura de un manuscrito a partir de una corrección editorial profunda.
  6. Añada a cada etapa algunos días para que sirvan de “colchón”. Los retrasos son el pan nuestro de cada día, en especial durante los primeros pasos de la escritura y edición, cuando nadie siente la presión de la fecha de entrega. No suponemos que un autor —tal vez, a lo mejor, quizás— se podría retrasar: sabemos que lo hará, cuando menos el 90 % de las veces. Por lo tanto, si un proceso editorial toma seis semanas, podemos añadir al menos una extra, de modo que haya compensación por retrasos imprevistos, enfermedades, huelgas y falta de inspiración.
  7. Inicie y finalice procesos con los días hábiles de la semana. Esta es una técnica para aprovechar la tendencia inconsciente de entregar a última hora. Si la fecha de entrega se fija en un viernes, en gran cantidad de ocasiones el autor o los revisores se retrasarán, pero harán lo imposible por entregar su parte durante el fin de semana, para que aparezca en el buzón el lunes siguiente. En cambio, si se fija el día un miércoles, por ejemplo, lo más probable es que de todas maneras se retrase la entrega hasta el viernes y no se pueda hacer nada hasta el siguiente lunes.
  8. Contemple fines de semana y feriados. Algunas personas trabajan durante sus vacaciones, otras no. Parta del hecho de que nadie lo hará (tampoco usted) y así no tendrá decepciones más adelante. Además, el descanso es una excelente manera de garantizar textos frescos y de calidad. La explotación a menudo deriva en descuidos y errores costosos.
  9. Rectifique y detalle conforme avanza el proceso. Cuando se acerque a cada etapa, tómese el tiempo para ajustar las fechas propuestas con la realidad cumplida, tomando en cuenta las características del texto y la idiosincracia de los colaboradores, así como para añadir los subprocesos que considere pertinentes para tener una visión más clara y hacer un mejor seguimiento del avance.
  10. Verifique su cronograma. Cuando los colaboradores comienzan a fallar con las fechas de entrega, el cronograma es el instrumento para levantar la alerta y detectar las amenazas. Los retrasos son proporcionales a la etapa que se tiene entre manos. Un retraso en un paso de tres semanas puede ser de uno a tres días sin que implique un descalabro en el cronograma global; pero un retraso en un proceso de ocho meses puede llegar a ser de dos o tres meses y retrasar la fecha de salida de la obra.
  11. Recuérdeles las fechas del cronograma a sus colaboradores. No basta con entregar un documento al inicio del proceso. Muchas personas tienden a olvidarlo y dejarlo por ahí. Quien coordina deberá guiarse por ese documento, consultarlo con frecuencia y recodar las fechas de entrega antes de que llegar al incumplimiento.
  12. Utilice una herramienta informática adecuada. Hay muchos programas para llevar listas de pendientes y elaborar cronogramas, muchos de ellos gratuitos y para todas las plataformas (incluyendo dispositivos móviles). Conviene elegir un programa con el que uno sienta comodidad y utilizarlo. Será una ayuda excepcional para ajustar fechas, programar recordatorios, sincronizar calendarios y como herramienta de referencia para mantener a los equipos al día.

Para que un cronograma se cumpla con poco o ningún retraso, debe trasladarse del papel a la práctica y esto es función de quien lo formula, lo comprueba, lo recuerda y lo aplica.

Una advertencia: el cronograma es una guía y un instrumento. No es un fin en sí mismo y una excesiva rigidez con su cumplimiento puede llevar a disputas innecesarias. Cuando un colaborador no puede entregar a tiempo, es más saludable solicitarle que lo comunique de antemano, extender el plazo y hacer ajustes a futuro. Incluso si llega la fecha y no se comunica, se le envía un mensaje de recordatorio de las fechas y se le solicita que indique una nueva fecha para la entrega de su material, en un plazo razonable (por esto es que se necesita tener siempre “colchones” dentro del cronograma). Si bien queda a criterio del editor aceptar o no la nueva fecha, esto demuestra apertura, flexibilidad y disponibilidad para negociar. Si el colaborador ha tenido un imprevisto, esta clase de apertura se agradecerá, favorecerá una relación armoniosa y garantizará futuras colaboraciones.

El cronograma, como técnica para alcanzar metas, tiene grandes ventajas; entre ellas, que es posible saber siempre en qué parte del proceso se encuentra, cuánto falta por realizar y, como una pequeña recompensa para el ego, cuánto se ha logrado ya. Las recompensas emocionales son fabulosos instrumentos de motivación, en especial cuando lidiamos con plazos extensos y distantes.

Estos son mis pequeños trucos para tener éxito con mis cronogramas y publicar a tiempo. ¿Y usted? ¿Cómo logra cumplir sus metas editoriales?

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Normas de cortesía para hacer comentarios y edición

En lo personal, creo que nada puede prepararnos para recibir comentarios sobre nuestro escrito. Confieso aquí que, a pesar de trabajar en corrección, de conocer todos los beneficios de los aportes de lectores externos, de participar de lleno en procesos de edición y de estar al tanto de la inevitabilidad del error, todavía rujo durante horas cuando alguien trata de cambiarle siquiera una coma a mis textos. Yo esperaría tener la madurez para aceptar la crítica sin remordimientos, pero no puedo evitarlo: mi ego se siente agredido y amenazado, con razón o sin razón, eso le importa poco. La reacción es inconsciente, es vehemente y, sobre todo, es visceral e incontrolable.

Visto así, como escritora, es que aprecio, valoro y recomiendo el uso de la diplomacia en el proceso de edición y corrección de textos. Nuestro trabajo es ser implacables, pero eso no significa que debamos hacerlo con grosería y falta de tacto.

Por eso, con base en mi experiencia, comparto estas diez recomendaciones —a modo de lineamientos— para comentar un texto:

  1. Se respeta y reconoce la labor ajena. Un texto es el resultado de un acto de investigación, creatividad y expresión. Quien escribe ha dejado de hacer algo abandonado en su vida por escribir ese texto. Reconozcamos y agradezcamos la puntualidad, dedicación y responsabilidad de quienes colaboran en nuestro equipo.
  2. El texto es de otra persona, no es nuestro. Se le revisa con su permiso y siempre desde lo que está tratando de expresar, ya sea que lo logre o no. Lo que el editor o corrector habría escrito es irrelevante. Lo que interesa es lo que ya escribió la otra persona y cómo puede mejorarse.
  3. Se corrige el texto, no se juzga a la persona. Al hacer las recomendaciones puntuales, siempre hay que redactar haciendo énfasis en el texto, en su relación con el público al que va dirigido, en los contenidos y su enfoque, en la gramática o la forma de expresión. No estamos juzgando a la persona ni la estamos calificando: el objetivo es pulir y perfeccionar el texto como el mejor producto que ese texto —con sus características e idiosincrasia— pueda ofrecer.
  4. Se corrige lo que se ha solicitado. Cada quien ha de atenerse a su función editorial y saber hasta dónde pueden llegar sus observaciones. No se vale ser especialista de contenidos y dedicarse a hacer corrección de estilo; o bien, señalar errores estructurales cuando la obra ya está en corrección de pruebas. No solo se invade el campo de otros profesionales —y a veces, con errores— sino que se desatiende aquello para lo que se le pidió criterio.
  5. Al fin de cuentas, la nuestra es una opinión. La edición no es una ciencia exacta. Tiene mucho de opinión, enfoque, subjetividad. Se arraiga en la experiencia personal, en la formación académica, en los intereses y hasta en las ideologías y discursos que nos atraviesan. Reconocerlo y hacerlo explícito al hacer nuestros comentarios es beneficioso, porque hacer observaciones es iniciar un diálogo, no crear un pulso de poder. Esta técnica contribuye a que las observaciones no se perciban como un ataque y permite que el autor las analice con una actitud más receptiva.
  6. Pero es una opinión fundamentada. Toda observación deberá estar respaldada por argumentos válidos y, cuando sea necesario, documentación o bibliografía especializada. No se trata de ejercer el gusto o la preferencia personal, sino de recomendar lo que resulte mejor para el texto y la publicación, siempre tomando en cuenta la norma lingüística, la línea editorial y las características del público lector.
  7. Se señala el problema y se ofrece la solución. La crítica por la crítica es un acto de arrogancia y exhibicionismo. El protagonista aquí es el texto que se corrige, en función de la editorial y del lector; a nadie le interesa la erudición del editor o del especialista en contenidos. Por lo tanto, siempre que se señale un error ha de ser porque existe y se conoce la manera de mejorarlo a través de una alternativa viable, respetuosa y compatible con el estilo de la obra.
  8. Hay que saber cuándo parar. Corregir puede ser un vicio y, si nos ponemos a hilar fino, todo se puede corregir. Es un texto ajeno y que no se puede reescribir indefinidamente. Por eso, se eligen las batallas, se corrige lo esencial y se deja lo demás legible, pero bajo la responsabilidad del autor, no la nuestra.
  9. Se destacan las virtudes del texto. Si algo durante la lectura nos impacta de manera positiva, no está de más decirlo. Será un pequeño bálsamo para el ego del autor en medio de tantos tachones y comentarios adversos.
  10. Se elabora una síntesis. Antes de devolverle el texto al autor, tan lleno de observaciones que se le pueda hacer irreconocible, vale la pena hacer un breve resumen de los aspectos generales y, de manera diplomática, indicar las razones para las sugerencias puntuales. Esta síntesis debe comenzar por destacar los aciertos y méritos del texto. De esta manera, el autor sabrá que no se le ha juzgado y que su obra no es una basura lista para descartar. Comprenderá el mensaje correcto: es un texto perfectible, dentro de una cadena de producción y requiere de ajustes que le ayudarán a aumentar su calidad.

Debo insistir en el tema de hacer explícitas las virtudes y logros del texto. Como norma general, nos centramos en marcar error tras error y, al final, olvidamos decirle al autor que, después de todo, su texto vale la pena y, quizás, hasta tenga el potencial para ser un nuevo hito editorial.

El silencio no es un elogio. Siempre habrá algo que podamos rescatar del material leído. Tal vez está lleno de entusiasmo; quizás ofrece una visión fresca pero desordenada; a lo mejor es ameno y entretenido, pero le falta profundidad y fundamento. No importa cuál sea su virtud, conviene encontrarla, porque esta persona ya entregó muchas horas de su vida a escribir y, con nuestras observaciones, le estamos pidiendo que dedique otras tantas a reescribir. Lo menos que podemos hacer es enfatizar por qué vale la pena el esfuerzo.

Por último, hay una máxima inevitable: el autor puede estar en desacuerdo con nuestras observaciones. Hemos de prepararnos para escuchar sus contrargumentos, aceptar sus razones y llegar, por la vía de la negociación, a un punto medio que satisfaga a ambas partes. El texto es del autor, pero el respaldo de calidad es el de la editorial; de ahí que lograr un equilibrio entre las intenciones de ambos sea crucial en el proceso de publicación.

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La escritura por objetivos: palabras, páginas, plazos

La escritura como actividad profesional trasciende las costumbres y actos del mero pasatiempo. Un pasatiempo se realiza cuando la inspiración llame, en el tiempo libre, sin objetivos ni plazos. La escritura profesional o, cuando menos, comprometida, tiene otros requisitos: se realiza todos los días, en un horario establecido y ha de cumplir metas concretas.

Desde luego, las metas más relevantes son las de contenidos: escribir un capítulo, un apartado, un fragmento, un cuento, una escena…

Pero también existen las metas más puntuales y muy tangibles, por palabras o páginas y por plazos, ya sea para un proyecto completo o para cada fragmento, sección o apartado.

En este blog siempre hemos promovido el uso de herramientas profesionales para la escritura. Mientras que la única estadística que Word proporciona es el conteo de palabras y páginas, Scrivener (http://www.literatureandlatte.com) ofrece una auténtica herramienta para seguimiento de objetivos, en parte diseñada para apoyar a quienes participan en NaNoWriMo (el mes nacional de escritura de novelas, http://nanowrimo.org/) y, en general, para cualquier persona que se proponga establecer hábitos profesionales de escritura de textos.

Objetivos de escritura

Scrivener tiene una herramienta denominada Objetivos del proyecto. Se sitúa en el menú Proyecto.

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Una vez activada, despliega una ventana de diálogo en la que se puede especificar una meta global para el manuscrito. Si, además, se configura una fecha de finalización, el programa ayudará a calcular la meta diaria de palabras que se requiere para completar el proyecto. Para cambiar la meta global, basta poner el cursor encima de la cifra que se desea alcanzar. En el siguiente ejemplo, se pone el cursor en donde dice “50.000” y se cambia por cualquier cifra que uno desee. En donde dice “palab…” hay unas flechas con las que se puede cambiar la medida de “palabras” a “páginas”, según se necesite.

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Para configurar la fecha, es necesario accionar el botón Opciones en esa ventana de diálogo. Aparecerá otra ventana nueva en donde se podrá especificar otros detalles, como la fecha de finalización, si se desea reiniciar la sesión a la medianoche e incluso si se permitirá escribir el día de finalización del plazo.

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De esta manera quedan configurados los objetivos del proyecto. Si se activan las notificaciones, el programa emitirá un aviso cuando se alcance la meta del día; una excelente manera de mantenerse alerta y a la espera del esperado aviso de éxito.

Además de establecer metas para el proyecto, también puede ser útil definir objetivos por documento. En tal caso, se crea un documento nuevo en el manuscrito y se busca un pequeño símbolo, similar a una espiral, situado en la esquina inferior derecha de la barra inferior del documento. Se pulsa sobre el símbolo y se despliega una ventana de diálogo en donde se puede establecer una meta para ese documento.

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La ventaja de este método es que el programa mostrará una barra de avance del manuscrito que irá pasando del color rojo al amarillo, hasta llegar al verde, cuando se haya alcanzado la meta de escritura. Este método contribuye a mantener una elevada motivación y sirve para ayudarse en momentos en que la única consigna es seguir escribiendo, o cuando se tiene un proyecto muy estructurado, con partes que han de tener una extensión similar.

Estadísticas del proyecto

Scrivener se toma muy en serio la información estadística. Por esa razón, todos los documentos muestran, en la barra inferior, la cantidad de palabras y caracteres escritos. Estos datos están siempre a la vista y no hace falta buscarlos en un recóndito menú y perder tiempo de escritura en ello. Ahora bien, para revisar las estadísticas globales del documento y el estado de avance, se consulta la herramienta Estadísticas del proyecto, en el menú Proyecto. Ahí no solo puede verse la información con distintas medidas, como caracteres, palabras y páginas, sino que es posible definir hasta la cantidad de caracteres o palabras que tiene cada página, según el conteo que se realiza y decidir cuáles documentos del proyecto se toman en cuenta para la estadística.

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Estadísticas del texto

Otra herramienta para las estadísticas es la denominada Estadísticas del texto. Aquí se despliegan las estadísticas para el texto seleccionado, ya sea un solo documento o el manuscrito íntegro. Aquí, más que la cantidad de palabras, interesa la cantidad de repeticiones por palabra. Es una excelente manera de tomar conciencia de nuestros lugares comunes y latiguillos; es una ayuda esencial durante el proceso de reescritura y corrección.

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En síntesis

El uso de estadísticas solo tiene sentido cuando se saben interpretar para aplicarlas a un propósito claro. Estas herramientas informáticas son inútiles si no van aparejadas a retos puntuales, objetivos específicos, metas concretas y a una escritura constante, de ser posible diaria y sistemática. Las aplicaciones de esta manera de concebir el acto creativo son tantas como lo quiera usted. Por ejemplo, si está escribiendo un proyecto en donde conviene tener una extensión similar en todas las secciones o apartados, el establecimiento de metas por documento será un instrumento esencial para llevar un control preciso de escritura en cada momento. Por otro lado, si se participa en un reto como NaNoWriMo, se favorecerá la herramienta global y el cálculo automático de metas por sesión diaria.

En cualquier caso, el resultado siempre será el mismo: estas son tan solo herramientas y el verdadero trabajo de escritura lo realizará usted. ¡Ánimos y a aprovechar esas cifras!

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Lenguaje sexista: un ejemplo típico

En este blog, de cuando en cuando, publicamos algún artículo sobre lenguaje inclusivo de género, incluyente o no sexista, o como se le quiera llamar.

Por lo general, levantan cierta polémica porque quienes nos leen a menudo dan por un hecho que nuestra recomendación es plagar los textos de la duplicación; en otras palabras, escribir siempre “los y las lectores y lectoras”, y ese ya conocido vicio de los esfuerzos por lograr escritos no sexistas.

Pues hoy traigo a la luz un ejemplo claro de escritura sexista, en nada relacionado con la ausencia del sujeto explícito y más bien, de hecho, con una visibilización bastante equívoca de la mujer.

El medio en línea independiente crhoy.com publica el siguiente titular: “Esta modelo metió a un hombre en graves problemas”. Lo acompaña de una foto de la despampanante modelo y comienza a narrar su historia.

Ver y desear puede ser un problema, sobre todo si usted lo escribe en Facebook.

Eso le pasó a un hombre de Manchester, Inglaterra, llamado Tom. El sujeto miró a la modelo Kelly Brooke en una publicación en línea y no pudo contener sus fantasías, al punto que escribió que con gusto “dejaría a mi esposa e hijos por una noche con ella”.

Lo que “Tom” olvidó es que los comentarios que él deja en las publicaciones en línea estaban ligados a su cuenta en Facebook y su mujer leyó todo.

Basta llegar a este punto del artículo para saber que “esta modelo” no tuvo arte ni parte en las acciones que llevaron a la esposa del susodicho a declarar, en su Facebook, que iba a cambiar las cerraduras de su casa y esperaba que su cuñado tuviera un sofá para “el estúpido” de su marido.

Este es un excelente ejemplo de la visión patriarcal en donde es la mujer la supuesta responsable por las acciones del hombre. Es la visión que subyace en los países en donde una mujer es azotada porque un hombre la deseó al punto de violarla. Es la visión que subyace en un país que perdona los delitos sexuales porque “la mujer los provocó”. (Y no hablemos del piropo, porque se me revuelve el estómago).

Para peores, el periodista (no sabemos si es hombre o mujer, porque se le atribuye a “la redacción”) habla de ella como “su mujer” (bueno, la del hombre), con lo que se refuerza una visión patriarcal de mutua posesión. Lo destaco porque, en Costa Rica, ese es un uso despectivo. Tal vez en España es la norma expresiva, pero no lo es aquí, excepto de forma coloquial en conversaciones “entre machos”, en los que hablan de “la mujersh” para referirse a su esposa. Yo, al menos, siempre me siento incómoda ante la expresión (aunque “esposa” no es exactamente mejor).

La escritura no sexista comienza por ahí. Un mejor titular habría sido: “Un hombre pierde su familia por sus comentarios en Facebook” o “Los comentarios en Facebook metieron a un hombre en graves problemas”. ¿Costaba tanto escribir algo así y atribuir la responsabilidad a quien sí la tiene?

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Herramientas útiles para escribir novela

Hoy es el segundo día de NaNoWriMo (http://nanowrimo.org), el mes nacional de escritura de novelas, y vale la pena hacer un repaso de algunas herramientas útiles para la escritura profesional.

Desde luego, para poner palabras por escrito, la base será siempre la misma: bastará papel y lápiz, y si solo eso se tiene, está bien. No falta más.

Pero si ya entramos a un mundo electrónico, se dispone de muchas más herramientas para poner el pensamiento por escrito, organizar las ideas, hacer un seguimiento del progreso y hasta bloquear las distracciones. Vale la pena conocer cuáles pueden ser las más útiles para hacer el salto del garabateo en papel a verdaderos instrumentos para sostener una alta y eficiente productividad.

Este artículo reúne mis herramientas favoritas.

Programa de escritura

El primer paso es elegir un adecuado programa o plataforma de escritura que sea ágil y óptimo para la creación de proyectos largos, como una novela. Olvidémonos aquí de los procesadores de texto tradicionales.

Tras mucho probar, mi programa favorito es Scrivener (http://www.literatureandlatte.com). Corre en Macintosh, Windows y Linux (más o menos); y la versión de Mac ya está disponible en español. Es un programa de pago pero con un precio muy accesible. Hay un 20 % de descuento para los participantes de NaNoWriMo y un 50 % para los ganadores. Este es el mes ideal para poner el programa a prueba, porque se libera una versión de evaluación que caducará a mediados de diciembre en lugar de los 30 días usuales.

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Otros programas de Mac especializados en la escritura creativa son Ulysses (http://www.ulyssesapp.com), que sincroniza con Daedalus, una estupenda app para iPad y iPhone; y Storyist (http://www.storyist.com), con una excelente contraparte para iPad y iPhone.

En Windows, uno de los programas de pago favoritos es Liquid Story Binder (http://www.blackobelisksoftware.com), en este momento con 50 % de descuento con ocasión del NaNoWriMo.

Otras opciones gratuitas son yWriter (http://www.spacejock.com/yWriter5.html), para Windows, y Lit Lift (http://www.litlift.com), una aplicación web para la escritura creativa.

Para combatir el bloqueo de escritura (y participar en las guerras de palabras), el mejor instrumento es Write or Die (http://writeordie.com), en cualquiera de sus versiones: aplicación web gratuita, aplicación para Mac, Windows o Linux y app para iOS. Este programa obliga a escribir contrarreloj, con la amenaza de aplicar algún castigo si se detiene el flujo de palabras, como alertas o el más drástico borrado en reversa.

Lluvia de ideas

Los procesos creativos de cada persona son distintos, pero a menudo surgen ideas por aquí y por allá que urge recopilar de alguna manera: fichas, anotaciones, esquemas a mano alzada… Desde luego, nada impide hacerlo en papel y tener un cuaderno de notas siempre listo para recopilar esas ideas fugaces que se aparecen en el momento menos esperado.

Ahora bien, si se quieren herramientas digitales para hacerlo, lo mejor es acudir a los programas para elaboración de mapas mentales. Cuán estructurados o libres sean dependerá del tipo de proceso creativo que realiza cada persona.

Los creadores de Scrivener han diseñado un programa para este proceso, Scapple (http://www.literatureandlatte.com/scapple.php), muy libre y poco estructurado que permite reproducir la experiencia de poner texto por aquí y por allá en una hoja de papel. Se plantea como un programa específico para la escritura creativa y a un precio razonable ($15), con 20 % para participantes de NaNoWriMo. El programa corre en Mac y Windows.

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Hay gran cantidad de programas genéricos para hacer mapas mentales, desde los gratuitos, como el FreeMind (http://freemind.sourceforge.net/wiki/index.php/Main_Page), hasta algunos programas que sobrepasan los $150. No recomendaré ninguno en particular, porque aquí la selección dependerá por entero de cómo trabaje la mente de cada quien.

Planeamiento de obra

Una obra puede adquirir forma mucho antes de iniciarse la escritura. Para quienes tienen la capacidad y la necesidad de planificar, elaborar una lista con viñetas no es suficiente. Se necesita una herramienta que permita ciertas cosas, como establecer jerarquías, elaborar una descripción para cada ítem y, si se puede, hacer un seguimiento de tareas. Scrivener tiene la modalidad de outline o bosquejo, pero solamente se pueden ver los documentos ya creados; no es tan funcional para planificar con antelación.

Tras muchas pruebas, mi programa favorito no es el más barato y solo corre en Mac y el iOS (por eso, me disculpo): OmniOutliner (http://www.omnigroup.com/omnioutliner/). La app de iOS, si se quiere, es hasta más atractiva que la de Mac.

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Otros programas que pueden utilizarse para elaborar esquemas y planificar obras (aunque no son tan especializados y tienen también otros usos) son el Circus Ponies Notebook (http://www.circusponies.com), para Mac y iOS; el OneNote (http://office.microsoft.com/es-hn/onenote-help/novedades-de-microsoft-onenote-2013-HA102749260.aspx), que forma parte del paquete de Microsoft Office, y el Evernote (http://evernote.com/), que es gratuito y puede utilizarse desde su aplicación web, sus versiones de Mac y Windows y sus apps para dispositivos móviles. Estos tres programas se parecen mucho en sus funciones —aunque difieren en sus interfaces y particularidades—. También tienen otra gran cantidad de funciones compatibles con la escritura creativa, el planeamiento y el seguimiento: llevar diarios, registrar el progreso, elaborar listas de pendientes, recopilar cierta información relevante y tomar notas generales. Muy recomendados los tres.

Líneas de tiempo

En una obra ficcional compleja, en donde existe una clara sucesión de eventos, con uno o varios arcos de historia y múltiples personajes, la línea de tiempo es una herramienta de gran utilidad. Aquí, el único programa que vale la pena mencionar es Aeon Timeline (http://www.scribblecode.com), diseñado para cumplir las necesidades creativas de una novela. Contempla el seguimiento de arcos de historia, líneas específicas por personaje y hasta calendarios personalizados. Los datos pueden sincronizarse con Scrivener para una experiencia más completa de ambos programas. Corre en Mac y Windows. Se puede adquirir en este momento con un 20 % de descuento, desde un vínculo en los foros de NaNoWriMo y los ganadores tendrán un 40 % de descuento.

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Concentración y productividad

Por último, para quienes sean amigos del uso de herramientas de autorregulación, puede ser útil tener a mano algún programa para obligarse a trabajar y bloquear cualquier otra distracción. En este sentido, nada le gana a Vitamin-R (http://www.publicspace.net/Vitamin-R/), que se puede combinar con Concentrate (http://www.getconcentrating.com), para bloquear, por ejemplo, Facebook y Twitter. Ambos son programas de pago y exclusivos de Mac.

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Una alternativa gratuita es emplear la técnica Pomodoro (http://pomodorotechnique.com) con un reloj de cocina o hasta un cronómetro de mano. Basta fijar sesiones de escritura de 30 minutos y sentarse a cumplirlas, sin atender ninguna otra tarea o distracción. Si alguien llama a la puerta, se le pide que vuelva al terminar el “pomodoro”. Se toman descansos de cinco minutos y se va al siguiente “pomodoro” o segmento temporal. Es muy útil para aprovechar el tiempo en estas épocas de distracciones.

Estos programas se pueden complementar con apps de ruido blanco (incluido en Vitamin-R) y de frecuencias binaurales para estimular la corteza cerebral y los procesos mentales. Hay algunas apps muy buenas para iOS que cumplen esta función. Las secuencias están diseñadas para estimular el pensamiento creativo, la concentración, la solución de problemas, la inspiración y, en general, procesos mentales de todo tipo, según el interés del usuario. Mis favoritas son las de Banzai Labs (http://www.banzailabs.com/brainwaveapps.html).

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En síntesis

Ninguna de estas aplicaciones es indispensable para escribir, no realmente. Para escribir solo hace falta… ¡escribir! Pero una vez que uno se familiariza con ellas y las incorpora en su flujo de trabajo, estas herramientas facilitan la vida y proporcionan un excelente marco para una experiencia creativa más profesional y completa. Se convierten en pequeñas claves del éxito y trucos que vale la pena compartir.

Y ahora, no más procrastinación. ¡A escribir!

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Cómo participar en NaNoWriMo

A raíz del artículo del día de ayer sobre NaNoWriMo, el mes nacional de escritura de novela, nos preguntan en el blog cómo participar. Para quienes todavía no conocen la dinámica, estas son las reglas básicas.

El evento es libre, voluntario y gratuito. El verdadero acontecimiento es que una persona dedique su tiempo a escribir esa historia tanto tiempo escondida en sus deseos, en sus sueños o en sus intenciones. Pero, para lograr esta meta, tener algo de presión y crear un buen ritmo y hábito de escritura, la idea de NaNoWriMo es hacer esto de forma sincronizada con otras personas, con un objetivo definido (50 000 palabras) y una fecha de finalización (30 de noviembre).

El plazo en sí mismo es un gran incentivo para ponerse a trabajar. El apoyo puede obtenerse de dos maneras: a la distancia, con otras personas propuestas a alcanzar la misma meta, sin importar el país o la región del mundo (o hasta la lengua) o incluso con alguien cercano, quizás formando grupos locales para hacer sesiones colectivas de escritura. En inglés los llaman write-ins y son reuniones de “nanos”.

Para lograr esta sincronización, The Office of Light and Letters, el grupo que organiza NaNoWriMo ha montado un sitio web (www.nanowrimo.org) en donde cada participante crea un perfil con el que puede participar en los foros y llevar el registro de su avance de escritura. En la última semana de noviembre se desbloquea la función para validar la novela. Se copia la novela completa en el “validador” que certifica las cincuenta mil palabras necesarias para declarar a los ganadores. No queda copia de la novela en ningún lugar del servidor y, si aún así queda desconfianza, el mismo sitio web ofrece instrucciones para alterar el texto y volverlo ilegible, sin alterar el conteo de palabras.

La sincronización del evento es grupal, pero la escritura es personal. Cada quien escribe en la lengua de su preferencia. Hay foros generales y foros regionales. Los foros de España y Latinoamérica están en español y ahí es posible compartir con otras personas que escriben en esta lengua.

¿Y si alguien no quiere escribir novela? En tal caso, se declara “rebelde” y escribe lo que quiera, con tal de alcanzar la meta de 50 000 palabras en 30 días.

Entre los eventos grupales que se dan en los foros se encuentra toda clase de dinámicas textuales: retos de escritura, juegos de palabras, creación de personajes, diseños de cubiertas, historias huérfanas, guerras de cantidad de palabras escritas…

En los foros también se encuentra una zona para los patrocinadores del evento. Algunas empresas ofrecen regalías o descuentos de algún tipo en sus servicios. Por ejemplo, Amazon aprovecha para promover su sitio de autopublicación CreateSpace; Lulu.com tiene este año algunas ofertas especiales para los “nanos” y los desarrolladores de programas como Scrivener, Storyist y Aeon Timeline (todos programas para la escritura creativa) ofrecen un cupón de 50 % de descuento sobre el precio de venta final para quienes ganen el NaNoWriMo (para lo cual es imprescindible validar la novela antes del 30 de noviembre).

En términos generales, este es un resumen básico de lo que se necesita para participar en NaNoWriMo, aparte de las ganas y la fuerza de voluntad para hacer un espacio en la agenda cotidiana dedicado por entero a la palabra escrita. Si usted quiere participar y tiene más preguntas, siéntase en libertad de hacerlas y, con todo gusto, haremos lo posible por responderlas.

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